Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía española. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía española. Mostrar todas las entradas
domingo, 12 de marzo de 2017
domingo, 11 de diciembre de 2016
domingo, 9 de agosto de 2015
El magnolio de Luis Cernuda.
"Se entraba a la calle por un arco. Era estrecha, tanto que quien iba por en medio de ella, al extender a los lados sus brazos, podía tocar ambos muros. Luego, tras una cancela, iba sesgada a perderse en el dédalo de otras callejas y plazoletas que componían aquel barrio antiguo. Al fondo de la calle sólo había una puertecilla siempre cerrada, y parecía como si la única salida fuera por encima de las casas, hacia el cielo de un ardiente azul. En u...n recodo de la calle estaba el balcón, al que se podía trepar, sin esfuerzo casi, desde el suelo; y al lado suyo, sobre las tapias del jardín, brotaba cubriéndolo todo con sus ramas el inmenso magnolio. Entre las hojas brillantes y agudas se posaban en primavera, con ese sutil misterio de lo virgen, los copos nevados de sus flores. Aquel magnolio fue siempre para mí algo más que una hermosa realidad: en él se cifraba la imagen de la vida. Aunque a veces la deseara de otro modo, más libre, más en la corriente de los seres y de las cosas, yo sabía que era precisamente aquel apartado vivir del árbol, aquel florecer sin testigos, quienes daban a la hermosura tan alta calidad. Su propio ardor lo consumía, y brotaba en la soledad unas puras flores, como sacrificio inaceptado ante el altar de un dios".
domingo, 19 de julio de 2015
Amalia Bautista poeta joven española
Ignoro todavía cómo se hace un buen poema, pero reconozco tantos buenos
poemas a lo largo de la historia que sé, al menos, cuáles no lo son. Además, no
siempre un buen poema es un gran poema y, admitiendo que el lector lo completa
y le da la totalidad de su sentido o alguno de sus muchos sentidos parciales,
debo decir que mi gusto, mis preferencias o mi sensibilidad han cambiado con el
tiempo y las circunstancias. Sin embargo, el desorden de las categorías nunca
es absoluto y arbitrario: los buenos poemas siempre me parecerán buenos poemas,
pero algunos pasan al apartado de grandes poemas por condicionantes personales.
La creación poética siempre ha sido para mí un misterio. Sé que la factura de
los poemas tiene algo de artesanía y bastante de oficio y dedicación. Pero esas
cosas entran en juego cuando ya se está fabricando el producto. La elección de
un adjetivo, un tiempo verbal o un metro no explica las cuestiones
fundamentales que nos han llevado hasta ese punto en el que ya nos podemos
dedicar a elegir: de dónde viene, por qué, desde cuándo nos acompaña, nos
consuela o nos atormenta ese poema al que, por fin, le estamos dando una
salida, quizá malograda.
La poesía me lo ha dado todo, sobre todo teniendo en cuenta lo poco que
yo le he dado a cambio. No sólo me ha dado una forma de ver, pensar y sentir la
realidad, creo que distinta y más plena que si la mirara con otros ojos, me ha
dado también una concepción del mundo, siempre abierta y asombrada, que se ha
construido con lugares y personas que no habría conocido de otro modo y que han
ido conformando mis nostalgias, mis afectos, mis necesidades y mi vida. Hasta
el amor me ha dado, que el desamor nunca es culpa más que nuestra.
http://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.aspx?p1=22565&l=1
domingo, 25 de enero de 2015
Mano entregada poema de Vicente Aleixandre
| Mano entregada Vicente Aleixandre | |
|
viernes, 28 de diciembre de 2012
El grito de Lorca
El grito ( Federico García Lorca)
La elipse de un grito
va de monte
a monte.
Desde los olivos,
será un arco iris negro
sobre la noche azul.
¡Ay!
Como un arco de viola,
el grito ha hecho vibrar
largas cuerdas del viento.
¡Ay!
(Las gentes de las cuevas
asoman sus velones.)
¡Ay!
domingo, 2 de diciembre de 2012
martes, 27 de octubre de 2009
Se todos los cuentos
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan solo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuantos,
que el llanto del hombre lo taponean con cuentos,
que los huiesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos
y sé todos los cuentos.
León Felipe.
Había una vez un hombre de León Felipe, cantado por Paco Ibañez
Digo tan solo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuantos,
que el llanto del hombre lo taponean con cuentos,
que los huiesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos
y sé todos los cuentos.
León Felipe.
Había una vez un hombre de León Felipe, cantado por Paco Ibañez
sábado, 3 de mayo de 2008
Desiertos de la luz- Antonio Colinas

Es uno de los poetas vivos españoles que me gusta.
Desiertos de la luz
Por Antonio Colinas
Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946), uno de los mayores poetas de España, lanza estos días Desiertos de luz (Tusquets), en el que prosigue su incansable búsqueda hacia “el centro del centro”, hacia la esencia de la poesía y de la palabra. Y, aunque viaja ligero de equipaje, le acompañan Händel y Glen Gould, Oriente y Occidente, el caos presente y la eternidad.
¿Conocéis el lugar?
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Creo que se halla aquí, en este espacio
donde se inventa la infinitud de los amarillos;
un espacio en el centro del centro de Castilla
en el que nuestros cuerpos sanarían
para siempre
si tus ojos y mis ojos
mirasen estos páramos
con piedad absoluta
y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse
para hacernos su ofrenda
en rosales de sangre.
En este espacio hay un fuego blanco
en el que viene a expirar la música
que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en una tierra con más cielo que tierra,
donde los ruiseñores serenan la alameda
y la alameda serena de los ruiseñores,
y con la emanación
húmeda del tomillo más nocturno,
acude un enjambre de estrellas
a venerar la última espina de Cristo.
Es el mismo lugar donde la luz
llora luz,
y la catedral de los cardos
alza su grito de silencio,
y están solas, muy solas, las vírgenes
[anunciadas
y el pueblo, amurallado y muerto,
asciende vivo sobre un horizonte de lágrimas,
no sé si como un salmo
o como una corona de piedras inciertas.
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en el centro del centro de Castilla,
donde por los linderos morados
se tensa, como un arco, la luz;
es un espacio en que la nada es todo,
y el todo es la nada,
y en el que junio joven viene por los montes,
vertiendo de su copa oro líquido.
Es un lugar en el que espacio y tiempo
sólo son una hoguera
que arde y que mantiene su combustión
gracias a nuestras vidas (quiero decir:
gracias a nuestras muertes).
La música que más amáis
aquí tiene su tumba.
es la música que, a través de la respiración
[de las espigas,
viene a morir en la luz que respiran
[nuestros pechos
Morada de la luz
El hosco cielo va rodando arriba
y amenaza sobre los montes negros.
Al fin será esta casa mi morada
y hasta lo que es más duro en ella (ese muro
de piedra, tan rotundo)
dormirá sosegado en mi pupila.
En esta casa el tiempo es la ternura
y siempre callo hasta que sea el silencio
lo que discurra dentro de mis venas.
En mi morada no hay días ni noches.
Mi morada es mi día y es mi noche.
Cada mínima estancia es azotea.
Floto en su soledad, bebo en su sombra;
si asciendo a los desvanes de la luz
desciendo hasta un saber que ya no sabe.
Esta casa, en quietud, está girando
-planetario de amor-
en torno del remanso de los cuerpos.
En ella voy, sin ir, a cada sitio
y a sus goces regreso sin marcharme.
Todo cuanto busqué, aquí lo encuentro.
Esta morada es mundo sin el mundo.
En ella suena música que arrastra hacia el sin fin,
marea en la que voy
y vengo (¡mas tan quieto!)
recibiendo respuestas sin palabras
a preguntas que no mueven mis labios.
Y siento que tú estás aquí, aunque no estés,
y que yo estoy en ti, aunque no estoy.
Centro donde te veo al fin ¡tan cierta!;
centro donde, no estando tú,
en plenitud estás para salvarme.
Al fin el corazón ya ha retornado
a escucharse a sí mismo.
Qué dulzura este ir cerrándose a todo
para poderse abrir y comprenderlo todo:
nada hermosa que llega acariciando
mi piel para acallarme,
para acallarme aún más, y serenarme.
Morada del amor con sus anillos
de silencio que silban, mas no ahogan,
porque la sangre de los nuestros ya
no está para dolernos
(la sangre de los nuestros ahora es sólo
la luz de cobre que está ardiendo lenta
en torno de la copa del ciprés).
Antonio Colinas
Contenidos © Copyright EL CULTURAL. Prensa Europea del Siglo XXI, S.A.
Distribuido en su edición papel por el diario El MUNDO
www.elcultural.es. Editado por El Cultural Electrónico, S.L. Inscrito en la AEPD con el número 2051720568
Desiertos de la luz
Por Antonio Colinas
Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946), uno de los mayores poetas de España, lanza estos días Desiertos de luz (Tusquets), en el que prosigue su incansable búsqueda hacia “el centro del centro”, hacia la esencia de la poesía y de la palabra. Y, aunque viaja ligero de equipaje, le acompañan Händel y Glen Gould, Oriente y Occidente, el caos presente y la eternidad.
¿Conocéis el lugar?
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Creo que se halla aquí, en este espacio
donde se inventa la infinitud de los amarillos;
un espacio en el centro del centro de Castilla
en el que nuestros cuerpos sanarían
para siempre
si tus ojos y mis ojos
mirasen estos páramos
con piedad absoluta
y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse
para hacernos su ofrenda
en rosales de sangre.
En este espacio hay un fuego blanco
en el que viene a expirar la música
que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en una tierra con más cielo que tierra,
donde los ruiseñores serenan la alameda
y la alameda serena de los ruiseñores,
y con la emanación
húmeda del tomillo más nocturno,
acude un enjambre de estrellas
a venerar la última espina de Cristo.
Es el mismo lugar donde la luz
llora luz,
y la catedral de los cardos
alza su grito de silencio,
y están solas, muy solas, las vírgenes
[anunciadas
y el pueblo, amurallado y muerto,
asciende vivo sobre un horizonte de lágrimas,
no sé si como un salmo
o como una corona de piedras inciertas.
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en el centro del centro de Castilla,
donde por los linderos morados
se tensa, como un arco, la luz;
es un espacio en que la nada es todo,
y el todo es la nada,
y en el que junio joven viene por los montes,
vertiendo de su copa oro líquido.
Es un lugar en el que espacio y tiempo
sólo son una hoguera
que arde y que mantiene su combustión
gracias a nuestras vidas (quiero decir:
gracias a nuestras muertes).
La música que más amáis
aquí tiene su tumba.
es la música que, a través de la respiración
[de las espigas,
viene a morir en la luz que respiran
[nuestros pechos
Morada de la luz
El hosco cielo va rodando arriba
y amenaza sobre los montes negros.
Al fin será esta casa mi morada
y hasta lo que es más duro en ella (ese muro
de piedra, tan rotundo)
dormirá sosegado en mi pupila.
En esta casa el tiempo es la ternura
y siempre callo hasta que sea el silencio
lo que discurra dentro de mis venas.
En mi morada no hay días ni noches.
Mi morada es mi día y es mi noche.
Cada mínima estancia es azotea.
Floto en su soledad, bebo en su sombra;
si asciendo a los desvanes de la luz
desciendo hasta un saber que ya no sabe.
Esta casa, en quietud, está girando
-planetario de amor-
en torno del remanso de los cuerpos.
En ella voy, sin ir, a cada sitio
y a sus goces regreso sin marcharme.
Todo cuanto busqué, aquí lo encuentro.
Esta morada es mundo sin el mundo.
En ella suena música que arrastra hacia el sin fin,
marea en la que voy
y vengo (¡mas tan quieto!)
recibiendo respuestas sin palabras
a preguntas que no mueven mis labios.
Y siento que tú estás aquí, aunque no estés,
y que yo estoy en ti, aunque no estoy.
Centro donde te veo al fin ¡tan cierta!;
centro donde, no estando tú,
en plenitud estás para salvarme.
Al fin el corazón ya ha retornado
a escucharse a sí mismo.
Qué dulzura este ir cerrándose a todo
para poderse abrir y comprenderlo todo:
nada hermosa que llega acariciando
mi piel para acallarme,
para acallarme aún más, y serenarme.
Morada del amor con sus anillos
de silencio que silban, mas no ahogan,
porque la sangre de los nuestros ya
no está para dolernos
(la sangre de los nuestros ahora es sólo
la luz de cobre que está ardiendo lenta
en torno de la copa del ciprés).
Antonio Colinas
Contenidos © Copyright EL CULTURAL. Prensa Europea del Siglo XXI, S.A.
Distribuido en su edición papel por el diario El MUNDO
www.elcultural.es. Editado por El Cultural Electrónico, S.L. Inscrito en la AEPD con el número 2051720568
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




