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lunes, 5 de marzo de 2018

La niña parlante



La niña parlante


No se lo había dicho a nadie. Si lo contase podría ser muy peligroso.
Ella la había pedido para Navidad. Quiero una muñeca que hable.
Sus amigas habían pedido varios regalos.  Si es que la muñeca conseguía hablar, uno sería suficiente.
En su infancia todavía no habían inventado las muñecas que se parecen a cada niña, y si bien se habían hecho intentos para que pudiesen hablar, eran solo unas cuantas palabras que repetía como un loro.
La muñeca parlante hablaba de corrido. Tenía la memoria de alguien que hubiese vivido muchísimos años. Sabía contar las historias más increíbles y crueles de todos los tiempos.
La niña la escuchaba embobada y las historias de brujas o fantasmas, de seres endemoniados, de animales de mil patas, ogros de un solo ojo en la frente o niños extraños con una lengua partida en dos, con pies sin dedos o con alas de murciélago, la inquietaban y hacían que sus noches estuviesen pobladas de seres horribles y amenazantes.
La madre no se daba cuenta de nada. Era una mujer melancólica y romántica que pasaba sus días con la puerta cerrada de su cuarto meditando sobre la belleza y la verdad.
La niña decidió que no debía separarse de la muñeca parlante. Que debía saber siempre donde la dejaba, lo que menos podía hacer era dejarla en el bosque cercano a su castillo, porque ahí siempre había alguna niña inocente perdida y entonces si la muñeca podía hablar, también podría caminar, y si tenía dentro de sí todas esas historias terribles, podría pensar en hacer ella también alguna maldad y atacar a la niña inocente haciéndole un daño que no se podría arreglar.  Le costaba mucho esfuerzo mantenerse atenta, especialmente porque dormía muy mal en las noches, tratando de protegerse de los ruidos de barcos hundidos con esqueletos en movimiento, o de las sombras que crecían y se deformaban.
Su padre había partido de viaje hacía muchos años, a la guerra y todavía no había vuelto.
Durante varios días trató de convencer a la muñeca parlante de que no contase ya esas historias, que escuchase las que ella tenía para contar la del viaje hasta el arcoíris en busca del tesoro, la de   la coneja y la reina de corazones de Alicia en el país de las maravillas, o la del fabuloso Peter Pan que vencía al capitán Garfio el pirata.  Era asunto imposible. La interrumpía de inmediato, decía que ya conocía esas tontas historias y que más bien le iba a contar aquella historia terrible de la niña robada y descuartizada.
Lloraba sin que la viesen, y controlaba su cuerpo que temblaba de puro susto, y disimulaba las ideas que le iban apareciendo de querer deshacerse de la muñeca parlante, aventarla al río, tirarla desde la ventana más alta del castillo, hipnotizarla y obligarla a marcharse, darle algún veneno encontrado en algún recodo del bosque.  Fue entonces cuando decidió no atender sus historias, no mirarla a la cara mientras hablaba, hacerse la que no le impactaban sus palabras, inventarse una fuerza que desconocía que tenía y permanecer en silencio, como si algo se hubiese roto en su interior.  Como la muñeca parlante era inteligente, se dio cuenta de que la niña tramaba algo y entonces dejó de contar esos cuentos terribles y se volvió una muñeca dulce que cantaba canciones de cuna y sonreía como si la maldad no existiese en el mundo. Fue tan buena actriz que la niña estuvo tentada de rodearla con sus brazos para acunarla, de cantar ella también las bellas canciones que había escuchado cantarle hace muchos años a su madre.
Esa tarde la niña hizo un esfuerzo grande para pensar profundamente, todas las posibilidades. ¿Quién podría ayudarla?  Se puso roja de tanto pensar. Cerraba los ojos y dejaba que su mente corriese y se asentase como una pequeña ardilla, hasta que decidió subir a la parte más alta del castillo y contarle a su mamá lo que estaba sucediendo.
¿Quién es? Dijo la madre que se alegró muchísimo de ver a su niña que había crecido tanto desde la última vez que la había visto. ¿Eres tu mi niña? Pasa, pasa. La niña vio los cientos de libros que su madre había estado leyendo desparramados por todos lados, abiertos como si ella hubiese estado buscando ahí el remedio que cura todos los males, que termina con la pobreza, con la envidia, con la injusticia.  Sí, ella podría ayudarla.
Una vez que estuvo enterada, la mamá la tomó de la mano y bajaron apresuradas las escaleras circulares y llegaron al jardín, al lugar en donde la niña había dejado hacía unos instantes a su muñeca parlante que ahora tenía los ojos cerrados, como si estuviese dormida, la boca sonriente, como si  el suyo fuese un sueño muy feliz, y cuando la despertaron dijo solo una palabra partida en dos: ma-má y repitió: ma-má.
La mamá y la niña se abrazaron sabiendo que cualquier peligro ya había pasado. La muñeca quedó en el cuarto, sola, y la niña se dio cuenta de que ya no le gustaban las muñecas, que tenía razón su mamá, había crecido, y entonces la acompañó  hasta su cuarto y le pidió algún libro que no fuese de miedo sino más bien de aventuras,  y tal vez de amor.  

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Quedarse platada

Un cuento mío usando la expresión: Quedarse plantada”.
“Quedarse plantada.
Era como cualquiera, había empezado a caminar a los dos años y no había parado de ir de un lado al otro interesándose por la vida y por las cosas. Lo que más le gustaba era la gente. Cada persona distinta, esa combinación de ojos, nariz, boca y orejas daba infinidad de rostros todos distintos. Algunos daban confianza, a otros había que temerles, había algunos de los que provocaban salir corriendo y otros quedarse a su lado para descansar. Su padre era zapatero y ella aprendió pronto el arte de hacer zapatos. Su especialidad era la gamuza porque le gustaba lo aterciopelado de su tacto y en las noches antes de dormir imaginaba una manada de gamuzas, hermosas ovejas que saltaban y ella las iba contando para atraer el sueño. Su madre vendía hortalizas y frutas que ella misma sembraba en el jardín trasero de la casa. Lo que más le gustaba a la niña era la cosecha, arrancarle a la tierra sus hermosos frutos, era magia pura. Los sábados acompañaba a su madre a vender a la feria de la plaza principal y se pasaba el día pregonando:
— Yucas, paltas, fresas, uvas, zanahorias, papas, colifloooores!
Un día su mamá tuvo que irse de improviso, tuvo el presentimiento de que algo había pasado, como efectivamente pasó, su esposo se había rodado las escaleras de la iglesia y tenía rotas las dos piernas y se había hecho un agujero en la cabeza.
—Quédate aquí, le dijo la madre, —no te muevas.
Y ella obedeció. Se fue haciendo de noche, hacía frío, tenía miedo, pero lo más extraño fue que le crecieron raíces de las piernas y los pies que se fueron incrustando en el pequeño jardín de la plaza y aunque ella quería moverse, no podía. Estaba plantada. Se encogió un poco, resbalándose hasta caer sobre el suelo, y se arrastró para alcanzar a ver la luz que había quedado encendida en una esquina de la municipalidad.
¿Soy una flor, —se dijo— o seré un árbol?
Y las manos pegadas al cuerpo las subió dirigiéndolas hacia el cielo como rezando o convirtiéndose en flor. La madre se pasó la noche cuidando al padre, haciendo trámites para que lo pudiesen operar, especialmente de la cabeza porque se le podían escapar las ideas y olvidar la fórmula de hacer zapatos tan bellos, los mejores del pueblo, de rato en rato se acordaba de la niña, pero no podía ir por ella, le tocaba estar ahí junto al esposo. Empezó a llover, una lluvia fina, una garúa que acompañó a la niña y la refrescó y le dio ánimos para seguir ahí plantada esperando. Al amanecer se dio cuenta de que había dormido y de que había crecido, a pesar de la soledad, se sentía feliz y hasta hermosa.
Antes de que se hiciese del todo de día llegó la madre corriendo, llamándola:
—Elisa, Elisa, acá estoy. La niña estiró los brazos como si fuesen pétalos movidos por el viento de la mañana.
En un instante la madre, conocedora de plantas y flores notó las raíces que retenían a la niña y suavemente, con movimientos sabios de adelante para atrás, de derecha a izquierda, fue arrancándola, diciéndole palabras dulces de madre, amorosas,
—Te quiero, eres mi sol, eres mi vida, eres mi luna querida. La niña se sorprendió al notar la facilidad con la que podía mover los pies y zafarse de la tierra, abrazó a su madre y ella le fue contando la caída del padre, el por qué la había dejado ahí plantada, —pobre niña mía. —Saltando en un pie, en otro, en los dos, llegaron juntas al hospital en donde el médico les aseguró que se pondría bien y que ni se preocuparan porque él había visto tras el agujero de la cabeza intacta, la fórmula de hacer zapatos bellos, en especial los de gamuza. CB de R
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sábado, 14 de enero de 2017

Al correr de la pluma






Al correr de la pluma  dibujo del poeta y pintor peruano Pére Symeón ( de la Jara).
Al decir " Al correr", ya estamos hablando de movimiento, de tiempo, de algo que está siendo como este hermoso pajarito que ha dibujado Pére Symeón, teólogo y místico, un artista peruano que ha estado en Lima en el Café Rilke leyendo sus poemas y que desgraciadamente no pude asistir.
Ese pajarito curioso, que tiembla de vida y se sostiene en una pequeña y debil rama para desde ahí contemplar el mundo y ser parte suya es un símil de nuestra vida.
Se me viene a la memoria el poema de Salvatore Quasimodo que me enseñara Jose Miguel Oviedo:
Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra traspasado
por un rayo de sol: y de pronto anochece.
La vida puede ser vista como un abrir y cerrar de ojos. Como un saludo y una despedida, como una línea compuesta por infinidad de puntitos, incidentes, relaciones, amores, furias, penas, entusiasmos, placeres, el corazón contento, la mirada gacha, el juego, la música, la hermosura, el dolor, las miradas de los otros, las palabras, el orden, el caos.
El sábado pasado murió una persona muy cercana y querida, la mama de mi esposo, mi suegra la Señora Martha, luego de una vida en la que ella supo encontrar momentos de felicidad y alegría.
Este viernes recordamos un mes de la partida de la esposa de mi hermano, queridísima Mariana.
y se han cumplido seis meses de la partida de mi mamá. 

Las personas a las que hemos amado, las que nos han acompañado en nuestra vida, no mueren viven para siempre en nosotros, en nuestra memoria y forman parte de nuestro ser.


Me ha costado mucho encontrar este texto que escribí un día imaginando lo que sentiría tras mi muerte. 




Tras mi muerte




Entonces, ya dejé de pensar en mí
Como en alguien
Y más bien sentí un poco
Como si fuera todo y todos
Un color, un grano de arena
Esa rama del arbusto
La línea del horizonte, el tiempo
La mirada de esa niña
Sobre todo la vida que crecía
Yendo y viniendo
Siendo agua y madre
Ojos y sangre
Esfera y bosque
Palomas y silbido.

domingo, 20 de noviembre de 2016

No levantar uno la cabeza

No levantar uno la cabeza






Si siempre hubiera estado así, mirando el suelo, la barbilla pegada al cuello, los ojos bajos y las pupilas esforzándose por alcanzar a mirar aquello que sucede a mi alrededor, si siempre hubiese tropezado con todo aquello que se me enfrenta, agachándome cada vez más, sintiendo la incipiente joroba que me muestra a los demás como si un dedo divino me señalase, como si supiese que de atreverme a levantar una pizca la avergonzada cabeza, los demás me arrinconarían, me increparían y tal vez hasta me molieran a palos; si así hubiese sido desde siempre mi destino tal vez sufriría menos, la fuerza de la costumbre, el desconocer, el haber sido ciega a la vida desde mi nacimiento, entonces, no quisiera que se detuviesen los días y las noches, se apagase el sol, cayesen las estrellas manchando su blancura en lagos de fango o fuego y que mi respirar en soledad se cortase, detenida la sangre de mis venas y se silenciase para siempre mi posibilidad de decir, pero no, una vez tuve yo la cabeza erguida, la mirada cubriendo el horizonte, los colores en mis pupilas, los sueños en mi mente y las palabras saltando como gotas de un incesante correr de río abierto que viajaba atravesando paisajes en los que mi espíritu se deleitaba ante cada brizna, cada instante, cada tonalidad de luz. 

domingo, 13 de noviembre de 2016

Al correr de la pluma, 7


Al correr de la pluma 7

Roberto Bolaño nos invita a la lectura. Nos dice: Leer es como pensar, como rezar, como hablar con un amigo, como exponer tus ideas, como escuchar las ideas de los otros, como escuchar música (sí, sí), como contemplar un paisaje, como salir a dar un paseo por la playa. Y mi amiga Lizbeth Niezen añade:  Es volar en otros mundos y cabezas. Probarse ideas nuevas del mundo entero en la privacidad de tu hogar.
Siento gran alegría al ver que Chiara anuncia la publicación de su primer libro. Que sean muchos más, que siga escribiendo así, con placer, con soltura, sin temor, diciendo lo que de verdad siente, con un toque de locura y mucho de pasión.
Facebook trae el pasado a nuestro día y ahí me muestra una mujer escondida entre surcos de lavanda. Al ver la imagen escribí: ¿Quién podrá encontrarla escondida ahí entre los surcos de lavanda, adormecida por el perfume que ha ido llevándola al país de los sueños en donde todo es posible? La noche oscura se asoma para arrullarla, calmar el grito que ella ha lanzado hace un rato antes de caer de rodillas sobre la tierra, tenderse, abrazarse y dejar que el silencio la atraviese y el morado olor la acaricie.
Es un gran estímulo una buena imagen, despierta todas mis neuronas y las conecta y responde con palabras que hubiesen permanecido encogidas en mi cerebro.
Mi amiga Margarita espera un corazón. Lo necesita. Esta semana la llamaron y fue volando, pero fue una falsa alarma. Le escribo para animarla a mantener la paciencia, le sugiero que el corazón que llegará será el mejor corazón que puede recibirse, uno que coincidirá perfectamente con su mente, con sus sueños, con su alma, con cada célula de su cuerpo.
Tengo varios textos en donde pongo un ave en lugar del corazón.
            Y esta frase de Lao Tze: En el centro de tu ser tienes la respuesta; sabes quién eres y sabes lo que quieres, me habla de ese pájaro que susurra, que me dice lo que necesito oír, me canta y me cuenta y sé que es parte mía, que me habita y yo habito en él.
Ayer fueron 4 años de la partida de mi papa. El amaba Paris, su música especialmente. Mis papis vivieron un año ahí y fueron muy felices.
Marco Martos da fin a su poema  El mandarín, en su víspera,  diciendo: Tengo que transcurrir, irme. Mezclarme con las corrientes del río Amarillo y tal vez mañana volver en el canto de un pájaro o en el silencio absoluto de una noche de estrellas.
La melodía de un sueño hizo que John Lennon compusiera «Imagene».  Esta semana, luego de varios meses, recordé mi sueño. Era un sueño romántico.  Pero olvidé detalles, quien era la persona que me abrazaba por ejemplo, algo fundamental.

La vida sería imposible si todo se recordase. El secreto está en saber elegir lo que debe olvidarse dice Roger Martin (Novelista francés) No somos los que decidimos que recordar o que olvidar. A veces recordamos lo que tanto ansiaríamos olvidar y olvidamos lo que nos daría tanto gozo traer nuevamente a la vida.  ¿Se podrá alguna vez, estimulando cierta parte del cerebro, volver a vivir, con la misma intensidad aquello que fue para nosotros la maravilla, una mirada, una caricia, esa voz? 

sábado, 29 de octubre de 2016

Al correr de la pluma 6

Al correr de la pluma 6.-



Hace mucho escribí unas crónicas que llame: Crónicas de cuatro llantas. Hablaban de mis viajes en ómnibus o en taxi y las conversaciones que ahí tenía, experiencias siempre interesantes, originales, enriquecedoras.
Acá tengo dos nuevos textos que pertenecen a estas crónica. Un paseo en taxi que me trae Facebook que publiqué el año pasado y el de esta semana, tras tomar un micro luego de muchos años.

Hoy tomé un taxi, el tramo fue ida y vuelta un poco más de media hora. El chofer era Piurano de Catacaos. Qué simpático. Conversamos sobre la forma de enfrentar los problemas, un filósofo. Los taxistas desarrollan con su trabajo en contacto con tanta gente una filosofía de vida y son grandes comunicadores. Me acordé que había escuchado la noticia de que hacía poco fueron contratados por una empresa para explicar las bondades de su servicio a sus pasajeros. No recuerdo si en  Argentina o Brasil, y que la campaña tuvo gran éxito. Claro que recibieron clases de cómo comunicar mejor, pero ellos tenían una regia base.

Ayer, después de mucho tiempo subí a un microbus. Nos acostumbramos a la soledad de nuestro auto. El radio es nuestra compañía, me gusta que me conversen así que escojo en el dial los programas políticos o polémicos, la verdad es que no me importa mucho que sea la doctora Cachetada o la Señora Ley las que animen el programa, de lo que se trata es que me acompañe una voz. Otras veces, más inspirada, busco música y si encuentro la que me gusta me parece que no importa el tráfico ni el tiempo perdido porque el canto que escucho me toca el alma y me anima diciéndome que estoy viva y que soy capaz de sentir.
En el microbus todo fue más fácil, pagué un sol, la música andina llenaba todos los espacios y se paseaba entre nosotros los pasajeros. Subió una señora con sus dos niños, los había recogido del colegio. —No , ahí no, le dijo la mamá, al más chiquito, incomodas a la señora, y yo: —No, para nada. Y se sentaron al frente mío, cerquita. El niño me enseñó una tarjeta de invitación a un cumpleaños. Me dijo el nombre de quien lo había invitado. Hablamos del regalo que tendría que llevarle. Era un niño como de cinco años. Me dijo que su cumpleaños ya había pasado hacía poco.´La mamá me dijo en qué colegio estaban y que el mayor era el más estudioso. Supe que no le gustaba el futbol, que más bien el ajedrez y que era bueno corriendo. Eramos amigos. Tras despedirse, se bajaron. Yo lo hice unas cuadras más allá. El micro no me llevaba hasta la puerta de donde quería ir, lo que me pareció mejor todavía, la caminata me haría bien.
Qué bueno sería que los medios de transporte fueran más seguros, que cada pasajero tuviese lugar para sentarse, que no hicieran competencia para ver quien avanza más, entonces, tomar el micro sería lo cotidiano, el auto lo usaríamos para paseos, habría menos tráfico y cada día, podríamos hacernos un amigo nuevo.


Esta semana tuvimos en nuestro taller de lectura una conferencia que diera Borges en la Universidad de Belgrano, que trataba del tiempo. Encuentro este texto mío que llamé:
“Dandole vueltas al tiempo”.
Hace unos años, un amigo que vive en Buenos Aires me mandó de regalo un libro que leí con gran interés. “Cómo dominar el tiempo” de Jean Francois Revel,  era un precioso estudio del manejo del tiempo.  Hoy me desperté deseosa de releerlo, pensando que podría encontrar ahí respuestas a algunas preguntas que me venía haciendo. Me acerqué al estante en el que debería estar y noté su ausencia. Dediqué mucho rato de mi tiempo a buscarlo esa mañana y el asunto me fue útil porque aproveché para limpiar mis estantes y revisar uno a uno ese pequeño conjunto de libros de tan diversos géneros que he ido acumulando durante mi vida. El libro en cuestión parecía haber sido tragado por la tierra. Resignada pensé que el enfoque de Revel no era lo que me interesaba, ver la forma de ahorrar tiempo, impedir que los demás me lo arrebaten, organizarlo diariamente, no era eso esencialmente lo que estaba buscando.
Busqué entonces una frase  de John Keats que dice:
“La vida nos ha sido dada para encontrar el modo justo de emplearla. La vida es una fuente continua de confrontación mágica que exige la respuesta adecuada. Esta respuesta debe surgir de la intuición, el valor y la acumulación de experiencia.”
El texto no pronuncia la palabra tiempo, pero respondía a mi pregunta de cómo hacer uso de mi tiempo, como optar por el mejor modo, dedicando mis mejores horas a lo que más amo, a lo que tiene la capacidad de hacerme crecer, alimentarme, darme alas y permitirme descubrir mis raíces. La idea de no estar haciendo con mi tiempo lo que realmente deseaba era el corazón de mi angustia, ella estaba exigiéndome como un alfiler punzando mi conciencia un cambio de giro y la concentración de mi energía, olvidarme de la dispersión a la que soy tan proclive y hacer de verdad lo que deseo hacer.
Ya no se habla de lo que “debo” hacer, tal vez porque las moralidades andan pasadas de moda aunque el sentimiento es parecido a un imperativo de esa voz que permanece oculta en nuestro interior gritándonos para que obedezcamos ciegamente.
Pensé luego en la relatividad del tiempo, y en el tiempo de cada cual en mi tiempo interno y externo, el que vivo cuando gozo comparado con el que vivo cuando sufro, el de una dimensión especial en la que me abstraigo cuando dejo que mi fantasía se pasee, y en mi tiempo en el que me suceden o realizo acciones específicas, el tiempo de los sueños, el de la noche y el día. Uno es, pensé, el tiempo de la soledad y otro el de la agradable compañía. Las ideas se me agolpaban, iban pendulares del pasado hacia el futuro, pensé en el tiempo de la espera y conseguí asomarme al infinito.
Borges quiso ocupar toda mi mente y de pronto sentí que estaba tratando inútilmente de darle vueltas al tiempo, que no llegaría a nada tratando de contener en mi mente algo que es probablemente ilimitado o eterno.
“El presente es la forma de toda vida, es una posesión que ningún mal puede arrebatarle… El tiempo es como un círculo que girará infinitamente: el arco que desciende en el pasado, el que asciende es el porvenir; arriba hay un punto indivisible que toca la tangente y es el ahora,  dice Borges en sus Inquisiciones y sigue:
“El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego El mundo desgraciadamente es real, yo desgraciadamente soy Borges.”
Entonces el tiempo vive en mí, yo soy el tiempo. A veces podemos caminar al borde del abismo y otras mecernos acompasadamente hasta quedarnos dormidos. Hay momentos para llorar profundamente, ansiando que un viento tibio caliente nuestra pobreza, y momentos en los que los otros, con su propio tiempo, sean capaces de calmar nuestra sed y rodearnos hasta sostenernos. Soñando alcanzar las estrellas y dominar el tiempo, creyendo aún en la magia, el valor y el aprovechamiento de nuestras experiencias.
Me quedé un rato contemplando mis pensamientos, como si escuchase el rumor del dorado mar y mirase hacia el infinito y pudiese saltar de una nube a la cresta de una ola o de una roca herida por los días, al suave desliz de una gaviota que respira.


domingo, 9 de octubre de 2016

Al correr de la pluma 5

Al correr de la pluma 5

Tomo notas de  unas crónicas
de un escritor al que he leído muy poco, casi nada, el catalán Terenci Moix que murió de fumar. En sus crónicas italianas habla de Elsa Morante, escritora italiana muy famosa que fue esposa de Moravia.  De lo que él me cuenta sobre ella rescato algunas palabras con las que construiré esta semana mi correr de la pluma.
Tenía Elsa, es casi el nombre de mi madre que era Elsie, un amor a esa existencia plena que el mundo nos va negando con cada avance.
Justo hace unos días hablaba al teléfono con una amiga en tono de broma, claro, y le decía, sin decirle, más o menos lo mismo que la Morante, ¿Te acuerdas, le decía, cuando decíamos, cuando seamos grandes, cuando crezcamos, entonces tendremos todos los permisos, podremos fumar, podremos ir a todas las fiestas, nos dejaran subir al tranvía, no volveré a escuchar a mi abuela decir esa frase que no entendía: “Date a deseo que olerás a poleo”, porque me habían castigado y no iría a esa fiesta que todas esperábamos con las ansias a punto de explotar. Imaginaba el poleo como un cúmulo de fragancias, una mezcla de azahares , de jazmines, del perfume que se ponía mi madre cuando ya estaba lista para salir por las noches luego de haberse mirado en el espejo y haberse dado la aprobación, sí, estaba linda. Grande fue mi desilusión al saber que el poleo, era simplemente una variedad de la menta y que el refrán, era una antigüedad que venía del campo, de Cajamarca, donde había crecido mi abuela  Ahora que hemos crecido de más, que tenemos todos los permisos, que hemos ido y vuelto, partido y regresado, esperado y perdido, ahora que la vida se nos ha abierto de par en par y que podemos decir, ¿así que la vida era esto?  Mi amiga se rió en el teléfono, porque a ella le pasaba más o menos lo mismo que a mí, no podíamos quejarnos, pero hubiésemos querido un manual de instrucciones como el que inventó George Perec, alguien que nos advirtiera, que nos vaya diciendo: —, no, por ahí no, cuidado, a la izquierda, para, a la derecha, cuidado, detente, descanso.
Sí, creíamos en una vida plena.  Y justo yo había inventado una frase para amortiguar la pena que sentía ante la muerte de mi madre, —ella tuvo una vida espléndida, —es decir con cualidades extraordinarias, una vida fantástica, magnífica, maravillosa.  Y sí,  si la miro desde un ángulo puedo decir que tuvo una vida espléndida, pero si la miro desde otro, fue su vida como la de todos, también contuvo dolor, ausencias, sueños incumplidos. Pero no lo sabíamos, creíamos en la felicidad que comienza y solo termina con la muerte,  y ni eso, porque luego venía la vida eterna que era aún más hermosa y feliz que esta y dura por los siglos de los siglos, una felicidad que no somos capaces de imaginar pero que colmaría todas nuestras fantasías, aquello que ni siquiera teníamos la capacidad de imaginar.  Entonces, ¿cómo así aparece en nuestra vida el dolor, la sombra, la noche, el silencio, el miedo? ¿Cómo despertar de todo eso y volver a tender las ilusiones que se han escondido? Sin embargo conozco a personas que no pierden las ilusiones, que tienen como tenia Elsa Morante una “obstinación feroz por esa existencia plena”.
Escoger el correr de la pluma es escoger la libertad, la casualidad, el inconsciente, lo que venga, lo que se asome de mi mente, sin constreñir, —no se trata de hacer terapia, hay que dejar que las ideas fluyan, —dijo alguien, —pero es una  quien monta sobre el caballo, la que dirige hacia donde quiere que el texto vaya. ¿Podemos hacer eso? ¿Llevar las riendas a conciencia? ¿Queremos hacer eso? ¿Podemos hacerlo?
Terenci Moix habla de la búsqueda que realiza Elsa durante toda su vida , de la soledad de su búsqueda, de la soledad de toda búsqueda, añado yo, y luego él agrega: el tiempo pasa y se vuelve irrecuperable, irrecuperable- El tiempo, repite, —como para que lo entendamos bien, para que lo fijemos en nuestra memoria que  muchas veces se hace la distraída, voltea la cabeza mirando otra cosa, se distrae porque no quiere enfrentar lo irreversible, irrecuperables los seres, las cosas mismas,—pasa y es irrecuperable.  
Claro que lo sabemos, antes de que haya el riesgo de perderlo ya sabemos que algún día lo perderemos porque es parte de la esencia del tiempo, de los seres y de las cosas, que algún día ya no estarán.  
También habla de los ojos puros de Elsa.  La pureza puede ser una forma de amor, —dice. El amor puede hacer ver de cierta manera la vida, los seres, los acontecimientos, las cosas.
Esta semana me llegó un artículo  de Gonzalo Portocarrero que habla del amor como el sentimiento que despierta la alegría.  El amor puede reinventar la realidad.  
El lenguaje para Elsa , la búsqueda de las palabras adecuadas,  será también una manera de buscar lo divino, sobrepasar lo cotidiano. La crisis del lenguaje es una crisis del espíritu.  

Me quedo imaginando los ojos puros de Elsa, que son una manera del amor. 

lunes, 3 de octubre de 2016

Al correr de la pluma 4

Al correr de la pluma 4


Me acompaña en el auto la voz de Antonio Cisneros recitando sus poemas, muy simpático y entusiasta, llegamos hasta Alemania, a cierta calle en la que vivió dos años y me enseña una pareja dedicada al gimnasio, a la comida sana, pretendiendo la eternidad y en contraste se muestra a si mismo con un cigarro en la comisura de los labios, despreocupado de la muerte, disfrutando con intensidad de la vida. Luego escucho a Santiago Gamboa y me encandilo con un texto suyo que me explica lo importante que es la palabra, como está presente la poesía en nuestra vida y en nuestra muerte.
Veo una película totalmente edulcorada, el amor por encima de todo, el personaje antagonista de una perversidad exagerada, la chica lindísima Necesitaba estar así un rato frente a la pantalla con escenas románticas y el triunfo del amor.
Las rosas rosas que ofrecí la semana pasada regresaron a mí  convertidas en rosadas. Que sorpresa y alegría que suene el timbre y alguien haya pensado en ti y te mande la belleza.
Cuando puse unas flores  en un florero de vidrio en forma de pecera, se me ocurrió pensar que las estaba convirtiendo en peces. La cualidad de transformar las cosas,  sea su apariencia, su función o su esencia,  sería uno de los deseos que pediría a un mago. Sucede en los cuentos para niños, en los mitos, cuando ya están por atrapar al ciervo, tras un salto se convierte en un conejo y se escabulle entre la maleza y el tigre que lo tenía cercado, lo pierde.
En clase hicimos dos relatos de Vila Matas, el del padre que en su lecho de muerte confiesa a su hijo que hizo matar a su madre y le cuenta detalles y toda la historia mientras el hijo y los lectores descubrimos que lo que está haciendo es transmitirle el arte de la ficción; y el de  los dos viejos cónyuges, la realidad y la ficción desposados, que nos hace saltar a un lado y al otro y mezclar la imaginación con los hechos y confundirlos hasta no saber qué es qué. Buenísimo escritor que domina el arte de hipnotizarte, hacerte creer y descreer.
 Julio Herrera y Reissig  poeta uruguayo pregunta  ¿Cómo no se pregunta al rayo de la estrella de dónde viene y por qué tirita ni a la vaporosa nube del cielo dónde ha nacido, ¿por qué es tan blanca?
Podría hacer un pequeño libro en el que contase mi amistad con personas compañeras de asiento en los aviones. Alejandrina Reyna es mi amiga cubana, música extraordinaria que vive en Chile, pianista, mujer intensa, llena de historias, de vida, de energía. Ella me contó de Yemayá la diosa del mar que vino como creencia  de la región de Yoruba en el  Africa, protectora de los barcos,  de los pescadores, de los peces, —todos somos peces porque nadamos  nueve meses antes de nacer—,  del hogar, de la familia. Es madre de toda la tierra,  es Virgen, es sirena, es adivina, de sus manos se desprenden perlas, carga un espejo, porta una corona, le ofrecemos velas y flores.
El 11 de Setiembre del 2001, el tremendo día de las torres gemelas, estábamos  mi amiga Alicia Alarco, en una sesión de fotos para mi libro, cuando escuchamos la noticia. Al poco rato empezaron a llegar las chicas del taller, ese día leíamos a Marosa di Giorgio, escritora uruguaya muy extraña, transgresora, irreverente que habla de comarcas encantadas, de hadas, ángeles y brujas, entonces sucedió lo del segundo avión y cancelamos la clase. Todas las participantes salieron disparadas hacia sus casas, espantadas y Marosa de la que habíamos estado escuchando un disco guardó silencio y derramó sus brebajes sus afrodisiacos, y excitantes filtros de amor.
De pronto, como un impulso que no se donde me llega, siento ganas de cantar Tengo el corazón contento el corazón contento lleno de alegría, la cantaba Marisol y  Chiqui Bazo me cuenta que sus amigas queridas le dieron una sorpresa cuando cumplió 50 al llegar a Máncora dionde ella vive vestidas de corazones gigantes cantando esta canción, claro que la hicieron llorar, lágrimas de alegría.


domingo, 18 de septiembre de 2016

Al correr de la pluma- 2


La pregunta clave era ¿quién soy? cambia ahora  por ¿qué siento? ¿qué quiero?  Somos como un niño recién nacido al que tenemos que estar mirando atentos, cuidando sus gestos, sus reacciones, adivinando sus deseos.  Entonces, ¿por qué no dejar que crezca un poco como si viviéramos en el campo y fuese el viento el que nos cuida, el sonido de los pájaros el que nos acompaña, los árboles los que nos  proteger con su sombra?
Pedro Mairal en un Ted habla de la fuerza de la lengua, de aquello que somos capaces de hacer con nuestras palabras, levantar y humillar, acariciar y espantar. Transmitir nuestros miedos y también sembrar esperanza. Vivimos adentro del lenguaje, dice. Somos lenguaje.
Que la fuerza de la lengua los acompañe.
En el conversatorio después de la obra de teatro Dinamo cuando alguien del público dio una interpretación de lo que había sucedido en el escenario, la directora le respondió:
— Eso es. Lo que tú crees, es.  Dándole gran importancia a la interpretación.  Experimentamos nuestra descripción de las cosas y no las cosas en sí mismas.  Traducimos con nuestro lenguaje todo lo que vivimos, sentimos, anhelamos y vemos. Cada quien ve algo distinto. 
También se habló de la incomunicación y podría pensar que es imposible comunicarnos, que logramos comunicar solo una partecita de lo que queremos decir o traducir.
La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo. Dice Dyland Thomas. Seguimos en la infancia, una parte nuestra todavía habita en ese jardín en el que fuimos tan felices, el paraíso al que deseamos siempre volver.
Haruki Murakami cuando de noche se pregunta: —¿Quién soy? ¿Cómo soy en esencia? ¿Quién lleva las riendas de mi vida?— Siente pánico. El no tener respuestas a nuestras preguntas nos espanta.  Tal vez madurar sea aprender a vivir sin tener respuestas para las preguntas fundamentales de nuestra vida.  Me pienso a mí misma.
Cuando nace una criatura, un niño desnudo, no tiene conciencia de que se irán creado  hilos que lo unirán  a las demás personas. Que desde ya tiene relaciones que deberá mantener y cuidar durante toda su vida, sus padres, sus hermanos, y la lista irá aumentando, los amigos, el esposo, los hijos, los nietos, personas que serán importantes en su vida, de las que él será responsable.
Un cuadro de Lucio fontana me hace escribir: Un tajo abierto. Por ahí respira. Se rompe la tensión de la tela. Es también la cortina que cubre una escena, en cualquier momento aparecerá una mujer por el tajo y recitará un pequeño poema que tendrá como virtud el despertar nuestro llanto.
¿Qué es mejor matar el tiempo o hacer tiempo?
A Liliana Herrero la conocí en Buenos Aires, cantaba con voz profunda, de mujer que ha vivido, que ha bebido, que ha fumado. Cantaba música folclórica, cantaba Naranjo en Flor. Hoy vi su nombre y la escuché y fue como si estuviese otra vez de noche, en el bar, esperando que Liliana aparezca y cante. Primero hay que saber sufrir
Después amar, después partir
Y al fin andar sin pensamientos…
Las palabras crecen en el silencio. Si hiciéramos un experimento y guardáramos silencio por diez segundos, escucharíamos nuestro silencio.
Un abrazo profundo dado por primera vez que contenía la vida entera, lo no expresado, lo desconocido.




 




domingo, 11 de septiembre de 2016

Amistad

Esta foto es para mi un símbolo que me hace recordar lo que sentí por mis amigos cuando era chiquita. Me gusta que no se vean las caras y me encanta el abrazo, el estar juntitas, mirando a la vez el mundo, descubriéndolo. Conservo, gracias a Dios, algunas amigas de esa época, a una de ellas, la recuperé, para gran felicidad de las dos, después de habernos distanciado porque viajó inesperadamente a Estados Unidos. La amistad de esos años sirvió de base para todas mis nuevas amistades. Cada persona me parece un mundo y el contacto con los amigos una celebración de la vida.

domingo, 28 de agosto de 2016

Conversaciones de alto vuelo

Hay quienes prefieren estar en silencio durante el vuelo. Que al vecino de asiento no se le ocurra dirigirle la palabra. ¿Qué se harían con alguien que desea hablar con uno sin tener nada en común, que nos fastidie con preguntas o nos cuente su vida? Yo siempre he sido de las que disfrutan haciéndose amiga de quien el destino ha puesto a nuestro lado para pasar unas horas mientras volamos en el cielo, por encima de nubes, edificios y hombres. En esta oportunidad conocí a una americana "Una gringa" de corazón generoso que por casualidades del destino adoptó en el Cuzco a cuatro niños y que ahora tiene quince nietos a los que adora. Dos años menor que yo, viajando permanentemente entre Cuzco, Lima y Estados Unidos combina su trabajo con su adquirida familia. Sus nietos la despiertan mostrándole sus descubrimientos y le hacen caricias consiguiendo como toda abuela, olvidarse de los quehaceres, de las preocupaciones, para dedicarse solo a recibir el regalo del amor que ha sabido despertar en esos niños.
Si no hubiésemos conversado, si me hubiese sumergido en mi libro: "El país de las mujeres" de Gioconda Belli, que claro que está muy entretenido, me hubiera perdido de escuchar esta hermosa historia. Claro que vi una película: " El gran hotel Budapest", que no me gustó tanto como había imaginado, pero la felicidad de descubrir un ser humano, hacer amistad, encontrar puntos en común, recuerdos, personas, hizo que me sintiese feliz. Esto se los cuento para que cuando alguien les dirija la palabra en un avión, no contesten de manera seca, y volteen la cara, si no que piensen que tal vez, van a disfrutar del placer de la comunicación de las existencias

Dibujando


Amor a primera vista


Curioso 


Blanca y radiante  


Pepino 



Queta quiere conocer a Pepino 

domingo, 17 de julio de 2016

Un cuento para cada martes.

Un cuento para cada martes.
Las personas, algunas, nos buscamos una tarea y nos la imponemos durante largos períodos de nuestra vida.  Desde hace muchos años debo escoger al menos un cuento para trabajarlo en nuestro taller de lectura.  No se trata de un cuento cualquiera, debe capturar la atención de todos los participantes, debe ser entretenido, debe despertar nuestra curiosidad, debe poder hacernos reflexionar sobre las actitudes de los seres humanos enfrentados a diferentes estímulos o situaciones.  Este martes escogí un cuento de Haruki Murakami, escritor contemporáneo japonés, de su libro “El elefante desaparece” de reciente publicación. El cuento se llama” Nuevo ataque a la panadería”, y tiene como tema: el hambre.

Lo primero que hicimos en el taller fue hablar del Hambre en general, de nuestra hambre, si alguna vez lo habíamos sentido, en qué intensidad. Una de las participantes confesó que tiene hambre permanentemente y que piensa en comida todo el tiempo.
Luego hablamos de otras clases de hambre, de ese que inhabilita, que impide hacer cualquier otra cosa, pensar, crear, soñar. Leímos algunos textos, uno de ellos  nos dijo que un sexto de nuestra población mundial se muere de hambre y que daría la impresión de que estamos sumidos en un estado primitivo de desarrollo, que apenas hemos salido de la barbarie, que somos una civilización inferior.  El hambre, según Neruda, sería la medida del hombre.
El poeta Miguel Hernandez nos dice que el hambre es el primero de nuestros conocimientos. El niño llora pidiendo alimento a su madre.
Quien ha pasado hambre de niño, estará dañado de por vida, aseguramos, siempre tendrá temor de regresar a ese estado en el que se siente tanto el vacío, el  incendio del hambre.
Tener hambre es como tenazas,
Es como muerden los cangrejos,
Quema, quema, y no tiene fuego,
El hambre es un incendio frío. Pablo Neruda
Aquellos que tienen hambre pueden convertirse en peligrosos, desaparecen los límites, el conocimiento del bien y del mal.


“El hambre sigue al hombre como la sombra al cuerpo, y no hay esperanza de pan, ¡no la hay! El hambre ha borrado las facciones humanas; la gente no vive, se pudre en una miseria irremediable..." La Madre Máximo Gorki. ¿Cómo será verdaderamente sentir hambre?
Entonces llegamos a Knut Hamsun, escritor sueco, premio nobel de literatura en 1920 que escribiera un libro al que llamó “Hambre”. Lo curioso de su personaje es que a pesar de encontrarse en la peor de las miserias sigue manteniendo ideales y cordura.  Un personaje que masca madera para calmar el hambre como quien masca papel mojado o come galletas de barro.
De India Caida en el Mercado de Joaquín Pasos, poeta nicaragüense.
Ella se desmayó, la desmayaron.
Al lavarle el estómago los médicos
lo encontraron vacío, lleno de hambre,
de hambre y de misterio.
Hablamos del canibalismo, de la glotonería, de la fama que tiene nuestro país por su buena comida. Quedando todavía mucho más por hablar: los que no comen, los que no dejan comer.



Entramos por fin al texto elegido y Murakami nos acercó a una pareja de recién casados que se despierta entrada la noche con un hambre desesperado.  El texto es reflexivo y divertido, nos lleva a la acción obedeciendo una lógica original. Vemos el dominio de uno de los miembros de la pareja, los secretos guardados, el trabajo en equipo. El autor inventa propósitos a los personajes, ideas fijas que los hará moverse y cometer actos como los que nunca habían soñado.  Como no trabajan, no tienen pan y deberán robarlo pero la vida más bien le ofrece cambiarle su atención a la música (Wagner)  por el pan.  Entonces surge la maldición que habrá que romper con un nuevo asalto. Entonces se convierten en ladrones que someten a sus víctimas y con ello logran desaparecer ese hambre que parecía querer acompañarlos hasta la eternidad. Murakami intercala en su texto el mundo de la imaginación y el mundo de los sueños.  El hambre como situación límite, como detonante de historias y de acciones, como develamiento de la verdadera personalidad de los personajes. 

domingo, 3 de julio de 2016

Hija de un constructor

Hija de un constructor
Si parto de la idea de que nada de lo que recibimos es casual debo reconocer que no soy por gusto hija de un constructor. Las primeras lecciones que recibí tuvieron que ver con crear un espacio para que sea habitado.
Marcar con tiza blanca las zanjas en las que se armarían los cimientos, en donde reposaría sólida y segura la casa entera.
Crecí observando el trabajo de albañiles y peones, elaboraban mezclas, asentaban ladrillos. Aprendí el uso de la plomada que garantiza lo recto, el cincel que pule, los clavos que unen, el tarrajeo que recubre.
Entonces aprendí el éxito del trabajo en equipo, la paciencia, el ir añadiendo elementos, resolviendo dilemas, tomando decisiones hasta dar termino al propósito.
Entonces no es extraño que no me falten raíces, que prepare mis propias mezclas, que asiente como si estuviese tejiendo uno a uno mis ladrillos o mis adobes, o mis piedras. Aun puedo trepar por escaleras hechas de maderitas enclenques, con travesaños torcidos pero eficientes. Y a mi manera también armo mis techos y los recubro y les pongo una cruz y bebo para celebrar mi contento. Cecilia Bustamante de Roggero

domingo, 19 de junio de 2016

Castillos en el aire



Desde siempre había soñado con poder habitar en alguno de esos castillos que flotaban en el aire. Bastaba con que se quedara inmóvil, los ojos abiertos de par en par, la vista puesta en las alturas, sin un pestañeo, para que apareciesen los hermosos castillos con torres y murallas, almenas, foso y puertas levadizas, adornados con banderas, estandartes y escudos de colores intensos. Le gustaba contarse historias que sucedían en los castillos. Los reyes y los príncipes, los caballos blancos, los niños jugando a perderse en los jardines de laberintos, bañándose en las fuentes cubiertas de los más bellos nenúfares. De noche podía ver sus castillos brillantes compitiendo en belleza con estrellas y luna. — ¿Cómo poder llegar a ellos?—Se preguntaba y hacía planes que iba deshaciendo conforme llegaba la aurora. Debía contentarse con la pequeña cabaña, el sonido triste del arroyo, la soledad de sus días y sus noches. Imaginaba escaleras infinitas, árboles que crecían hasta aquellas nubes que empujaba el viento, que amanecería un día con alas o que la llevarían suspendida un grupo de pájaros rojos.
Sucedió una tarde cuando casi se acababa el día, la niña miraba sus castillos, había aprendido a recorrerlos con la mirada, jugaba en los pasadizos y se asomaba en su almena favorita, le gustaba la dulce fragancia de sus nenúfares tan blancos como azucenas de marfil, cuando los castillos empezaron lentamente a descender, bajaban acercándose, creciendo en tamaño y perfección, como si se tratase de una nave llegando a tierra, entonces pudo ver las sonrisas del rey y de la reina y las piruetas de los príncipes, sus amables gestos invitándola a levantarse, dar pequeños pasos y entrar al fin a su sueño. Cecilia Bustamante de Roggero
Imagen: JACEK YERKA






De música y baile

De música y baile ( Extracto) (Recordando a mi papá)
Justo estaba preparando una clase en la que Paul Auster nos serviría de inspiración. Este escritor norteamericano contemporáneo habla de la fortuna, del azar, e las sorpresas de la vida, de las casualidades. Entonces yo estaba muy atenta observando las casualidades que la vida preparaba para mí.
Ese medio día salió mi papá de la clínica con sus 83 años tras veinte días en las que se sintió cercano a la muerte. Antes de despedirnos de los médicos, mientras mi mamá pagaba la cuenta y recogía radiografías, prendimos la televisión, di la vuelta a todos los canales y me detuve ante una orquesta que tocaba canciones populares de distintos países del mundo. Era una fiesta, el público bailaba, saltaba, aplaudía, caían globos y pica pica, el director de orquesta, un violinista encantador llamado Andre Rieu alentaba al público para que corease las canciones, todos se animaban a bailar y las imágenes de las pequeñas flautas tocadas por preciosas chiquillas disfrazadas de soldados, se intercalaba con trompetas y tambores. Mi papá se quedó extasiado, reconociendo las tarantelas y los clavelitos, Lily Marlen y Zorba el griego. El espectáculo parecía no tener fin y no faltaron fuegos artificiales y banderolas. El público de pie aplaudía y se paraba en los pasillos del teatro para bailar impulsados por tan maravillosa música. Dos enfermeras entraron al cuarto y nos acompañaron a ver el final del espectáculo que coincidía con nuestra alegría de haber sido dados de alta. Cuando terminó el concierto, yo, inspirada en las coincidencias de Paul Auster, me convencí que el programa había sido emitido por la vida, en hora precisa, especialmente para animar a mi padre, para celebrar su recuperada salud, para felicitarlo porque se reincorporaba a la vida. Una fiesta que no debíamos desperdiciar. Cecilia Bustamante de Roggero 

domingo, 8 de mayo de 2016

Asesinato de papeles



    Asesinato de papeles: Una manera de darme cuenta del tiempo que ya he vivido ha sido para mi, revisar, detenerme y romper, una infinidad de papeles que formaban parte de (digamos que archivo), los recortes, las impresiones, los textos, que he ido acumulando día a día. Ha sido doloroso, claro, romper parte de mi tesoro, pero si no acababa con ellos, ellos hubiesen acabado conmigo. Para mi felicidad, quedan todavía un buen número, que servirán de inspiración para mis clases, mi... blog, para escribir algo o simplemente entretenerme o reflexionar. Hay mucho de literatura, pero también de filosofía, de psicología, educación. He recordado días felices en los que hicimos en ABRA nuestro taller de lectura, por ejemplo literatura oriental, Japón y China y hasta fuimos al Centro Cultural Peruano Japonés a una ceremonia del te. Cuantos cuentos preciosos, pensamientos, reflexiones, entrevistas. Seguro todo, o casi, está en la red, pero me gustaba tenerlos ahí, poderlos tocar con las manos. Algunos artículos en lugar de matarlos totalmente, dejé la página principal, con la idea de encontrarlos en la computadora si vuelvo a ellos. De todos modos, me siento más liviana y recuerdo que una vez una bruja adivina me dijo: te veo entre papeles. ¿Coleccionista? ¿Acumuladora? ¡Qué se yo!

domingo, 1 de mayo de 2016

Dos poemas míos


                                                                                  


                                                                                       "Cuando el agua y el fuego entran en lucha,
                                                                                                   siempre es el fuego el que muere.”

A veces soy agua, otras fuego
 Lo que es difícil de soportar
 Es cuando soy mitad fuego
 Mitad agua
 Partida en dos, enfrentándome

 ¿Quién podrá aquietarme?

                                                                 Cecilia Bustamante de Roggero







Por arte de Biribirloque


Encuentro entre un mar de palabras
 Tu nombre Babalú
 Fuimos amigos entrañables durante breve tiempo
 Yo esperaba que abriesen las puertas del circo
 Y tú dabas vueltas olfateando curioso a la gente
 que se agolpaba ansiosa
 Fue un amor a primera vista
 Desaparecieron los demás
 Mientras tú y yo
 Intercambiamos gestos
 De reconocimiento
 -¿Cómo se llama pregunté?
 Y entonces escuché:
 -Babalú
 Por arte de magia
 Como quien tira la suerte sobre una página en blanco
 Apareciste esa noche
 Y yo te vi.

Cecilia Bustamante de Roggero

*Por arte de birlibirloque es una locución adverbial equivalente a por arte de magia: expresa que algo se realiza de forma inexplicable.

Babalú : Babalú ayé es una de las deidades de la religión yoruba. Es el santo más venerado de tierra Arará. Tiene el aspecto de un invalido, minado por un mal deformante, de piernas retorcidas y espinazo doblado.