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domingo, 7 de mayo de 2017

Muerte deseada

La hora de la muerte

Cerca de mi casa vivía un señor ya muy viejecito al que ya le empezaba a fallar la cabeza. Había sido lo que mi abuela hubiera dicho: una lumbrera. Una tarde cuando conversábamos me dijo que detestaba el radio, que a él le gustaba cuando tocaba música pero que la mayor parte del tiempo, hablaba y hablaba sin parar, incomodándolo, dándole dolor de cabeza. El vivía con su esposa bastante más joven que él, y con la hermana de su esposa.
El cruzaba una avenida muy transitada protegido con su bastón que lo elevaba por encima de su cabeza haciéndome acordar a Don Quijote que enfrentaba con su lanza molinos de viento confundiéndolos con gigantes. Los carros frenaban a su paso y él pasaba triunfador sorteando peligros y desgracias. Su esposa, entre dientes le decía a su hermana:
—¿Cuándo se lo recogerá el Señor? ¿Cuándo pasará a mejor vida?
Una mañana sentimos gran alboroto al frente de su casa, primero la ambulancia, luego la carroza fúnebre. ¿Había al fin descansado nuestro viejecito amigo? Mi madre se acercó a preguntar. Pero no, quien había fallecido era su cuñada, una holandesa de hermosos cachetes rosados y cuerpo amplio.
A los pocos meses, otra vez el alboroto, la ambulancia, la carroza. Ahora sí, dijimos todos en mi casa, bajando la cabeza tristes porque le teníamos aprecio. Mi madre nuevamente salió a buscar la noticia para regresar sonriendo, era la esposa la que había fallecido, un infarto, algo súbito. Ahí fue cuando escuché esa sabia expresión: “Muerte deseada, muerte postergada”. Y aprendí que no importa los años que se tengan o el estado en el que uno se encuentre para que un día la muerte nos toque el hombro para decirnos:
— ¿Partimos? (CBdeR, de pequeños textos).

domingo, 25 de octubre de 2015

La mujer de la que nada sabemos







Escondida tras un manto dorado permanece la mujer de la que nada sabemos.
¿Bromea?
¿Es obligada por alguna ley?
¿Ha sufrido quemaduras, heridas, sufre alguna enfermedad que la desfigura?
Lo oculto despierta nuestra curiosidad.
Ansiamos ver sus enormes ojos, su boca gruesa, la nariz que inhala y exhala lentamente.
Las manos que presionan su cuerpo y la inclinación de la cabeza hacia el suelo nos hacen pensar que no juega, que sueña con una libertad imposible.
Resiste.
Cecilia Bustamante de Roggero

domingo, 18 de octubre de 2015

La mujer trompo

© Francesca Woodman
Imagen vía:
fotoafuoco.blogspot.fr/2013/09/fotohistoy-francesca-woodman.html
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#francescawoodman #fotografía #bn
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— con Inmaculada Arenas

Foto perteneciente a Eric Lavergne.

La mujer trompo 
Acá, la campeona del mundo en dar vueltas y más vueltas." Lucero la mujer trompo" le pusieron como nombre artístico y todas las noches, con distintos colores de vestido se paraba delante del auditorio, solo unos instantes como para que los muy atentos pudiesen ver su rostro, sus ojos esmeraldas, sus perfiladas cejas, la pequeña nariz y la forzada sonrisa. ¿Dónde habría aprendido a dar las infinita...s vueltas como si fuese un tornado? ¿En Estambul con los derviches? Duraba una hora en punto, ni un segundo más ni uno menos, y no alcanzaba a escuchar los aplausos porque caía exhausta desmayada. La sacaban en camilla y dormía hasta media mañana del día siguiente en donde le daban una sopa de pescado que ella aborrecía. La llevaban de pueblo en pueblo, armaban una pequeña carpa y anunciaban con megáfono sus actuaciones. Su historia nos recuerda a la mujer barbuda, al hombre elefante, a los siameses, a la mujer más gorda, los enanos, el gigante. Todos humillados y prisioneros de explotadores sinvergüenzas. Lucero fue raptada. Un hombre la había venido siguiendo de pueblo en pueblo y una noche, se precipitó sobre el escenario la tomó en brazos y la llevó en un carruaje ante la consternación del dueño que sacó un revolver y dio varios tiros al aire. Nunca supimos si fue robada por un hombre enamorado o por otro explotador de personas que los hay y muchos, pero me gusta imaginarla en un pueblo alejado, cerca al mar, con un hombre bueno que la adora para el que ella baila solo cuando su corazón lo desea. Cecilia Bustamante de Roggero.