El recuerdo de El Gran Gatsby vista hace muchos años permanece brillando en nuestra mente. Robert Redford y Mía Farrow, ahora Leonardo Dicaprio y Carey Mulligan son Gatsby y Daysy.
Leo las críticas a esta nueva versión en la que se acusa al director Baz Luhrmann de frivolizar una historia tan romántica escrita por Francis Scott Fitzgeral.
Para mi especialmente la primera parte fue de un ritmo muy acelerado y con un despliegue impactante de baile y música que opaca el drama.
De todos modos hay que verla y dar su opinión.
Aca una de las críticas que he leido: http://www.rtve.es/noticias/20130516/gran-gatsby-artificiosa-version-baz-luhrmann/664344.shtml
abra el azul del cielo
Desde Lima, que nos condena por su clima a muchos días en donde no hay cielo, este blog intenta rasgar entre las nubes, para conseguir un instante de azul cielo o azul mar en nuestra mente o en nuestro corazón.
domingo, 19 de mayo de 2013
Ir a un concierto
Mi papá me llevaba los domingos en la mañana al Teatro Municipal a los conciertos de la Sinfónica Nacional. Debo haber sido muy niña porque me acuerdo que imaginaba conversaciones entre los instrumentos. Traducía la música por palabras, a veces delicadas en otros momentos intensas o invitando a paseos por bellísimos lugares. Ir al Teatro Municipal era para mi una fiesta.
sábado, 18 de mayo de 2013
Humanidad
Orgullo de estas personas que no han perdido su humanidad y su solidaridad.
Yo no se si ustedes crean o no, en alguno de los mas de 10.000 dioses que el ser humano ha inventado a lo largo de toda su historia... Pero lo único que si se es que los únicos que son responsables del bien y del mal en este planeta somos nosotros mismos, Somos los únicos que podemos hacer algo por cambiarlo, y este vídeo es un incentivo para ello. El cambio empieza desde adentro, Gracias por subirlo!(Anderson Rodriguez)
Meditar
Esto es algo que tengo pendiente. Dedicar 20 minutos de mi tiempo a meditar. Tengo que hacerlo. lo haré. Leí que en un colegio de California meditan 20 minutos antes de comenzar el día y que todo ha cambiado desde que meditan. Calmar la ment, aquietar el espíritu, respirar profundamente, sin esperar nada, todo se nos dará por añadidura.
Nélida Piñón nos dice

Esta semana en nuestro taller ABRA tuvimos como invitada a Nélida Piñón, escritora brasilera. Hicimos dos cuentos de ella: "Ave de Paraíso" y
"La sirena Ulises" en los que nos presentó dos protagonistas antagónicas. Una mujer plácida y condescendiente y otra una "doña Juana siempre insatisfecha. ¿Con cual nos identificamos? ¿Cual de ella quisiéramos que fuese nuestra amiga?
Sobre escribir: Quiero ser sincera, conmoverme, ser capaz de reproducir lo que salga de lo profundo de mi ser, no quiero someterme a las presiones del mercado, no tengo miedo de no tener éxito. A mi me interesa que se vea que estoy siendo honesta, profundamente veraz, ese es mi camino. No tengo por donde llegar, sólo tengo por donde caminar. No sé si voy a la derecha, a la izquierda, si tomo el camino a la playa o a la montaña. Sé que tomo el camino de la vida. Quiero seguir contando, escribiendo con tranquilidad, sin pensar en si gano o no premios, si me van a olvidar o no. Solo pienso en lo cotidiano, quisiera entender mucho más todo lo que veo, multiplicar mis ideas y hacer una idea mejor, además de seguir con ese lenguaje que me parece revelador de mis intenciones. ( Ciudades internas)
Acercarse al ser humano, no es más que contar una historia como si cada corazón estuviera hablando, es como si el ser humano más simple llegara al escenario y dijera: yo soy así, pienso ser así, no se quien soy pero tengo un nombre. Ya está. De verdad la narrativoa quiere apenas contar una historia en la cual quepa un nombre, un ser humano, y ese es un gran logro.
Entonces, lo que me encantaría como ser humano es tener un poquito de sabiduría para que mi corazón sea más generoso. De verdad estoy muy preocupada por el alma. La vida y el alma es mi único patrimonio. Estamos aquí y quiero sembrar algo bueno, además de que me siento la última de las mohicanas, porque soy la última de la sangre de mis padres, entonces me parece fantástico. Estoy en medio de mi inventario personal y colectivo. Por eso cada vez tiendo más a las memorias y he hecho un libro, Hasta mañana otra vez, de memorias, pero creo que viene otro más que abarque más aspectos. Así que por donde voy llevo los cuadernos y apunto, hago observaciones, y soy capaz de llorar y reír solita. También me interesa hablar con la gente en la calle, no quiero estar en una torre de marfil. Mi madre -ah, yo tenía adoración por esa madre y la perdí en 1998-, antes de morir, me dijo algo muy importante: "Hija, estoy contenta con tus caminos. Pero no hablo de la profesional, la que gana premios, doctorados honoris causa, ha sido presidenta de la academia, etc. Hablo del ser humano. Cada vez estás más compasiva, más alejada de las agonías de la profesión". Y bueno, amo mi profesión y vivo mi vida como escritora 24 horas, pero la escritora está al servicio de la vida, no es una escritora que está al servicio de los libros. No, yo estoy dentro de la vida y ésta me permite escribir.
Escritora brasilera, nació en Río de Janeiro en 1937. Estudió filosofía en Río, en la Universidad de Columbia y en NY en la universidad John Hopkins de Baltimore. Premio Juan Rulfo.Premio Cervantes.

El ave del paraíso está en vías de extinción.
El dia de hoy

" Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén.
(...)
En esto, le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira de las faldas de la camisa, que andaban colgando, y diole once ñudos, el uno más gordo que los demás, y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo, donde rezó un millón de avemarías. Y lo que le fatigaba mucho era no hallar por allí otro ermitaño que le confesase y con quien consolarse; y así, se entretenía paseándose por el pradecillo, escribiendo y grabando por las cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos, todos acomodados a su tristeza, y algunos en alabanza de Dulcinea.
(...)
Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. " Miguel de Cervantes. El ingenioso hidalgo dos Quijote de la mancha. (Fragmento)
Carlos Atoche, joven pintor.
El hijo menor de mi amiga escritora Ana María Intili. Qué maravilla descubrir jóvenes pintores y qué dicha escuchar el reconocimiento a la influencia de sus padres.
Cómo nace un texto
Jorge Luis Borges

Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder.
En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.

Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder.
En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.
Una flor y una estrella
domingo, 12 de mayo de 2013
Maternidad

Hoy debemos celebrar especialmente la maternidad de la mujer. No necesariamente tiene que tener un hijo una mujer para ser maternal. La ternura, el interés por el otro, la delicadeza de sentimientos, el asumir el dolor y la alegría del otro, son signos maternales. Muchas veces somos maternales con quienes no son nuestros hijos y establecemos relaciones de cercanía y amor con quienes la vida nos regala. Pueden ser unos momentos, puede ser toda la vida, puede ser una acción que cambia la vida de otra persona, pueden ser algunas palabras buenas en un momento de necesidad. La maternidad habita en la mujer. Que hoy celebremos la maternidad de la mujer que se manifiesta en el transcurso de nuestras vidas de diferentes maneras, siempre recibiendo, acariciando, estando ahí presentes.
Mi sensei Yasuko Tanoue

Desde ayer estoy recordando a mi querida Sensei y amiga Yasuko Tanoue, con quien tomé unas clases de Ikebana. Aprendí que en Japón lo hacen los policías a manera de disciplina, como para meditar y concentrarse. Yasuko nos contaba de su vida en Japón tras la guerra, como desaparecieron los domingos y como ahorraban en todo porque debían reconstruir un país. Ella tenía preciosos kimonos con bellísimos estampados sobre sedas de una suavidad muy especial. La he estado recordando, su risa y su voz, la decisión con la que torcía una rama, su mirada precisa, una estupenda mujer. Las dos fumábamos y las dos queríamos dejar de fumar. Era muy agradable estar en su casa tratando de aprender un arte antiquísimo y lejano. Recuerdo que cuando terminaba de hacer mi arreglo con gran esfuerzo intentando seguir sus reglas, me decía, bien, ahora, deshazlo y hazlo otra vez, y otra hasta que terminase la clase, una manera de matar el ego, el orgullo de haber hecho algo tan hermoso, no, no tenía importancia, había que seguir.



Aquí una demostracion de ikebana en estilo libre:
Un desfile de Kimonos en NY.
La historia de Giges
Esta semana en nuestro taller ABRA vimos la historia de Giges un pastor al servicio del rey de Lidia, en dos versiones. La historia fue para nosotras de gran utilidad, despertando nuestras opiniones,examinando nuestros sentimientos y convencimientos. Hablamos de la ley y la trampa, de la corrección y el delito. Acá lo comparto con ustedes para que les sea como a nosotras de gran utilidad.

Primero Platón nos cuenta el desafío que uno de sus personajes plantea a Sócrates, protagonista del diálogo. Tras una tormenta y un terremoto el pastor se asoma a una grieta profunda producida en la tierra y ahí encuentra un anillo de oro que tenía el poder de hacerlo invisible para los demás pudiendo enterarse de cosas a las que jamás hubiese tenido acceso. Se hace nombrar por los pastores mensajero ante el rey y una vez en la corte sedujo a la reina y sirviéndose de ella asesinó al rey y se apoderó del reino. EL desafío de Sócrates consistía en persuadir a quienes lo escuchaban de que es posible comportarse moralmente aun cuando posea un anillo semejante. ¿Se resistiría el hombre a cometer un delito sabiendo que no recibirá castigo alguno? ¿Es la honestidad algo inherente en el hombre o son las leyes los que lo inclinan al buen comportamiento?
Fragmento de La República: ( Notemos los detalles que el texto nos rebela, es encontrado un caballo de bronce y dentro suyo un cadáver humano y luego la sortija de oro en su mano.) ¿ Quienes siguen la justicia lo hacen por deseo propio o amor a la misma o porque desean evitar las consecuencias que recaerían sobre ellos? ¿Si pudiéramos ser libres de ellas cómo actuaríamos?

Para darnos mejor cuenta de cómo los buenos lo son contra su voluntad, porque no pueden ser malos, bastará con imaginar que hacemos lo siguiente; demos a todos, justos e injustos, licencia para hacer lo que se les antoje y después sigámosles para ver adónde llevan a cada cual sus apetitos. Entonces sorprenderemos en flagrante al justo recorriendo los mismos caminos que el injusto, impulsado -por el interés propio, finalidad que todo ser está dispuesto por naturaleza a perseguir como un bien, aunque la ley desvíe por fuerza esta tendencia y la encamine al respeto de la igualdad. Esta licencia de que yo hablo podrían llegar a gozarla, mejor que de ningún otro modo, si se les dotase de un poder como el que cuentan tuvo en tiempos el antepasado del lidio Giges. Dicen que era un pastor que estaba al servicio del entonces rey de Lidia. Sobrevino una vez un gran temporal y terremoto; abrióse la tierra y apareció una grieta en el mismo lugar en que él apacentaba. Asombrado ante el espectáculo descendió por la hendidura y vio allí, entre otras muchas maravillas que la fábula relata, un caballo de bronce, hueco, con portañuelas, por una de las cuales se agachó a mirar y vio que dentro había un cadáver, de talla al parecer más que humana, que no llevaba sobre sí más que una sortija de oro en la mano; quitósela el pastor y salióse. Cuando, según costumbre, se reunieron los pastores con el fin de informar al rey, como todos los meses, acerca de los ganados, acudió también él con su sortija en el dedo. Estando, pues, sentado entre los demás, dio la casualidad de que volviera la sortija, dejando el engaste de cara a la palma de la mano; e inmediatamente cesaron de verle quienes le rodeaban y con gran sorpresa suya, comenzaron a hablar de él como de una persona ausente. Tocó nuevamente el anillo, volvió hacia fuera el engaste y una vez vuelto tornó a ser visible. Al darse cuenta de ello, repitió el intento para comprobar si efectivamente tenía la joya aquel poder, y otra vez ocurrió lo mismo: al volver hacia dentro el engaste, desaparecía su dueño, y cuando lo volvía hacia fuera, le veían de nuevo. Hecha ya esta observación, procuró al punto formar parte de los enviados que habían de informar al rey; llegó a Palacio, sedujo a su esposa, atacó y mató con su ayuda al soberano y se apoderó del reino. Pues bien, si hubiera dos sortijas como aquélla de las cuales llevase una puesta el justo y otro el injusto, es opinión común que no habría persona de convicciones tan firmes como para perseverar en la justicia y abstenerse en absoluto de tocar lo de los demás, cuando nada le impedía dirigirse al mercado y tomar de allí sin miedo alguno cuanto quisiera, entrar en las casas ajenas y fornicar con quien se le antojara, matar o libertar personas a su arbitrio, obrar, en fin, como un dios rodeado de mortales. En nada diferirían, pues, los comportamientos del uno y del otro, que seguirían exactamente el mismo camino. Pues bien, he ahí lo que podría considerarse una buena demostración de que nadie es justo de grado, sino por fuerza y hallándose persuadido de que la justicia no es buena para él personalmente; puesto que, en cuanto uno cree que va a poder cometer una injusticia, la comete. Y esto porque todo hombre cree que resulta mucho más ventajosa personalmente la injusticia que la justicia. «Y tiene razón al creerlo así», dirá el defensor de la teoría que expongo. Es más: si hubiese quien, estando dotado de semejante talismán, se negara a cometer jamás injusticia y a poner mano en los bienes ajenos, le tendrían, observando su conducta, por el ser más miserable y estúpido del mundo; aunque no por ello dejarían de ensalzarle en sus conversaciones, ocultándose así mutuamente sus sentimientos por temor de ser cada cual objeto de alguna injusticia. Esto es lo que yo tenía que decir.
La historia de Giges según Heródoto http:(//caballodeletras.blogspot.com/2008/06/la-historia-de-giges-segn-herodoto.html)
Además de la historia contada por Platón en el Libro II de La República, existe otra narración en cuanto al lidio Giges y la manera en que se hizo con el poder de un reino. Esta versión es contada por Heródoto, y no, aquí no existe un anillo mágico de por medio:
VII. [...] Candaules, hijo de Myrso, a quien por eso dan los griegos el nombre de Myrsilo, fue el último soberano de la familia de los Heráclidas que reinó en Sardes, habiendo sido el primero Argon, hijo de Nino, nieto de Belo y biznieto de Alceo el hijo de Hércules. [...]
VIII. Este monarca perdió la corona y la vida por un capricho singular. Enamorado sobremanera de su esposa, y creyendo poseer la mujer más hermosa del mundo, tomó una resolución a la verdad bien impertinente. Tenía entre sus guardias un privado de toda su confianza llamado Giges, hijo de Dáscylo, con quien solía comunicar los negocios más serios de estado. Un día, muy de propósito se puso a encarecerle y levantar hasta las estrellas la belleza extremada de su mujer, y no pasó mucho tiempo sin que el apasionado Candaules (como que estaba decretada por el cielo su fatal ruina) hablase otra vez a Giges en estos términos: —«Veo, amigo, que por más que te lo pondero, no quedas bien persuadido de cuán hermosa es mi mujer, y conozco que entre los hombres se da menos crédito a los oídos que a los ojos. Pues bien, yo haré de modo que ella se presente a tu vista con todas sus gracias, tal como Dios la hizo.» Al oír esto Giges, exclama lleno de sorpresa: —«¿Qué discurso, señor, es este, tan poco cuerdo y tan desacertado? ¿me mandaréis por ventura que ponga los ojos en mi Soberana? No, señor; que la mujer que se despoja una vez de su vestido, se despoja con él de su recato y de su honor. Y bien sabéis que entre las leyes que introdujo el decoro público, y por las cuales nos debemos conducir, hay una que prescribe que, contento cada uno con lo suyo, no ponga los ojos en lo ajeno. Creo fijamente que la reina es tan perfecta como me la pintáis, la más hermosa del mundo; y yo os pido encarecidamente que no exijáis de mí una cosa tan fuera de razón.»
IX. Con tales expresiones se resistía Giges, horrorizado de las consecuencias que el asunto pudiera tener; pero Candaules replicóle así: —«Anímate, amigo, y de nadie tengas recelo. No imagines que yo trate de hacer prueba de tu fidelidad y buena correspondencia, ni tampoco temas que mi mujer pueda causarte daño alguno, porque yo lo dispondré todo de manera que ni aun sospeche haber sido vista por ti. Yo mismo te llevaré al cuarto en que dormimos, te ocultaré detrás de la puerta, que estará abierta. No tardará mi mujer en venir a desnudarse, y en una gran silla, que hay inmediata a la puerta, irá poniendo uno por uno sus vestidos, dándote entre tanto lugar para que la mires muy despacio y a toda tu satisfacción. Luego que ella desde su asiento volviéndote las espaldas se venga conmigo a la cama, podrás tú escaparte silenciosamente y sin que te vea salir.»
X. Viendo, pues, Giges que ya no podía huir del precepto, se mostró pronto a obedecer. Cuando Candaules juzga que ya es hora de irse a dormir, lleva consigo a Giges a su mismo cuarto, y bien presto comparece la reina. Giges, al tiempo que ella entra y cuando va dejando después despacio sus vestidos, la contempla y la admira, hasta que vueltas las espaldas se dirige hacia la cama. Entonces se sale fuera, pero no tan a escondidas que ella no le eche de ver. Instruida de lo ejecutado por su marido, reprime la voz sin mostrarse avergonzada, y hace como que no repara en ello; pero se resuelve desde el momento mismo a vengarse de Candaules, porque no solamente entre los lidios, sino entre casi todos los bárbaros, se tiene por grande infamia el que un hombre se deje ver desnudo, cuanto más una mujer. XI. Entretanto, pues, sin darse por entendida, estúvose toda la noche quieta y sosegada; pero al amanecer del otro día, previniendo a ciertos criados, que sabía eran los más leales y adictos a su persona, hizo llamar a Giges, el cual vino inmediatamente sin la menor sospecha de que la reina hubiese descubierto nada de cuanto la noche antes había pasado, porque bien a menudo solía presentarse siendo llamado de orden suya. Luego que llegó, le habló de esta manera: —«No hay remedio, Giges; es preciso que escojas, en los dos partidos que voy a proponerte, el que más quieras seguir. Una de dos: o me has de recibir por tu mujer, y apoderarte del imperio de los lidios, dando muerte a Candaules, o será preciso que aquí mismo mueras al momento, no sea que en lo sucesivo le obedezcas ciegamente y vuelvas a contemplar lo que no te es lícito ver. No hay más alternativa que esta; es forzoso que muera quien tal ordenó, o aquel que, violando la majestad y el decoro, puso en mí los ojos estando desnuda.» Atónito Giges, estuvo largo rato sin responder, y luego la suplicó del modo más enérgico no quisiese obligarle por la fuerza a escoger ninguno de los dos extremos. Pero viendo que era imposible disuadirla, y que se hallaba realmente en el terrible trance o de dar la muerte por su mano a su señor, o de recibirla él mismo de mano servil, quiso más matar que morir, y la preguntó de nuevo: —«Decidme, señora, ya que me obligáis contra toda mi voluntad a dar la muerte a vuestro esposo, ¿cómo podremos acometerle? —¿Cómo? le responde ella, en el mismo sitio que me prostituyó desnuda a tus ojos; allí quiero que le sorprendas dormido.»
XII. Concertados así los dos y venida que fue la noche, Giges, a quien durante el día no se le perdió nunca de vista, ni se le dio lugar para salir de aquel apuro, obligado sin remedio a matar a Candaules o morir, sigue tras de la reina, que le conduce a su aposento, le pone la daga en la mano, y le oculta detrás de la misma puerta. Saliendo de allí Giges, acomete y mata a Candaules dormido; con lo cual se apodera de su mujer y del reino juntamente: suceso de que Arquíloco pario, poeta contemporáneo, hizo mención en sus yambos trímetros.
XIII. Apoderado así Giges del reino, fue confirmado en su posesión por el oráculo de Delfos. Porque como los lydios, haciendo grandísimo duelo del suceso trágico de Candaules, tomasen las armas para su venganza, juntáronse con ellos en un congreso los partidarios de Giges, y quedó convenido que si el oráculo declaraba que Giges fuese rey de los lidios, reinase en hora buena, pera si no, que se restituyese el mando a los Heráclidas. El oráculo otorgó a Giges el reino, en el cual se consolidó pacíficamente, si bien no dejó la Pitia de añadir, que se reservaba a los Heráclidas su satisfacción y venganza, la cual alcanzaría al quinto descendiente de Giges; vaticinio de que ni los lidios ni los mismos reyes después hicieron caso alguno, hasta que con el tiempo se viera realizado.
La conducta de Candaules fue bautizada utilizando su nombre. El candaulismo es la práctica sexual en la que un hombre obtiene placer al observar a su mujer copulando o siendo admirada por un tercero.


Primero Platón nos cuenta el desafío que uno de sus personajes plantea a Sócrates, protagonista del diálogo. Tras una tormenta y un terremoto el pastor se asoma a una grieta profunda producida en la tierra y ahí encuentra un anillo de oro que tenía el poder de hacerlo invisible para los demás pudiendo enterarse de cosas a las que jamás hubiese tenido acceso. Se hace nombrar por los pastores mensajero ante el rey y una vez en la corte sedujo a la reina y sirviéndose de ella asesinó al rey y se apoderó del reino. EL desafío de Sócrates consistía en persuadir a quienes lo escuchaban de que es posible comportarse moralmente aun cuando posea un anillo semejante. ¿Se resistiría el hombre a cometer un delito sabiendo que no recibirá castigo alguno? ¿Es la honestidad algo inherente en el hombre o son las leyes los que lo inclinan al buen comportamiento?
Fragmento de La República: ( Notemos los detalles que el texto nos rebela, es encontrado un caballo de bronce y dentro suyo un cadáver humano y luego la sortija de oro en su mano.) ¿ Quienes siguen la justicia lo hacen por deseo propio o amor a la misma o porque desean evitar las consecuencias que recaerían sobre ellos? ¿Si pudiéramos ser libres de ellas cómo actuaríamos?

Para darnos mejor cuenta de cómo los buenos lo son contra su voluntad, porque no pueden ser malos, bastará con imaginar que hacemos lo siguiente; demos a todos, justos e injustos, licencia para hacer lo que se les antoje y después sigámosles para ver adónde llevan a cada cual sus apetitos. Entonces sorprenderemos en flagrante al justo recorriendo los mismos caminos que el injusto, impulsado -por el interés propio, finalidad que todo ser está dispuesto por naturaleza a perseguir como un bien, aunque la ley desvíe por fuerza esta tendencia y la encamine al respeto de la igualdad. Esta licencia de que yo hablo podrían llegar a gozarla, mejor que de ningún otro modo, si se les dotase de un poder como el que cuentan tuvo en tiempos el antepasado del lidio Giges. Dicen que era un pastor que estaba al servicio del entonces rey de Lidia. Sobrevino una vez un gran temporal y terremoto; abrióse la tierra y apareció una grieta en el mismo lugar en que él apacentaba. Asombrado ante el espectáculo descendió por la hendidura y vio allí, entre otras muchas maravillas que la fábula relata, un caballo de bronce, hueco, con portañuelas, por una de las cuales se agachó a mirar y vio que dentro había un cadáver, de talla al parecer más que humana, que no llevaba sobre sí más que una sortija de oro en la mano; quitósela el pastor y salióse. Cuando, según costumbre, se reunieron los pastores con el fin de informar al rey, como todos los meses, acerca de los ganados, acudió también él con su sortija en el dedo. Estando, pues, sentado entre los demás, dio la casualidad de que volviera la sortija, dejando el engaste de cara a la palma de la mano; e inmediatamente cesaron de verle quienes le rodeaban y con gran sorpresa suya, comenzaron a hablar de él como de una persona ausente. Tocó nuevamente el anillo, volvió hacia fuera el engaste y una vez vuelto tornó a ser visible. Al darse cuenta de ello, repitió el intento para comprobar si efectivamente tenía la joya aquel poder, y otra vez ocurrió lo mismo: al volver hacia dentro el engaste, desaparecía su dueño, y cuando lo volvía hacia fuera, le veían de nuevo. Hecha ya esta observación, procuró al punto formar parte de los enviados que habían de informar al rey; llegó a Palacio, sedujo a su esposa, atacó y mató con su ayuda al soberano y se apoderó del reino. Pues bien, si hubiera dos sortijas como aquélla de las cuales llevase una puesta el justo y otro el injusto, es opinión común que no habría persona de convicciones tan firmes como para perseverar en la justicia y abstenerse en absoluto de tocar lo de los demás, cuando nada le impedía dirigirse al mercado y tomar de allí sin miedo alguno cuanto quisiera, entrar en las casas ajenas y fornicar con quien se le antojara, matar o libertar personas a su arbitrio, obrar, en fin, como un dios rodeado de mortales. En nada diferirían, pues, los comportamientos del uno y del otro, que seguirían exactamente el mismo camino. Pues bien, he ahí lo que podría considerarse una buena demostración de que nadie es justo de grado, sino por fuerza y hallándose persuadido de que la justicia no es buena para él personalmente; puesto que, en cuanto uno cree que va a poder cometer una injusticia, la comete. Y esto porque todo hombre cree que resulta mucho más ventajosa personalmente la injusticia que la justicia. «Y tiene razón al creerlo así», dirá el defensor de la teoría que expongo. Es más: si hubiese quien, estando dotado de semejante talismán, se negara a cometer jamás injusticia y a poner mano en los bienes ajenos, le tendrían, observando su conducta, por el ser más miserable y estúpido del mundo; aunque no por ello dejarían de ensalzarle en sus conversaciones, ocultándose así mutuamente sus sentimientos por temor de ser cada cual objeto de alguna injusticia. Esto es lo que yo tenía que decir.
La historia de Giges según Heródoto http:(//caballodeletras.blogspot.com/2008/06/la-historia-de-giges-segn-herodoto.html)
Además de la historia contada por Platón en el Libro II de La República, existe otra narración en cuanto al lidio Giges y la manera en que se hizo con el poder de un reino. Esta versión es contada por Heródoto, y no, aquí no existe un anillo mágico de por medio:
VII. [...] Candaules, hijo de Myrso, a quien por eso dan los griegos el nombre de Myrsilo, fue el último soberano de la familia de los Heráclidas que reinó en Sardes, habiendo sido el primero Argon, hijo de Nino, nieto de Belo y biznieto de Alceo el hijo de Hércules. [...]
VIII. Este monarca perdió la corona y la vida por un capricho singular. Enamorado sobremanera de su esposa, y creyendo poseer la mujer más hermosa del mundo, tomó una resolución a la verdad bien impertinente. Tenía entre sus guardias un privado de toda su confianza llamado Giges, hijo de Dáscylo, con quien solía comunicar los negocios más serios de estado. Un día, muy de propósito se puso a encarecerle y levantar hasta las estrellas la belleza extremada de su mujer, y no pasó mucho tiempo sin que el apasionado Candaules (como que estaba decretada por el cielo su fatal ruina) hablase otra vez a Giges en estos términos: —«Veo, amigo, que por más que te lo pondero, no quedas bien persuadido de cuán hermosa es mi mujer, y conozco que entre los hombres se da menos crédito a los oídos que a los ojos. Pues bien, yo haré de modo que ella se presente a tu vista con todas sus gracias, tal como Dios la hizo.» Al oír esto Giges, exclama lleno de sorpresa: —«¿Qué discurso, señor, es este, tan poco cuerdo y tan desacertado? ¿me mandaréis por ventura que ponga los ojos en mi Soberana? No, señor; que la mujer que se despoja una vez de su vestido, se despoja con él de su recato y de su honor. Y bien sabéis que entre las leyes que introdujo el decoro público, y por las cuales nos debemos conducir, hay una que prescribe que, contento cada uno con lo suyo, no ponga los ojos en lo ajeno. Creo fijamente que la reina es tan perfecta como me la pintáis, la más hermosa del mundo; y yo os pido encarecidamente que no exijáis de mí una cosa tan fuera de razón.»
IX. Con tales expresiones se resistía Giges, horrorizado de las consecuencias que el asunto pudiera tener; pero Candaules replicóle así: —«Anímate, amigo, y de nadie tengas recelo. No imagines que yo trate de hacer prueba de tu fidelidad y buena correspondencia, ni tampoco temas que mi mujer pueda causarte daño alguno, porque yo lo dispondré todo de manera que ni aun sospeche haber sido vista por ti. Yo mismo te llevaré al cuarto en que dormimos, te ocultaré detrás de la puerta, que estará abierta. No tardará mi mujer en venir a desnudarse, y en una gran silla, que hay inmediata a la puerta, irá poniendo uno por uno sus vestidos, dándote entre tanto lugar para que la mires muy despacio y a toda tu satisfacción. Luego que ella desde su asiento volviéndote las espaldas se venga conmigo a la cama, podrás tú escaparte silenciosamente y sin que te vea salir.»
X. Viendo, pues, Giges que ya no podía huir del precepto, se mostró pronto a obedecer. Cuando Candaules juzga que ya es hora de irse a dormir, lleva consigo a Giges a su mismo cuarto, y bien presto comparece la reina. Giges, al tiempo que ella entra y cuando va dejando después despacio sus vestidos, la contempla y la admira, hasta que vueltas las espaldas se dirige hacia la cama. Entonces se sale fuera, pero no tan a escondidas que ella no le eche de ver. Instruida de lo ejecutado por su marido, reprime la voz sin mostrarse avergonzada, y hace como que no repara en ello; pero se resuelve desde el momento mismo a vengarse de Candaules, porque no solamente entre los lidios, sino entre casi todos los bárbaros, se tiene por grande infamia el que un hombre se deje ver desnudo, cuanto más una mujer. XI. Entretanto, pues, sin darse por entendida, estúvose toda la noche quieta y sosegada; pero al amanecer del otro día, previniendo a ciertos criados, que sabía eran los más leales y adictos a su persona, hizo llamar a Giges, el cual vino inmediatamente sin la menor sospecha de que la reina hubiese descubierto nada de cuanto la noche antes había pasado, porque bien a menudo solía presentarse siendo llamado de orden suya. Luego que llegó, le habló de esta manera: —«No hay remedio, Giges; es preciso que escojas, en los dos partidos que voy a proponerte, el que más quieras seguir. Una de dos: o me has de recibir por tu mujer, y apoderarte del imperio de los lidios, dando muerte a Candaules, o será preciso que aquí mismo mueras al momento, no sea que en lo sucesivo le obedezcas ciegamente y vuelvas a contemplar lo que no te es lícito ver. No hay más alternativa que esta; es forzoso que muera quien tal ordenó, o aquel que, violando la majestad y el decoro, puso en mí los ojos estando desnuda.» Atónito Giges, estuvo largo rato sin responder, y luego la suplicó del modo más enérgico no quisiese obligarle por la fuerza a escoger ninguno de los dos extremos. Pero viendo que era imposible disuadirla, y que se hallaba realmente en el terrible trance o de dar la muerte por su mano a su señor, o de recibirla él mismo de mano servil, quiso más matar que morir, y la preguntó de nuevo: —«Decidme, señora, ya que me obligáis contra toda mi voluntad a dar la muerte a vuestro esposo, ¿cómo podremos acometerle? —¿Cómo? le responde ella, en el mismo sitio que me prostituyó desnuda a tus ojos; allí quiero que le sorprendas dormido.»
XII. Concertados así los dos y venida que fue la noche, Giges, a quien durante el día no se le perdió nunca de vista, ni se le dio lugar para salir de aquel apuro, obligado sin remedio a matar a Candaules o morir, sigue tras de la reina, que le conduce a su aposento, le pone la daga en la mano, y le oculta detrás de la misma puerta. Saliendo de allí Giges, acomete y mata a Candaules dormido; con lo cual se apodera de su mujer y del reino juntamente: suceso de que Arquíloco pario, poeta contemporáneo, hizo mención en sus yambos trímetros.
XIII. Apoderado así Giges del reino, fue confirmado en su posesión por el oráculo de Delfos. Porque como los lydios, haciendo grandísimo duelo del suceso trágico de Candaules, tomasen las armas para su venganza, juntáronse con ellos en un congreso los partidarios de Giges, y quedó convenido que si el oráculo declaraba que Giges fuese rey de los lidios, reinase en hora buena, pera si no, que se restituyese el mando a los Heráclidas. El oráculo otorgó a Giges el reino, en el cual se consolidó pacíficamente, si bien no dejó la Pitia de añadir, que se reservaba a los Heráclidas su satisfacción y venganza, la cual alcanzaría al quinto descendiente de Giges; vaticinio de que ni los lidios ni los mismos reyes después hicieron caso alguno, hasta que con el tiempo se viera realizado.
La conducta de Candaules fue bautizada utilizando su nombre. El candaulismo es la práctica sexual en la que un hombre obtiene placer al observar a su mujer copulando o siendo admirada por un tercero.

Ser un director de orquesta
Que profesión tan admirable. Enseñar a todos los miembros de la orquesta, estar en cada uno de los participantes, escuchar el todo, ofrecer lo mejor, lo magnífico. Una orquesta es un símil del mundo, cada uno tocando su instrumento para conseguir que se unan en una sola melodía. Cada cual responsable de su quehacer que influirá en la realización del mundo.
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