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domingo, 6 de agosto de 2017

Hasta ser sólo luz

Mi queridísima amiga Mari Raffo me envía este bellísimo poema de Blanca Varela que fue amiga de mi madre.
...Tal vez la muerte detrás de esa sonrisa Sea amor, un gigantesco amor en cuyo centro ardemos.
Tal vez el otro lado existe
y es también la mirada
y todo esto es lo otro
y aquello, esto
Y somos una forma que cambia con
la luz
Hasta ser sólo luz, sólo sombra
Blanca Varela ( extracto de Máscara de algún Dios)

Bright Star (2009) - La Belle Dame sans Merci - Ben Whishaw recites Keats

domingo, 17 de julio de 2016

En otro amanecer, poema

En otro amanecer de Forough Farrokhzad Poeta irani.


Toda mi existencia es un verso oscuro
que se repite a sí mismo
y te lleva al amanecer de eternas primaveras
Yo suspiro por tí en este verso
En este verso te amarro
a los árboles, al agua y al fuego
Acaso es la vida
una calle larga por la cual cada día pasea una mujer
con su canasto?
Acaso es la vida
una cuerda con la cual un hombre se cuelga de una rama?
Tal vez es la vida
un niño que regresa de la escuela
La vida es tal vez prender un cigarrillo
en la letarga pausa entre dos momentos de amor,
o un caminante que confundido alza su sombrero
y con una sonrisa lerda dice " Buenos días"
a otro que lo adelanta
Acaso la vida es el momento contenido
cuando mi mirada sucumbe en tus pupilas
y mi emoción se mezcla con la sensación de la luna
y el descubrimiento de la oscuridad?
En un cuarto
tan grande como la soledad,
mi corazón, tan grande como el amor,
contempla los simples pretextos de la felicidad,
el hermoso marchitar de las plantas en maceteros,
el pequeño árbol que tú plantaste en nuestro jardín
y la canción de los canarios que colman la ventana
O...
Esta es mi suerte
Esta es mi suerte
Mi suerte es el cielo que se oscurece a través de las cortinas
Mi suerte es bajar por escaleras abandonadas
y encontrar algo en decadencia y exilio
Mi suerte es un penoso caminar por el jardín de los recuerdos
y la entrega de mi alma a la melancolía de una voz
que me dice:
amo tus manos
Yo planto mis manos en el jardín
Creceré
lo sé, lo sé
Y las golondrinas pondrán huevos
en mis manchadas y ahuecadas manos
En mis orejas cuelgo los aros
de un par de guindas rojas
y en mis uñas fijo hojas de dalias
Hay una calle donde los muchachos que me amaron,
con los mismos pelos alborotados,
cuellos largos y delgadas piernas,
todavía piensan en la sonrisa inocente de la niña
que una noche se la llevó el viento
Hay una calle que mi corazón
se ha robado de los barrios de mi infancia
El viaje de los sentidos a lo largo de la línea del tiempo,
e impregnar la línea seca del tiempo
con la forma de conscientes pensamientos
que regresan desde la fiesta de imágenes espejadas
De esta manera
alguien muere
y alguien permanece
***
En el torrente lastimoso de un arroyo que se va a dique
ningún pescador pescará una perla
Yo
conozco una triste sirenita
que se encuentra en el océano
y serenamente toca
su dolor de corazón con una flauta mágica
Una sirenita
que muere con un beso en la noche
y que nace con un beso al amanecer

domingo, 1 de mayo de 2016

Saber vivir como ella


Saber Vivir por Cora Coralina poeta de Portugal 


No sé... si la vida es corta
o demasiado larga para nosotros.
 Mas sé que nada de lo que vivimos
tiene sentido, si no tocamos el corazón
de las personas.
Muchas veces basta ser:
regazo que acoge,
brazo que envuelve,
palabra que conforta,
silencio que respeta,
alegría que contagia,
lágrima que corre,
mirada que acaricia,
deseo que sacia,
amor que motiva.
Y eso no es cosa de otro mundo,
es lo que da sentido a la vida,
es lo que hace que ella
no sea ni corta, ni demasiado larga,
sino que sea intensa,
verdadera, pura.... mientras dure.

    Yo no tengo miedo de los años y no pienso en la vejez. Y te digo a ti: no piensa. Nunca digas estoy envejeciendo o me estoy volviendo vieja.
    Yo no digo. Yo no digo que estoy escuchando un poco. Es claro que cuando necesito ayuda, yo digo que necesito.
    Busco siempre leer y estar actualizada con los trajes y eso me ayuda a superar las dificultades de la vida.
    El mejor guión es leer y practicar lo que lee. Lo bueno es producir siempre y no dormir de día. También no se lo diga a ...usted que está quedando olvidada, porque así te quedas más.
    Nunca digo que estoy enferma, siempre digo: estoy bien. Yo no digo nunca que estoy cansada.
    Nada de palabra negativa.
    Cuanto más te dice estar cansando y olvidada, más olvidada se queda. Usted se va convenciendo de eso y convence a los demás. Entonces silencio! Sé que tengo muchos años.
    Sé que vengo del siglo pasado, y que traigo conmigo todas las edades, pero no sé si soy vieja no.
    Crees que soy? Tengo conciencia de ser auténtica y busco superar todos los días mi propia personalidad, despedazando dentro de mí todo lo que es viejo y muerto, porque luchar es la palabra vibrante que levanta a los débiles y determina los fuertes.
    Lo importante es sembrar, producir millones de sonrisas de solidaridad y amistad.
    Busco sembrar optimismo y plantar semillas de paz y justicia.
    Digo lo que pienso, con esperanza. Pienso en lo que hago con fe. Hago lo que debo hacer, con amor.
    Yo me esfuerzo para ser cada día mejor, pues la bondad también se aprende."
    Cora Coralina (poeta goiana que vivió hasta los 95 años):
    Traducido de Portugués
    ·

domingo, 6 de diciembre de 2015

Crisantemo amarillo y solo

CRISANTEMO AMARILLO Y SOLO


¿Cómo poder ver a través de las cosas y los seres?
 ¿Descubrir la sombra y la luz que sale y se esparce llenando
 el espacio de belleza?
 ¿Absorber la tibieza, ensanchar el alma, abrazar con mis
 pétalos el viento que insiste en besarme?
 ¿Contagiarme de la inocencia que despierta tu pureza?
 ¿Ser yo también el crisantemo que canta en la esquina de
 un campo que no es enorme pero que me permite soñar?
 Texto: Cecilia Bustamante de Roggero.

 (Imagen de Marí Ángeles García Garrido).

domingo, 26 de abril de 2015

Dos textos de Giovanni Papini

Esta semana en ABRA, taller de lectura hicimos al escritor italiano Giovanni Papini, tan admirado por Borges. Acá dos de sus textos.



HAY UN CANTO EN MÍ
(«C'è un canto dentro di me»)
Giovanni Papini
 
Hay un canto en mí que mi boca jamás pronunciará - que no escribirá mi mano en ningún trozo de papel.
Hay un canto en mí que debo escuchar yo solo, que debo padecer y soportar solamente yo.
Hay un canto preso en mis venas como los celestiales adagios del argentado órgano - hay un canto que como la raíz del gladiolo no florecerá bajo el alud.
Hay un canto en mí que estará siempre en mí.
Si este canto saliera de mi corazón, quebraría mi corazón.
Si este canto escribiera mi mano, ninguna otra palabra escribiría mi mano.
Este canto no se dirá sino en la última hora de mi vida; este canto será el inicio de una feliz agonía.
Hay un canto en mí que no puede salir de mí porque no se han creado aún las palabras necesarias.
Un canto sin medida y sin tiempo; sin ritmo y sin leyes.
Un canto sin ningún sosiego y que astillaría cualquier lenguaje.
Un canto inatendible sin que el alma se intimide por la sorpresa y se coloree de otro sol.
Un canto más respirado que dicho, más presentido que expresado: son de luces, rayo de acordes.
Un canto sin ansias de música porque sería más melodioso que cualquier otro instrumento conocido.
En mi corazón inmenso, que por días abarca el universo, a este canto, le cuesta quedarse adentro. En los minutos más angustiantes de la vida, este canto querría derramarse de mi corazón demasiado estrecho como el llanto de los ojos de quien se llora a sí mismo. Pero lo rechazo y lo engullo, pues junto a él también la sangre de mi corazón se derramaría con la misma furia voluptuosa. Lo encierro en mí mismo porque no quiero morir aún.
Soy una víctima dulce de este canto divino y homicida. Debo cerrar el corazón como la puerta de una cárcel y sofocar sus latidos sobrehumanos como si fueran remordimientos. Y ser, con toda mi ternura, el hombre feroz al que no se acercan los débiles.
Porque mi canto sería un aterrador canto de amor, y ese amor abrasaría todo lo que toca.
El amor que solo cobija es apenas tibio, pero el verdadero amor en el mismo soplo besa y destruye.
Este amor resplandecería tanto de candente avidez que ese día la tierra iluminaría al sol y la medianoche sería más ardiente que el mediodía más ardiente.
Pero yo no cantaré jamás este canto terrible que me consume sin que nadie tenga compasión de mi tormento.
Yo no cantaré jamás este canto maravilloso del que mi temor reniega y que espanta mi debilidad.
No cantaré este canto porque nadie podría sustentar la infinita, la desgarrante, la dolorosa dulzura.



El espejo que huye
 

Una imposible mañana de invierno, en una estación muy conocida, un hombre que no conozco -de sobretodo, con dos violetas en el ojal- quería demostrarme que los hombres son felices, que la vida es grande, que el mundo es hermoso. Yo lo escuchaba con interés, sacudiendo a cada momento la ceniza de mi cigarrillo que el viento consumía sin que nunca lo llevara a la boca. Lo escuchaba sonriendo y el hombre que no conozco se acaloraba cada vez más y del humour pasaba al sentimiento, al entusiasmo y al delirio. La fuga de sus palabras rápidas, fluyentes, firmes, como si hubieran sido fundidas en ese instante, acuñadas de nuevo en algún sitio hacía poco tiempo, me llenaba de una ebriedad muy similar a la que provoca la champaña. Algo picante y saltarín, un deseo de abrazar y de llorar, de danzar, de reír de improviso...
En cierto momento su voz me dijo:
-Medite, señor, medite en la grandeza del progreso que se desarrolla bajo nuestros ojos; en el progreso que lleva a los hombres desde el pasado hasta el futuro, desde lo que ya no es más hasta lo que todavía no es, de lo que se recuerda a lo que se espera. Los salvajes no prevén el futuro, no piensan en el porvenir; no prevén ni proveen. Pero nosotros, hombres civilizados, hombres nuevos, vivimos para el futuro y a merced del futuro. Nuestra vida entera se tiende hacia lo que debe venir, está construida en previsión de lo que ocurrirá. Nuestros hombres consagran el presente al mañana (siempre, porque todo presente pasa al mañana que pasará), respetuosa y valerosamente.
“Este enorme progreso del espíritu profético es lo que hace desvanecer los peligros, lo que pone en nuestras manos las fuerzas, lo que hace descubrir nuevas posibilidades, lo que nos vuelve dueños de la tierra, del mar y del cielo y de una cosa que vale más que todo eso, oh señor: ¡de nosotros mismos!”
Pero en ese momento un tren expreso llegó a la estación. Su estruendo solemne en el cruce de las vías, su breve silbato, decidido, irritado, interrumpieron el discurso del Hombre que no conozco. Cuando el tren se calmó y no se oyeron más que sordos bufidos de la locomotora y los viajeros escaparon, el Hombre quiso todavía continuar pero yo me anticipé:
-Señor Hombre -le dije-, este tren que acaba de llegar, ¿no le ha sugerido nada que se relacione con nuestra circunstancia? ¿No ha entendido su respuesta? ¿Quiere que se la repita yo, humilde traductor, ya que puedo traducir el idioma de los trenes y de muchas otras cosas? Hasta hace pocos minutos este tren corría a una velocidad media de ochenta kilómetros por hora, pequeño mundo apiñado e iluminado a través del campo solitario y neblinoso. Y he aquí que de pronto se detiene y los habitantes de esta pequeña ciudad en fuga han desaparecido y el maquinista se seca la frente con aire poco satisfecho. Las ruedas se han detenido perezosamente sobre los rieles y los vagones vacíos y oscuros añoran las charlas de los pasajeros y las valijas multicolores. Así termina una fuga cuando se viaja sobre rieles. Pero dejemos el tren y volvamos a los hombres. En este momento se me ocurre algo absurdo y se lo digo a usted, señor Hombre, y lo digo porque no hay aquí multitudes que puedan escucharme. Si estuvieran aquí todos los que yo deseo, les diría:
“Imaginen, humanos, una cosa imposible, absurda, loca, increíble y espantosa. Imaginen que todo el mundo se detuviese de improviso, en un instante dado, y que todas las cosas permanecieran en el sitio en que estaban y que todos los hombres se volvieran inmóviles, como estatuas, en la actitud en que estaban en ese instante, en la acción que se hallaban ejecutando... Si esto ocurriera y si a pesar de todo ello continuara todavía funcionando en los hombres el pensamiento, y pudieran recordar y juzgar lo que hicieron y lo que estaban haciendo, y pudieran examinar todo lo que realizaron desde su nacimiento y meditar en lo que deseaban realizar antes de morir, ¡imagínense cuánta desesperación ardería bajo el trágico silencio de ese mundo detenido de improviso!
“No sé si tendrán el valor de escuchar lo horrible que sería. Esfuércense por unos instantes en ver a todos estos hombres inmovilizados mientras se hallaban dedicados a su tarea, anhelantes detrás de sus sueños, instigados por sus sucias pasiones, rudamente empujados por sus deseos. Véanlos esparcidos por el mundo, como suspendidos por una catástrofe que los trasmutara en fantoches pensantes, en estatuas desesperadas. Véanlos en las más repugnantes posiciones y en las más ridículas, en las más cansadoras y en las más estúpidas. He aquí al hombre sorprendido en medio de un pesado sueño con la boca semiabierta como un cadáver borracho; al hombre en el acto amoroso, extendido como una bestia jadeante sobre la mujer de párpados cerrados; al hombre que robaba en las tinieblas con falsa mirada y la lámpara que nunca más se apagará; al juez vestido de negro que dispensa el infierno y la sangre desde su alto sitial; al miserable que se arrastra por el fango de la ciudad buscando un hueso y una moneda; a la mujer que sonríe lascivamente con su rostro empolvado, en postura insinuante; al mercader de manos huesudas que gesticula para lograr diez centavos más; al campesino afanado con la aguijada en la mano tendida hacia los inmóviles bueyes; al elegante orador detenido en medio de una sonrisa y de un cumplido; al soldado que se hallaba con la bayoneta calada ante una puerta cerrada, y al homicida que preparaba sus venenos en una buhardilla, y al obrero soñoliento curvado sobre las enormes máquinas grasientas, inmóviles y siniestras, y al científico que no puede separar el ojo cansado del microscopio donde han interrumpido su danza los monstruos invisibles... “Imaginen ahora, si sus ánimos resisten, pensamientos de todos estos hombres condenados en un mismo instante ante la conciencia de su muerte. ¿Creen ustedes que habrá un solo hombre -uno solo, ¿entienden?-, uno solo que esté contento y satisfecho de ese momento en que el destino lo ha vuelto inmóvil? ¿Creen que para uno solo de estos hombres sería ése el momento de Fausto, el momento hermoso que querríamos detener, fijar y conservar para la eternidad? ¡Ustedes no creen realmente esto, no pueden creerlo!
“El señor Hombre -usted, aquí presente, delante de mí- ha dicho una gran y tremenda verdad. Los hombres piensan en el futuro, viven para el futuro, consagran perpetuamente sus días actuales a los mañanas venideros. Todo hombre no vive más que para aquello que prevé, aguarda y espera. Toda su vida está hecha de manera que cada instante tiene valor para él solamente en cuanto él sabe que ese instante prepara un instante sucesivo, cada hora una hora que vendrá, cada día un día que seguirá. Toda su vida está hecha de sueños, de ideales, de proyectos, de expectativas; todo su presente está hecho de pensamientos en torno a su futuro. Todo lo que es, lo que está presente, nos parece oscuro, mezquino, insuficiente, inferior, y nosotros nos consolamos solamente pensando que todo este presente no es sino un prólogo, un largo y aburrido prólogo, a la hermosa novela del porvenir. Todos los hombres, lo sepan o no, viven gracias a esta fe. Si de pronto se les dijese que dentro de una hora todos morirán, todo lo que hacen y lo que hicieron no tendría para ellos ningún placer ni sabor ni valor algunos. Sin el espejo del futuro la realidad actual parecería torpe, sucia, insignificante. Sin el mañana que permite esperar los desquites, las victorias, las ascensiones, las promociones y los aumentos, las conquistas y los olvidos, los hombres no consentirían más en seguir viviendo. Sin el lejano perfume del mañana no querrían comer el negro pan del hoy.
“Piensen, pues, en estos hombres detenidos de pronto, que no pueden actuar más pero que todavía piensan. Imaginen a estos hombres prisioneros de un eterno hoy, sin la liberación de la conciencia. ¿Qué pensarán estos hombres? ¡Qué dolor atroz debe roer sus vísceras y amputar sus nervios! Inmóviles en sus posiciones vergonzosas y delictivas, tristes e idiotas, sin posibilidades de esperanza, sin luz de sueños, sin dulzura de proyectos, con las alas tronchadas, las piernas atadas, las manos encadenadas, como una enorme multitud de prisioneros al estilo de Miguel Ángel, reducidos a las ataduras de sus vidas mezquinas, melancólicas, repugnantes; ataduras de esa vida que soportaban solamente con la esperanza y la expectativa de vidas más bellas y más grandes: ellos, esos condenados a la perpetua inacción, reconocerán con infinita rabia la absurda estupidez de su vida anterior. Pensarán que todo el presente era sacrificado por ellos en pos de un futuro, que a su vez se volvería presente y sería sacrificado a su vez por otro futuro y así hasta el último presente, hasta la muerte. Todo el valor del hoy estaba en el mañana y el mañana valía solamente por otro mañana y así llegaba el último hoy, el hoy definitivo, y así la vida entera había transcurrido para preparar de día en día, de hora en hora, de momento en momento lo que no llega nunca. Y ellos descubrirán esta tremenda cosa: que el futuro no existe como futuro, que el futuro no es más que una creación y una parte del presente, y que soportar la vida inquieta, la vida triste, la vida doliente por este futuro que de día en día huye y se aleja es la más dolorosa necedad de esta estúpida vida.
“Humanos, nosotros perdemos la vida por la muerte; consumimos lo real por lo imaginario, valoramos los días sólo porque nos conducen a días que no tendrán otro valor que el de traernos otros días idénticos a ellos... ¡Humanos: toda la vida es un fraude atroz que ustedes mismos traman para el daño propio, y solamente los demonios pueden reír fríamente de la carrera de ustedes hacia el espejo que huye!”
Un nuevo expreso, pitando y tronando, entró en la estación, y una vez más los viajeros huyeron y el maquinista se enjugó la frente con aire poco satisfecho. El Hombre que no conozco estaba siempre ante mí -de sobretodo, con dos violetas en el ojal-, aunque lo hubiese olvidado del todo.
-He aquí -le dije- mis ideas sobre el progreso, sobre el porvenir y sobre la vida. Ciertamente, usted no está de acuerdo conmigo pero yo estoy de acuerdo con alguien; por ejemplo, con la niebla que a menudo intenta cubrir el mundo y esconder el hombre al hombre, la miseria al desprecio, la fealdad a la melancolía. Y yo amo muchísimo, señor Hombre, los trenes que se detienen tras las inútiles fugas y la niebla que vela lo que no se puede destruir.
El hombre que no conozco se había vuelto nervioso y todo su entusiasmo había desaparecido como un hilo de humo. En vez de responder, se quitó del ojal una de sus violetas y me la ofreció. Yo la tomé con una inclinación, la acerqué a la nariz y su leve perfume me gustó.

domingo, 5 de octubre de 2014

Para tí poema de Mia Couto


Para ti

 

Para ti

Deshojé la lluvia

Para ti desprendí el perfume de la tierra

Toque en nada

Y para ti fui todo

Para ti grité todas las palabras

Y todas me faltaron

En el minuto en el que grabé

El sabor del siempre

Para ti di mi voz

A mis manos

Abrí las yemas del tiempo

Asalté al mundo

Y pensé que todo estaba en nosotros

En ese dulce engaño

De ser dueños de todo

Sin que tengamos nada

Simplemente porque era de noche

Y no dormíamos

Descendía yo a tu pecho

Para buscarme

Y antes de que la oscuridad

Nos ciñese la cintura

Se nos quedaban los ojos

Viviendo de uno solo


Amando de una sola vida. Mia Couto

Escritor de Mozambique, de origen portugués , premio Camoes.

domingo, 21 de septiembre de 2014

domingo, 4 de agosto de 2013

Lágrimas vivas

Hace unos día, mientras tomaba un café en una pastelería, vi a una mujer llorando, contaba a su amiga sus penas, con tanto dolor, sintiéndose tan desesperada como si la vida se hubiese acabado de golpe. Me hubiera gustado acercarme y consolarla, decirle que todo pasa, no se porqué pero me daba la sensación de tratarse de una pena de amor, quería decirle que lo olvidaría, que no valía la pena, que aparecería todo un nuevo mundo para ella, sin embargo no me acerqué, ella estaba acompañada, pero recordé este poema que escribí hace un tiempo y ahora lo comparto con ustedes.




Lágrimas vivas (Poema mío)

Cuando extrañaba el mar y el cielo
eran azules y tibias
sus lágrimas dulces

cuando el sol terco no la rozaba
eran amarillas
sobre su rostro vacío de luz

eran rojas
cuando lloraba de amor
suaves lágrimas rojas
de niña enamorada

por las noches a solas
en el espacio oscuro
podía ver
como se mezclaban los llantos
asomándose
lágrimas dormidas
tristes
de colores intensos

silencioso arcoíris
húmedo brillante
herido
de mujer.

domingo, 30 de junio de 2013

Soledades de Mario Benedetti




Soledades
Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve
presoledad

después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad

ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo

sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en es sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue

hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se vera un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente

después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad

conforme
pero
que vendrá después
de la soledad

a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.




domingo, 9 de junio de 2013

Los otros, poema mío




Los otros

La amistad ofrecida
abiertas las ventanas
los recovecos
los escondrijos
dichas todas las palabras
compartidos los poemas
respondido las preguntas

habrá siempre un nuevo ser
tal vez un alma vagabunda
un hombre dolido
que tocará tu alma para que voltees
admirado y curioso
abrirás los ojos para hallar
una vida resumida
capítulos comprimidos
síntesis de horas muertas o ricas
apasionadas o serenas

valoro el latido de mi prójimo
no importa edad, sexo
apariencia, voz, manera
me capturan pequeños detalles
las arrugas junto a los ojos,
el sonido de sus vestidos
la danza de sus movimientos

me gusta el ser humano, no hay más
Quiero en él sus debilidades
su flaqueza
su falta de memoria
sus equivocaciones, sus deseos
ese afán original
su impulso que se manifiesta en todo, en siempre
en minucias y grandezas
me aprisiona su llamada
su palabra

un encuentro con el hombre es siempre imborrable
único
compartir nos confirma que hay algo más que nosotros
hay los otros y nosotros.

martes, 15 de enero de 2013

Araña sobre el espejo




Pequeñas huellas sobre la superficie de plata
Me dicen que me detenga
Que observe
Que me quede ahí estática sobre mis ocho patas
Dejando que se pose en mí la luz
Hasta disecarme

Confundido mi ser con aquella imagen que proyecto

La araña en el espejo
Caminado
Deslizándose
Tratando de atravesarlo
Sin tener donde asirme
Dilatando mis patas
Ansiando adherirme a esa fría laguna
Que cruzo como si fuera un mar infinito
Como si la tierra hubiese sido tragada
Por aguas imperiosas congeladas
Como si hubiésemos regresado al origen
Otra vez siendo peces, medusas, flores de las profundidades
La soledad de las aguas
El silencio primero
El vacío que no acoge
Que solo anuncia esterilidad y muerte
Sin poder tejer hilos que me mantengan
Que me sujeten
Por los que avance lentamente
Como guía (oroya, tarabita) que cruza el abismo

Terca, ansiando no ser
Una araña de cristal que se estrella
Contra el suelo produciendo una estridencia
Lamo el azogue
Dejo trozos de mi cuerpo pidiendo auxilio
Partículas mías que se pierden
En el intento de seguir siendo
Una araña de carne que se expresa.
Que cruje
Que llora
Que grita con júbilo.
que sueña y se estira.








domingo, 11 de noviembre de 2012

Un poema de Oliverio Girondo

No hay vuelta que darle, que cuando uno está enamorado encuentra las palabras más tiernas para dirigirse al amado, en Francia por ejemplo, se usa el nombre de las verduras y lo máximo de amor es decirle a la novia: mi pequeña col. Este poeta argentino va más allá, las palabras existentes no son alcanzan a expresar su ternura, entonces inventa y juega con los sonidos, con palabras creadas especialmente pare celebrar su amor.


Mi Lumía
Mi Lu
mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana el suyo la crucis los desalmes
con sus melimeleos
sus eropsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y
gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu más lar
más lampo
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
mi lubella lusola
mi total lu plevida
mi toda lu
lumía

sábado, 8 de septiembre de 2012

Un poema sobre mis cosas

Este poema tiene su tiempo. Invito a que ustedes también hagan una selección de sus cosas importantes y claro las envíen para compartirlas. El epígrafe es de Borges que hizo este ejercicio.



Benditas cosas


Duraran más allá de nuestro olvido
No sabrán nunca que nos hemos ido.
J. Luis Borges

Mis libros. Ese diccionario de símbolos,
El espejo que visito a diario para dibujarme un rostro
tomando contacto con esa mujer inquieta que se asoma.
Las llaves, que me permiten ir y volver;
Mis ollas, compañeras en mi tarea de alimentarme;
Las tijeras ocultas con las que recorto algunos pensamientos de los hombres.
Mi cama en la que me arrojo para perderme entre las sombras.
Ese jardín, la fuente, los geranios en las ventanas
y los pinos dorados que me despiertan.
Las estrellas olvidadas y el tiempo que suena a mis espaldas;
La fruta fresca, los colores que aparecen tan de golpe,
como mis sueños escondidos entre mis recuerdos;
Mi pequeño cuarto secreto que almacena mis historias,
y también el aro de Ayacucho que trae al presente
el origen de mi amor continuo.

martes, 19 de febrero de 2008

Otro poema de Eielson





Poesía en A mayor


estupendo Amor AmAr el mAr


y vivir sólo de Amor y mAr


y mirAr siempre el mAr con Amor


mAgnifico morir Al pie del mAr de Amor


Al pie del mAr de Amor morir


pero mirAndo siempre el mAr con Amor


como si morir fuerA sólo no mirAr el mAr


o dejAr de AmAr.


Jorge Eduardo Eielson.