Ya estamos en el 2014, lo mejor para ustedes. Y tomo estas bellas palabras del Popol Vuh para desear lo mejor para nuestra existencia.
"Que la germinación se haga, que numerosos sean los verdes caminos, las verdes sendas...
Que tranquilas, muy tranquilas sean las tribus, que perfecta sea la vida, la existencia"
Popol Vuh
El Popol Vuh Libro del Consejo o Libro de la Comunidad, es una recopilación de varias leyendas de los k’iche’, el pueblo de la cultura maya demográficamente mayoritario en Guatemala. El libro tiene un gran valor histórico, así como espiritual. Se le ha llamado, erróneamente, Libro Sagrado o la Biblia de los mayas k'iche's. Es una narración que trata de explicar el origen del mundo, la civilización y los diversos fenómenos. (Wikipedia).
Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
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viernes, 3 de enero de 2014
lunes, 4 de enero de 2010
Surcando el Amazonas
Recien llegada al Delfín II:

En la cubierta del Delfín II, bajo un cielo de palmeras entretejidas y frente a una fuente de mameys, coconas y papayas enanas, frutas exóticas, navegando por el Ucayali en la región de Pacaya Samiria, descanso, me olvido de todo aquello que perturba y me arrullo en el sonido del barco que atraviesa la amazonía de mi país.
Una canoa a motor se cruza con nosotros y entonces el tiempo se vuelve otro y ahora el asunto consiste en deslizarse, contemplar nubes, virar suavemente, flotar. En las orillas se doblan las capironas o cañas bravas y a mi derecha los Citingos y las pungas, árboles de ramas blancas y copas abiertas se yerguen con orgullo como si cantaran hacia lo alto, empinados.
Me han dejado entrar en el puente de mando pero aún no he pedido que me dejen tomar el timón y sentir que soy yo quien por un instante dirige los movimientos de este barco que va y vuelve en los ríos de nuestra selva, al que acaricia el viento y empapa la lluvia, al que se asoman garzas y otras aves que planean delicadas en el aire.
La vida se transforma y ahora pensamos en los ojos de los lagartos que brillan como estrellas rojas por la noche, nos enteramos de la existencia del gavilán, Shiguango, al que llaman Mama vieja y del Bocholocho pájaro flojo cuyo único encargo es reproducirse y que deja que su hembra se encargue de todo, teja con destreza el nido, empolle las crías y las alimente. Hay sapos y luciérnagas, larvas iluminadas de luciérnagas sobre las plantas del río.
Luego de una caminata sobre el fango y agua que nos llega hasta las rodillas hemos llegado hasta un gigantesco árbol sagrado, una Ceiba Lupuna, considerada madre del bosque, con raíces en forma de aletas.
Nuestros guías Adonai y Jesús provistos de un machete van segando la jungla cuidándonos de alguna culebra enroscada, descubriendo con ojo de lince los monos y los osos hormigueros en las copas altas de los árboles, esa es la Pomarosa, nos señalan esa árbol tan hermoso, y luego en los pueblitos son los más animados para organizar un partido de futbol con los pobladores.
Las caras de los niños me impresionan; serios ante mi cámara, posan quietecitos y luego uno de ellos me enseña un pajarito negro casi recién nacido, otro me entrega su lorito que se prende de mis dedos y me mira torciendo el cuello. Les hemos llevado unos regalos, no los abren, como si se tratase de algo desconocido, poblaciones tan lejanas a la civilización, con su propia cultura, sus normas, su manera de sobrevivir, son pescadores, cazadores, crían ganado Cebú.
La selva te abraza, te da, juega contigo, abre su laguna para que te bañes cerca de los delfines rosados, ¿habrá algo más exótico? Te invita a la aventura, a aprender a hacer los caminos, adiestra tus ojos para que puedan ver en la lejanía. Hemos tenido luna llena y estrellas.
Nosotros también le dimos a la selva. Enterados de la existencia de una Anaconda prisionera en una caja oscura, jaula de madera que la separaba de su habitad, decidimos inspirados por la dueña del barco, Lizzi, una apasionada de la selva, comprarla para devolverla al río. Una anaconda de 25 años, hembra, preñada. Conteniendo nuestros temores, la tuvimos cerca, la transportamos y la devolvimos al río. Ella no se fue de inmediato, estuvo dando vueltas alrededor de nuestros botes, mirándonos como agradecida. Qué experiencia, jamás imaginé que participaría del rescate de una boa. Entendemos que no solo la hemos salvado a ella, sino a una cadena de seres que se necesitan unos a otros, como nosotros los humanos.
Recibir el año nuevo en la cubierta del Delfín II ha sido un privilegio. Tuvimos fuegos artificiales (todos hechos con materiales degradables) y desde una lancha auxiliar se lanzaron al río pequeños botecitos, cada uno representaba a cada pasajero, que tenían una velita y cargaban un papel nuestros más íntimos deseos para el 2010. La celebración fue estupenda.
Una canoa a motor se cruza con nosotros y entonces el tiempo se vuelve otro y ahora el asunto consiste en deslizarse, contemplar nubes, virar suavemente, flotar. En las orillas se doblan las capironas o cañas bravas y a mi derecha los Citingos y las pungas, árboles de ramas blancas y copas abiertas se yerguen con orgullo como si cantaran hacia lo alto, empinados.
Me han dejado entrar en el puente de mando pero aún no he pedido que me dejen tomar el timón y sentir que soy yo quien por un instante dirige los movimientos de este barco que va y vuelve en los ríos de nuestra selva, al que acaricia el viento y empapa la lluvia, al que se asoman garzas y otras aves que planean delicadas en el aire.
La vida se transforma y ahora pensamos en los ojos de los lagartos que brillan como estrellas rojas por la noche, nos enteramos de la existencia del gavilán, Shiguango, al que llaman Mama vieja y del Bocholocho pájaro flojo cuyo único encargo es reproducirse y que deja que su hembra se encargue de todo, teja con destreza el nido, empolle las crías y las alimente. Hay sapos y luciérnagas, larvas iluminadas de luciérnagas sobre las plantas del río.
Luego de una caminata sobre el fango y agua que nos llega hasta las rodillas hemos llegado hasta un gigantesco árbol sagrado, una Ceiba Lupuna, considerada madre del bosque, con raíces en forma de aletas.
Nuestros guías Adonai y Jesús provistos de un machete van segando la jungla cuidándonos de alguna culebra enroscada, descubriendo con ojo de lince los monos y los osos hormigueros en las copas altas de los árboles, esa es la Pomarosa, nos señalan esa árbol tan hermoso, y luego en los pueblitos son los más animados para organizar un partido de futbol con los pobladores.
Las caras de los niños me impresionan; serios ante mi cámara, posan quietecitos y luego uno de ellos me enseña un pajarito negro casi recién nacido, otro me entrega su lorito que se prende de mis dedos y me mira torciendo el cuello. Les hemos llevado unos regalos, no los abren, como si se tratase de algo desconocido, poblaciones tan lejanas a la civilización, con su propia cultura, sus normas, su manera de sobrevivir, son pescadores, cazadores, crían ganado Cebú.
La selva te abraza, te da, juega contigo, abre su laguna para que te bañes cerca de los delfines rosados, ¿habrá algo más exótico? Te invita a la aventura, a aprender a hacer los caminos, adiestra tus ojos para que puedan ver en la lejanía. Hemos tenido luna llena y estrellas.
Nosotros también le dimos a la selva. Enterados de la existencia de una Anaconda prisionera en una caja oscura, jaula de madera que la separaba de su habitad, decidimos inspirados por la dueña del barco, Lizzi, una apasionada de la selva, comprarla para devolverla al río. Una anaconda de 25 años, hembra, preñada. Conteniendo nuestros temores, la tuvimos cerca, la transportamos y la devolvimos al río. Ella no se fue de inmediato, estuvo dando vueltas alrededor de nuestros botes, mirándonos como agradecida. Qué experiencia, jamás imaginé que participaría del rescate de una boa. Entendemos que no solo la hemos salvado a ella, sino a una cadena de seres que se necesitan unos a otros, como nosotros los humanos.
Recibir el año nuevo en la cubierta del Delfín II ha sido un privilegio. Tuvimos fuegos artificiales (todos hechos con materiales degradables) y desde una lancha auxiliar se lanzaron al río pequeños botecitos, cada uno representaba a cada pasajero, que tenían una velita y cargaban un papel nuestros más íntimos deseos para el 2010. La celebración fue estupenda.
Hemos estado en la Tierra de los ríos espejo, en el Reino de las aguas negras, en el Paraíso de Pacaya Samiria. En el barco nos han servido manjares hechos con deliciosos productos de la selva. Compramos artesanías. Una niña cargaba a su hermanita de solo un mes de nacida). Desde hamacas de madera contemplamos maravillosos atardeceres. ¿Qué me olvido? Decirles lo contento que estuvo mi corazón, el placer de la conversación, el descubrimiento de nuevos amigos, la felicidad de estar viva.
Entre las raíces de la madre del bosque (Ceiba Lupuma),con un grupo de amigos viajeros:
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