Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
domingo, 3 de mayo de 2015
Una visita a la plaza Xemaa el Fna en Marraquech
domingo, 19 de abril de 2015
El escritor Juan Bonilla entrevistado por Daniel Heredia
Muy buena entrevista a Juan Bonilla , escritor español invitado de lujo al Festival de la palabra. Con ideas claras el autor que yo conocía por "El que apaga la luz" y "El arte del Yo-yo", nos cuenta como se desenvuelve como escritor y periodista. Ganador de la primera edición de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con su obra. "Prohibido entrar sin pantalones".
jueves, 23 de octubre de 2014
Jaime Bayly entrevista a María Kodama viuda de Jorge Luis Borges.
A María Kodama la gente no la quería mucho. No se portó nada bien con Fanny, su empleada y cuidadora, se la sintió dueña de Borges tras su muerte, de todos sus bienes y su legado literario. Ella estuvo muy a la defensiva con los medios y eso aumentó la antipatía que se sentía por ella.
Fui una vez a una conferencia en Buenos Aires y la escuché. Ahora en este video la siento más relajada, más dueña de si misma, con proyectos propios. Me ha gustado y siento que tiene mucho por contarnos sobre Borges. Hace poco Mario Vargas Llosa escribió un artículo comentando lo feliz que se lo veía a Borges al lado de María Kodama. En el Gran hotel Dorá en Maipú al 900, a la hora del té, los vi, Borges y María Kodama sentados a la mesa. Yo no sabía quien era esa joven que resultaría tan importante para él, la mujer de su vida, su compañera de tantos viajes. ¿Por qué no escucharla?
Sobre la polémica María Kodama: http://www.emol.com/noticias/magazine/2011/06/08/486114/maria-kodama-estos-25-anos-sin-borges-han-demostrado-de-que-lado-esta-la-verdad.
El artículo muy entretenido de Mario Vargas Llosa: http://elpais.com/elpais/2014/10/02/opinion/1412263372_960591.html
sábado, 12 de abril de 2014
Mario Vargas Llosa entrevista
jueves, 13 de febrero de 2014
Los niños brujos
Los niños Brujos
Por Mario Vargas Llosa Para LA NACION
En noviembre de 2003, el señor Agbo, guardián de un bloque de edificios municipales de Hackney, un suburbio de Londres donde viven muchos inmigrantes, encontró, encogida en una escalera, tiritando, a una niña de ocho años. Iba descalza, semidesnuda, llena de cicatrices, heridas e hinchazones, y paralizada por el terror. A lo largo de las semanas siguientes, con ayuda de psicólogos y trabajadores sociales, la policía consiguió reconstruir su historia.
La niña, procedente del Congo o de Angola, había sido sometida a torturas sistemáticas los quince meses precedentes, por su madre, su tía Sita Kisanga, y un amigo de ésta, Sebastián Pinto, desde que una noche un hijo pequeño de Sita se despertó llorando y jurando que la niña se le había aparecido en el sueño y amenazado con llevárselo volando de vuelta al Congo. La familia concluyó que la niña estaba poseída por un espíritu maligno, un ndoki, y debía ser exorcizada. La hicieron ayunar tres días y luego procedieron a tratar de expulsar al demonio que la habitaba. La abofeteaban, la azotaban, le frotaban en los ojos ajíes picantes, le punzaron todo el cuerpo y la cara con la punta de un cuchillo, y la tuvieron muchos días encerrada en una bolsa de ropa en la que la amenazaban con tirarla al río o desbarrancarla desde el balcón del edificio. Al final, como el ndoki se resistía a marcharse, la expulsaron del hogar a puntapiés. Los médicos de la policía detectaron cuarenta y tres heridas en el cuerpo de la criatura.
El caso de esta niña, que no puede ser nombrada por razones legales, es apenas la punta de un iceberg. Richard Hoskins, profesor de religiones africanas en el King´s College de Londres, que ha investigado muchos años este tema en el Congo y que asesora a la policía británica en éste y otros cinco casos de exorcismos contra "niños brujos" sometidos a torturas y crueldades en las comunidades de inmigrantes, ha revelado que centenares de niños de origen africano desaparecen cada año en Inglaterra sin que las autoridades consigan averiguar las razones de su desaparición.
En parte por falta de efectivos para efectuar una vigilancia cuidadosa en aquellas comunidades y en parte por prudencia, dada la extrema susceptibilidad que existe en todo lo que concierne a las creencias y costumbres de las minorías étnicas, las autoridades reconocen su impotencia para frenar lo que parece un fenómeno en el que centenares o acaso millares de menores son sometidos en Gran Bretaña a indecibles brutalidades para exorcizarlos de los malos espíritus.
Hace poco más de tres años, se encontró en el Támesis el torso mutilado de un niño africano. El caso Adam originó una investigación en la que, entre otras cosas, la policía descubrió que de 300 niños africanos llegados al aeropuerto londinense de Heathrow en un período de tres meses, sólo dos de ellos pudieron ser localizados. De los 298 restantes no quedaba la menor huella. Por otra parte, varias asociaciones de protección a la infancia han señalado que cada año el número de niños de origen africano que deja de asistir a las escuelas en que están inscritos sin que medie la menor explicación es de varios millares. El profesor Hoskins sostiene que esas desapariciones revelan, además de las prácticas religiosas violentas que pueden terminar en crímenes, la existencia de redes bien establecidas que trafican con menores inmigrantes, vendiéndolos como esclavos domésticos o sexuales.
Contrariamente a lo que a primera vista parecería, que el salvajismo de que hacen gala en las comunidades de inmigrantes los supuestos exorcistas ha sido importado con ellas del Africa, el profesor Hoskins asegura que no es así, que se trata de un fenómeno local, resultante de una perversa aleación de creencias y supersticiones primitivas y del fanatismo con que la miríada de iglesias evangélicas fundamentalistas informales se han implantado en el Reino Unido y reclutan prosélitos entre los inmigrantes.
De hecho, una de las torturadoras de mi historia, Sita Kisanga, pertenecía a una de estas microiglesias evangélicas de su barrio, llamada la Iglesia del Combate Espiritual, que promueve el exorcismo y cuyos pastores son todos exorcistas profesionales. Esta y otras congregaciones parecidas, surgidas de manera informal, como desprendimientos a menudo extravagantes y groseros de las iglesias protestantes tradicionales, para ganar una rápida aceptación entre los inmigrantes han incorporado a las doctrinas cristianas creencias y prácticas como la del ndoki y los rituales exorcistas cuya mezcla, según Hoskins, ha resultado explosiva. Según él, en las distintas comunidades étnicas que ha estudiado en el Congo muy rara vez se ejerce violencia contra los niños, y las ceremonias exorcistas, que abundan, suelen ser benignas.
No sé si esto es ciencia estricta o ciencia matizada por la corrección política, pero, en todo caso, lo que parece cierto es que la manera como esos grupúsculos evangélicos informales que, sin el menor control ni registro del Estado, operan en los barrios marginales de las grandes ciudades europeas, predicando doctrinas fanáticas y delirantes, producen a veces consecuencias tan trágicas como la que se abatió sobre la niña de Hackney.
La globalización es un estado de cosas que funciona en todos los sentidos y en todas las direcciones. Lleva las buenas ideas y los conocimientos más modernos por todos los vericuetos del planeta y, al mismo tiempo, permite que las supersticiones más crueles y estúpidas, y los prejuicios y convicciones más anacrónicas salgan de los pequeños reductos donde sobreviven y vayan a contaminar e infectar sociedades y comunidades humanas que parecían haber dejado atrás la barbarie y avanzado de manera irreversible en la ruta de la civilización.
Siempre que llego a Inglaterra, luego de semanas o meses, siento una gran satisfacción, como si una gran bocanada de aire fresco me aligerara los pulmones. Puede tener mil problemas que resolver y otras tantas cosas que criticarle, pero la sociedad británica sigue siendo, para mí, un modelo de civismo, de racionalidad, de sensatez y pragmatismo político, de un patriotismo sano y no deformado por taras nacionalistas. Es estimulante y grato comprobar que el taxista, la empleada de la tienda, el cajero del banco, el boletero del tren, o el peatón al que uno detiene para averiguar una dirección, en vez de volcar sobre el cliente o despistado preguntón todo su malhumor y su frustración maltratándolo con groserías, son amables, todavía humanos. Rápidamente diré que no conozco ninguna otra gran ciudad en el mundo que me haya parecido, como Londres, estar tan cerca de esa palabra de escurridizo significado: la civilización.
Pues bien, en la más civilizada de las ciudades, vaya usted a saber cuántos niños padecen en estos mismos momentos el mismo martirio que la niña de Hackney y cuántos otros, venidos como ella del Congo, Angola y tantos otros países africanos son prostituidos o vendidos como esclavos por mafias inescrupulosas que, además, gracias a esos tráficos, amasan formidables fortunas. El profesor Hoskins explica que este tráfico se ha visto facilitado por la expansión del sida, que sólo en el Congo ha dejado huérfanos a decenas de miles de niños que viven en las calles de las aldeas o en el bosque y que son presas fáciles de las mafias que, con el pretexto de protegerlos, les fabrican papeles, les procuran padres adoptivos y los traen a Europa, a veces por medios legales y otros ilegales, donde los convierten en mercancías. La barbarie pura en el corazón mismo de la civilización.
¿Tiene un remedio pronto esta pavorosa realidad? En lo inmediato, ninguno, por desgracia. Ni las autoridades están en condiciones de añadir a sus filas los miles de miles de detectives y agentes que se necesitarían para ejercer una vigilancia más estricta en todas las comunidades y hogares que practican el exorcismo de los niños poseídos por el ndoki ni las organizaciones de derechos humanos, protección a la infancia y ayuda al inmigrante cuentan con los medios, ni con la activa colaboración de los vecinos de los barrios marginales, para poner fin en un futuro inmediato a esa plaga secreta.
El remedio, si viene, vendrá en el futuro, dentro del marco de una política de integración del inmigrante que, a la vez que facilite la adaptación de éste a su nuevo ambiente y lo familiarice con los derechos y deberes inherentes a un ciudadano de una sociedad democrática, le proporcione la ayuda indispensable para que esa reconversión cultural se lleve a cabo sin desgarramientos ni traumas. Para que eso llegue a ocurrir, pasarán todavía muchos años.
Y, entretanto, seguirán ocurriendo muchas barbaridades en el seno de la civilizada Londres (léase Europa). La historia de la niña mártir de Hackney ha tenido un final feliz, menos mal. Se ha recuperado de todas sus heridas y ahora rehace su vida en el hogar de unos padres adoptivos que, según la policía, la adoran. Sus tres torturadores, su madre, su tía Sita Kisanga y Sebastián Pinto, que han sido encontrados culpables por el tribunal de Old Bailey que los juzgó, recibirán en estos días unas condenas que los mantendrán algunos años en la cárcel.
¿Debemos alegrarnos de que, al menos esta vez, se haya hecho justicia? La verdad, no hay nada de qué alegrarse. Se ha hecho justicia en la forma, sin duda, pero, en el fondo, no lo creo. Lo probable es que esos tres infelices estén totalmente aturdidos y sin comprender nada de lo que les ocurre. Es evidente que ninguno de los tres quería hacerle el menor daño a la niña que brutalizaron; sus golpes y ferocidades iban dirigidos contra el ndoki que se había instalado en ella, un ser que sin duda los hacía vivir en el terror y envenenaba cada segundo de sus vidas. Ahora, rumbo a los calabozos, debe decirse que el ndoki ya no sólo se ha metido en el cuerpecito de esa criatura, que ahora sus miasmas y ponzoñas impregnan todo lo que los rodea, Londres, Europa, el mundo entero.
domingo, 11 de agosto de 2013
Mambo
Uno de mis cuentos termina con: — "¡1,2, 3, Mambo! Busco en You tube y encuentro este estupendo Mambo que me recuerda a Mario Vargas Llosa, que estaba prohibido por la iglesia y que Dámaso Pérez Prado causó furor en Lima.
(La palabra mambo es usada para denominar un género musical y un baile originario de Cuba. El mambo fue inventado durante los años 30's por Arsenio Rodríguez, 1 desarrollado en la Habana por Cachao y popularizado por Dámaso Pérez Prado , José Curbelo y Benny Moré.) Wikipedia-)
La palabra mambo es de origen africano, de la región del Congo, algunos lo han traducido como "conversación con los dioses", conversación, conocimiento.
Dice Mario Vargas Llosa: "Los carnavales eran el mejor momento del año. Salíamos durante el día a jugar con agua, y, en las tardes, disfrazados de piratas, a los bailes de disfraces. Había tres bailes infantiles a los que no se podía faltar: el del parque de Barranco, el del Terrazas y el del Lawn Tennis. Llevábamos serpentina y chisteguetes de éter y la comparsa del barrio era alegre y numerosa. Para uno de esois carnavales llegó Dámaso Pérez Prado con su orquesta. El mambo, recientísima invención caribeña, hacía furor también en Lima y hasta se había convocado un campeonato nacional de mambo en la plaza de Acho, que el arzobispo, monseñor Guevara, prohibió con amenzaza de excomunión a los participantes. La llegada de Pérez Prado repletó el aeropuerto, y ahí estuve yo también con mi amigos, corriendo detrás del auto descubierto, quellevaba al Hotel Bolívar, saludando a diestra y siniestra, al compositor de El ruletero y del Mambo número cinco. La tía Lala y el tío Juan se reían viéndome, apenas llegaba a la casa de Diego Ferré, los sábados a mediodía, hacer las figuras de los mambos, solo, por las escaleras y los cuartos, en preparación para la fiesta de la noche."
Acá se los dejo:
Y acá El ruletero:
sábado, 23 de marzo de 2013
Toc Toc, una comedia
Una comedia de Laurent Baffie
Fuimos a verla anoche, a pesar de que se daba a la misma hora que el partido de Fútbol Perú Chile, la sala Mario Vargas LLosa de la Biblioteca Nacional de Javier Prado estaba llena de bote en bote, la gente se había pasado la voz de lo graciosa que era y efectivamente el encuentro de seis personas que sufren diferentes Trastornos Obsesivos compulsivos (TOC) en una sala de espera de un famoso médico que promete curarlos, entretiene, enseña y hacer reír.
Como los personajes tienen que esperar varias horas mientras llega el doctor,se conocen, juegan monopolio y luego intentan curarse ellos mismos con sus propios métodos. Al final de la obra tenemos una sorpresa y luego aplaudimos con mucho gusto. Las actuaciones son muy buenas, Alfonso Santistevan, Renzo Schuller, Gianella Neyra, Wendy Ramos, Melania Urbina, Bruno Ascenzo, Melissa Giorgio nos presentan un espectáculo que viene de tener mucha fama en Buenos Aires y se viene presentando en Lima un tiempo considerable. Hay estacionamiento dentro de la biblioteca si se llega temprano.
domingo, 27 de mayo de 2012
sábado, 11 de diciembre de 2010
Juan Cruz nos cuenta sobre nuestro nobel

REPORTAJE: La semana sueca del Nobel
Las travesuras de un Nobel formal
Como un buen premiado, Vargas Llosa cumplió el programa con intensidad y disciplina pese a que tuvo fiebre, se quedó afónico y sufrió una caída
JUAN CRUZ - Estocolmo - 12/12/2010
Mario Vargas Llosa se comportó "como un Nobel excelente", acaso "el mejor que ha tenido la Academia Sueca", como dice su agente, Carmen Balcells, pero "le ha pasado de todo en Estocolmo" por culpa del clima, de las exigencias de los fotógrafos y de sus propias "travesuras". Lo último, "un fiebrón" que lo tumbó en público la noche en que los peruanos le rendían homenaje, el jueves víspera del acto con el rey de Suecia.
Ya no tiene 20 años, dice él mismo, "y por eso me presté a hacer piruetas para una foto que me pidió un retratista sueco. Póngase así, póngase asá, ¡cómo si yo fuera uno de mis nietos! Y, claro, haciendo esas travesuras me caí". Él describe las consecuencias con menos eficacia que su entorno, aunque sea el Nobel. Esa caída le dejó "el culo morado", con un hematoma terrible, como dice la primera gente que le atendió; en todo caso, y esta frase es de su agente, "¡se pegó un culazo de aúpa!".
Ese "culazo" fue lo de menos, pues la hinchazón progresiva de la nalga solo podía vérsele en la intimidad. Lo que le pasó verdaderamente grave a Mario Vargas Llosa, el autor de El hablador, es que perdió la voz, y la perdió por completo, la misma mañana del martes, el día más importante de su actuación como Nobel 2010, cuando tenía que pronunciar un discurso que luego le haría llorar. Él lo comentaba "divertido, porque qué vas a hacer" la mañana del viernes, cuando se le había atenuado la afonía "un poco, pero ves que no puedo hablar, viejo". Estaba más tranquilo porque ese día tan solo tenía que leer un folio, el brindis que convirtió en un cuento en el que él era el protagonista afortunado ganador de un premio que dan en Suecia, "este curioso país".
Pero la afonía fue algo muy serio; ocurrió porque no se cuida, dicen alrededor. El domingo por la noche, cuando llegó de Madrid a Estocolmo, fue recibido por una ola de frío, y aún así insistió en ir caminando hasta el restaurante; posó en la calle para los fotógrafos, y convirtió su regreso al hotel, otra vez, en una especie de peregrinación atlética. Al día siguiente siguió creyendo que tiene 20 años, y de nuevo insistió en desafiar el frío como si fuera un juego de nietos. Total, resfriado, y la voz que se le fue como por un sumidero.
Había que verlo esa mañana. Él es "el hombre más cumplidor del mundo", decía su agente, y dice su edecán vigilante de estos días, Juan Iborra; así que insistió en ir a todas las cosas, en cumplir todos los compromisos, como si hubiera firmado un contrato que le obligara a vivir sometido a las reglas estrictas del Nobel. ¡Y no podía hablar! Esa mañana que comprobó que lo del culo no era nada, lo grave era la voz, empalideció de pronto, agarró por el brazo al edecán que le puso la Academia y emprendieron viaje a un hospital, a que le pincharan.
Ni así. Por la tarde, con la garganta indecisa y el trasero protestando, acometió la tarea que ni soñó cuando la madre lo llamaba Marito o cuando el padre le recriminaba dedicarse a "esas mariconadas" de la literatura: hablar ante la Academia Sueca para agradecer el premio más grande que puede soñar un escritor. Hubo un instante en que se olvidó de la voz y de los dolores que le produjeron las travesuras suyas y del fotógrafo. Y lloró. Ya eso es leyenda.
Lo cierto es que esos dos incidentes marcaron la historia de la semana en la que Mario Vargas Llosa se convirtió en el premio Nobel de Literatura. Desde el primer día, desde aquel 7 de octubre en que Peter Englund, el secretario perpetuo de la institución académica sueca, le contó, entre ruidos eléctricos, que era el Nobel, Vargas Llosa "ha vivido un cuento de hadas". Eso lo dice el hijo Álvaro. Los hijos y los nietos han vivido la misma ensoñación, en la que Patricia ha sido figura principal, la protagonista más directa de lo más importante y grave de su discurso.
Pero vayamos por partes. Los hijos y los nietos lo han vivido como una fiesta, aunque lloraran. El día en que Mario pronunció su discurso esos siete miembros jóvenes de la familia fueron convidados a subir al estrado que luego ocuparía el padre; y allí los tres hijos y los cuatro nietos adolescentes "fuimos Nobeles no oficiales", presentados, además, uno a uno, "ante un inexistente auditorio" por el propio Englund.
Fue una risa que ellos se guardan. El llanto tiene otra historia. Cuando bajó del atril Vargas Llosa, acosado aún por miles de manos que querían tocarlo como si fuera un aparecido, exclamó: "¡Y yo que nunca lloro!". Pocos sabían allí que el Nobel, que jamás miente, "y así me va", dice, riendo, ahí mintió. Ha llorado, poco, pero ha llorado "cuando tocaba". Su gran amigo Fernando de Szyszlo, "con el que jamás he tenido una disensión, desde 1958", explicó después de la cena de los amigos peruanos (120, mal contados), que él vio llorar a Mario las dos veces en que lo ha hecho a lágrima viva.
Una vez fue cuando murió su madre, a la que él adoraba, "la mujer que convirtió mi infancia en un paraíso"; fue hace una década, ella estaba en la clínica San Felipe de Lima, Perú "era la dictadura de Fujimori", y Mario se acercó a la habitación de la que salía su tío Pedro, médico. "Tu madre murió, Mario". Y ahí, aquel que fue Marito para ella y Zavalita para la mitología que él empezó a crear, prorrumpió en un llanto prolongado y tristísimo. Hubo un llanto distinto, como de fin de etapa, de la tristeza que guarda el tiempo para una ocasión así cuando murió su amiga Blanca Varela, hace dos años. La poeta era la ex esposa de Szyszlo y Vargas Llosa la quería con la pasión de un lector fieramente humano. "Y se rompió. Mario llegó, la vio, y se rompió. Mario no pudo más. Era un llanto extrañísimo, el llanto más dramático que he visto en mi vida".
Szyszlo no es un amigo casual; es el amigo de presencia más prolongada en la vida del Nobel de Literatura. Él dice que le quiere desde que lo vio, y por una circunstancia muy particular: Mario tenía 22 años, se iba a Europa, "a hacerse escritor de tiempo completo", y fue a ver al artista, uno de los más importantes, entonces y ahora, de América, un hombre que conoció a Picasso y a Óscar Domínguez, y que, a los 85 años, vive la alegría del Nobel, quizá, como la de un hijo... "Me vino a ver para pedirme un grabado para ilustrar una antología de César Moro... No es común que un joven escritor pida algo para otro escritor, y eso me sorprendió".
Luego han sido cómplices en la vida, en el arte, en la política... Combatieron juntos a Alan García y a Fujimori, y ahora, lo que es la vida, Fujimori está en la cárcel, "por ladrón", y Alan García, presidente de Perú, le ha encargado a Fernando de Szyszlo, a quien todos llaman Gody, ejercer de "ministro plenipotenciario de Perú" para estos actos de Estocolmo. "¡Me ofrecieron incluso un pasaporte de embajador! Pero no lo he ido a recoger".
¿Y qué le mantuvo cerca de Mario, y viceversa, durante tanto tiempo? Szyszlo: "Su inocencia, su entusiasmo. Su generosidad". Vargas: "La lealtad. Nunca hemos tenido ninguna sombra. Nos adivinamos el pensamiento, y jamás nos ha desunido nada".
Una amistad muy especial. Le pregunté a Gody qué se siente ante la alegría de un amigo. ¿Rejuvenece? "No. Nunca había notado tanto que tenía 85 años como ahora. Ya mi vida es solo presente. Y Mario ahora inaugura otro futuro".
Mario está feliz, su hijo Álvaro lo define bien: "Vive un cuento de hadas. Lo vivimos con él". Se "acojonó", dice el propio Nobel, al ver que "mi cuerpo mandaba mensajes tan evidentes de que ya estaba definitivamente cumpliendo la edad que tengo. Ese fiebrón que me entró la noche del homenaje que me hicieron los peruanos fue una señal. Se acabó, el cuerpo avisa". Pero acá está, muy feliz. Le hizo mucha gracia que se publicara ese dibujo en un periódico peruano en el que aparece declarando su amor a Perú: "Llevo a Perú en las entrañas". Y Fujimori, cuyo personaje dice: "¡Y yo me lo llevé en 12 maletas a Japón!".
Ríe a carcajadas; ha leído algunos ataques que ha recibido en España. "¡Dicen que Bush habla por mi boca! Agradezco que me ataquen, han dicho tantas cosas buenas de mí que parece que me van a convertir en una estatua. ¡Esas críticas y Patricia son las cosas que me jalan hacia abajo, lo que me quita la tentación de la vanidad! Me recuerdan que estoy vivo!".
-Por cierto, Patricia, ¿sigue usted creyendo que su marido solo sirve para escribir?
-¡Clarísimo! Si yo te contara: le dejé solo en un viaje reciente a Italia. Miró el billete, se fijó en la hora de su llegada a Madrid, y no en la hora de su salida, ¡y no sabía cómo regresar de Italia! ¡Un incompetente total!
domingo, 7 de noviembre de 2010
Casement, personaje de Sueño del Celta

Todavía no he leído "El sueño del Celta", más bien estoy leyendo "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad que dio pie a Mario Vargas Llosa para crear esta novela que está calificada por la crítica como excepcional.
Se nos dice:
El sueño del celta está basado en la historia real de un diplomático británico del siglo XIX, Robert Casement —una suerte de héroe, un visionario y un luchador social—, quien fue uno de los primeros europeos en denunciar los horrores del colonialismo cuyos informes sobre la barbarie y de los “civilizados” colonizadores en Africa y América ayudaron a las campañas de concienciación anticolonialistas en el continente europeo. En palabras de Vargas Llosa, Casement “tuvo una vida muy aventurera y realmente novelesca”. El autor dedicó tres años a reconstruir la vida de este defensor de los derechos humanos, que fue diplomático británico y que acabó militando activamente en la causa del nacionalismo irlandés.
De Casement: "una vez más se dijo que su vida había sido una contradicción permanente, una sucesión de confusiones y enredos truculentos donde la verdad de sus intenciones y comportamientos quedaba siempre, por obra del azar o pura torpeza, oscurecida, distorsionada, trastocada en mentira". Del sueño del Celta de Mario vargas Llosa.
La aventura que narra esta novela empieza en el Congo en 1903 y termina en una cárcel de Londres, una mañana de 1916. Aquí se cuenta la peripecia vital de un hombre de leyenda: el irlandés Roger Casement. Héroe y villano, traidor y libertario, moral e inmoral, su figura múltiple se apaga y renace tras su muerte. Casement fue uno de los primeros europeos en denunciar los horrores del colonialismo con argumentos
jueves, 7 de octubre de 2010
Leer a nuestro premio nobel
Sábado: Acabo de escuchar una conversación de Mario en radio programas con amigos peruanos. Se lo escucha realmente feliz a Mario, encantador, bromeando sobre la semana que le espera en Estocolmo, te exprimen como un limón, dice riéndose; haciendo referencias de sus amigos Luis Loayza, y rindiendo homenaje a Sebastián Salazar Bondy al cual le agradece la ayuda que le dió hace ya tantos años. Tambien conversó con su editora Carmen Balcells a la que le preguntó: ¿Cómo has hecho para que me den el nobel? Sabía de tus artes pero no que llegasen a tanto. Otra vez risas. Y su alegría se hace nuestra.

Es un momento para resumir. ¿Qué ha sido su escritura, qué será ahora? "Mi escritura", dice Vargas Llosa, "es mi vida, es lo que soy. Soy la literatura que he hecho. Toda, y el periodismo también. Con respecto al futuro, voy a hacer todo lo posible para que la vida no cambie. Esta es una inyección de entusiasmo; pero mi vida no va a cambiar. Seguiré teniendo iniciativas, posiciones; esa libertad que ejercito seguirá siendo mi libertad como escritor, como periodista y como ciudadano. Siempre tendré los mismos compromisos; ahora, además, habrá más obligaciones, que someteré al orden que siempre me ha dado la escritura, mi trabajo". Extracto de una entrevista de Juan Cruz para el diario El País.
"La literatura", terminó Mario Vargas Llosa, "es mi manera de vivir, como decía Flaubert. No tendré otra, con sus sumas y sus restas, esa es la felicidad de mi vida. La literatura me ha dado lo mejor que tengo; los amigos, las experiencias. La entraña de mi vocación no es otra que la literatura, y de ella sale todo lo que soy y todo lo que tengo. Es lo mejor que me ha pasado".
Razones pare leer a Vargas Llosa , de la revista El Cultural.
Siempre vale la pena leer a Vargas Llosa, incluidos sus artículos con los que muchos no estamos de acuerdo y en los que es imposible dejar de reconocer su inteligencia, rigor y claridad. Siempre vale la pena leer a Vargas Llosa, porque su pulso narrativo apenas tiene parangón, porque en su obra la complejidad formal, la reflexión histórica y el sentido del humor se conjugan admirablemente, y por muchos otros motivos que incluyen, por supuesto, el placer de discrepar de él. Andrés Neuman
La razón principal para leer a Mario Vargas Llosa es la delicia que significa leerlo, simplemente. La prosa de Vargas Llosa destila lo que yo llamaría conocimiento placentero o lo que es lo mismo, belleza. Pero esa belleza en Vargas Llosa se acrecienta con su estilo, que es inteligente. La estructura de su lenguaje es firme y precisa. Todo ello hace que transmita el mensaje con “seguridad” y de una manera única creando la sensacion de un tiempo placentero. Me encantaría hablar con él sobre Neuroestética o neuroarte. Francisco Mora
El conjunto de la obra narrativa de Vargas Llosa es, aplicándole lo que dijo él a propósito de Flaubert, una orgía perpetua. Su nómina de novelas magistrales es asombrosa. Algunos dirán que ninguna de sus novelas ha brillado a la altura de Paradiso o Cien años de soledad, pero hay algo en lo que nadie lo supera y es que cada década vuelve a escribir una obra maestra. Lleva medio siglo haciéndolo. Después de cumplir setenta años, nos dará alguna más, estoy seguro. Eduardo Lago
Por placer. Esa es mi razón. Porque más allá de su valentía; de su capacidad para levantar banderas; de su lenguaje maravilloso, preciso y soñador; de sus historias fabulosas; de su capacidad para meter el dedo en la llaga; de su libertad de espíritu; de su pasión incontralada, de su profundidad, de su hermosura... leer a Vargas Llosa me produce placer. Alberto Anaut
Pocos artistas poseen la pasión y la lucidez de Vargas Llosa. Uno puede estar en desacuerdo con sus puntos de vista, pero jamás quedará decepcionado frente a su ardor y su brillante intransigencia. En una época dominada por la fatuidad y el espectáculo, sigue siendo uno de los grandes defensores de la libertad crítica. Jorge Volpi
Porque es un autor innovador en la forma y valiente en los contenidos, y nos permite conocer la realidad peruana desde una perspectiva de privilegio: la de un artista que al hablar de la corrupcion y excesos de poder de su pais defiende la integridad intelectual y rechaza la retorica vacia. Uno puede estar de acuerdo o no con sus opiniones políticas, pero es indudable que son fruto de una ética meditada y consciente. Es un clásico en su tiempo. Enrique Marty
Hay que leer a Vargas Llosa por una razón muy simple: es el mejor escritor vivo que hay ahora mismo en lengua española. El más amplio, el más completo, el más poderoso. Rosa Montero.
Llegué tarde a la obra de Vargas Llosa. Fué en Nueva York a principios de los 80, cuando participé con Intar - un centro teatral off - off Broadway - en la adaptación a la escena de La señorita de Tacna al inglés. La obra fué un éxito y era extraordinario ver cómo el público neoyorquino hacía suya una historia que sucedía en un remoto lugar y en un ambienteque poco tenía que ver con el de Nueva York. Esta puede ser una buena razón para aventurarse en el riquísimo universo de Vargas Llosa. Guillermo de Osma
En la obra de Vargas Llosa están presentes los cuatro elementos, pero creo que el dominante es el agua. Es una escritura que va fecundando la historia a medida que avanza. Esa escritura tiene brillo y profundidad, es vigorosa y sensual, y se mueve con valentía y juicio. Es una literatura sentipensante. Te agita. Te hace sentir libre, en un hogar nómada, donde puedes vivir a contracorriente. Manuel Rivas
Le conocí antes de dirigir su obra Pantaleón y las visitadoras, pero durante los ensayos tuvismo ocasión de profundizar en nuestra amistad. Aparte de ser una persona encantadora y generosa, me parece un novelista impresionante, si no el más grande del momento. Un hombre de una gran cultura que se desparrama en todo lo que escribe y que tiene talento para cualquier género literario. Domina el idioma de un modo magistral y esta muy integrado en las costumbres hispanas y la prueba es su enorme afición al mundo de los toros. Gustavo Pérez Puig
La más importante se llama placer de leer, y cada vez que abro uno de sus libros siempre jóvenes regreso a ese placer desbordante de mi adolescencia, cuando La Ciudad y los perros era el libro que descubríamos llenos de asombro, porque hablaba de nosotros. Vargas Llosa fue un cómplice, un amigo escritor cuyas obras iban de mano en mano, de café en café, y al que mi generación debe las conversaciones literarias más animadas. Tenemos una gran deuda con él, y al placer de leer y volver a leer sus novelas, se agrega el de desearle un Feliz Cumpleaños y larga vida, porque aún nos debe muchísimas novelas. Luis Sepúlveda
Además de una vieja amistad, Mario Vargas Llosa y yo compartimos el calendario: ¡los dos acabamos de cumplir setenta! él mismo ha escrito que las buenas historias “aumentan nuestra vida” y nos “descubren los alcances de la libertad”. Y así son sus libros. Su lectura nos dan ánimo para esas empresas en las que el ser humano tiene que dar lo mejor de sí mismo. Paloma O ' Shea
Leer buenas novelas nos brinda una posibilidad inestimable: la de multiplicar nuestra alma y experimentar sentimientos e ideas que sin ellas nos estarían vedadas. Pocos autores actuales nos garantizan este privilegio de modo tan seguro e inteligente como Mario Vargas Llosa. Su obra es ya una nueva Comedia Humana de nuestra modernidad. Si hubiera que resumir su arte en una palabra, yo elegiría: cautivador. Aunque en este caso lo que nos cautiva es lo mismo que nos hace más libres. Fernando Savater
Vargas Llosa es un maravilloso novelista. De él se puede decir que es capaz de conmovernos con las historias que inventa, de hacernos con ellas más conscientes, de una forma primitiva, inmediata, de nuestra compleja y a menudo dolorosa condición humana. Pero también se debe decir de él que es un intelectual, en el más noble sentido de la palabra, entre los narradores; que leyendo no sólo sus ensayos sino también sus novelas aprendemos a conocer mejor el mundo y su historia, algo que constituye la mejor formación para soportar el presente y afrontar el futuro. Pocos son los narradores que poseen semejante don, el de cabalgar con igual gracia entre lo imaginado y lo real. José Manuel Sánchez-Ron
Afirmaba Henry James que la única obligación que se puede exigir cabalmente a una novela es que cuente cosas interesantes, y Vargas Llosa nunca ha defraudado en este terreno. El regreso a la más pura narratividad es una de las claves de su éxito, pero esto no significa facilidad acomodaticia en lo tocante a la estructuración del discurso novelístico, sino una propuesta que reclama del lector una actitud cooperante. Su técnica narrativa es rica en insólitos recursos para activar la respuesta cómplice de los que lo leemos, y nuestra recompensa nace de su capacidad para fundir realidad y fantasía. Darío Villanueva.
De la entrevista:
Degradados por la codicia -¿Dónde se ha quedado su optimismo respecto al progreso del mundo?
-En el sentido material, sí, pero lo que va a colapsar es lo otro, los valores, los principios, la cultura, la ética, que están en absoluta decadencia. Piensa en la corrupción mostruosa que está detrás de la crisis que vivimos hoy. Esa crisis no es una crisis, digamos, puramente financiera. Detrás de la conducta de los grandes banqueros, de los grandes empresarios, hay una moral degradada, profundamente depravada por la codicia. Y esa es una forma terrible de incultura . De eso hablaban todos los grandes pensadores liberales, desde Adam Smith hasta Hayek o Popper. Decían: la libertad, que es el gran instrumento del progreso, si no viene sólidamente fundada, sostenida, por una espiritualidad y una cultura rica, creativa, crítica, en constante renovación, puede llevarnos al abismo. Es exactamente lo que está ocurriendo con la cultura. El progreso moderno es un progreso tecnológico, material, pero el otro se ha degradado a unos extremos...
domingo, 20 de septiembre de 2009
Los ojos del bosque
Recorrer la célebre creación de Agustín Ibarrola, en el valle de Oma, proporciona una aventura cultural, espiritual y artística. Propia del País Vasco, una de las regiones más cultas de Europa
MARIO VARGAS LLOSA 02/12/2007
Para los cazadores, caminantes o extraviados forasteros que recorrían las boscosas colinas y montañas que cercan al valle de Oma, en los alrededores de Guernica, en el País Vasco, debió ser una menuda sorpresa, en los años ochenta, encontrarse de pronto, entre los altos pinos de una cumbre y sus laderas, a un hombre de boina inevitable, menudo, nervioso y de ojos incandescentes, yendo y viniendo entre el barro y la hojarasca, observando y como midiendo o interrogando el espacio entrecortado por gruesos troncos o, encaramado en lo alto de una escalerilla tarzanesca de ramas y de lianas, sumido en una profunda meditación.
Los trazos de Ibarrola en los árboles del bosque son un llamado y una respuesta
¿Cómo es posible que el País Vasco genere tantas cosas bellas y aberraciones como ETA?
Para entonces, Agustín Ibarrola había dejado ya atrás los cincuenta años, pero cada vez que trepaba a aquel monte -y lo hacía muchas veces, incluso a diario, con sol o con lluvia, de mañana, de tarde y hasta de noche, temblando pero decidido a vivir de cerca, como un indefenso primitivo, la impresión del aguacero, los truenos y los rayos en medio de la soledad y los árboles- recuperaba su juventud y su infancia y volvía a vivir una experiencia que había marcado su memoria acaso con más fuerza que ninguna otra, incluida la de los años que pasó en la cárcel por su militancia antifranquista: la visita a las cuevas vecinas de Santimamiñe y las pinturas rupestres que atestiguan la existencia de comunidades humanas en la región hace veinte mil años. Es una impresión que, descrita por él, produce cierto escalofrío, porque tiene, por encima del entusiasmo estético, algo de revelación mística o de viaje iniciático, de reencuentro mágico con los ancestros que, en los albores de la prehistoria, pintaban palotes, animales y símbolos en las rocas para expresar su indefensión, sus ilusiones y su terror. En sus peregrinaciones cotidianas, a lo largo de años, a aquellos pinares del valle de Oma, Agustín Ibarrola hacía algo más que compenetrarse en cuerpo y alma con el paisaje de su tierra y buscar en la naturaleza una fuente de inspiración para su arte: retomar el contacto aquel, ese milagroso diálogo celebrado aquella vez en las cuevas de Santimamiñe con los milenarios pobladores de la región que vivían no en la historia sino en el mito, no todavía en la razón y el conocimiento sino en el instinto y el pálpito, la magia y la adivinación.
De todo ello da testimonio feliz ese Bosque de Oma que figura entre las más célebres realizaciones de Agustín Ibarrola.

Algunos lo llaman el "bosque pintado", equivocación garrafal porque esa denominación sugiere que el artista ha utilizado los árboles del pinar como una tela o una madera, una simple base para levantar sobre ella un mundo propio. Lo que allí ha conseguido realizar es más bien lo contrario: a través de una delicada y amorosa aproximación, valiéndose de unos pinceles y colores que acarician y convocan en vez de añadir, sacar a la superficie de aquellos troncos y cortezas lo que de un modo difícil de racionalizar, pero no de sentir, estaba ya implícito en ellos, una escondida espiritualidad, una esencia. Esos trazos son un llamado y una respuesta. Por eso, recorriendo este bosque, nos sentimos vistos y observados, como si los ojos que Ibarrola ha delineado sólo hubieran puesto en evidencia esos sentidos avizores, acerados, curiosos e impertinentes de sus pobladores. Esos árboles hablan, se animan, viven, lanzan mensajes, y, por supuesto, como anhelaba quien los sometió a aquella ceremonia encantatoria, nos relacionan con la lejanísima humanidad que en aquellos tiempos no se había desprendido aún del todo de la naturaleza, unos hombres y mujeres que apenas empezaban a entenderse entre ellos con gruñidos y gestos y estaban todavía más cerca del mono, el oso, el río y el árbol de lo que hoy llamamos seres humanos.
Recorrer el bosque encantado de Oma es una aventura cultural y espiritual a la vez que artística, un retorno inquietante a los orígenes de la civilización y una exploración de esa vida primaria que también alienta en nosotros por debajo de todas las capas de conocimientos, ideas, creencias, convicciones e instituciones con las que el progreso y la historia han ido vistiendo al hombre contemporáneo. Aquí, entre estos pinos, por unas horas, recobramos la desnudez primitiva, sensaciones e imágenes que debieron acompañar también a aquellos hermanos del taparrabo y el garrote cuando tronaba el cielo y unas víboras de fuego bajaban de las nubes a incendiar el bosque. Ibarrola ha conseguido con esos trazos de colores convertir a ese monte en un caleidoscopio histórico, en el que presente y pasado se confunden como una unidad indisoluble, queda abolido el tiempo y por un instante nos sobrecoge de pavor esa palabra terrible: eternidad.
Llamarlo bosque encantado sí le va de maravilla. Porque no encierra uno sino muchos espectáculos, según la perspectiva desde la cual se lo observe. Uno de sus encantos es advertir que todo lo que vemos -que creíamos ver- va transformándose y moviéndose con nosotros, cambiando de faz y de significado a medida que lo miramos de frente o al sesgo o por detrás. Lo importante es saber que los colores, las manchas y las rayas representan siempre conjuntos, unidades gregarias, como en la época de los tótems, cuando el individuo aún no existía y era sólo una pieza de la tribu. Vistos así, como unidades colectivas, despliegan mejor su gracia y fantasía: las bandadas de aves que lo cruzan, las formaciones de guerreros o cazadores que se aprestan a actuar, el estremecimiento del rayo, la fraternidad del arco iris. Por supuesto que hay otras lecturas, las que, por ejemplo, da el propio Ibarrola: el homenaje a la Mezquita de Córdoba y su bosque de columnas, los diseños geométricos que recuerdan a Malevich. Una obra artística lograda genera innumerables evocaciones, según las épocas, las culturas y las personas. A mí, los árboles del Bosque de Oma me llevaron a las grandes llanuras amazónicas, a las aldeas aguarunas y huambisas del Alto Marañón, a un pueblecito de los shapras donde vi al perro de un enemigo de la tribu encarcelado y vigilado en tanto que su dueño discurría libre y sin molestias entre sus captores. Y al museo de Rotterdam donde estuve toda una tarde perdido en la selva de planos y ángulos del universo pesadillesco de Piet Mondrian y su helada recusación de la civilización industrial.
He venido este fin de semana al País Vasco para asistir a una representación de Aída, en Bilbao, dentro del marco del ambicioso proyecto "Tutto Verdi", concebido por la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera, atizado por el crítico Juan Ángel Vela del Campo (otro bilbaíno de pro) y apoyado con entusiasmo por el Ayuntamiento y la sociedad civil de la ciudad, que consiste en montar, a lo largo de quince años, toda la obra operística del compositor italiano, además de ciclos de conferencias, exposiciones, charlas y publicaciones. Ni en su país ni en parte alguna se va a celebrar con tanta inteligencia, buen gusto y generosidad a uno de los grandes creadores de nuestro tiempo. Casi todas las veces que he venido al País Vasco -y han sido muchas- mi visita ha sido inducida, como ésta, por un motivo de alta civilización. Para mí, esta región de España es una de las más cultas y artísticas de Europa. Me lo repito cada vez que vengo y gozo en sus museos por los que desfila la vanguardia y la pos vanguardia del planeta, y en sus festivales de cine, de jazz, de danza, de música clásica o moderna donde se puede ver y oír lo mejor de lo mejor, o en sus exquisitos restaurantes donde se degustan manjares que atraen a los golosos de medio mundo. Y cada vez he podido charlar y gozar con gente refinada, hospitalaria y cosmopolita a más no poder, enamorada de las ideas y de las artes y los libros, que, como en este almuerzo en el caserío de Agustín y Mari-luz Ibarrola, rodeados de sus hijos -uno de ellos, José, también pintor- y nietos, me han hecho sentir que, contra todas las apariencias, el mundo es bueno y sano y la vida vale la pena de ser vivida.
Y cada vez me pregunto, apenas subo al coche que me regresa a Madrid y que pronto comenzará a escalar los montes arbolados hacia la meseta castellana: "¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que este admirable, hermoso, cultivado país, el de Chillida, el de Ibarrola, el de Unamuno, el de Baroja, el de Savater, el de Jon Juaristi, el del "Tutto Verdi", el del Bosque de Oma, sea también ciudadela del nacionalismo, la más anacrónica y oscurantista ideología de nuestro tiempo? ¿Y cómo explicarse que a la vez que produce tantas cosas bellas y sensatas, genere aberraciones horribles como esos comandos terroristas de ETA, que matan, ponen bombas y siembran odio y miedo a su alrededor, y que han atacado ya en varias oportunidades el Bosque Encantado destruyendo con hachas decenas de pinos y pintarrajeando centenares de otros con espumarajos retóricos que piden la muerte para su creador?". No tiene explicación plausible. Es uno de esos pavorosos enigmas que Georges Bataille señaló tan bien cuando dijo que en el ser humano los peores antagonismos se conjugan y funden.
sábado, 15 de agosto de 2009
Fotógrafo de escritores: Daniel Mordzinski

Daniel Mordzinski, fotógrafo argentino que vieve en París comenzó su carrera tomando fotos de vagabundos y luego continuó con los escritores famosos.
Dice Mordzinski que se hizo fotógrafo por amor a la literatura. En el tiempo que fue corresponsal en Israel aplicó parte del tiempo para obtener un grado en literatura y arte. ¿Por qué? "Porque la literatura es un puente extraordinario para entender lo de aquí y lo de allá". Palabra de fotógrafo. Susana Reinoso



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