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domingo, 13 de septiembre de 2015

Invitar todos los días a un león

Invitar a un león a la mesa todos los días a la hora de almuerzo
Poner sobre su plato pajaritos fritos su  preferido
Pedirle que te mire fijamente a los ojos. Hipnotizarlo
Convertirlo en gato, en ratón, en jilguero que canta
Al terminar su canción cantar tu con voz de soprano
 y decirle al oído que no le tienes miedo! ( de Pequeños textos)

viernes, 17 de enero de 2014

Miedo paralizante


El miedo normalmente paralizante.

 No hacer nada, detener la marcha. Es el sentimiento más instintivo del ser humano. Algo en el exterior nos advierte que debemos tener mucho cuidado. Está en riesgo nuestra integridad. 

Como animales en plena selva nos quedamos estáticos aguardando el rugido del tigre que ha anunciado su venida con ese pequeño ruido. 

La tierra está apisonada profundamente por una huella que delata un enorme y estirado cuerpo.

Nos  es fácil imaginar las fauces, el ataque, el desgarramiento, la sangre, todo en un instante, dejándonos sin tiempo para conseguir que ingrese aire suficiente como para mantener nuestra vida.

 
Sucede que no estamos en la selva.

 Que nos hallamos en nuestra confortable sala, en un día cualquiera, que los tigres viven a leguas de distancia, en selvas que jamás pisaremos, que los tigres atacan animales que no se parecen en nada a nosotros.

Sin embargo,  nuestra mente necesita de un tigre, uno de bengala, brillante, lujoso, para representar al enemigo, al peligro, a lo desconocido. Cecilia Bustamante de Roggero.

domingo, 25 de noviembre de 2012

¿Hay algún cambio en mi vida o todo sigue igual?


Cuentan que una persona se encontró con otra a la que no veía hacía años y le dijo: —Estás igualita. Avergonzada la que estaba idéntica, bajó la cabeza y se retiró a pensar qué le había pasado en su vida que no había cambiado. No habían cicatrices en su rostro, no se le habían dulcificado los ojos ni se mostraba más relajada como si por fin hubiese entendido que no podemos tomarnos la vida tan en serio, ni dramatizar, que debemos más bien agradecer cada día las sorpresas que nos trae la vida. Sin embargo, tememos los cambios, a lo que más tememos es al sufrimiento, y eso nuevo es desconocido y quién sabe nos traerá sufrimiento. ¿Por qué pensamos que el cambio sólo podrá traernos dolor? ¿Por qué no entusiasmo, alegría, amigos por descubrir, puertas que se abren, ideas más claras, nuevas sensaciones, otra parte de nosotros mismos que desconocíamos? Vencer la inercia, la flojera, el temor, desprenderse de la rutina, debe ser el primer movimiento para entrar en otro ambiente y sorprendernos. Sin importar la edad que tengamos, el dolor que nos incomoda, la lista de quehaceres que nos hemos impuesto, algunos inútiles o innecesarios. ¿Por qué no un paseo al centro de Lima, llamar a la amiga que no vemos hace mucho, ir al teatro, subir al Metropolitano o al tren eléctrico para ver la ciudad desde otro ángulo, sentarnos en una silla que no es la nuestra, comunicarnos con esa persona con la que estábamos resentidos “¿Para siempre?”, aprender algo nuevo, meternos a clases, cocinar comida de otro país, llevar a nuestros hijos a un restaurante que has descubierto, mostrar a los demás otra parte tuya, la que no conocen, la que tal vez tu misma desconoces?
Una escritora peruana narra el encuentro de varias compañeras de colegio y cuando una le pregunta a la otra a qué se dedica,esta contesta: ahí estoy limpiando la casa y todavía no termino.
Siguiendo el consejo de un médico oriental que me puso acupuntura, he empezado a nadar tres veces por semana, dos no sirve de nada, eso ha revolucionado mi rutina, me tomo un cafecito cuando salgo de nadar, me encuentro con otra gente, he resuelto que iré a Lima solo en las tardes que en las mañanas me quedaré por acá. Toda una movida a partir de un cambio. ¿Y tú, en qué piensas cambiar?