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domingo, 12 de junio de 2016

EL diablo y la avaricia

La semana pasada publicamos El diablo embotellado de Stevenson. Acá un comentario sobre el diablo y la avaricia.


El diablo y la avaricia

 por Alexander Peña Saenz 
avaricia

El diablo es el símbolo tradicional de lo maligno; figura mítica que en muchas de las historias de aventuras, cuentos de hadas, fábulas de terror y misterio, ha sido un personaje principal. Es reconocida su figura como ente mágico, capaz de cumplir deseos de los más egoístas y perversos, pero no desinteresadamente, sino recibiendo a cambio las almas para su eterna condenación. Lo hemos visto en el Fausto de Goethe; también pactar con el conde Drácula; en La Divina Comedia, como supremo rey de los infiernos y en un millar de etcéteras. El demonio es un personaje que nunca pasará indiferente para la literatura.

Además, con el demonio tenemos el clásico problema de un más allá. El diablo amenazante, rey de los infiernos, capaz de condenar almas al sufrimiento de las llamas y el azufre. Recurrente angustia para aquellos que aceptan cualquier doctrina religiosa como verdad absoluta. Keawe, preocupado por el destino de su alma en el más allá, soslaya su presente, entregándose a la desolación, mientras tiene todo alrededor: lujos, una casa de inmensos jardines, un grato paisaje, la naturaleza en todo su esplendor, una bella mujer que le ama… Nada de eso se compara con su destino metafísico. Vaya que Keawe no toma conciencia de su presente.


Por otra parte, el deseo de avaricia que albergan los hombres es tan grande, que no importa si se vende el alma al diablo con tal de conseguir grandes cantidades de dinero, lujos y poder. El afán de riqueza, quizá sea inherente a la naturaleza humana. Ya habíamos visto algo similar con Aladino y su lámpara maravillosa, personaje que en ningún momento reparó para pedir beneficios económicos y lograr acercarse a la princesa. De igual manera, los seguidores de la serie de manga y animé Dragón Ball, vimos cómo las siete bolas del dragón traerían a un gigantesco ser llamado Sheng Long para cumplir el deseo de la persona que las reuniese. Los malvados de la historia, siempre tras de ellas, dispuestos a pedir deseos egoístas como riqueza, eterna juventud, la conquista del mundo, entre otros.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Rumbo a casa

Vigilia del origen (Extracto) 

Dasso Saldívar


Si la vida es una travesía rumbo a casa, como dijo Melville, y si en esta vigilia no cejaremos de explorar hasta llegar a donde arrancamos y conocer el lugar por primera vez, como escribió luego Eliot, el itinerario de toda literatura, o de buena parte de ella, debe tener su momento álgido en el origen como punto de llegada. En efecto. Desde el Poema de Gilgamesh, la Odisea y La divina comedia hasta Hojas de hierba, La búsqueda del tiempo perdido y Cien años de soledad, pasando por la poética de autores como Saint-John Perse, Fernando Pessoa, César Vallejo, Jorge Guillén o Jorge Luis Borges, gran parte de la literatura está imantada de esa dinámica de "vuelta" o viaje al origen.Ulises no es el hombre más feliz cuando triunfa en Troya con la treta del caballo, sino cuando recupera su verde y sosegada Ítaca y junto a su criada Euriclea rememora ciertos momentos de su infancia y juventud. El mismo Dante, nos recuerda Borges, edificó la delicada y alucinada Comedia para encontrarse en el Paraíso con su irrecuperable Beatriz, su amor imposible de juventud. Veo en el fondo la vasta Nada primordial, y sé que estuve allí, confiesa Whitman en alguna de sus innumerables hojas, y toda su obra está abonada por la emoción de que somos hijos del barro y estamos hechos de polvo de estrellas. En un vertiginoso poema de Ricardo Reis, el heterónimo más sincero y emocional de Fernando Pessoa, asistimos a la huida de Jesucristo de la monotonía y la asepsia del cielo y a su retorno a la tierra, donde vuelve a ser el niño feliz que jugaba con la lluvia y el barro en las tardes de Galilea. Y sabemos que García Márquez escribió su obra magna para llegar a la casa de ese pueblo ardiente donde nació y se crió con sus abuelos.
Dasso Saldívar (San Julián, Antioquia, Colombia, 1951) es autor de García Márquez. El viaje a la semilla (Alfaguara, 1997 / Folio, 2



domingo, 4 de octubre de 2015

Estamos tan de paso

Tan de Paso
Arturo Uslar Pietri, escritor venezolano 

(Sobre la muerte a partir de la muerte de su hijo)

Lo animales no entierran.
El hombre comenzó a ser hombre cuando excavó la primera tumba reconociendo y rechazando la muerte en un solo movimiento.
Miguel Ángel dijo que nunca había tenido un pensamiento en el que no estuviera esculpida la muerte.
Maneras de enfrentarla, esquivarla, olvidarla, aceptarla y acomodarse a ella.
La gran rebelión humana es la rebelión contra la muerte. Nuestra civilización recientemente pragmática y poco espiritual adonde mucho de la falta de ese sentimiento.  Se vive al día, e la falta de ese sentimiento. Se vive al día, en la falsa eternidad del día, a corto plazo acaso como un subterfugio superficial para escapar a la cuestión fundamental.
La devaluación y el repudio de la muerte es en lo esencial la desvaloración y el repudio del valor y la significación de la vida.
Se vive sin profundidad, fuera del tiempo, fue de mesura, fuera de razón, en la medida en que la reflexión central disminuye o se borra.
Una reflexión más seria y consiste sobre  ese término ineluctable podría mejorar mucho la situación existencial de los hombres. Los viejos cristianos hablan de la vida como preparación para la muerte. Hoy, tal vez, habría que crear conciencia sobre la muerte como preparación para la vida. Darle el pleno valor de su brevedad perentoria, que podía ser la más grande fuerza moralizadora y equilibrada de la loca ansiedad que impulsa al hombre a olvidar su condición fundamental.
Precisamente en la medida en que entendamos que estamos tan de paso y que podemos tan poco, podríamos empezar a ser mejores.


lunes, 28 de septiembre de 2015

Contar tu historia te hace humano


Atapuerca, sima de los cuentos

Seis narradores europeos y africanos recrean el origen de los relatos en cuevas prehistóricas

El original proyecto, financiado por la UE, está dirigido por el Seminario de Literatura de Guadalajara



La narradora sudafricana Manqina Madosini ayer en las cuevas de Atapuerca. / Juan Carlos Aragonés

John Berger, el sabio que deshizo los postizos que enmascaran el mundo del arte, visitó en una ocasión la cueva prehistórica de Chauvet (Francia), pintada hace 15.000 años, y concluyó: “Se diría que el arte nace como un potrillo, que sabe caminar directamente”. También las historias debieron surgir así, manando sin premeditación ni alevosía. En tiempos remotos, cuando bastaba desear una cosa para que se cumpliera —que dirían los hermanos Grimm—, alguien contó la primera historia. Como los cuentos no dejan evidencia científica sino huellas en el aire, nadie ha podido demostrar cuándo ni dónde ocurrió algo tan pequeño y tan grande, pero no resulta descabellado situarlo en una cueva como esa de Chauvet, Altamira o la misma Atapuerca, donde ayer seis narradores revivieron en una antigua gruta kárstica lo que pudo ser el origen de las historias.

En el momento preciso en que Manqina Madosini Latozi (Mqhekezweni, Sudáfrica, 1922) hizo resonar con pasos calculados una tobillera con capullos secos de gusanos de seda y abrió los brazos tanto como los ojos para reforzar su relato sobre la amistad imposible entre una tórtola y una tortuga, nadie entendió lo que decía en su lengua xhosa pero todos interiorizaron que en las cuevas germinaron los cuentos. Sin descartar a Juan Luis Arsuaga, codirector del yacimiento de Atapuerca, sentado entre el centenar de asistentes: “Los científicos contamos historias basadas en hechos reales y los contadores cuentan historias míticas que no nacen de los vestigios, pero las dos historias son verdad...”

Entre los participantes en la sesión de narraciones había una curiosa mezcla de seres de ciencia y seres de fantasía, arqueólogos y cuentacuentos, que parecieron entenderse a la perfección. Acaso el secreto estribe en una apreciación del bosquimano Kapilolo Mario Mahongo, que pertenece al consejo de notables ¡Xun de Sudáfrica: “Ningún pueblo de la Tierra puede sobrevivir sin sus fábulas. Contar tu historia te hace humano, porque tu humanidad surge de tu relato, de tu pasado. Ser humano es poseer una vida espiritual y física. No podemos dejar que estas dos realidades caminen en direcciones distintas”.

En su peculiar lengua, usada por apenas 5.000 personas, Kapilolo relató la historia infeliz de una amistad. Él fue uno de los cuatro narradores procedentes de Sudáfrica, donde comenzó el proyecto Historias de cueva en cueva, que ayer llegó a Atapuerca, esa confluencia de cuencas poblada desde hace 1.200.000 años y tan frecuentada que conserva restos de cinco especies distintas (Neanderthal, Heidelbergensis, Antecessor, Sapiens y una quinta desconocida). Antes, en África, había comenzado todo. La humanidad y acaso sus manías: la música, el arte, los cuentos. Madosini descubrió fascinada que en las cuevas de arte rupestre de las montañas del Cederberg (Sudáfrica), donde se celebró la primera sesión narrativa, figuraban un flautista y músico con un arco similar a su mhube. Considera que sus instrumentos —que ella misma fabrica para producir “madojazz”— son una herencia que se hunde en un pasado inabarcable.

“Para los humanos que habitaban en abrigos las historias eran esenciales para la supervivencia”, señala Blanca Calvo, la directora del proyecto Historias de cueva en cueva, que ha recibido financiación de la Unión Europea y que hoy expandirá la magia oral entre los 200 grabados paleolíticos de la Cueva de los Casares. En la iniciativa se han implicado tres ciudades europeas que han convertido la narración oral en una seña de identidad: el Centre des Arts du récit de Grenoble (Francia), la Biblioteca Civica de Cologno Monzese (Italia) y el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara, que capitanea el proyecto. Sudáfrica participa como el país elegido por Bruselas para las actividades de su programa Cultura 2007-2013. Una elección providencial. Allí están las piedras con dibujos geométricos de Blombos (75.000 años de antigüedad). “Esto permite suponer que el pensamiento simbólico surgió en esa parte del mundo, y que los primeros humanos que salieron de África ya lo llevaban consigo”, expone Blanca Calvo.

Porque los relatos viajan desde el principio de los tiempos. Estrella Ortiz, que era maestra y actriz y que hace 30 años lo dejó todo para vivir de los cuentos, desgranó una fascinante historia que, llegada a un punto, disponía de tres finales posibles, recogidos en Extremadura, Irlanda y Senegal. Una señal de que las preocupaciones son universales y las respuestas, locales. Salvo los tabúes, que hermanan pueblos: la sudafricana Marlene Winberg y la italiana Lelia Serra contaron dos magnéticas historias de amor entre humanos y animales que dejan mal sabor de boca por sus sangrientos desenlaces (el cuento ¡Xun La esposa elefante y la leyenda sarda El muflón). Y que apuntan hacia el poder adoctrinador de los cuentos. Como Karizo y la abuela, la narración de Pedro Espi-Sanchis, un alicantino afincado en Sudáfrica hace 41 años, para transmitir la filosofía ubuntu: “Eres humano gracias al ejemplo y la ayuda de otros humanos”.


domingo, 17 de noviembre de 2013

Un cuento de Mercedes Cebrián

ALGO RESENTIDO DE ESTE PIE
De Mercedes Cebrián

Cuento extraído de su libro de relatos y poemas El malestar al alcance de todos publicado en marzo de 2004 por Constantino Bértolo en su nuevo sello editorial Caballo de Troya.

Salgo con un hombre desde hace seis meses. Es cojo. Él no me lo ha dicho así de viva voz pero no hace falta ser un lince para darse cuenta. Lleva un alza en el zapato derecho; discreta, de, no sé, como tres dedos. Es un hombre muy inteligente: da clases en la escuela diplomática y está especializado en relaciones hispano-francesas. Se formó en Dijon, donde la mostaza esa que pica, porque sus padres tuvieron que emigrar a Francia. De ahí su nombre, Floreal, que es el equivalente al mes de abril o mayo en el calendario republicano francés. Eso me explicó, yo no tenía ni idea. Aprendo mucho a su lado, me cuenta un montón de anécdotas y curiosidades, pero lo que es de sí mismo y de sus sentimientos habla más bien poco.
Le conocí aquí en Madrid, en una cafetería de las de ir a merendar con alguien. Yo estaba allí sola comiéndome un cruasán plancha y me fijé en él y en su mesa llena de papeles emborronados. Tenía pinta de existencialista parisino que se hubiera equivocado de local o incluso de ciudad. A veces miraba a su alrededor, parecía esperar a alguien que no llegaba y como a mí me ocurría más o menos lo mismo, que llevaba más de un año sin que apareciera nadie, pues me atreví a acercarme. ¿Qué escribes?, le pregunté, y él que pensamientos, impresiones a las que luego daba forma. Si trabajo un poco más estos textos es fácil que me los publiquen, ya estoy en conversaciones con una editorial, me dijo. Le miré con pupilas de cómic manga: Oooh, así que escritor. Yo soy profe en la facultad de pedagogía, le dije. Acabo de publicar mi tesis, La función del dibujo animado en el aprendizaje, pero esto último no quise mencionarlo en ese momento, a los hombres no les suele gustar que les abrumen con saberes ajenos. Dio resultado, gracias a mi discreción fui premiada con la oportunidad de quedar con él otro día, y después otro más, y otro.
A veces se muestra arisco, o eso me dicen mis amigas: Tu chico nuevo es un pocoooo (tardan en encontrar el término pero al final lo dicen) arisco, ¿no? Y no es eso, es que es cojo y al pobre le acompleja bastante. Para mí está claro pero Paula y Carmen no lo ven así. Qué tendrá que ver, me dicen. Pues claro que tiene que ver; cuando uno está acomplejado por algo, cree que los demás sólo se fijan en eso y su temor les hace estar siempre a la defensiva. A mí me pasaba de pequeña, cuando tenía que llevar el parche ese horrible en el ojo para corregirme la vista. E incluso ahora sigo teniendo mis neuras raras, por ejemplo con lo de las arañas, que les tengo verdadero pánico aunque a mí no me importe reconocerlo ante los más allegados. Por eso me enternece Floreal, me llama la atención su ego tan frágil, tan de azúcar caramelizado que al hacerle crij crij con una cucharilla enseguida se quiebra. Yo por supuesto nunca he osado sacar el tema: sé que él lo esquivaría como pudiese, a pesar de tratarse de una cosa tan tonta, de una leve cojera. Es cierto que debido a su inseguridad a veces se pone un poco agresivo si las cosas no están a su gusto, y sé que a Paula no se le olvida lo que pasó cuando ella metió un rato el vino tinto en el congelador en una cena que hicimos. Le montó una: que te has cargado el vino, que un tinto crianza frío es totalmente inexpresivo y pierde frutosidad, que eres una ignorante. En fin, tuvimos que sufrir un rato la cólera del enólogo, pero no fue para tanto.
Con mucha paciencia he llamado a la puerta blindada de su vida y he ido entrando en ella poco a poco cuando él me dejaba algún resquicio, adaptándome a sus rarezas y aceptando la presencia silenciosa de su cojera. Pero no he sido yo la única que ha tirado del carro; él, que jamás se quedaba a dormir en mi casa y no ponía buena cara cuando yo decidía amanecer en la suya, me propuso irnos de puente a París el mes pasado. A mí me apetecía más una de campo, una de Heidi y Pedro triscando por el monte, pero él se empeñaba en que mejor ir a una ciudad, a un sitio donde se pudiera pisar zona urbana y ver arte contemporáneo. Yo al principio no entendí por qué, a veces hasta se me olvida lo de su pierna, como no lo menciona. Luego caí en la cuenta y por eso le respeté. Veo que se cansa si anda mucho, y más en terrenos irregulares, por eso en París hicimos muchos planes de estar sentados tipo Café Flore, últimos estrenos de cine francés, cenas con velitas y cosas por el estilo. Él estaba en su salsa traduciéndome el menú en los restaurantes y enseñándomelo todo en plan Te voy a llevar a un sitio que ningún turista conoce, vas a ver, y yo, aunque ya había estado dos veces en París, no quise quitarle la ilusión, se le veía tan contento en su faceta de cicerone.
Además, igual el calzado deportivo o campestre no admite las alzas, o por lo menos eso me pareció al abrir su armario a escondidas y ver los siete u ocho pares de zapatos que tiene. Todos parecidos: negros o marrones, con o sin cordón; el típico zapato clásico de padre o de notario pero con su alcita correspondiente. Y ni rastro de zapatillas de andar por casa o de calzado informal de cualquier tipo, con lo que a él le gustan las nuevas tendencias en todo. Claro, a ver cómo se le coloca un alza a unas chanclas de goma de playa, supongo que habrá que ir a un zapatero especializado y ese zapatero, ¿tendrá suela de goma de colores? Quizá Floreal tenga su alcista particular, Ibáñez e hijos, maestros alcistas desde 1917. Es curioso hasta qué punto pueden condicionar unos zapatos la vida de alguien.
* * *
La gente rumorea que no nos va bien desde que vivimos juntos, pero puedo asegurar que no es así. Los roces de la convivencia son normales, y más con un hombre tan peculiar como Floreal. Es verdad que ahora, como quiere terminar su libro, está siempre delante del ordenador y a veces se pone un poco intransitable. Cuando voy a hacerle carantoñas me hace sentir infantil, pero no puedo evitar acercarme a él mientras escribe, taparle los ojos y preguntarle un obvio Quién soy mientras le doy mordisquitos en el cuello. Total para recibir siempre su chasqueo de lengua y su cara de Papá está trabajando, no le molestes.
Yo sé que lo dicen por lo que pasó hace dos semanas. Estuvimos jugando al Trivial en casa de Paula, la del vino tinto inexpresivo. Estaba su novio, Santi, y también mi amiga Carmen con el suyo. Decidimos hacer dos equipos: chicos contra chicas. A Floreal le tocó con Santi y Paco, que son bien majos pero que todo apunta a que escriben echar de menos con hache y son en parte responsables de los malos resultados en las encuestas sobre hábitos de lectura. En cambio las chicas éramos imbatibles. Las de ciencias las contestaba Carmen (¿cuántos tentáculos tiene el calamar? Diez. Correcto), yo las de historia y literatura y Paula resultó ser un hacha en espectáculos. Sólo flaqueábamos en deportes. El equipo de Floreal iba perdiendo al principio, tenían dos quesitos de plástico mientras que nosotras, por mi buen papel en una sobre la guerra fría, llevábamos el doble. Luego remontaron, en parte gracias a Santi y Paco que controlaban de ciclismo y de En qué año ganó tal equipo la copa de Europa. Una vez que todos nos habíamos hecho con los seis quesos, empezó la pugna por alcanzar el centro del tablero. Ellos llegaron antes que nosotras y, cuando ya estaban en el momento final, el de responder correctamente a todo un lote de preguntas, les tocó una de las qué sólo Floreal sabía (¿Cuál fue la última obra que escribió Molière?) y perdieron. No era El Misántropo sino El enfermo imaginario.
Al volver a casa, Floreal salió a la terraza a fumarse un cigarro. Estaba insufrible, no había quien le hablara. Yo, mientras, me fui a la cocina a hacer una ensalada César, con picatostes, bacon frito y esas cosas, pensando que para olvidarse del berrinche le apetecería cenar algo rico (los hombres funcionan a veces como los niños, cogen rabietas tontas pero con una piruleta se les pasa). Cuando acabó vino hacia mi y me abrazó por detrás, como yo suelo hacerle a él. Me dio un amago de beso, me metió la mano por debajo del jersey y me dijo Toma campeona, que te lo has ganado.
El alarido que di se oyó en todo el barrio, por eso vinieron los vecinos de enfrente con cara de querer asistir a un caso de malos tratos para luego decir por la tele Cómo pudo ser capaz de eso, un hombre tan educado. Se decepcionaron al no ver ojos morados ni contusiones, y como yo no podía hablar por el sofoco, él les explicó todo quitándole importancia No se preocupen, es que ha entrado una araña en la cocina y a mi novia le asustan tanto los insectos que se ha puesto histérica la pobre.
Cuando se fueron me dijo que mis amigas y sus novios eran una panda de analfabetos y que no quería volver a verles, que en lo sucesivo o salíamos los dos solos o quedábamos con su gente, que la verdad, aunque yo soy bastante abierta, me parecen todos una panda de engreídos acartonados.
Después de aquello hemos estado varios días sin hablarnos. Ahora las aguas han vuelto más o menos a su cauce, pero sí que he aprendido algo importante: que la gente acomplejada puede llegar a ser muy cruel. Yo no lo quería asumir pero es así. De todas formas, he aceptado sus condiciones. Ahora siempre vamos solos o con sus amigos, y a los míos los veo yo luego por mi cuenta. A pesar de todo no le guardo rencor y quiero que la gente lo sepa para que dejen de chismorrear. Es más, hoy, como era su cumple, le he montado una fiesta sorpresa en casa. Al llegar de trabajar y encender la luz se ha encontrado las paredes cubiertas de guirnaldas multicolores, la mesa puesta con un montón de viandas ricas y hasta una tarta con sus 36 velitas. Han venido mis amigas Paula, Carmen y dos o tres más con sus parejas y allí estábamos todos esperándole en el salón, y en medio su regalo: una caja cuadrada enorme con un envoltorio plateado y un lazo rojo brillante, como el paquete ese explosivo que lleva siempre el pitufo bromista en los tebeos. Me he gastado un dineral pero no importa, la ocasión lo merecía. Le he comprado unos zapatos preciosos, de superdiseño italiano. Son de cuero verde botella con apliques de nylon y un cierre de velcro negro que les da un aire futurista. Y bueno, la suela es chulísima, medio transparente con dibujos raros como de caligrafía china. Al pisar dejan una huella huecograbada que pone Number One. Supuse que le gustarían, como se pirra por lo vanguardista. Cuando abrió el paquete le dije: póntelos, Floreal, póntelos ahora y déjame ver cómo te quedan. Venga, hombre (mi amiga Paula también insistía) anda un poco con ellos en plan desfile de moda, ¿qué pasa, es que no te gustan? Y allí todos coreando como en las bodas Que se los ponga, que se los ponga. Yo, al verle la cara dudosa le dije Oye, si prefieres otro modelo se pueden cambiar sin ningún problema, eso me han dicho en la tienda. Pero la verdad es que sería una pena porque son de una piel buenísima, muy blandita. Espero que no le hagan daño.

domingo, 1 de septiembre de 2013

La luna en el bolsillo

La luna en el bolsillo

“Una noche la luna camina por la calle llevándose a sí misma en el bolsillo. En la cuesta se le desata el lazo del zapato. La luna se inclina para atarse el zapato y se le cae del bolsillo la luna, que echa a rodar veloz por la calle asfaltada y mojada por una lluvia repentina. La luna corre tras la luna, pero la distancia aumenta por la aceleración de la gravedad de la luna que rueda. Y la luna se pierde a sí misma en la niebla azul, allá en el fondo de la cuesta.”
Tarufo Inagachi, de Colección de arena de Italo Calvino

sábado, 18 de mayo de 2013

Cómo nace un texto

Jorge Luis Borges



Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder.
En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.

jueves, 10 de enero de 2013

Llevo a Cortázar al penal de Santa Mónica



Hace unos años, en el verano fui al penal de Santa Mónica una vez por semana con el deseo de hacer un curso de comunicación creativa. El recuerdo de esos días lo tengo clarito en la mente, porque fueron días de muchas satisfacciones, de ver con nitidez el poder de la literatura, la alegría que lleva en sí, cómo sirve de partida para que cada quien empiece a contar su propia historia, a relacionarla con lo vivido.
Nos prestaron la biblioteca para poder reunirnos y pronto tuve dos grupos de “Chicas”, las nacionales y las turistas. (Así las llaman a las extranjeras que están presas en la mayoría de caso por haber sido burriers.)
Hablamos de animales y en un instante ya tenían puntos de contacto. Las ovejitas de la francesa que describía como si fuesen pequeñas nubes sobre un hermoso cielo azul eran muy parecidas si no idénticas a las de la chica de Huancavelica. Hablamos de zapatos y cada una tenía una pequeña historia en la que los zapatos eran el centro. Una tenía un hermoso vestido para su fiesta de quince y se antojó de unos zapatos, su madre no tenía dinero para comprarlos, pero ella insistió, era de verdad un antojo, al probárselos, el único par de ese modelo, le quedaba ajustado, pero igual, terca, salió de la tienda con la madre endeudada y los zapatos soñados. Todas nos reímos cuando confesó que no había podido bailar sufriendo por los malditos zapatos. Un cuento de Clarice Lispector, escritora brasilera que hablaba de sus zapatos rojos, había servido para que cada una de las participantes recordase un instante vivido intensamente.
Fue curioso como ante la duda de si el personaje de Clarice había sido violada o no (el texto es ambiguo), ellas, todas, afirmasen que claro que sí, que no existía la menor duda. Quien sabe sus experiencias les hacían ver el hecho desde un ángulo muy distinto a las “Chicas” del taller que tengo en casa, que la mayoría habían dicho que no, que solo había sido un desagradable manoseo.
Cuando vimos un cuento de Rulfo, el escritor mexicano: “Se oyen ladrar los perros”, fueron muy duras al juzgar al padre que había cometido un delito pero que ahora estaba desangrándose, trepado sobre el hijo que lo llevaba sobre los hombros, de noche, hasta el otro pueblo, a buscar al médico. “Para qué lo lleva, —decían, con todo lo mal que se ha portado.” Justo había matado a un hombre bueno del pueblo.
Un día no nos dejaron entrar a la biblioteca, que debo decir, estaba muy desordenada, con libros en el suelo, libros viejos que nadie quisiera leer, las “Turistas” pedían de vez en cuando algún libro en su idioma, pero no vi nada que se pareciese a la promoción de la lectura, a la lectura comunitaria o al aprendizaje de la lectura para las que sabían leer muy poquito o no comprendían muy bien. —“Hay una reunión”—nos dijeron y entonces, yo ya me retiraba con el sello en el hombro, luego de haber pasado por la inspección para ver si no traía un cuchillo o droga, que se le hace a todos los que ingresan, cuando vi que se movían como hormiguitas por el patio y en un dos por tres organizaron una mesa y una banca para que tengamos nuestro taller aunque sea bajo el sol. Yo siempre llevaba algo para rifar y quise comenzar sorteando unos naipes, pero ellas me dijeron que no, que de ninguna manera y de frente nos pusimos a leer un texto de Neruda. Una de las chicas peruanas lo sabía y se puso a recitar: " La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos. El viento de la noche gira en el cielo y canta.” Aplausos y risas, el romanticismo puro en plena cárcel de mujeres.
Cuando decidí hacer una clase de “Historias de Cronopios y de Famas.” de Cortázar tuve miedo de que fuese un tema difícil, pero lo estudié con detenimiento y realmente les encantaron. A la semana siguiente me sorprendieron: una peruana le pedía a una turista casi con desesperación: — ¡Préstamelo!— Ella tenía entre sus manos el pequeño libro de Cortázar que se había convertido en un objeto maravilloso, como que lo es, pero que hasta hace una semana no existía en sus mundos. Yo me emocioné.
El taller era también de escritura, pero para no hacer difícil la comunicación, decidimos contar nuestras historias de manera oral y claro que contaron.
Cuando se terminó el tiempo que yo había destinado para ir donde ellas, organizaron una pequeña fiesta y cada una me regaló algo, un muñeco hecho en su taller de costura, un dibujo, una fruta. Cada cual quiso mostrar que había apreciado esos momentos en los que la literatura había sido el detonante para la posible comunicación de nuestras existencias, que es así los pienso, la más humana de nuestras habilidades.








Una foto de Clarice Lispector:

viernes, 2 de marzo de 2012

sábado, 26 de junio de 2010

Con Rosa Montero

Leo en el diario El país un artículo que habla de Rosa Montero y entonces regreso a ella y reviso sus entrevistas y vuelvo a sus libros. Recuerdo sus dos visitas a Lima, primero en el Encuentro de escritoras en la Universidad de Lima, ella fue la ultima en hacer su presentación y me impresionó muchísimo su seguridad, su ritmo, su manera de disfrutar de ser ella misma. Luego la vi otra vez en la presentación de su libro La loca de la casa y entonces la vi en una vorágine que no me gustó. Presa de su papel de vendedora de su libro, la sentí alejada de su anterior encanto. Gracias a Dios parece haber regresado a su origen. Juan Cruz, el autor del artículo, lo termina diciendo: El sociego de ahora, su madurez, no le ha restado a Rosa Montero, ni un átomo de frescura, pero le ha dado una hondura que sólo dan los ojos cuando saben de qué textura es el interior de los dramas.

Dice Rosa Montero:
Otra obligación que tienes ( como columnista) es incitar a la gente a reflexionar, yo creo que es obligatorio, a mi me parece importantísimo que nos pensemos el mundo todos los días.





Esta entrevista que pertenece a la página de Rosa Montero no puedo copiarla pero la recomiendo como estupenda, no dejen de buscarla:
http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/montero/autora.htm

martes, 18 de mayo de 2010

Extractos de Herman Hesse



Herman Hesse

Hoja marchitada
" Cada flor tiende a ser fruto, cada mañana tiende a convertirse en noche, nada hay eterno en esta tierra, excepto el cambio o la huida. También el verano más hermoso quiere sentir alguna vez otoño y lo marchito. Mantente, hoja, quieta y con paciencia, si intenta el rapto alguna vez el viento. Juega tu juego sin nunca defenderte, deja que tranquilamente ocurra, y por el viento que te arranca déjate soplar hacia tu casa. "

Demian (fragmento) " Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendia sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigia todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dió unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realizacion de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.

Las cosas que vemos son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. "

De noche
" De noche lentamente andan por el campo las parejas, las mujeres sueltan su pelo, cuenta su dinero el comerciante, los ciudadanos leen con temor las novedades en el diario de la tarde, niños con los pequeños puños cerrados honda y suficientemente duermen. Cada uno hace lo único verdadero, sigue una misión sublime, lactante, ciudadano, parejas: ¿y yo, en cambio, yo no? ¡Sí! También mis nocturnos actos cuyo esclavo soy, no pueden escapar al espíritu del mundo, ellos también tienen sentido. Y voy así, de un lado para otro, bailo íntimamente, susurro tontas canciones callejeras, a Dios alabo y a mí mismo, bebo vino y fantaseo, como si fuera un bajá, siento en los riñones unas molestias, sonrío, bebo más, a mi corazón digo sí (mañana es imposible), tramo a partir de pasados dolores un poema, como jugando, veo rodar la luna y las estrellas, intuyo su sentido, siento como si viajara con ellas no importa a dónde. "

El mundo, nuestro sueño
" De noche en sueños las urbes y la gente, lo que es monstruoso, castillos en el aire, todo, bien lo sabes, todo se alza del ámbito oscuro del alma, son tu imagen, obra y patrimonio, son tu sueño. Ve durante el día por calles y ciudades, contempla los rostros y las nubes, ¡y advertirás con cierto asombro que son tuyos y eres su poeta! Todo aquello que ante tus sentidos revolotea y vive por centuplicado, es en verdad lo tuyo, está dentro de ti, oh sueño mecido por el alma. Marchando siempre por ti mismo, ya limitándote, ya extendiéndote, eres el orador como el oyente, eres el creador y el que destruye. Mágicas fuerzas, ya olvidadas, hilan un sagrado engaño, y el inconmensurable mundo existe gracias a tu hálito. "

Para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible.

Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia.

Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros.

No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos.

La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el ensayo de un camino, el boceto de un sendero.


"El que quiere nacer, tiene que romper un mundo"

sábado, 21 de noviembre de 2009

Nosotros: el otro


Hace unos días conversaba con un amigo de la infancia y entonces me escuché decirle. Nadie es superior, todos son iguales a nosotros, y nosotros ya sabemos cómo somos, ¿no?

Entonces ahora encuentro en una entrevista esta frase de este ecritor norteamericano:

Para mí, el secreto está en tratar de recordar que la otra persona, quien quiera que sea, es muy parecida a mí. Que es casi igual que yo. Y de esto trata la literatura: de proporcionar una especie de meditación guiada hacia dentro de la cabeza de otra persona, hasta lograr que esa persona nos importe. George Saunders.

martes, 17 de junio de 2008

El perro de las lágrimas






“Encontrado” debe haber sido un perro muy hermoso y con un corazón grande.
En “La Caverna” Saramago nos cuenta que en un gesto de consolación este perro que mueve nuestra sensibilidad, supo lamerle las lágrimas a su personaje Cipriano Algor.
El texto nos pregunta si el perro lamió las lágrimas buscando el agradable sabor salado de las lágrimas, apreciado por la mayoría de los perros, para respondernos que una cosa no quita la otra diciéndonos que si Encontrado pudiese hablarnos nos resondraría por pensar de ese modo, diciéndonos que no merecemos el pan que comemos y que somos incapaces de ver la punta de nuestra nariz, para terminar el párrafo con estas hermosas palabras:
Así se quedaron más de dos horas el perro y su dueño, cada cual con sus pensamientos, ya sin lágrimas que uno llorase y otro secase, quién sabe si a la espera de que la rotación del mundo volviera a poner todas las cosas en sus lugares, sin olvidar algunas que todavía no han conseguido encontrar su sitio.


Saramago dice querer ser recordado por el perro de las lágrimas. En su Ensayo de la ceguera tambien inventa un perro que se aproxima a un ser humano y, como no puede hacer nada, bebe sus lágrimas.

Comentario:

Ceci: Me has hecho recordar al "encontrado" de Saramago y las citas sobre "el tiempo" excelentes. Un abrazo y muchas gracias. Jenny




viernes, 7 de marzo de 2008

Homenaje a Clarice Lispector





Una escritora a la que siempre regreso. Me gustan mucho sus cuentos. Tiene ideas muy orginales y su vida es súmamente interesante.



"Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días. Pero estoy preparado para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aun la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui."

Algunas de sus frases:

"En realidad, considero que nuestro contacto con lo sobrenatural debe ser efectuado en silencio y en una profunda meditación solitaria."


"Nunca pretendí asumir una actitud de más-que-intelectual. Nunca pretendí asumir ninguna actitud. Llevo una vida común y corriente. Crío a mis hijos. Cuido mi casa. Me gusta ver a mis amigos, el resto es mito."

"¡Cuando aprendí a leer y escribir, me devoraba los libros! ¡Pensaba que un libro es como un árbol, como un animal: una cosa que nace! ¡Despues de un tiempo descubrí lo que era un autor! Entondes dije: "Yo tambien quiero".


Dios

"Incluso para los que no creen existe la pregunta vacilante: ¿Y despues de la muerte? Incluso para los que no creen existe el instante de desesperación: que Dios me ayude. Que venga, Dios, que venga. Aunque no lo merezca, que venga. Soy inquieta, celosa, áspera, desesperanzada. Aunque tenga amor dentro de mi. Sólo que no se usar amor: a veces parecen astillas. Si tanto amor recibí dentro de mí y continúo inqueita e infeliz, es porque necesito que Dios venga. Que venga antes de que sea demasiado tarde."
(Extractos de: "Clarice, una vida que se cuenta ". biografía hecha por Nádia Battella Gotlib.)


Y más:

"Las cosas hermosas sólo llegan por sorpresa. Para proporcionarnos placer."

"Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe."

Marly de Oliveira dice, al referirse a Clarice: "Así pues, una persona sensible, angustiada con el hecho de no saber por qué vive, que creó una obra acerca de ese no saber..."

¿Qué nos dice de ella su epitafio? (tomado de La pasión según G.H.): "Dar la mano a alguien siempre fue lo que he esperado de la alegría."