Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
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domingo, 17 de enero de 2016
Ser lo que somos
A partir de este texto de Elías Canetti, me hago la pregunta ¿De que manera hemos ido aprendiendo a ser lo que somos? Y voy respondiendo.
“A medida que crece, el saber cambia de forma. No hay uniformidad en el verdadero saber.
Todos los auténticos saltos se realizan lateralmente, como los saltos de caballo en el ajedrez.
Lo que se desarrolla en línea recta y es predecible resulta irrelevante.
Lo decisivo es el saber torcido y, sobretodo, lateral.”
Elías Canetti, El suplicio de las moscas, IX.
¿De qué manera en la que hemos ido aprendiendo a ser lo que somos?
Intento enumerar ese ejercicio sin pausa
Descubrir, admirarnos, temer, dejar de temer
Saltar para avanzar más rápido, dar la vuelta, retroceder y hasta escondernos
Jugar a las estatuas, permanecer inmóviles porque un paso podría llevarnos al vacío
Respirar hondo y estirar la mano para atrapar algo que se mueve o nos conmueve
Ser sombra de alguien, imitar sus gestos, querer ser otro
Soñar con atravesar el río y arrastrarse hasta el otro borde
Ser payasos cabeza abajo, hurgar la tierra,
Lamer la herida, arrancarse la costra
Lanzar el quejido, suspender las lágrimas
Seleccionar objetos, sujetar recuerdos, esos ojos que nos miran
Esas palabras que van quedado adheridas a uno y que ahora son nosotros
Romper las reglas, estirarse, ocupar más espacio
Hacer trizas el poema, escaparse en el sueño
Vestirse de fiesta
Mirar una vez y otra hasta descubrir lo invisible, ser nuestro espejo,
Relámpago que grita
Arrepentirse, emocionarse, llorar
Llenar la maleta, cargarla, arrastrarla
Ponerse el sombrero, ajustar la máscara
Contar con el tiempo, mentir, defenderse, argumentar,
Besar, dar vueltas,
Oler el perfume que pronto abruma
Navegar con esa música que asalta todos los espacios
Tenemos la llave abre-cierra puertas
Conocemos el escondite, adivinamos el secreto
Aunque la añoranza permanece punzante
Saborear el mundo, cada trozo, absorber lo tibio, abrazar sin quedar encogidas
Entregarse, atreverse, desgarrar, bailar
Contar —había una vez, —una vez yo, —hubo un tiempo en el que yo
Convertida en piedra mirar atrás, murmurar
Sostenerse sobre un pie, derramar, apropiarse del infinito
De todos los pájaros que iluminan las olas humildes
Del mar que calma
Dibujar signos, imaginar, dar brincos
Sacar mariposas de los cascos
Sufrir y no desear ya ver
El cielo cubriéndonos
Esperando que arranquemos esas estrellas que se mecen como flores
Ya no importa.
Deseamos sujetar el tiempo, contemplar el instante, detenerlo
Eternamente nuestro, que para siempre, que jamás,
Que nunca calle unos segundos la voz que nos habita
Esa que exige, traza líneas, las curva, las enhebra
Puntadas que unen lo diverso
Otra vez amanecer
Iniciar el vacío que codicia sentimientos
Probar que estamos vivos
Somos fantasmas que tomamos aire
Tomamos tiempo
Aspiramos otros
Persistimos en indagar siendo zorro y ciervo
Helarse el corazón alzado
No, —no puedo, no tengo, ahora no
Vivir el duelo, rituales, incendiar páginas mudas
Sorber brebajes, incienso, imágenes, consumir
Inventar, amar otra vez y jugar descalzos desnudos
De rodillas con gozo
Mirar y seguir mirando
Quemar con la mirada
Nutrirse de sol, de sombras y de estrellas sin nombre.
Cecilia Bustamante de Roggero 2004
domingo, 11 de octubre de 2015
Dándole vueltas al tiempo
Dice Javier Marías: "Todo sucede a mayor velocidad y el presente es cada vez más raudo, pero el pasado y el futuro -justamente por eso- nos quedan siempre muy lejanos. El pasado y el futuro no están sucediendo, y todo lo que no es ahora parece remoto y brumoso. Hoy esa tendencia se ha acentuado hasta convertirse en una especie de enfermedad de la perspectiva, sobre todo en lo relativo al futuro. Casi nadie lo ve ya (o no quiere verlo), y eso está conduciendo a la gente joven o incluso madura a no contar nunca con lo que normalmente la alcanzará, y a tomar medidas que no van en perjuicio suyo de momento pero que sí lo harán a medio o a corto plazo, ay, mucho antes de lo que se imaginan. Es como si el hombre, por primera vez en su historia, no tuviera más visión que la de su presente instantáneo (casi animalesca), y sólo fuera capaz de decirse: "Puesto que ahora no tengo cincuenta años, no hay ningún motivo para que vaya a tenerlos". Y por supuesto es aún más frecuente que piense, o más bien sienta: "Puesto que ahora estoy vivo, no tengo por qué estar nunca muerto".
Solo tenemos el aquí y el ahora es un leit motiv que se nos repite como fórmula para encontrarnos más cómodos en esta vida y con mayor posibilidad de felicidad.
El pasado ya pasó y el futuro todavía no ha llegado. Creo que esto es muy útil para concentrarnos en la tarea que estamos realizando, para meditar, para acostumbrar a nuestra mente a no perturbarnos con temas ya cancelados o angustias por lo que podrá pasar. Sin embargo, sin la idea de futuro, los jóvenes no se lanzarían a estudiar una carrera tan larga como la medicina, sin imaginar ese tiempo que todavía no llega no podremos ordenar nuestro presente y dirigirlo hacia el alcance de las metas que nos proponemos, que sentimos como imperativos en nuestro interior.
Recuerdo un texto de uno de mis libros para niños en donde un niño decía:
El profesor me ha dejado pensando ¿qué cosa voy a ser cuando sea grande? Y el niño recorre las diferentes profesiones y al final decide que no quiere escoger una sola, que desea ser todas, unas veces torero, otras payaso, otras vendedor de flores. Nuestros sueños, nuestras ilusiones, nuestras metas. Y el trabajo que realizamos para intentar que se cumplan. Claro que en el proceso vamos descubriendo los límites de nuestras capacidades, o como el niño de mi cuento vamos variando hasta encontrar aquello en lo que nos encontramos cómodos y para lo que parece tenemos las habilidades adecuadas.
Es cierto que los dones son muy importantes para la realización de las personas pero sabemos que la perseverancia es el principal ingrediente, el trabajo diario, el esfuerzo y la mirada en aquello que hemos imaginado y queremos convertir en realidad.
Para alguien que escribe el pasado es también muy importante. Durante su infancia se han sembrado los temas que luego irán a ser centrales en su obra. Y si bien hay una tendencia a escribir todo en presente como si estuviese sucediendo aquí y ahora, todo ha sucedido ya y pertenece al pasado.
Para Borges: Alrededor del tiempo surgen los conflictos que tejen la existencia, el conflicto entre el presente y el futuro, origen y fundamento del conflicto entre el orden y la transgresión, la seguridad y el sentido; el conflicto entre un futuro que promete y un pasado que obliga, entre la plenitud del instante y la ubicuidad de lo sido. ¿Cómo pudiera ser de otra manera? Si a medida que somos no somos, si somos responsables de lo que ya no somos y es menester contar con lo que todavía no somos. El tiempo es el enigma de la existencia, pero también la clave, la sustancia, el reto.
A un sacerdote amigo, el Padre René Allende le gusta hablar del gerundio en donde el ir siendo, expresaba nuestro paso por esta vida. Una acción que empieza con nuestro nacimiento y termina con nuestra muerte. En el gerundio no se indica el tiempo en el que pasan las cosas, ya sea presente, pasado o futuro. Hablaba también de la añoranza que incluye el pasado y el futuro, el recuerdo de algo que se ha tenido y que se desea volver a tener. La unificación con el todo y la disolución del tiempo. (Que es una convención del hombre). Mucho por aprender y mucho por pensar sobre el tiempo, sobre nuestro tiempo, sobre la manera en la que lo utilizamos, lo disfrutamos, lo convertimos en aliado o enemigo, lo compartimos, y vamos siendo, transformándonos, variando para poder estar en el mundo y encontrarnos a gusto en él. Javier Marías termina su artículo diciendo: Es como si los humanos hubieran perdido esa capacidad fundamental de golpe, cuando la vida consiste en gran medida en imaginarse, hacia el pasado y hacia el futuro. Sin eso, de hecho, eis esa proyección imaginativa en las dos direcciones, la vida no se vive del todo o se vive sin enterarse. Es a eso, sin embargo, extrañamente o no tanto, hacia lo que se quiere que vayamos, si es que no hemos llegado.
http://elpais.com/diario/2007/01/07/eps/1168154824_850215.html
El tiempo todo lo explica
El tiempo todo lo explica
El transcurrir del tiempo. El tiempo que nos
toca vivir. El tiempo en el que crecemos y en el que envejecemos. El tiempo que
nos demoramos en aprender.
La intensidad que alarga el tiempo, que lo
dilata o diluye.
¿Cómo ocupar el tiempo? ¿Cómo darle sentido?
Sentir que lo aprovechamos, que no lo matamos ni perdemos ni nos dejamos
succionar por él.
Imágenes del tiempo: el túnel, un río, un camino, un reloj de arena.
El tiempo implica movimiento, no es nunca
estático. Lo terrible y mágico del tiempo es que siempre avanza. Porque si se detuviese quedaríamos
paralizados, congelados como cuando la película se detiene y se convierte en
una fotografía.
Ya no hay posibilidad de enmendar nada, de
andar marcha atrás, de corregir, de variar o torcer el camino, darle la vuelta
o apresurarse para encontrar aquello que tanto ansiamos y que intuimos o
sabemos está un poco más allá, cuando el tiempo avance.
Hubo un tiempo en el que yo. Durante un tiempo
yo. Hace tanto tiempo que yo ya no.
No quiero quedarme sola tanto tiempo.No puedo
esperarte tanto tiempo.
¿Inventaría Dios el tiempo?
¿Y si el tiempo lo midiésemos sólo como los
días?
Cuando me desperté en la mañana comenzó el
tiempo y a la hora del almuerzo ya estaba en la mitad de mi tiempo y a la hora
de dormir se me acabó el tiempo pero mañana tendré otro tiempo nuevo y luego
otro y otro, hasta el infinito. Entonces me acostumbraré a que se me acabe el
tiempo, a morir con el tiempo y renacer muchas veces. Como el sol, con el sol,
con su misma energía y persistencia.
No es entonces un solo tiempo sino muchos.
El tiempo alegre, el tiempo que disfruto, el
tiempo que fluye, el tiempo del amor, el tiempo de la ternura, el tiempo del
gozo, el tiempo de la naturaleza, el tiempo de la partida, el tiempo de la
llegada, el precioso tiempo, su tiempo, mi tiempo, el tiempo que te extraño y
el tiempo en el que te miro y te hago mío. El tiempo de la espera y el tiempo
de la pasión, el tiempo pesado y el que aún vendrá.
Me agarro en el tiempo, me enredo en él estoy
prendida de sus ramas para seguir existiendo, siendo parte suya, latiendo y
respirando para sostenerme con vida.
Olvidarme del tiempo, despejada, huyendo de un cronómetro que me recuerda que no tengo más tiempo que el ya trazado pero que felizmente desconozco su límite.
Olvidarme del tiempo, despejada, huyendo de un cronómetro que me recuerda que no tengo más tiempo que el ya trazado pero que felizmente desconozco su límite.
Engañar al tiempo, esconderme de él, jugar a
las escondidas y refugiarme en unos brazos jóvenes y tiernos mecida por una voz
que me asegura que viviremos eternamente, sin tiempo, que me dice en secreto
que el único tiempo que importa es nuestro tiempo de amor.
Obedezco al tiempo, agacho la cabeza y recibo
la condena. ¿Quién soy para rebelarme al destino, quejarme de mis límites,
sentir que son demasiado pocos los años recibidos?
Lo que más deseo y mejor realizo es perder el
tiempo, que se quede por ahí distraído mientras yo recorro el mundo como si no
importase nada, como si no estuviésemos avanzando sino solo gozando sin culpa,
sin expectativa, sin temor.
Soy el tiempo. La reina de mi tiempo, solo yo
soy responsable de moverme hacia las esquinas o permanecer inmóvil asustada
temiendo ataque de alfiles o torres, desconociendo mi fuerza, sin saber que
puedo atravesar murallas y horadar obstáculos y seguir siendo reina, dueña de
mi misterio, ejecutora de mi dicha.
El tiempo todo lo explica.
El tiempo interno, tiempo real, tiempo del
sueño, tiempo inexistente, tiempo imaginario, tiempo que no habré de vivir en
el que yo ya no exista y continúen vivas las cosas y los seres.
Pulverizar el tiempo, hacerlo añicos, poseer
esquirlas de tiempo, fragmentos que guardare como recuerdo y que mantendré
unidos a mi piel o cocidos a mi alma que haré
eternamente míos, parte de mi esencia.
Borges refiere que Stevenson crea un pájaro
que consume siglos, el devorador del tiempo, somos devoradores de tiempo, soy
devoradora, me lo trago, me alimento con él lo hago carne de mi carne y el
tiempo se acelera y yo lo persigo abriendo la boca para tragármelo.
El tiempo que canta y que suena como nuestra
conciencia y nuestro imperceptible pulso.
El tiempo que nos da existencia y nos la
quita, el divino tiempo que nos acoge y advierte.
Borges nos recuerda el tiempo que fluye a medianoche mientras inconscientes dormimos. La fábrica del mundo, el mecanismo, los engranajes que ruedan unos en otros como el corazón de un reloj.
La memoria y el olvido. Podemos recuperar el
tiempo con nuestra memoria. Cumplir aunque sea de manera pequeña nuestro anhelo
devolver al principio.
El presente no se detiene y el tiempo nos
explica y determina, somos algo cambiante y algo permanente.
¿Qué sería de cada uno de nosotros sin su
memoria?
La idea de la fugacidad. Estrella fugaz. La importancia de esa imagen como imagen nuestra. Lo efímero del tiempo.
La idea de la fugacidad. Estrella fugaz. La importancia de esa imagen como imagen nuestra. Lo efímero del tiempo.
La respuesta a la pregunta ¿quien soy yo? Yo
soy tiempo.
Cecilia Bustamante de Roggero
jueves, 30 de enero de 2014
Sobre el sentido del humor
El sentido del humor
(Fragmento de Artes del buen vivir,
Roxana Kreimer, Ediciones Anarres)
El sentido del humor es el término medio entre la frivolidad, para la que casi nada tiene sentido, y la seriedad, para la que todo tiene sentido. El frívolo se ríe de todo, es insípido y molesto, y con frecuencia no se preocupa por evitar herir a otros con su humor. El serio cree que nada ni nadie deben ser objetos de burla, nunca tiene algo gracioso para decir y se incomoda si se burlan de él. El humor revela así la frivolidad de lo serio y la seriedad de lo frívolo. Se trata de una virtud social: podemos estar tristes en soledad, pero para reirnos necesitamos la presencia de otras personas.
Etimológicamente la palabra divertirse remite a la acción de salirse del vértice, es decir, a la ruptura con el orden cotidiano de significados. El humor une dos cosas dispares: "No dejes para mañana la posibilidad de encajarle a otro lo que tengas que hacer hoy", dice Felipe, el personaje de Quino. El deber (hacer lo que corresponde) y la falta (abusar de otro): dos sentidos diversos entrelazados con naturalidad.
Carecer de humor es carecer de humildad, es estar demasiado inflamado de uno mismo. Pero no exageremos la importancia del humor: un mal tipo puede hacer gala de un humor exquisito, y es posible ser buena gente y carecer por completo de sentido del humor. No obstante, quien tiene humor suele ser más estimable que quien no lo posee. El humor es una herramienta crítica de gran eficacia. "Leí La Guerra y la Paz en veinte minutos. Es acerca de Rusia", decía Woody Allen en tiempos en que estaban de moda los métodos de lectura veloz. El humor es un instrumento apropiado para promover la tolerancia, lo que llevó a Lichtemberg a escribir: "Nada determina más el carácter de una persona como la broma que la ofende". El humor permite ver lo que los demás no perciben, ser consciente de la relatividad de todas las cosas y revelar con una lógica sutil lo serio de lo tonto y lo tonto de lo serio. A veces el mejor consejo es el que proviene de un chiste y no de una formulación teórica.
El humor es una demostración de grandeza que pareciera decir que en última instancia todo es absurdo y que lo mejor es reír, como aquel condenado a muerte que llevan a la horca un lunes y exclama: "¡Bonita forma de comenzar la semana!". El humor es una afirmación de dignidad, una declaración de superioridad del ser humano sobre lo que acontece. Cuenta Diógenes Laercio que a Metrocles se le escapó una sonora ventosidad mientras tomaba una clase de filosofía. Tan grande fue el rubor que le sobrevino que se encerró en un cuarto con ánimo de dejarse morir de hambre. Crates entró a consolarlo tras ingerir comida flatulenta y, como no pudo persuadirlo diciéndole que no había cometido ningún absurdo sino que más bien sería cosa monstruosa no despedir los flatos según marca la naturaleza, soltó él también su flato, con lo cual los dos rieron y Metrocles dejó de sentir vergüenza.
¿Tiene límites el humor? ¿Es posible hacer humor con el tema del Holocausto? Hay una delgada línea divisoria entre la posibilidad de "reírse de" y la de "reírse con". Chaplin ponía como condición de posibilidad del humor la necesidad de que el chiste estuviera a favor del débil y no del fuerte. Algunos diferencian tajantemente humor e ironía. Si Groucho Marx afirma "Pasé una excelente velada, pero no fue ésta" y se lo dice a una generosa anfitriona, se trataría de una ironía. Si en cambio se lo dice al público, se trataría de humor. La ironía invertiría la ecuación de Chaplin y se reiría a costillas del débil. Escribe Comte-Sponville: "Se puede bromear acerca de todo: el fracaso, la muerte, la guerra, el amor, la enfermedad, la tortura. Lo importante es que la risa agregue algo de alegría, algo de dulzura o de ligereza a la miseria del mundo, y no más odio, sufrimiento o desprecio. Se puede bromear con todo, pero no de cualquier manera. Un chiste judío nunca será humorístico en boca de un antisemita. La ironía hiere, el humor cura. La ironía puede matar, el humor ayuda a vivir. La ironía quiere dominar, el humor libera. La ironía es despiadada, el humor es misericordioso. La ironía es humillante, el humor es humilde".
Sin embargo, no toda ironía es cruel. La ironía es una figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se quiere decir. No me parece que esta idea de ironía implique necesariamente una forma despiadada de hacer humor. Diría más bien que hay un humor hiriente, esteticista, que no repara en criterios éticos con tal de hacer reír. Si la ironía es utilizada en cambio como instrumento de resistencia, el humor adquiere un sesgo liberador: una modelo casada con un polista millonario responde, cuando el periodista se burla del "trabajo" de su marido: "Se necesita talento para ser polista". El que está al lado le dispara una ironía: "Claro, dinero no hace falta".
Las virtudes de reír y hacer reír no siempre van juntas. El Corán juzga que quien hace reír al prójimo merece el paraíso, pero nada dice sobre el que sabe reír. Conozco gente poco hábil para hacer reír, cuya risa es deliciosamente oportuna y contagiosa. También ellos merecen el paraíso.
La risa aparece como la distancia más corta entre dos personas. No es un mal comienzo para la amistad. No es un mal recurso para aceptar -o retrasar- la propia muerte y la de los demás. Hay culturas que entierran a sus muertos con alegría. Prefieren recordar con risas y sonrisas, no con lágrimas y tristeza. Recordar con filosofía, tal el refrán castizo para el que "tomarse las cosas con filosofía" equivale a tomarse las cosas con alegría, con uno de los sentimientos más serios, gratuitos y paradójicos con que podemos cepillarnos las telarañas del alma.
Lecturas
El animal más sufriente de la tierra se vio obligado a inventar la risa. (Nietzsche)
Lo que más admiro de los demás es la ironía, la capacidad de verse desde lejos y no tomarse demasiado en serio. Después admiro el valor y la humildad, siempre que no sea ostentosa. (Borges)
- Una persona sin sentido del humor es como un auto sin amortiguadores: salta de dolor con cada piedrita del camino.
- Reír es como cambiar los pañales del bebé: no resuelve permanentemente el problema, pero hace las cosas más agradables por un momento. (Del Refranero Popular)
(En la Argentina Artes del buen vivir puede ser adquirido en librerías
o mediante una solicitud a edicionesanarres@yahoo.com
Consulte a esta misma dirección de email para envíos al exterior)
sábado, 23 de marzo de 2013
Reflexiones de Goethe

El error pasa cuando somos jóvenes;
Lo malo es arrastrarlo hasta la vejez.
Aún el más fino de los cabellos da su sombra.
Hay quienes van golpeando con el martillo las paredes en la ilusión de estar dando en el clavo.
Lo que no se comprende no se posee.
Para comprender que el cielo es azul en todas partes
No se necesita correr mundo.
El hombre más dichoso es aquel que puede enlazar el final con el principio de su vida.
Debemos repetir de cuando en cuando nuestro credo, declarar lo que aceptamos y lo que no admitimos; la parte contraria no deja de hacerlo.
Nunca nos engañan; nosotros mismos nos engañamos.
La ingratitud es siempre una suerte de flaqueza. Jamás vi un hombre fuerte que fuese ingrato.
Hay hombres que ni siquiera se equivocan porque no se proponen nada razonable.
Todo lo discreto ha sido ya pensado; ahora solo queda tratar de pensarlo otra vez.
¿Cómo es posible conocerse a sí mismo? Nunca mediante la contemplación, siempre mediante la acción. Trata de cumplir con tu deber y al punto sabrás lo que hay en ti.
¿Cuál es tu deber? La exigencia del día.
Un gran error: figurarse uno mismo ser más de lo que uno es y estimarse en menos de lo que vale.
Realmente solo sabemos que sabemos poco: Con el saber crece la duda.
Nada hay más espantoso que una ignorancia activa.
Quien es veraz para consigo mismo y para con los demás, posee la más bella cualidad de los mayores talentos.
De la mejor sociedad se dice que si conversación es instructiva y su silencio educativo.
¿Qué forma de gobierno es la mejor?
Aquella que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos.
Juan Wolfang Goethe: Genio clave de la literatura universal. Ilustre escritor alemán
domingo, 9 de diciembre de 2012
Necesito poco
Mi amiga Sylvie de Meritens me manda como colaboración para el blog este artículo de la periodista Angeles Caso. Le agradezco mucho.
Sylvie nos dice:
Inteligente y valiosa mujer. Me asombra que este sea su pensamiento, siendo tan joven todavía, porque generalmente se llega a este maravilloso discernimiento cuando se está en la "avanzada madurez"... casi vejez...como decía Borges, sólo con el tiempo lo aprendes y por lo general cuando ya se te está acabando ....
Aquí cabe completita la frase...
* Necesito poco y lo poco que necesito, lo necesito poco *...
Artículo publicado en La Vanguardia, escrito por la periodista Ángeles Caso
Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada o todo.
Ángeles Caso Escritora Española.-
miércoles, 10 de febrero de 2010
Cuento zen

Cuento zen: Rutina
Había una vez un hombre muy pobre que vivía a la entrada de un profundo bosque. Apenas tenía para vivir y siempre se estaba quejando de su suerte miserable.
Una noche, cuando se disponía a cenar, alguien llamó a la puerta de su casa. Era un monje errante que le pidió alojamiento por esa noche. El hombre le acogió amablemente, compartió con él su humilde cena y luego le cedió su propia cama para que pasara la noche.
A la mañana siguiente, antes de partir, el monje le dijo:
— Has sido amable y hospitalario conmigo, por eso, en agradecimiento, te voy a confiar un tesoro. Delante mismo de la puerta de tu casa, ahí, en ese espeso bosque, vive un animal fabuloso que se llama Satori. Su vida transcurre en la copa de los árboles, allí come y duerme. El que consiga cazarlo no tendrá que preocuparse nunca más por nada; podrá conseguir todo lo que desee y vivirá en paz el resto de su vida.
El hombre se puso muy contento, y cuando el monje partió, fue al pueblo, compró un hacha e inmediatamente se puso a talar árboles.
“Con un poco de suerte -pensaba- lo sorprendo mientras duerme y antes de que se dé cuenta lo habré cazado”.
Pero el animal Satori era muy sabio y muy viejo, y además poseía la facultad de leer el pensamiento; por eso, cada vez que el hombre se acercaba al árbol donde él estaba, captando sus intenciones, se trasladaba a otro árbol cualquiera.
Así pasó el tiempo. Cada vez que el hombre se acercaba, el animal Satori se cambiaba de árbol. El hombre había talado ya muchos árboles, y aprovechaba la madera para venderla como leña en el pueblo.
Así sus problemas económicos se habían solucionado. Llegó el día en que ni siquiera pensaba en el animal. Cortaba un árbol, recogía la madera y se iba. El animal Satori también había dejado de temerle. No captaba en él ningún pensamiento amenazador.
Una mañana, estaba el hombre como de costumbre cortando un árbol, cuando el animal Satori cayó a sus pies. Estaba durmiendo en la copa del árbol y no había podido detectar en la mente del hombre ni un solo pensamiento que le avisara de su presencia.
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