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domingo, 12 de julio de 2015

El fantasma de la madre de una escritora.

Milena Busquets  escribe en el diario El País

A partir de cierta edad y de unos cuantos muertos, lo único que hacemos es huir de los fantasmas. Primero tuve que convencerme de que mi madre no se había convertido en uno. Durante unos días, estuve (secretamente) convencida de que un gato negro que había visto desde la ventana, un día que me levanté a beber agua a las cuatro de la madrugada, era su reencarnación. El gato estaba inmóvil debajo de una farola y me miraba fijamente. Finalmente llegué a la conclusión de que no debía de ser mi madre porque:

1. Nosotros somos una familia de perros de toda la vida. Una vez, yo, como acto de rebeldía, recogí a un gato abandonado y, al cabo de pocos meses se tiró, literalmente, por el balcón (no se mató, pero nuestra relación ya no volvió a ser la misma, ahora vive con mi ex. La unión hace la fuerza). Mi madre, después de llorar un rato, por si acaso se había muerto el gato, me dijo: “¿Ves como no se puede tener gatos?”.

2. El gato no regresó. A la noche siguiente, me puse el despertador a las cuatro y estuve esperando, mirando por la ventana, pero no vino nadie. A las cinco volví a la cama. Mi madre tenía muchos defectos, pero la impuntualidad no era uno de ellos.

La segunda señal inequívoca que tuve de que no se había convertido en un ente sobrenatural fue un día mientras charlábamos (imaginariamente, claro). Yo me lamentaba de echarla de menos y ella me decía que me dejase de tonterías, que la vida me iba muy bien y que era de pésima educación ser tan desagradecida. Al final me dijo: “¿Qué más quieres?”. Y yo: “No sé, algo”.

Y justo en ese momento exacto, recibí un mensaje de un tío que no es que me gustara muchísimo, pero bueno, y pensé: “¡Ah! Esto sí que es una señal, me está diciendo que este tío, a pesar de tener las manos pequeñas y de ser un pelín cursi, es el hombre de mi vida”.

Entonces le respondí con gran entusiasmo (no del modo despectivo habitual) y nunca más me volvió a decir nada, ni una palabra. Y aunque todos en mi familia tenemos una cierta propensión al sadismo en las relaciones (resultado, creo, de ver tantas películas de Ingmar Bergman), mi madre nunca me hubiese lanzado a los brazos de un hombre cursi. La crueldad tiene un límite.

En fin, me voy corriendo a recoger a mi hijo a clase de ukelele. Este verano vamos a hacer cosas útiles, nada de perder el tiempo como cada año.
 

 

 

domingo, 5 de julio de 2015

Lo que puede dar la madre


Hacer una lista de aquello que hemos recibido de nuestra madre implica un reconocimiento a esa mujer que aparte de habernos dado la vida nos ha dado una manera de vivir, el gusto por ciertas cosas, una modo de asir la felicidad y otro para reaccionar ante los grandes momentos. Milena Busquets hace su propia lista despertando en nosotros sus lectores, admiración por esa mujer que tanta falta le hace porque acaba de morir.
 


"Me diste el amor al arte, a los libros, a los museos, al ballet, la generosidad absoluta con el dinero, los grandes gestos en los momentos adecuados, el rigor en los actos y en las palabras. La falta total de sentido de la culpa, y la libertad, y la responsabilidad que conlleva.

También me regalaste la risa loca, la alegría de vivir, la entrega absoluta, la afición a todos los juegos, el desprecio de todo lo que hacía la vida más pequeña e irrespirable: la mezquindad, la falta de lealtad, la evidia, el miedo, la estupidez, la crueldad obre todo. Y el sentido de la justicia. La rebeldía.

La conciencia fulgurante de la felicidad en esos instantes el los que uno la tiene en la mano y antes de que eche a volar de nuevo."  Extracto de la Novela: "También esto pasará" De la escritora española Milena Busquets




view-source:http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-entrevista-milena-busquets-tambien-esto-pasara/3081592/

Milena Busquets responde

                       

Muy buena entrevista a Milena Busquets joven escritora española    



http:// www.rtve.es/drmn/embed/video/3081592

"  

Esto tambien pasara




Milena Busquets, joven escritora española da título a su novela haciendo referencia a este antiguo relato:
También esto pasará. En la novela le escribe a su madre Esther Tusquets que acaba de morir, dejándola desolada.


Una antigua leyenda cuenta que un famoso rey decidió reunir a sus principales sabios y eruditos en un conclave para solicitarles un favor.

"Acabo de traer un gran anillo de mi última conquista" dijo el monarca; "es muy valioso y además me da la posibilidad que puedo guardar algo más valioso aun, en su interior. Necesito que ustedes, al final del día, me den una frase que sea lo más sabio que ningún mortal haya escuchado jamás. Quiero que arriben a una conclusión de sabiduría y luego lo escriban en un papel diminuto. Luego, yo guardare esa frase en mi anillo. Y si algún día, el infortunio permitiera que me encuentre en medio de una crisis muy profunda, abriré mi anillo y estoy seguro que esa frase me ayudara en el peor momento de mi vida".

Así que los sabios pasaron el resto del día debatiendo cual sería esa frase que resumiría toda la sabiduría que ningún humano había oído jamás.

Cuando cayó la noche, uno de los eruditos del reino, en representación de todos los demás, se acerco al rey con una frase escrita en un pequeño papel.
"Aquí esta, su Majestad. Solo tiene que guardarlo en su anillo y leerlo en caso que una gran crisis golpee su vida y su reino".

El monarca guardo el papel en su anillo y se olvido del tema.

A los pocos años, el reino era saqueado por los enemigos y el palacio reducido a escombros. El rey logro escapar entre las sombras y se oculto entre unas rocas, en las afueras de su devastada corte. Allí, observando un precipicio, considero la posibilidad de quitarse la vida arrojándose al vacío, antes de caer en manos enemigas. Fue cuando recordó que aún conservaba el anillo, decidió abrirlo, desenrosco el diminuto papel y leyó, “Esto también pasara”. El rey sonrió en silencio, y cobro ánimo para ocultarse en una cueva, en medio de la oscuridad, hasta que ya no corriera peligro.

La leyenda dice que veinte años después, el rey había recuperado todo su esplendor, a fuerza de nuevas batallas y conquistas. El trago amargo había quedado atrás, y ahora regresaba triunfante de la guerra, en medio de vítores y palmas de una multitud que no dejaba de ovacionarlo. Uno de los antiguos sabios que caminaba al lado del carruaje real, ya anciano, le susurro al rey, "Su majestad, creo que hoy también debería volver a mirar el interior de su anillo".

"¿Ahora?"

"Para que habría de hacerlo? No estoy en medio de una crisis, sino todo lo contrario", replico el rey.

"Es que esa frase no solo fue escrita para los momentos difíciles, sino también para cuando crea que todo lo bueno pareciera que ha de perdurar por la eternidad".

El rey, en medio de los aplausos, abrió el anillo y volvió a leer, “Esto también pasara”, y descubrió en ese mismo instante, que sentía la misma paz que tuvo cuando estaba a punto de quitarse la vida. El mismo sosiego, la misma mesura lo invadió por completo. Aquel día descubrió que la frase que los sabios le habían entregado era para leerla en las derrotas y por sobre todo, en los tiempos de victoria.