"Viajar es también abandonarse pasivamente al fluir de las cosas, porque la aventura más arriesgada, más difícil y seductora se lidia en casa: es allí donde nos jugamos la vida, la capacidad o la incapacidad de amar y construir, de tener y dar felicidad, de crecer con valentía o agazaparse en el miedo; es allí donde corremos los mayores riesgos”. Claudio Magris , escritor italiano, de su libro " El infinito viajar".
Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
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domingo, 8 de mayo de 2016
domingo, 22 de noviembre de 2015
Frases de Italo Calvino
- Italo Calvino, es un escritor al que vuelvo siempre, me encanta su imaginación y su inteligencia. "El barón rampante" es uno de mis libros favoritos.
“La ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas.”“Un libro es algo con un principio y un fin, es un espacio donde el lector ha de entrar, dar vueltas, quizás perderse, pero encontrando en cierto momento una salida, o tal vez varias salidas, la posibilidad de dar con un camino para salir.”“Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos.”"Tal vez este jardín existe sólo a la sombra de nuestros párpados bajos.""Crecer en círculos concéntricos, como los troncos de los árboles que cada año aumentan una vuelta."
domingo, 23 de agosto de 2015
domingo, 26 de julio de 2015
Italo Calvino extracto del barón rampante
Para guardar los libros, Cósimo construyó en distintas ocasiones una especie de bibliotecas colgantes, resguardadas lo mejor posible de la lluvia y los roedores, pero las cambiaba continuamente de sitio, según los estudios y lo gustos del momento, porque él consideraba los libros un poco como pájaros, y no quería verlos quietos o enjaulados, de lo contrario decía que entristecían."
Extracto de El barón Rampante de Italo Calvino, uno de los libros más hermosos que recuerdo haber leído.
Extracto de El barón Rampante de Italo Calvino, uno de los libros más hermosos que recuerdo haber leído.
domingo, 26 de abril de 2015
Dos textos de Giovanni Papini
Esta semana en ABRA, taller de lectura hicimos al escritor italiano Giovanni Papini, tan admirado por Borges. Acá dos de sus textos.
HAY UN CANTO EN MÍ
(«C'è un canto dentro di me»)
Giovanni Papini
Hay un canto en mí que mi boca jamás pronunciará - que no escribirá mi mano en ningún trozo de papel.
Hay un canto en mí que debo escuchar yo solo, que debo padecer y soportar solamente yo.
Hay un canto preso en mis venas como los celestiales adagios del argentado órgano - hay un canto que como la raíz del gladiolo no florecerá bajo el alud.
Hay un canto en mí que estará siempre en mí.
Si este canto saliera de mi corazón, quebraría mi corazón.
Si este canto escribiera mi mano, ninguna otra palabra escribiría mi mano.
Este canto no se dirá sino en la última hora de mi vida; este canto será el inicio de una feliz agonía.
Hay un canto en mí que no puede salir de mí porque no se han creado aún las palabras necesarias.
Un canto sin medida y sin tiempo; sin ritmo y sin leyes.
Un canto sin ningún sosiego y que astillaría cualquier lenguaje.
Un canto inatendible sin que el alma se intimide por la sorpresa y se coloree de otro sol.
Un canto más respirado que dicho, más presentido que expresado: son de luces, rayo de acordes.
Un canto sin ansias de música porque sería más melodioso que cualquier otro instrumento conocido.
En mi corazón inmenso, que por días abarca el universo, a este canto, le cuesta quedarse adentro. En los minutos más angustiantes de la vida, este canto querría derramarse de mi corazón demasiado estrecho como el llanto de los ojos de quien se llora a sí mismo. Pero lo rechazo y lo engullo, pues junto a él también la sangre de mi corazón se derramaría con la misma furia voluptuosa. Lo encierro en mí mismo porque no quiero morir aún.
Soy una víctima dulce de este canto divino y homicida. Debo cerrar el corazón como la puerta de una cárcel y sofocar sus latidos sobrehumanos como si fueran remordimientos. Y ser, con toda mi ternura, el hombre feroz al que no se acercan los débiles.
Porque mi canto sería un aterrador canto de amor, y ese amor abrasaría todo lo que toca.
El amor que solo cobija es apenas tibio, pero el verdadero amor en el mismo soplo besa y destruye.
Este amor resplandecería tanto de candente avidez que ese día la tierra iluminaría al sol y la medianoche sería más ardiente que el mediodía más ardiente.
Pero yo no cantaré jamás este canto terrible que me consume sin que nadie tenga compasión de mi tormento.
Yo no cantaré jamás este canto maravilloso del que mi temor reniega y que espanta mi debilidad.
No cantaré este canto porque nadie podría sustentar la infinita, la desgarrante, la dolorosa dulzura.
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domingo, 14 de septiembre de 2014
Homenaje a Claudio Magris
Azimut · Homenaje a Claudio Magris
A pesar de ser aclamado como uno de los más rotundos narradores contemporáneos, de las múltiples ediciones y traducciones de su obra, de la profundidad de sus ensayos, de su exquisita sensibilidad e inteligencia, de su compromiso con la idea de una Europa en la que las fronteras sean “un puente para encontrarse con los demás y no un muro para excluirnos”, a pesar de la enormidad de los prestigiosos galardones recibidos dentro y fuera de su Italia natal y del apoyo de la prensa mundial, el nombre de este triestino nacido en 1939 circula, en nuestro país, entre pocos lectores. No nos proponemos investigar los motivos, sí rendirle homenaje a un erudito y narrador que creemos debe ser reconocido como uno de los más geniales escritores de la actualidad. Compartimos un delicioso fragmento del libro/entrevista que no ha sido aún publicado aquí: Fra il Danubio e il mare (Garzanti, 2001) traducido en exclusividad para La balandra por Luciano Padilla López.“Creo que el único modo de hablar, de contar algo de la experiencia de uno, es hablar de otros. Por eso elegí como lema de mi libro Microcosmos una parábola de Borges. Borges habla de un pintor que describe paisajes –montañas, ríos, árboles– y finalmente se da cuenta de que pintó su autorretrato, y no porque haya deformado con prepotencia subjetiva la realidad, sino porque su ser consiste precisamente en el modo en que él mira la realidad, en que vive la experiencia de los otros. Nuestra identidad es nuestro modo de ver las cosas. Si me pidiesen que hable de mí mismo, instintivamente empezaría a hablar de otras personas: de mis padres, mi compañera de vida, mis hijos, de personas amadas, mis amigos, mis amigas, maestros, de paisajes, lugares, acaso también de animales; desde luego, no de mí; incluso de historias que les sucedieron a otros pero en cierto modo se integran a la mía. Y a partir del modo en que yo hablaría de otras cosas, de otras personas, tal vez pueda entenderse algo de mi capacidad o incapacidad de amar, de mi valentía, de mis miedos, de mis obsesiones, de mis fidelidades, de mis desengaños”.
Claudio Magris, Fra il Danubio e il mare. I luoghi, le cose e le persone da cui nascono i libri, Milán, Garzanti, “Elefanti”, 2001 (Tomado de La Balandra, revista argentina)
domingo, 1 de septiembre de 2013
La luna en el bolsillo
La luna en el bolsillo
“Una noche la luna camina por la calle llevándose a sí misma en el bolsillo. En la cuesta se le desata el lazo del zapato. La luna se inclina para atarse el zapato y se le cae del bolsillo la luna, que echa a rodar veloz por la calle asfaltada y mojada por una lluvia repentina. La luna corre tras la luna, pero la distancia aumenta por la aceleración de la gravedad de la luna que rueda. Y la luna se pierde a sí misma en la niebla azul, allá en el fondo de la cuesta.”
Tarufo Inagachi, de Colección de arena de Italo Calvino
“Una noche la luna camina por la calle llevándose a sí misma en el bolsillo. En la cuesta se le desata el lazo del zapato. La luna se inclina para atarse el zapato y se le cae del bolsillo la luna, que echa a rodar veloz por la calle asfaltada y mojada por una lluvia repentina. La luna corre tras la luna, pero la distancia aumenta por la aceleración de la gravedad de la luna que rueda. Y la luna se pierde a sí misma en la niebla azul, allá en el fondo de la cuesta.”
Tarufo Inagachi, de Colección de arena de Italo Calvino
domingo, 4 de julio de 2010
La casa es el lugar...

De un artículo de Claudio Magris: La aventura más arriesgada, difícil y seductora se lidia en casa; es allí donde nos jugamos la vida, la capacidad o la incapacidad de amar y construir, de tener y dar felicidad, de crecer con valentía o agazaparse en el miedo; es allí donde corremos los mayores riesgos. La casa no es un idilio; es el espacio de de la existencia concreta y por tanto expuesta al conflicto, al malentendido, al error, al avasallamiento y a la hosquedad, al naufragio. Por eso es el lugar central de la vida, con su bien y con su mal; el lugar de la pasión más fuerte, a veces devastadora –por la compañera o el compañero de nuestros días, por los hijos– y que nos cala sin miramientos.
martes, 29 de abril de 2008
Marisa Madieri
Marisa Madieri: escritora secreta y luminosa
Algunas frases del hermoso relato-diario de Marisa Madieri escritora nacida en Fiume1938, actual Rijeka que pertenece a Croacia que vivió durante siete largos años en Trieste en un campo de refugiados llamado Silos.
Algunas frases del hermoso relato-diario de Marisa Madieri escritora nacida en Fiume1938, actual Rijeka que pertenece a Croacia que vivió durante siete largos años en Trieste en un campo de refugiados llamado Silos.
Esposa del escritor Claudio Magris quien inicia el Posfacio de este libro con una frase de Nietzsche: “Somos profundos, volvamos a ser claros”.
Marisa dedicó mucho de su tiempo a una asociación ( Centro de ayuda a la vida) apoyaba a las mujeres embarazadas con problemas, que no querían abortar, pero que estaban sometidas a presiones para interrumpir el embarazo.
De Verde Agua:
“Hay algo bueno en envejecer. Se gana serenidad, conciencia y, al mismo tiempo, humildad. Siervo inútil está escrito en el Evangelio.”
“No es fácil aceptar la propia inadecuación”
“El demonio de su vida (habla de una de sus abuelas), en efecto, fueron el éxito y el poder, a los que idolatró, persiguió y, dentro de sus posibilidades alcanzó.”
“A Valeria se le negaron la alegría y la despreocupación de la infancia”.
Sobre sus hijos:
“Los miro y los encuentro amables y guapos y pienso en el vacó que dejarán en mi casa cuando se vayan. Los miro y me parecen aún indefensos y quisiera poder asumir la carga de dolor que la vida les reserva, a ellos como a todos. De algún modo me siento responsable por su felicidad y me pregunto si han recibido las armas y los instrumentos necesarios para hacer elecciones conscientes, para ser aguerridos en las pruebas, fuertes en las desilusiones, generosos en el éxito, para amar y vivir en el significado.”
“Si la vida de cada uno de nosotros está hecha de largas temporadas en las que nada parece suceder, separadas por imprevistas, desconcertantes fracturas, mi primera temporada terminó bruscamente aquel día de verano con la diáspora de mi familia. La niña que partió de Fiume llegó a Trieste ya adolescente.
“No me gusta el declinar el año, el transcurrir demasiado rápido de las estaciones. Quisiera un tiempo que no pasa, la hora de la persuasión, porque sé que no me espera nada más hermoso que el presente de estar vivo.”
“Llevaba puesto mi único par de zapatos, cuyas suelas se gastaron muy pronto, hasta hacérseles dos grandes agujeros que se notaban cuando el domingo me arrodillaba en la balaustrada del altar para comulgar. A pesar de mis esfuerzos por mantener las planas de los pies pegadas al suelo incluso en esa postura, sentía que esos agujeros negros eran terriblemente visibles y enrojecía impotente porque a mis tíos no me atrevía , y a mamá no podía, pedirles que asumieran el gasto de unos zapatos nuevos.”
“Tenía la aspereza a veces algo estridente de los que han tenido poco.”
“Por doquier la vida se renueva. Es tiempo de mar de Istria y de bosques de Eslovenia”
“Pero no pude hablar a causa de los sollozos que de tan convulsivos casi me ahogaban. Como si el dolor del mundo entero me hubiese caído de golpe sobre los hombros, todas las lágrimas acumuladas durante largo tiempo en el fondo de mi corazón en pequeños y duros cristales se habían disuelto de golpe formando un río impetuoso que me arrastraba. Lloré la muerte de mis abuelos, el encarcelamiento de mi padre, la lejanía de mamá, el exilio y la soledad, la falta de besos, los agujeros de los zapatos, lloré el esfuerzo de crecer y la pena de existir.”
“Reencuentro vivas mis raíces en mis pensamientos y en mis actos. Nada muere nunca del todo.”
“Retomé mi vida de siempre en el internado, hecha de estudio, de obediencia y de sombra. También de resignación, como si al fin hubiera entendido un antiguo secreto, que toda la vida era una larga, paciente espera.”
“La vida, pues, afuera, era grande, bella, dolorosa y sagrada y yo un día la alcanzaría.”
“Me recuerda la sombra con la que debemos convivir. Toda vida contiene la semilla de su destrucción”.
“Durante la misa dominical suelo ponerme cerca de aquella columna, sin ninguna razón particular, sino como homenaje a aquel ritual inconsciente y tranquilizador que nos invita a cada uno de nosotros a buscar lo conocido, a repetir gestos que antes se llevaron a cabo solo por casualidad.”
Sobre la muerte de su madre:
Durante su agonía la velamos por turnos en el hospital. En aquellas arrugas semejantes a las marcas que el mar deja sobre la arena, en aquellas facciones antiguas e irreconocibles, en aquellos cabellos obstinadamente tupidos y vigorosos, veía, como en Siddharta, los surcos de la tierra, la ilusión del tiempo, los ríos, los árboles y las ciudades de mi vida, los caminos que su caridad había trazado, los pétalos blancos de mis violetas de la infancia, el amor tenaz y doloroso que sus besos me habían enseñado.”
Despedida:
"Gran parte de mi historia se hunde en esta dulce oscuridad, similar quizá a aquella, grande y buena, que me acogerá un día en la paz en la que ya habitan mi padre y mi madre. Pero no siento tristeza, sólo gratitud. Si he regresado a Itaca, si en los largos silencios de mi vida han resonado por un instante las notas del vals que los planetas y las estrellas, tan relucientes esta noche, danzan en la odisea de los espacios, siento que debo dar las gracias a una multitud de personas, incluso a las que he olvidado, que al quererme, o simplemente al estar a mi lado, con su presencia fraternal no sólo me han ayudado a vivir sino que son quizá mi vida misma."
Tambien ha escrito"El claro del bosque".
Marisa dedicó mucho de su tiempo a una asociación ( Centro de ayuda a la vida) apoyaba a las mujeres embarazadas con problemas, que no querían abortar, pero que estaban sometidas a presiones para interrumpir el embarazo.
De Verde Agua:
“Hay algo bueno en envejecer. Se gana serenidad, conciencia y, al mismo tiempo, humildad. Siervo inútil está escrito en el Evangelio.”
“No es fácil aceptar la propia inadecuación”
“El demonio de su vida (habla de una de sus abuelas), en efecto, fueron el éxito y el poder, a los que idolatró, persiguió y, dentro de sus posibilidades alcanzó.”
“A Valeria se le negaron la alegría y la despreocupación de la infancia”.
Sobre sus hijos:
“Los miro y los encuentro amables y guapos y pienso en el vacó que dejarán en mi casa cuando se vayan. Los miro y me parecen aún indefensos y quisiera poder asumir la carga de dolor que la vida les reserva, a ellos como a todos. De algún modo me siento responsable por su felicidad y me pregunto si han recibido las armas y los instrumentos necesarios para hacer elecciones conscientes, para ser aguerridos en las pruebas, fuertes en las desilusiones, generosos en el éxito, para amar y vivir en el significado.”
“Si la vida de cada uno de nosotros está hecha de largas temporadas en las que nada parece suceder, separadas por imprevistas, desconcertantes fracturas, mi primera temporada terminó bruscamente aquel día de verano con la diáspora de mi familia. La niña que partió de Fiume llegó a Trieste ya adolescente.
“No me gusta el declinar el año, el transcurrir demasiado rápido de las estaciones. Quisiera un tiempo que no pasa, la hora de la persuasión, porque sé que no me espera nada más hermoso que el presente de estar vivo.”
“Llevaba puesto mi único par de zapatos, cuyas suelas se gastaron muy pronto, hasta hacérseles dos grandes agujeros que se notaban cuando el domingo me arrodillaba en la balaustrada del altar para comulgar. A pesar de mis esfuerzos por mantener las planas de los pies pegadas al suelo incluso en esa postura, sentía que esos agujeros negros eran terriblemente visibles y enrojecía impotente porque a mis tíos no me atrevía , y a mamá no podía, pedirles que asumieran el gasto de unos zapatos nuevos.”
“Tenía la aspereza a veces algo estridente de los que han tenido poco.”
“Por doquier la vida se renueva. Es tiempo de mar de Istria y de bosques de Eslovenia”
“Pero no pude hablar a causa de los sollozos que de tan convulsivos casi me ahogaban. Como si el dolor del mundo entero me hubiese caído de golpe sobre los hombros, todas las lágrimas acumuladas durante largo tiempo en el fondo de mi corazón en pequeños y duros cristales se habían disuelto de golpe formando un río impetuoso que me arrastraba. Lloré la muerte de mis abuelos, el encarcelamiento de mi padre, la lejanía de mamá, el exilio y la soledad, la falta de besos, los agujeros de los zapatos, lloré el esfuerzo de crecer y la pena de existir.”
“Reencuentro vivas mis raíces en mis pensamientos y en mis actos. Nada muere nunca del todo.”
“Retomé mi vida de siempre en el internado, hecha de estudio, de obediencia y de sombra. También de resignación, como si al fin hubiera entendido un antiguo secreto, que toda la vida era una larga, paciente espera.”
“La vida, pues, afuera, era grande, bella, dolorosa y sagrada y yo un día la alcanzaría.”
“Me recuerda la sombra con la que debemos convivir. Toda vida contiene la semilla de su destrucción”.
“Durante la misa dominical suelo ponerme cerca de aquella columna, sin ninguna razón particular, sino como homenaje a aquel ritual inconsciente y tranquilizador que nos invita a cada uno de nosotros a buscar lo conocido, a repetir gestos que antes se llevaron a cabo solo por casualidad.”
Sobre la muerte de su madre:
Durante su agonía la velamos por turnos en el hospital. En aquellas arrugas semejantes a las marcas que el mar deja sobre la arena, en aquellas facciones antiguas e irreconocibles, en aquellos cabellos obstinadamente tupidos y vigorosos, veía, como en Siddharta, los surcos de la tierra, la ilusión del tiempo, los ríos, los árboles y las ciudades de mi vida, los caminos que su caridad había trazado, los pétalos blancos de mis violetas de la infancia, el amor tenaz y doloroso que sus besos me habían enseñado.”
Despedida:
"Gran parte de mi historia se hunde en esta dulce oscuridad, similar quizá a aquella, grande y buena, que me acogerá un día en la paz en la que ya habitan mi padre y mi madre. Pero no siento tristeza, sólo gratitud. Si he regresado a Itaca, si en los largos silencios de mi vida han resonado por un instante las notas del vals que los planetas y las estrellas, tan relucientes esta noche, danzan en la odisea de los espacios, siento que debo dar las gracias a una multitud de personas, incluso a las que he olvidado, que al quererme, o simplemente al estar a mi lado, con su presencia fraternal no sólo me han ayudado a vivir sino que son quizá mi vida misma."
Tambien ha escrito"El claro del bosque".
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