Mostrando entradas con la etiqueta Amsterdam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amsterdam. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de agosto de 2012

Viaje a los fiordos de Noruega y a otros preciosos sitios








Cumpliendo un antiguo sueño de Mario, planeamos con bastante anticipación un viaje con destino a Noruega, para gozar con la belleza de los Fiordos, brazos de mar que alguna vez fueron antiguos valles cubiertos de nieve. El barco se toma en Holanda, en Amsterdam, la travesía dura 12 días y se desembarca en Edimburgo, la capital de Escocia. Se hace escala en pequeños puertos y ciudades de los que me cuesta memorizar sus nombres: Bergen, Molde, Andalsnes, Flam, Stavangery y se llega a Edimburgo, capital de Escocia. Nosotros nunca habíamos hecho una travesía de tantos días, así que nos preparamos para una experiencia nueva que nos llevaría a un mundo desconocido. Viajamos en pleno verano noruego pero nosotros tuvimos frío, tuvimos que abrigarnos y estar preparados para la lluvia.

Amsterdam es una bellísima ciudad y tuvimos oportunidad de ver en sus museos a sus dos mejores pintores : Rembrandt y Van Gogh. Me encantó verlos llenos de niños, atentos a sus maestros que les explicaban con paciencia algún cuadro. Los canales de Amsterdam le dan un carácter romántico a la ciudad y nos alojamos en un lindo hotel con un aire entre conservador y Kitsch. Los típicos edificios holandeses tienen infinidad de negocios, librerías y restaurantes, caímos en uno italiano en que hicimos amistad con nuestros vecinos de mesa, una pareja encantadora de holandeses que habían venido al Perú hacía años, cuando eran novios, ella trabaja en la cervecería Heineken y el en una de las principales empresas de chocolate. En nuestras caminatas encontramos una pareja de novios a los que les estaban tomando fotos, los novios traen suerte, así que era un buen augurio para nuestro viaje, también les tomamos fotos y los hicimos reír. Al llegar al hotel nos encontramos con Carmen y Aldo, los que serían nuestros compañeros de viaje, que venían de Madrid.

Luego de pasear por los canales, visitamos la plaza grande (el Dam Square) y ya tocó ir al barrio rojo, las mujeres semidesnudas encerradas en cuartitos con gran ventana para que todos puedan verlas. En los cafes ofrecen marihuana y Hasich. Almorzamos en un lindo restaurante en el que nos atendió una chica mitad vietnamita mitad holandesa que se llamaba Dafne.


Al dia siguiente tomamos el tranvía con dirección al mercado, siempre hay que visitar un mercado y disfrutar viendo panes, flores, verduras y frutas, pasteles. Más tarde, un taxista nos dejó en el barrio de las galerías de arte y antiguedades. Mi máquina de fotos se cayó y pareció que se malograba del todo, empezó una lluvia fuerte y nos encontramos un argentino que con gran sentido del humor nos hizo reir a carcajadas, burlarnos de nuestra desgracia con un poco de salero, y yo pude dejar que me saltaran un par de lágrimas que ya no sabía si eran de risa o de pena por mi máquina. Al fin con un poco de paciencia, la arreglamos.
Nos embarcamos a las tres de la tarde,nos dieron nuestra identificación como pasajero de nuestro barco. Ahí nos fuimos encontrando con unos amigos peruanos que sabíamos que vendrían. Durante la travesía hicimos algunos amigos de otros países. Jorge y Anita fueron los más encantadores, canadienses de origen latvio, catedráticos de la universidad, ya retirados, él poeta, que había vivido en México y hablaban un poquito de español. Una pareja de irlandeses de Dublin, él tambien catedrático de ciencias, encantadores ; una pareja de chilenos y una de New York. Ella cantante de ópera y él inventor.


Tenemos 6 grados de temperatura y estoy tentada de ponerme el pantalón de pijama debajo de mi jean.
Cada pueblo tiene su encanto, comemos en el puerto, en el mercado, delicias marinas, nos recibe una banda de música con chicas guaripoleras, visitamos museos de bellísima pintura noruega, hay ferias en las calles, es la semana del jazz y hemos comprado entradas para ver a Norah Jones. Nos encontramos con un muchacho peruano de Huancayo, casado con una nórdica, una linda campesina, vende chompas de alpaca y nos cuenta que gana bien, que va a Lima tres veces al año, tiene cuatro hijos y le pagan cuando nace cada uno. Una niña toca violín y recoge unas monedas. Hay flores por todas partes.
En el barco, nos tocó comer salmón cubierto de especies y otro envuelto en masa. Desde el balcón de nuestro dormitorio vemos hermosos paisajes, a ratos parece que nadie habita el mundo solo el mar y las montañas, una que otra gaviota y el cielo que va cambiando de colores demorando mucho en hacerse ya de noche. Vemos las famosas siete hermanas, larguísimas caídas de agua,; el día se ha aclarado pero no lo suficiente como para que los verdes brillen y el color esmeralda del mar de los fiordos sea tan intenso como el imaginado. Otra caída llamada el velo de la novia, una catarata preciosa. Subimos en el ómnibus hasta la parte más alta de los fiordos, hasta la nieve, y ahí bajamos y nos tomamos fotos congeladas y felices. La vista es impresionante.



Tuvimos una noche en la que los vientos mecieron el barco sin dejarnos dormir, yo pensaba: venir a morir acá, tan lejos; pero cuando llamé a preguntar qué pasaba, me tranquilizaron diciendo que esos vientos eran cosa corriente acá en Noruega.
Tomo fotos al campo, a las flores, a la naturaleza toda.



Los peruanos nos hemos reunido las últimas noches a tomar unos tragos, conversar, escuchar música y comer juntos. Hemos celebrado el santo de Carmen en una noche inolvidable y participamos del Karaoke cantando la Macarena de la que no sabíamos la letra pero que nos hizo reír, bailar y divertirnos.




El día onceavo llegamos a Edimburgo.


Coincidimos por casualidad con los otros peruanos en el hotel. Es una ciudad hermosísima. La recorremos sin parar, visitamos un palacio en el que se aloja la reina cuando visita Escocia con jardines bellísimos. Entramos a un museo que ofrece una exposición de paisajes místicos que van desde Van Gogh a Kandinsky. Nos ofrecen chompas de cashmere, y las calles están llenas de gente que hace trucos, toca gaitas y ofrecen espectáculos.


Alquilamos un auto en Edimburgo y salimos al campo de Escocia.
Muertos de miedo por tener que manejar al revés, recorrimos en tres días los diferentes paisajes de Escocia, nos alojamos en pequeños pueblitos, nos maravillamos de los verdes, de las ovejas, las montañas, de la amabilidad de la gente.
Y por último tomamos un avión hacia Dublín.

Yo tenía desde hace muchos años un gran deseo de conocer esa bella ciudad y realmente me encantó. Nos alojamos en un hotel muy bien situado y nos dedicamos a caminarla. Llovía pero igual llegamos hasta las catedrales. Cruzamos el puente y vimos el río Liffey. Qué parques tan bien diseñados, la gente disfrutándolos, tirados al sol ( su pequeño sol) , las calles con sus puertas de colores, la gente encantadora, amabilísima, restaurantes increíbles, la gente al pie de los bares tomando cerveza y conversando. Fuimos a escuchar música a un bar que se llama The Temple bar y nos convertimos casi en irlandeses con cerveza en mano y la alegría dando palmadas y golpes de pie.
Visitamos el Trinity College con su antiquísima y fabulosa biblioteca y pudimos ver el Libro de Kells. También el museo antropológico y dimos un gran paseo por Grafton Street. Prometimos regresar a Dublin, convertirla en el centro del viaje, en otra oportunidad, nos había parecido una ciudad encantadora y divertida.
Edimburgo:

Novios que traen suerte

En Holanda nos encontramos con unos novios, dicen que traen suerte así que estuvimos contemplándolos hasta que Mario los hizo reir. Así, esa alegría les deseo para su vida, les dijo.



Rembrandt en Amsterdam