Mostrando entradas con la etiqueta El organillero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El organillero. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de diciembre de 2017

El organillero

Una de nuestras alegrías de la infancia, escuchar la llegada del organillero, salir a la calle corriendo, verlo dándole a la manizuela mientras el mono salta, va y vuelve, lleva un sombrerito de paja, a veces un chaleco, te enseña los dientes, se te queda mirando y tu mueres por hacerle una caricia, que te lo dejen cargar, se rasca una pulga, levanta la cola, la enreda, te da la espalda, mientras el organillero recibe tu moneda, abre el cajoncito y el monito saca un papelito rosado de niña, en donde la suerte te dice que serás feliz,muy feliz. Después de pedirle un rato, el organillero te deja que le des la mano, y esos deditos largos y nerviosos se dejan tocar por ti y tu sonríes de dicha.

martes, 23 de febrero de 2016

El organillero




Venía muy de tarde en tarde, escuchábamos su música y salíamos a la calle en ese instante.

 ¡El organillero! gritábamos y corríamos con un sol en la mano para comprarle la suerte. Eran monos amaestrados vestidos con saco y sombrerito

 que se movían al ritmo de la manizuela. A veces el organillero te dejaba

 tocarle la mano, pequeñita, extraña, negra de uñas largas y luego le dábamos el sol que entregaba dócil a su dueño. Revolvía entre los papeles de diferentes colores que tenían escrito el porvenir y obedeciendo la voz de su amo, escogía uno rosado:

 —Para una niña.

 —Todo será felicidad, —decía, —viajará a países lejanos, tendrá una hermosa familia.



¡Cómo fuese la felicidad tan fácil de encontrar en este tiempo!

 Bastaba con el organillero, la música, el mono y el futuro

 comprimido en un papelito rosado.  Cecilia Bustamante de Roggero