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martes, 25 de julio de 2017

De Mariano Iberico El camino sin fin

Hay en Huancayo un camino que tal vez le sería grato a Alberto ureta porque "no lleva a ninguna parte". Es el camino a "San Fernando". Y "San Fernando" no existe. Es un lugar imaginario, un nombre inventado por alguien que tenía interés en construir un camino inacabable y que acertó a signarle como término de llegada un punto inexistente. Así los kilómetros se agregarían a los kilómetros sin que jamás pudiera decirse que el objetivo del camino —la fabulosa montaña de "San Fernando"—había sido alcanzado". Porque lo que no existe está muy lejos. Y de esta suerte el camino a "San Fernando" se convierte en el símbolo irónico de todos los caminos; porque ningún camino lleva a ninguna parte y todos conectan un punto cierto y triste, con la ilusoria, fabulosa lejanía de la esperanza. de "Los caminos" de Mariano Iberico Rodriguez de "Notas sobre el paisaje de la sierra." 1937

domingo, 4 de diciembre de 2016

Estamos en la calle: entrevista a Chiara Roggero


Un orgullo que Chiara haya publicado su primer libro, me ha gustado mucho, admiro su sentido del humor, su audacia, su crítica a la sociedad en la que vive. Tiene su propia voz y escoge distintas maneras de contar.

sábado, 14 de junio de 2014

El amor a los libros de Julio Ramón Ribeyro

Acaban de presentar una nueva edición de Los dichos de Luder de Julio Ramón. Acá un texto suyo en el que nos habla de su pasión por los libros.

"El amor a los libros" por Julio Ramón Ribeyro
 
 
 
Alfredo González Prada cuenta que su padre, don Manuel, sentía por los libros un respeto casi religioso, al extremo que era incapaz de subrayarlos o trazar notas marginales. Se contentaba con redactar largas tiras de comentarios que añadía cuidadosamente al final de cada libro leído. Todo ello indica que don Manuel no amaba a los libros, sino que era un “respetuoso” lector.
En realidad, existe un amor físico a los libros muy diferente al amor intelectual por la lectura. Por lo general, el gran lector no ama los libros, así como el don Juan no ama a las mujeres. El gran lector coge los libros conforme caen en sus manos, los usa y los olvida. El amante de los libros, en cambio, los ama en sí mismos como cuerpos independientes y vivos, como conjunto de páginas impresas que es necesario no solamente leer, sino palpar, alinear en un estante, incorporar al patrimonio material con el mismo derecho que al bagaje del espíritu. El amante de los libros no aspira solamente a la lectura sino a la propiedad. Y esta propiedad necesita observar todas las solemnidades, cumplir todos los ritos que la hagan incontestable.
El amor a los libros se patentiza en el momento mismo de su adquisición. El verdadero amante de los libros no tolera que el expendedor se los envuelva. Necesita llevarlos desnudos en sus manos, irlos hojeando por el camino; meter los pies en un charco de agua, sufrir todos los trastornos de un primer encantamiento. Llegando a su casa, lo primero que hará será grabar en la página inicial su nombre y la fecha del suceso, porque para él toda adquisición es una peripecia que luego será necesario conmemorar. Con el tiempo dirá: “Hace tantos años y tantos días que compré este libro”, como se dice: “Hace tanto tiempo que conocí a esta mujer”.
Cumplido este requisito, el amante de los libros, cogerá el primer objeto que encuentre a su disposición -sea regla, tarjeta u hoja de afeitar- y comenzará a cortar las páginas del libro y lo irá leyendo progresivamente con vehemencia, con sobresalto; como se ama a una novia conforme se la va descubriendo. Y durante el proceso de la lectura no resistirá ninguna tentación. Lo cubrirá de caricias y rasguños. Las páginas se irán cubriendo de “ojos” admirados, de objeciones marginales a sus ideas atrevidas, de interrogaciones a sus párrafos oscuros. Y solamente así -después de haberlo hecho viajar en tranvía, después de haberse introducido con él a la cama- podrá decir que ha leído ese libro, que lo ha poseído, que lo ha amado.
Es por este motivo que el amante de los libros es intolerante con los libros ajenos. Leer un libro ajeno es como leerlo a medias. Si el libro es nuevo el lector necesitará observar cierta cortesía -forrarlo, probablemente- necesitará, además ser condescendiente con sus ideas, aceptar políticamente algunos puntos discutibles, combatir de continuo sus impulsos voraces y contentarse, por último, a dar aquí y allá un ligero toquecito a fin de no hacer ostensible, a ojos del propietario ese abuso de confianza. Si el libro prestado es viejo y releído la situación varía radicalmente.  El lector se enfrentará a él con la animosidad, con el escepticismo de quien se apresta recorrer una floresta yá explorada, de la cual se ha recogido sus más sabrosos frutos. Cuando más, se limitará a descubrir algún rincón oculto que pasó inadvertido al propietario y en el cual pondrá el regocijo de un verdadero hallazgo.
Por esta misma razón, el amante de los libros no puede frecuentar las bibliotecas públicas. El acto le parecerá tan humillante y pernicioso como visitar las casas de tolerancia. Los libros puestos a disposición de la comunidad son libros indiferentes, son libros fríos con los cuales no nace un acto de verdadero amor, no se crea una relación de confianza. Frente a ellos, solamente, podrá a veces practicarse algún acto de brutalidad, como arrancar una de sus páginas. Hay gente, sin embargo, que sólo lee en las bibliotecas públicas y eso revela, en el fondo, una profunda incapacidad para amar.
Un libro leído y amado es un bien irremplazable. Al gran lector no le pesará perder o regalar un libro suyo porque podrá adquirir otro idéntico. Para el verdadero lector no existen libros idénticos, por semejantes que sean. Cada libro es para él una amistad con todas sus grandezas y sus miserias, sus disputas y sus reconciliaciones, sus diálogos y sus silencios. Al releer estos libros -el amante es sobre todo un relector- irá reconociendo sus horas perdidas, sus viejos entusiasmos, sus dudas inútiles. Un libro amado es un fragmento de vida, Perdido el libro, queda un vacío en la memoria que nada podrá remplazar. Los verdaderos amantes de los libros inscriben su vida en ellos. Se podría adivinar el carácter de una persona, se podría incluso trazar su biografía, examinando no solo qué libros ha leído, sino cómo los ha leído.
El amor a los libros, como toda pasión violenta, está sujeto a una serie de arbitrariedades. A menudo, por atención al formato se es injusto, se es injusto con el contenido. Es frecuente tener a nuestra disposición durante muchos meses un libro sin que nos dignemos a abrirlo porque su encuadernación nos produce una viva antipatía. Un amigo me confesaba que durante mucho tiempo Stendhal le pareció un mal escritor, porque la edición de Rojo y Negro que tenía era una edición vulgar, mal vestida, plena de errores tipográficos. Pero le bastó ver la misma novela en una bella vitrina ataviada no se sabe para qué feria, para que de inmediato cobrara por ella una simpatía irresistible. La consiguió, naturalmente, y hasta la fecha –la novela- no la ha quitado de su cabecera.
Esto no quiere decir que el amante de los libros se deje seducir por el lujo. Para él, una edición áspera al tacto, una edición plebeya será tan inadmisible como una en papel Holanda. Hay libros que por su insolente belleza intimidan: su forro de piel, el oro que recarga su superficie nos indican de inmediato que debe tratarse de un libro caro, de un libro incómodo y difícil de usar, el cual no podremos, por ejemplo, poner en la mesa de un restorante sin que corra el peligro de mancharse. Despertaría, además, la codicia de nuestros amigos, y no faltaría uno que lo pidiera prestado por una noche y no lo devolviera jamás.
Un libro, para ser amado, necesita poseer otras y más delicadas cualidades. Necesita, en realidad, un mínimo de decoro, de gusto, de misterio, de proporción; en suma, aquellas cualidades que podemos exigir, discretamente, en una mujer. Por esta razón es que entre las mujeres y los libros existen tantas secretas correspondencias. Hay libros que terminan su vida solitarios, que jamás encuentran un lector. Hay lectores que jamás encuentran su libro.
Texto originalmente publicado en el Diario “El Comercio”, Lima, 14 de julio de 1957.  Tomado del libro “La Caza Sutil” pg.45-47; Editorial Milla Batres, 1976. Este libro reúne 21 artículos y ensayos de Crítica Literaria de Julio Ramón Ribeyro
 

viernes, 28 de febrero de 2014

Un microrelato

La cueva
Cuando era niño me encantaba jugar con mis hermanas debajo de las colchas de la cama de mis papás. A veces jugábamos a que era una tienda de campaña y otras nos creíamos que era un iglú en medio del polo, aunque el juego más bonito era el de la cueva. ¡Qué grande era la cama de mis papás! Una vez cogí la linterna de la mesa de noche y les dije a mis hermanas que me iba a explorar el fondo de la cueva. Al principio se reían, después se pusieron nerviosas y terminaron llamándome a gritos. Pero no les hice caso y seguí arrastrándome hasta que dejé de oír sus chillidos. La cueva era enorme y cuando se gastaron las pilas ya fue imposible volver. No sé cuántos años han pasado desde entonces, porque mi pijama ya no me queda y lo tengo que llevar amarrado como Tarzán.
He oído que mamá ha muerto.
Fernando Iwasaki peruano que vive en España.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Un poema de Marco Martos





Marco Martos es un reconocido escritor y poeta peruano. Es considerado uno de los principales representantes de la Generación del 60 en la poesía peruana. Actualmente es presidente de la Academia Peruana de la Lengua, catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de dicha casa de estudios.

Bajo el árbol de canela, Wang Wei evoca a la amada.



Viene el olor del árbol de canela,

en el claro principio, de mañana,

despierta a los pájaros azules

y da calma a los hombres desesperados.

Se fue la noche poblada de almizcle,

se fue el amor en su barca,

quedan los días añosos

como la corteza del árbol de canela,

llena de suave perfume embriagado,

llegará todavía la primavera de aromas intensos,

con su locura de grillos y cigarras,

saldrá la luna en las claridades del verano,

parecida a sí misma con sus resplandores violáceos,

traerá sus lúgubres cavernas que no vemos pero adivinamos.

Ahí, en eso desconocido, todavía te amo.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Angel de Ocongate

Esta mañana tuvimos en ABRA al escritor Peruano Edgardo Rivera Martínez como autor invitado. No es que viniera personalmente pero al leer sus cuentos nos entregó su mundo, su sensibilidad y sus inquietudes.


Nacido en Jauja en 1933, autor de la novela País de Jauja. Conversamos también de la expresión Del país de Jauja", como símbolo de lugar paradisíaco originado en una quimera medieval. "Sin crímenes ni policía, ni guerras civiles, ni abogados, no notarios, no se pagan contribuciones porque como no hay dinero, no se conoce nunca la miseria. (Antonio Bori y Fonesta) . Un lugar ideal para los glotones, no hay jerarquías sociales; pagan por descansar y castigan por trabajar.(Historia y leyenda de la tierra de Jauja.
Acá el hermoso cuento el Angel de Ocongate, que saliera ganador en el primer concurso de cuentos de las 1000 palabras de la revista Caretas.

Ángel de Ocongate
Quién soy sino apagada sombra en el atrio de una capilla
en ruinas, en medio de una puna inmensa. Por instantes silba
el viento, pero después todo regresa a la quietud. Hora incierta,
gris, al pie de ese agrietado imafronte. En ella resulta más
ansioso y febril mi soliloquio. Y aún más extraña mi figura
—ave, ave negra, que inmóvil habla y reflexiona. Esclavina de
paño y seda sobre los hombros, tan gastada y, sin embargo, espléndida.
Sombrero de raído plumaje y jubón, camisa de lienzo
y blondas. Exornado tahalí. Todo en harapos y tan absurdo.
¿Cómo no habían de asombrarse los que por primera vez me
veían? ¿Cómo no iban a pensar en un danzante extraviado en
la meseta? Decían, en la lengua de sus ayllus: «¿Quién será?
¿De qué baile será esa ropa? ¿Dónde habrá danzado?». Y los
que se topaban conmigo me preguntaban: «¿Cómo te llamas?
¿Cuál es tu pueblo?». Y como yo callaba y notaban el raro
fulgor de mis pupilas, y mi abstraimiento, mi melancolía, acabaron
por considerar que había perdido el juicio a la vez que
la memoria, quizás por el frenesí mismo de la danza en que
había participado. Y comentaban: «Pobre, no recuerda ya a
su padre ni a su madre, ni la tierra donde vino al mundo. Y
nadie, tal vez, lo busca...». Las ancianas se santiguaban al verme.
Y las muchachas se lamentaban: «Joven y hermoso es, y
tan triste...». Y así, por obra de esa supuesta insania, y de mi
apariencia y mi gravedad, aumentó la sensación de extrañeza
que mi presencia provocaba. Una sensación tan intensa que
por fuerza excluía toda posibilidad de burla. Hubo incluso
pastores que, movidos por un respeto mágico, ponían a mi al-
cance bolsitas de coca en calidad de ofrenda. Y como nadie me
escuchó hablar nunca, ni siquiera un monosílabo, se concluyó
que también había perdido el uso de la palabra. Pensamiento
comprensible, pues solo a mí mismo me dirijo, en un discurso
que no se traduce en el más leve movimiento de los labios. Solo
a mí, en una fluencia silenciosa, pues una tenaz resistencia
interna me impide toda forma de comunicación con los demás
y, con mayor razón, todo diálogo. Y así es mejor, sin duda. Sea
como fuere, esa imagen de forastero enajenado y mudo, que
se difundió con rapidez, redundó en beneficio de mi libertad,
porque no ha habido gobernadores ni varayocs que me detuvieran
por deambular como lo hago. Compartían más bien esa
mezcla de sorpresa, temor y compasión que experimentaban
frente a mí sus paisanos. En unos y otros pesaban, además,
creencias ancestrales, por cuya causa mi «locura» adquiría un
rango casi sobrenatural. ¡Mi demencia! No me ha incomodado,
en ningún momento, el rumor que al respecto se expandió,
pero de cuando en cuando me asaltaba la duda. ¿Y si era
verdad aquello? ¿Si realmente fui alguna vez un danzante y lo
olvidé todo? ¿Si tuve en otro tiempo un nombre, una casa, una
familia? Inquieto, me acercaba a las fuentes y me contemplaba.
Tan cetrino mi rostro y velado siempre por un halo fúnebre.
Idéntico siempre a sí mismo, en su adustez, en su hermetismo.
Me observaba y se afirmaba en mí la seguridad de que jamás
había desvariado, y de que jamás tampoco fui bailante. Certeza
intuitiva, solamente, pero no por ello menos vigorosa. Pero
entonces, si nunca se extravió mi espíritu, ¿cómo entender la
taciturna corriente que me absorbe y me aísla? ¿Cómo explicar
este atavío y la obstinación con que a él me aferro? ¿Por
qué mi desazón a la vista del lago? No, no podía responder
a estas preguntas, y era en vano asimismo buscar una justificación
para unas manos tan blancas y un hablar que no es de
misti ni de campesino. Y más inútil aún tratar de contestar a la
interrogación fundamental: ¿quién soy, entonces? Era como
si en un punto indeterminable del pasado hubiese surgido yo
de la nada, vestido ya como estoy, y balbuceando, angustiándome.
Errante ya y ajeno a juventud, amor, familia. Encerrado
en mí mismo y sin acordarme de un principio ni avizorar una
meta. Iba, pues, por los caminos y los páramos, sin dormir ni
un momento ni hacer alto por más de un día. Absorto siempre
en mi callado monólogo, aunque me acercase a ayudar
a un anciano bajo la lluvia, a una mujer con sus pequeños, a
un pongo moribundo en una pampa desolada. Concurría a
los pueblos en fiesta, y escuchaba con temerosa esperanza las
música de las quenas y los sicuris, y miraba una tras de otra las
cuadrillas, sobre todo las que venían de muy lejos, y en especial
las de Copacabana, de Oruro, de Zepita, de Combapata.
Me conmovían sus interpretaciones, mas no reconocí jamás
una melodía ni hallé una vestimenta que se asemejara a la mía.
Transcurrieron así los años y todo habría continuado de esa
manera si el azar —¿el azar, en verdad?— no me hubiera llevado,
al cabo de ese andar sin rumbo, al tambo de Raurac. No
había nadie sino un hombre viejo que descansaba y me miró
con atención. Me habló de pronto y dijo en un quechua que
me pareció muy antiguo: «Eres el bailante sin memoria. Eres
él, y hace mucho tiempo que caminas. Anda a la capilla de la
Santa Cruz, en la pampa de Ocongate. ¡Anda y mira!». Tomé
nota de su consejo y de su insistencia, y a la mañana siguiente,
muy temprano, me puse en marcha. Y así, después de tres
jornadas, llegué a este santuario abandonado, del que apenas si
quedan la fachada y los pilares. Subí al atrio y a poco mis ojos
se posaron en el friso, bajo esos arcos adosados. Y allí, en la losa
quebrada otrora por un rayo, hay cuatro figuras en relieve.
Cuatro figuras de danzantes. Visten esclavina, jubón, sombrero
de plumas, tahalí. Imágenes no de santos sino de ángeles,
como los que aparecen en los cuadros de Pomata y del Cuzco.
Son cuatro, mas el último fue donde golpeó la centella, y solo
quedan su silueta e impresas unas líneas de las alas y el plumaje.
Cuatro ángeles, sobre una floración de hojas, frutos y arabescos
de piedra. ¿Qué baile es el que danzan? ¿Qué música
la que siguen? ¿Es el suyo un acto de celebración y de alegría?
Los contemplo en el silencio glacial y terrible de este sitio, y
me detengo en el contorno vacío del ausente. Cierro luego los
ojos. Sí, solo una sombra soy, una apagada sombra. Y ave, ave
negra sin memoria, que no sabrá nunca la razón de su caída.
En silencio, siempre, y sin término la soledad, el crepúsculo,
el exilio...
(1982)

domingo, 26 de agosto de 2012

Segunda novela de Alina Gadea







Escribir una novela me parece un asunto mayor, dedicar un tiempo de tu vida, medio año, la mayoría de las veces un año entero, si no es más, a darle vueltas a una historia, imaginar los personajes, crear los diálogos, ubicarlos en ambientes, hacer que avance la historia, que retroceda y vuelva a avanzar, entrar en el pensamiento de cada uno, saber por qué actuó de determinada manera, qué sintió cuando le sucedió lo que le sucedió, qué idea tiene de sí mismo, qué idea tiene de los demás, del mundo, qué piensa de la vida y de la muerte, qué está pasando en ese momento en el lugar en el que se desarrolla la historia, y sobre todo, cómo narrar las acciones, hacerlas convincentes, que quién esté leyendo pueda ser un testigo de todo aquello que sucede en la ficción. Conocí a Alina tras su primera novela “Otra vida para Doris Kaplan” y ahora tengo entre las manos “Obsesión”, su segunda novela. Un triángulo amoroso, una mujer y dos hombres, la pasión que despierta ella, la búsqueda de una vida intensa, la dificultad para salir del río de la vida que se muestra tan vacío en el que están insertados. Personajes que rompen límites, se arriesgan y consiguen la intensidad.
Termino de leer obsesión y le escribo a Alina.

Para Alina :
Claro que me leí la novela de un tirón. Muy bien lograda la tensión y me moría de curiosidad, a pesar de haber conversado sobre la novela, de ver cómo habías resuelto el final.
Me parece que refleja muy bien esa clase social a la que el doctor quiere y logra acceder, y muy bien contrastada con el muchacho fotógrafo que tiene una manera sencilla de ver la vida, un deseo de felicidad y vivir de la mejor manera posible. Creo que el personaje principal es ella, ella la que carga con sus traumas, la que se enreda con el doctor, la que se enamora al fin del fotógrafo. Aunque también nos asomamos al mundo interno del doctor. Sus obsesiones y deseos.
Una novelle, o novela corta, un trío, el amor, el sexo y la muerte. ¿Con quién se identifica el lector? ¿Desea que el doctor ame a su paciente? La autora se muestra muy valiente al crear la atmósfera erótica, el detalle que hace que la relación sea la manifestación de lo que está ocurriendo a los personajes en su mente o en su mundo interno.
Una mirada al orgullo herido del hombre que no es capaz de soportar la herida narcisista de haber perdido una mujer que creía suya. Va enfermándose hasta ser capaz de matar aquello que le obstaculiza su posible amor. No podemos olvidarnos de Claudio el que inicia a Ivonne en los juegos del sexo. Tal vez él sea el culpable de todo. Tipo realmente repelente, Ivonne lo odia pero lo consiente.
Me hubiese gustado saber un poco más sobre la vida de Ivonne. Sabemos que es poeta, que ha sufrido algunos traumas, que tiene una hermana, los padres están ausentes.
Me pareció interesante ese deseo también obsesionado que tiene Ivonne de ser igual a la esposa de su amante doctor.
La muerte no trae consecuencias, esas quedan para el lector que imaginará lo que sentirá la esposa al saber que su marido es asesino, lo que siente Ivonne ante el amado muerto, lo que siente el mismo asesino cuando recupere su sentido de realidad.
¿Qué pasará con esos personajes?
El final abierto en el que el personaje ha entrado en otra dimensión, invita al lector a completar la obra. ¿Locura? ¿Negación? ¿Todo fue un ejercicio mental?
Estas reflexiones surgen en mí tras la lectura de tu novela. Buen trabajo. Es bueno que escritores jóvenes den pasos decididos. Me deja una tristeza que no puedo definir.
Ya veremos algunos detalles cuando nos veamos. Besos y felicitaciones por esa energía que te permite hacer y terminar y ofrecer. Ce

jueves, 7 de octubre de 2010

Leer a nuestro premio nobel

Recibir la noticia esta mañana ha sido una gran alegría, y en el transcurso del día escuchar en el radio las reacciones de tantos peruanos, todos ellos felices y orgullosos del premio otorgado por la Academia Sueca a nuestro escritor Mario vargas Llosa. Para él mismo fue una sorpresa, segun ha contado, llegó a pensar que se trataba de la broma de un amigo. Leo que la primera tirada de su próximo libro: " El sueño del celta" será de 500,000 ejemplares y en este momento en miles de imprentas del mundo se está reeditando toda su obra porque el mundo entero querrá leer a este peruano que ha dedicado su vida a escribir y a pronunciarse sobre la democracia y la libertad. Nos felicitamos entonces, y habrá que reeleerlo o leer algunas de sus obras que se nos pasaron. Acá copio lo que nos dicen muchos escritores sobre la obra de Mario vargas LLosa y luego un extracto de una entrevista en la que muestra su preocupación por la pérdida de valores en el mundo.
Sábado: Acabo de escuchar una conversación de Mario en radio programas con amigos peruanos. Se lo escucha realmente feliz a Mario, encantador, bromeando sobre la semana que le espera en Estocolmo, te exprimen como un limón, dice riéndose; haciendo referencias de sus amigos Luis Loayza, y rindiendo homenaje a Sebastián Salazar Bondy al cual le agradece la ayuda que le dió hace ya tantos años. Tambien conversó con su editora Carmen Balcells a la que le preguntó: ¿Cómo has hecho para que me den el nobel? Sabía de tus artes pero no que llegasen a tanto. Otra vez risas. Y su alegría se hace nuestra.


Es un momento para resumir. ¿Qué ha sido su escritura, qué será ahora? "Mi escritura", dice Vargas Llosa, "es mi vida, es lo que soy. Soy la literatura que he hecho. Toda, y el periodismo también. Con respecto al futuro, voy a hacer todo lo posible para que la vida no cambie. Esta es una inyección de entusiasmo; pero mi vida no va a cambiar. Seguiré teniendo iniciativas, posiciones; esa libertad que ejercito seguirá siendo mi libertad como escritor, como periodista y como ciudadano. Siempre tendré los mismos compromisos; ahora, además, habrá más obligaciones, que someteré al orden que siempre me ha dado la escritura, mi trabajo". Extracto de una entrevista de Juan Cruz para el diario El País.

"La literatura", terminó Mario Vargas Llosa, "es mi manera de vivir, como decía Flaubert. No tendré otra, con sus sumas y sus restas, esa es la felicidad de mi vida. La literatura me ha dado lo mejor que tengo; los amigos, las experiencias. La entraña de mi vocación no es otra que la literatura, y de ella sale todo lo que soy y todo lo que tengo. Es lo mejor que me ha pasado".

Razones pare leer a Vargas Llosa , de la revista El Cultural.


Siempre vale la pena leer a Vargas Llosa, incluidos sus artículos con los que muchos no estamos de acuerdo y en los que es imposible dejar de reconocer su inteligencia, rigor y claridad. Siempre vale la pena leer a Vargas Llosa, porque su pulso narrativo apenas tiene parangón, porque en su obra la complejidad formal, la reflexión histórica y el sentido del humor se conjugan admirablemente, y por muchos otros motivos que incluyen, por supuesto, el placer de discrepar de él. Andrés Neuman

La razón principal para leer a Mario Vargas Llosa es la delicia que significa leerlo, simplemente. La prosa de Vargas Llosa destila lo que yo llamaría conocimiento placentero o lo que es lo mismo, belleza. Pero esa belleza en Vargas Llosa se acrecienta con su estilo, que es inteligente. La estructura de su lenguaje es firme y precisa. Todo ello hace que transmita el mensaje con “seguridad” y de una manera única creando la sensacion de un tiempo placentero. Me encantaría hablar con él sobre Neuroestética o neuroarte. Francisco Mora

El conjunto de la obra narrativa de Vargas Llosa es, aplicándole lo que dijo él a propósito de Flaubert, una orgía perpetua. Su nómina de novelas magistrales es asombrosa. Algunos dirán que ninguna de sus novelas ha brillado a la altura de Paradiso o Cien años de soledad, pero hay algo en lo que nadie lo supera y es que cada década vuelve a escribir una obra maestra. Lleva medio siglo haciéndolo. Después de cumplir setenta años, nos dará alguna más, estoy seguro. Eduardo Lago

Por placer. Esa es mi razón. Porque más allá de su valentía; de su capacidad para levantar banderas; de su lenguaje maravilloso, preciso y soñador; de sus historias fabulosas; de su capacidad para meter el dedo en la llaga; de su libertad de espíritu; de su pasión incontralada, de su profundidad, de su hermosura... leer a Vargas Llosa me produce placer. Alberto Anaut

Pocos artistas poseen la pasión y la lucidez de Vargas Llosa. Uno puede estar en desacuerdo con sus puntos de vista, pero jamás quedará decepcionado frente a su ardor y su brillante intransigencia. En una época dominada por la fatuidad y el espectáculo, sigue siendo uno de los grandes defensores de la libertad crítica. Jorge Volpi


Porque es un autor innovador en la forma y valiente en los contenidos, y nos permite conocer la realidad peruana desde una perspectiva de privilegio: la de un artista que al hablar de la corrupcion y excesos de poder de su pais defiende la integridad intelectual y rechaza la retorica vacia. Uno puede estar de acuerdo o no con sus opiniones políticas, pero es indudable que son fruto de una ética meditada y consciente. Es un clásico en su tiempo. Enrique Marty

Hay que leer a Vargas Llosa por una razón muy simple: es el mejor escritor vivo que hay ahora mismo en lengua española. El más amplio, el más completo, el más poderoso. Rosa Montero.

Llegué tarde a la obra de Vargas Llosa. Fué en Nueva York a principios de los 80, cuando participé con Intar - un centro teatral off - off Broadway - en la adaptación a la escena de La señorita de Tacna al inglés. La obra fué un éxito y era extraordinario ver cómo el público neoyorquino hacía suya una historia que sucedía en un remoto lugar y en un ambienteque poco tenía que ver con el de Nueva York. Esta puede ser una buena razón para aventurarse en el riquísimo universo de Vargas Llosa. Guillermo de Osma

En la obra de Vargas Llosa están presentes los cuatro elementos, pero creo que el dominante es el agua. Es una escritura que va fecundando la historia a medida que avanza. Esa escritura tiene brillo y profundidad, es vigorosa y sensual, y se mueve con valentía y juicio. Es una literatura sentipensante. Te agita. Te hace sentir libre, en un hogar nómada, donde puedes vivir a contracorriente. Manuel Rivas

Le conocí antes de dirigir su obra Pantaleón y las visitadoras, pero durante los ensayos tuvismo ocasión de profundizar en nuestra amistad. Aparte de ser una persona encantadora y generosa, me parece un novelista impresionante, si no el más grande del momento. Un hombre de una gran cultura que se desparrama en todo lo que escribe y que tiene talento para cualquier género literario. Domina el idioma de un modo magistral y esta muy integrado en las costumbres hispanas y la prueba es su enorme afición al mundo de los toros. Gustavo Pérez Puig

La más importante se llama placer de leer, y cada vez que abro uno de sus libros siempre jóvenes regreso a ese placer desbordante de mi adolescencia, cuando La Ciudad y los perros era el libro que descubríamos llenos de asombro, porque hablaba de nosotros. Vargas Llosa fue un cómplice, un amigo escritor cuyas obras iban de mano en mano, de café en café, y al que mi generación debe las conversaciones literarias más animadas. Tenemos una gran deuda con él, y al placer de leer y volver a leer sus novelas, se agrega el de desearle un Feliz Cumpleaños y larga vida, porque aún nos debe muchísimas novelas. Luis Sepúlveda

Además de una vieja amistad, Mario Vargas Llosa y yo compartimos el calendario: ¡los dos acabamos de cumplir setenta! él mismo ha escrito que las buenas historias “aumentan nuestra vida” y nos “descubren los alcances de la libertad”. Y así son sus libros. Su lectura nos dan ánimo para esas empresas en las que el ser humano tiene que dar lo mejor de sí mismo. Paloma O ' Shea

Leer buenas novelas nos brinda una posibilidad inestimable: la de multiplicar nuestra alma y experimentar sentimientos e ideas que sin ellas nos estarían vedadas. Pocos autores actuales nos garantizan este privilegio de modo tan seguro e inteligente como Mario Vargas Llosa. Su obra es ya una nueva Comedia Humana de nuestra modernidad. Si hubiera que resumir su arte en una palabra, yo elegiría: cautivador. Aunque en este caso lo que nos cautiva es lo mismo que nos hace más libres. Fernando Savater

Vargas Llosa es un maravilloso novelista. De él se puede decir que es capaz de conmovernos con las historias que inventa, de hacernos con ellas más conscientes, de una forma primitiva, inmediata, de nuestra compleja y a menudo dolorosa condición humana. Pero también se debe decir de él que es un intelectual, en el más noble sentido de la palabra, entre los narradores; que leyendo no sólo sus ensayos sino también sus novelas aprendemos a conocer mejor el mundo y su historia, algo que constituye la mejor formación para soportar el presente y afrontar el futuro. Pocos son los narradores que poseen semejante don, el de cabalgar con igual gracia entre lo imaginado y lo real. José Manuel Sánchez-Ron


Afirmaba Henry James que la única obligación que se puede exigir cabalmente a una novela es que cuente cosas interesantes, y Vargas Llosa nunca ha defraudado en este terreno. El regreso a la más pura narratividad es una de las claves de su éxito, pero esto no significa facilidad acomodaticia en lo tocante a la estructuración del discurso novelístico, sino una propuesta que reclama del lector una actitud cooperante. Su técnica narrativa es rica en insólitos recursos para activar la respuesta cómplice de los que lo leemos, y nuestra recompensa nace de su capacidad para fundir realidad y fantasía. Darío Villanueva.


De la entrevista:


Degradados por la codicia -¿Dónde se ha quedado su optimismo respecto al progreso del mundo?
-En el sentido material, sí, pero lo que va a colapsar es lo otro, los valores, los principios, la cultura, la ética, que están en absoluta decadencia. Piensa en la corrupción mostruosa que está detrás de la crisis que vivimos hoy. Esa crisis no es una crisis, digamos, puramente financiera. Detrás de la conducta de los grandes banqueros, de los grandes empresarios, hay una moral degradada, profundamente depravada por la codicia. Y esa es una forma terrible de incultura . De eso hablaban todos los grandes pensadores liberales, desde Adam Smith hasta Hayek o Popper. Decían: la libertad, que es el gran instrumento del progreso, si no viene sólidamente fundada, sostenida, por una espiritualidad y una cultura rica, creativa, crítica, en constante renovación, puede llevarnos al abismo. Es exactamente lo que está ocurriendo con la cultura. El progreso moderno es un progreso tecnológico, material, pero el otro se ha degradado a unos extremos...

jueves, 27 de mayo de 2010

Mucho más que una promesa




Un escritor 100% peruano y 100% norteamericano, así se siente Daniel Alarcón que nació en el Perú y se fue a California a los tres años de edad. El escribe en inglés y es traducido al español. Su novela "Radio Ciudad perdida" tuvo mucho éxito. Aunque aún se le sigue considerando "Una promesa de la literatura peruana", él con esta novela y sus dos libros de cuentos, es ya definitivamente un escritor y de mucho talento. El es hijo de médicos y estudió antropología.
En una entrevista habla de los motivos puros para escribir: por amor al arte
o para hacer literatura y de los impuros: el ego y el figuretismo.
En su libro de cuentos: "Guerra a la luz de las velas", busca comprender a la gente de sectores más populares del Perú. Identificándose con los migrantes peruanos que siempre estan transladándose: dejan la sierra para venir a la capital o se van al norte.
En su libro de cuentos "El rey siempre está por encima del Pueblo", empiezan a aparecer ambientes norteamericanos. En nuestro taller ABRA: leímos el cuento que da nombre a este conjunto. Y elegimos para leer en casa: "Lima, Perú, 28 de Julio de 1979, cuento realista en donde la violencia es protagonista.
Me gusta la sencilléz de este escritor y los finales en donde está incluída la esperanza. Es muy interesante la vida de un escritor que ha migrado pero que regresa, que ama el Perú pero tambien lo observa desde otro ángulo. A Daniel por ejemplo, le cuesta mucho trabajo adaptarse a nuestra impuntualidad y a la dificultad que tenemos para llegar a acuerdos. La frase: "Listo, así quedamos", sólo significa: podría ser, seguiremos hablando del asunto. Entonces él dice para confirmarlo: "Pero a lo firme".
Acá cuelgo una entrevista suya en una feria del libro.

Daniel Alarcón es editor de la revista Etiqueta Negra.





Para leer un texto suyo llamado: "Cómo amar un país desconocido" ir a la revista de libros Pie de página: http://www.piedepagina.com/numero12/html/daniel_alarcon.html

miércoles, 19 de marzo de 2008

AmAr el mAr- Eielson



Poesía en A mayor



estupendo Amor AmAr el mAr

y vivir sólo de Amor

y mAr

y mirAr siempre el mAr

con Amor

mAgnifico morir

Al pie del mAr de Amor

Al pie del mAr de Amor morir

pero mirAndo siempre el mAr

con Amor

como si morir fuerA

sólo no mirAr

el mAr o dejAr de AmAr

Jorge Eduardo Eielson De: Tema y Variaciones (Ginebra - 1950)
La foto pertenece a : culturasolidaria.wordpress.com