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domingo, 7 de mayo de 2017

Muerte deseada

La hora de la muerte

Cerca de mi casa vivía un señor ya muy viejecito al que ya le empezaba a fallar la cabeza. Había sido lo que mi abuela hubiera dicho: una lumbrera. Una tarde cuando conversábamos me dijo que detestaba el radio, que a él le gustaba cuando tocaba música pero que la mayor parte del tiempo, hablaba y hablaba sin parar, incomodándolo, dándole dolor de cabeza. El vivía con su esposa bastante más joven que él, y con la hermana de su esposa.
El cruzaba una avenida muy transitada protegido con su bastón que lo elevaba por encima de su cabeza haciéndome acordar a Don Quijote que enfrentaba con su lanza molinos de viento confundiéndolos con gigantes. Los carros frenaban a su paso y él pasaba triunfador sorteando peligros y desgracias. Su esposa, entre dientes le decía a su hermana:
—¿Cuándo se lo recogerá el Señor? ¿Cuándo pasará a mejor vida?
Una mañana sentimos gran alboroto al frente de su casa, primero la ambulancia, luego la carroza fúnebre. ¿Había al fin descansado nuestro viejecito amigo? Mi madre se acercó a preguntar. Pero no, quien había fallecido era su cuñada, una holandesa de hermosos cachetes rosados y cuerpo amplio.
A los pocos meses, otra vez el alboroto, la ambulancia, la carroza. Ahora sí, dijimos todos en mi casa, bajando la cabeza tristes porque le teníamos aprecio. Mi madre nuevamente salió a buscar la noticia para regresar sonriendo, era la esposa la que había fallecido, un infarto, algo súbito. Ahí fue cuando escuché esa sabia expresión: “Muerte deseada, muerte postergada”. Y aprendí que no importa los años que se tengan o el estado en el que uno se encuentre para que un día la muerte nos toque el hombro para decirnos:
— ¿Partimos? (CBdeR, de pequeños textos).

domingo, 11 de septiembre de 2016

Notas al corre de la pluma



Notas al correr de la pluma:  





Ayer me anunciaron la primavera. El 21 de septiembre se acerca. Pasa el tiempo pero igual el tiempo es solo una convención y la verdad no existe. Hoy un amigo me hacía acordar a Lucho León Herrera que decía que él no moriría nunca, porque ese que moriría cuando muriese ya no sería él.  Mi amiga Sarita me recomienda una película de amor y literatura en Netflix que se llama Eun gyo y también La Musa, todavía estoy impactada después de haber visto en Sala de Parto, una obra argentina de Timbre 4 que se llama Dínamo. Entrar en contacto con María Negroni escritora argentina, de Rosario, me abre cien puertas y quiero entrar a todas porque soy curiosa y se habla de temas que me interesan como las colecciones, las muñecas, las cajas. ¡Cuánto que aprender, cuanto por ver, cuanto por leer! ¿Qué hacemos si solo disponemos de unas horas, reducidas, porque además tenemos que vivir la vida real?


Dice Tomás Eloy Martínez que sus padres lo castigaron un día prohibiéndole leer, tampoco podía ir al cine, durante un mes, entonces decidió contarse cuentos a sí mismo y se puso a escribir un cuento de un chico que se mete en una estampilla de Madagascar abandonando a sus padres y ahí, lejos, se dedica a ver y leer todas las películas y libros posible, libre, sin que nadie le diga no.
Recuerdo que hoy es 11 de Septiembre y temo un nuevo atentado, ya estamos acostumbrándonos como nos acostumbramos a vivir en medio de bombas y torres derrumbadas en época de Abimaél Guzmán.  En la última clase leyendo a Rosa Montero en uno de sus artículos descubrimos que el peso del cerebro de las ballenas es mucho mayor que el nuestro y que según ley científica debía ser más inteligente que el hombre, pero lo que nos dice Rosa es que son más bondadosos que es la suprema manifestación de la inteligencia y que en lugar de destruir, acarician y juegan.

A veces apunto una frase, como está por ejemplo: ¿Quién eres tú, ese puñado de ambiciones, anhelos y sueños?  Y lo tengo como perteneciente a un escritor en este caso a Milosz, escritor lituano pero busco y chequeo y no puedo constatarlo.  Y después hay otra línea que dice: No merece el castigo de la agonía prolongada. Nuestra mente no graba por qué hemos apuntado eso, qué nos interesó, qué quisimos extraer de esas palabras, ha perdido su significado pero igual ejerce un poder perturbador que me hace volver a ellas curiosa.

Se discutió ayer si pensamos solo con palabras, y me llamó la atención que sostuvieran que sí, que para que sea pensamiento debía estar constituido por palabras, pero yo recordaba haber leído que cada uno tiene su propio lenguaje interno, único, casi químico, que luego traducimos para que los otros nos entiendan. Tendré que investigar para tener un conocimiento más certero porque hasta ahora son solo especulaciones sin sustento.



Hemos tenido dos días de sol, como si de verdad tuviésemos la primavera en la puerta y luego el verano en donde todo es distinto y la vida se convierte en ir a mirar el mar y todo lo que contiene, la escritura de pájaros en la orilla, las huellas de espuma que deja el agua que se acerca y retira, los infinitos granos de arena que son joyas diminutas, troceadas por el viento y ese tiempo que no existe pero igual hace su trabajo.

Somos recolectoras, de eso no hay duda. Entre lo que recolecté esta semana encontré la imagen de un hada pequeña que compartí con los amigos. No demoraron en preguntar qué clase de hada era y por lo que tenía en la bolsita. En un instante respondí que vivía en un bosque cercano, no me pareció extraño porque toda mi infancia la pase viviendo muy cerca de un bosque. Lo del contenido de la bolsa no fue tan fácil porque me preguntaron si eran mensajes, no, me dije, no lo son,  Una de mis amigas aseguró que se trataba del bosque de las mariposas y sí, había acertado. Ya más entusiasmada les conté que todos los días se podía ir al bosque a tomar té con las hadas y las invité a que me acompañaran.
Encantadas, encantadas, me dijeron, entonces les confesé que en la bolsita traían alegría y risas y ellas empezaron a reírse. Polvo de luna,  dijo una de ellas, la más alta, y tres estrellas, y besos y todas reímos.  Ya estábamos en trance. 









Si fuera joven otra vez

domingo, 11 de octubre de 2015

Dándole vueltas al tiempo


Dice Javier Marías: "Todo sucede a mayor velocidad y el presente es cada vez más raudo, pero el pasado y el futuro -justamente por eso- nos quedan siempre muy lejanos. El pasado y el futuro no están sucediendo, y todo lo que no es ahora parece remoto y brumoso. Hoy esa tendencia se ha acentuado hasta convertirse en una especie de enfermedad de la perspectiva, sobre todo en lo relativo al futuro. Casi nadie lo ve ya (o no quiere verlo), y eso está conduciendo a la gente joven o incluso madura a no contar nunca con lo que normalmente la alcanzará, y a tomar medidas que no van en perjuicio suyo de momento pero que sí lo harán a medio o a corto plazo, ay, mucho antes de lo que se imaginan. Es como si el hombre, por primera vez en su historia, no tuviera más visión que la de su presente instantáneo (casi animalesca), y sólo fuera capaz de decirse: "Puesto que ahora no tengo cincuenta años, no hay ningún motivo para que vaya a tenerlos". Y por supuesto es aún más frecuente que piense, o más bien sienta: "Puesto que ahora estoy vivo, no tengo por qué estar nunca muerto".
Solo tenemos el aquí y el ahora es un leit motiv que se nos repite como fórmula para encontrarnos más cómodos en esta vida y con mayor posibilidad de felicidad.
El pasado ya pasó y el futuro todavía no ha llegado. Creo que esto es muy útil para concentrarnos en la tarea que estamos realizando, para meditar, para acostumbrar a nuestra mente a no perturbarnos con temas ya cancelados o angustias por lo que podrá pasar. Sin embargo, sin la idea de futuro, los jóvenes no se lanzarían a estudiar una carrera tan larga como la medicina, sin imaginar ese tiempo que todavía no llega no podremos ordenar nuestro presente y dirigirlo hacia el alcance de las metas que nos proponemos, que sentimos como imperativos en nuestro interior.
Recuerdo un texto de uno de mis libros para niños en donde un niño decía:
El profesor me ha dejado pensando ¿qué cosa voy a ser cuando sea grande? Y el niño recorre las diferentes profesiones y al final decide que no quiere escoger una sola, que desea ser todas, unas veces torero, otras payaso, otras vendedor de flores. Nuestros sueños, nuestras ilusiones, nuestras metas. Y el trabajo que realizamos para intentar que se cumplan. Claro que en el proceso vamos descubriendo los límites de nuestras capacidades, o como el niño de mi cuento vamos variando hasta encontrar aquello en lo que nos encontramos cómodos y para lo que parece tenemos las habilidades adecuadas.
Es cierto que los dones son muy importantes para la realización de las personas pero sabemos que la perseverancia es el principal ingrediente, el trabajo diario, el esfuerzo y la mirada en aquello que hemos imaginado y queremos convertir en realidad.
Para alguien que escribe el pasado es también muy importante. Durante su infancia se han sembrado los temas que luego irán a ser centrales en su obra. Y si bien hay una tendencia a escribir todo en presente como si estuviese sucediendo aquí y ahora, todo ha sucedido ya y pertenece al pasado.
Para Borges: Alrededor del tiempo surgen los conflictos que tejen la existencia, el conflicto entre el presente y el futuro, origen y fundamento del conflicto entre el orden y la transgresión, la seguridad y el sentido; el conflicto entre un futuro que promete y un pasado que obliga, entre la plenitud del instante y la ubicuidad de lo sido. ¿Cómo pudiera ser de otra manera? Si a medida que somos no somos, si somos responsables de lo que ya no somos y es menester contar con lo que todavía no somos. El tiempo es el enigma de la existencia, pero también la clave, la sustancia, el reto.
A un sacerdote amigo, el Padre René Allende le gusta hablar del gerundio en donde el ir siendo, expresaba nuestro paso por esta vida. Una acción que empieza con nuestro nacimiento y termina con nuestra muerte. En el gerundio no se indica el tiempo en el que pasan las cosas, ya sea presente, pasado o futuro. Hablaba también de la añoranza que incluye el pasado y el futuro, el recuerdo de algo que se ha tenido y que se desea volver a tener. La unificación con el todo y la disolución del tiempo. (Que es una convención del hombre). Mucho por aprender y mucho por pensar sobre el tiempo, sobre nuestro tiempo, sobre la manera en la que lo utilizamos, lo disfrutamos, lo convertimos en aliado o enemigo, lo compartimos, y vamos siendo, transformándonos, variando para poder estar en el mundo y encontrarnos a gusto en él.  Javier Marías termina su artículo diciendo: Es como si los humanos hubieran perdido esa capacidad fundamental de golpe, cuando la vida consiste en gran medida en imaginarse, hacia el pasado y hacia el futuro. Sin eso, de hecho, eis esa proyección imaginativa en las dos direcciones, la vida no se vive del todo o se vive sin enterarse. Es a eso, sin embargo, extrañamente o no tanto, hacia lo que se quiere que vayamos, si es que no hemos llegado. 



http://elpais.com/diario/2007/01/07/eps/1168154824_850215.html

domingo, 21 de septiembre de 2014

Disfrutar del tiempo

 
 
 
Medir el tiempo. Usarlo. Tomarse el tiempo. Sí hay tiempo. Disfrutarlo.
Libro recomendado: Cómo dominar el tiempo de Jean Francois Revel.

domingo, 7 de julio de 2013

Hubo un tiempo




Hubo un tiempo...

Hubo un tiempo en el que el amor era un
intruso temido y anhelado.
Un roce furtivo, premeditado, reelaborado durante
insoportables desvelos.
Una confesión perturbada y audaz, corregida mil
veces, que jamás llegaría a su destino.
Una incesante y tiránica inquietud.
Un galopar repentino del corazón ingobernable.
Un continuo batallar contra la despiadada infalibilidad
de los espejos.
Una íntima dificultad para distinguir la congoja del
júbilo.
Era un tiempo adolescente e impreciso, el tiempo del
amor sin nombre, hasta casi sin rostro, que merodeaba,
como un beso prometido, por el punto más umbrío de la
escalera.