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domingo, 14 de junio de 2015

Isla un poema de Virgilio Piñera


Virgilio Piñera
 
 
 

ISLA

Estoy inundado de felicidad,
pero nada de aspavientos;
aunque estoy a punto de renacer
no por ello lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido.
No, sólo que me tocó en suerte,
y lo acepto porque amén de que no está en mi mano
negarme, sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Pues el caso es que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
voy a convertirme en una isla,
una isla como suelen ser las islas;
no es el caso andar ahora con precisones geográficas,
baste saber que me convertiré en una isla como todas las islas...
No, nada de sorpresas...
Ya se me ha anunciado que a esa hora
mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
que, poco a poco, igual que un andante chopiano,
empezarán a salirme árboles en los brazos
y rosas en los ojos, y arena en el pecho,
y que en la boca las piedras morirán
para que el viento pueda ulular cuanto desee.
Después me tenderé como suelen hacer las islas,
mirando fijamente el horizonte,
también veré salir el sol y la luna
y así, lejos ya de la inquietud
diré muy bajito:
¿Así que era verdad?
 

 

domingo, 3 de noviembre de 2013

Isla

ISLA

Estoy inundado de felicidad,
pero nada de aspavientos;
aunque estoy a punto de renacer
no por ello lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido.
No, sólo que me tocó en suerte,
y lo acepto porque amén de que no está en mi mano
negarme, sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Pues el caso es que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
voy a convertirme en una isla,
una isla como suelen ser las islas;
no es el caso andar ahora con precisones geográficas,
baste saber que me convertiré en una isla como todas las islas...
No, nada de sorpresas...
Ya se me ha anunciado que a esa hora
mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
que, poco a poco, igual que un andante chopiano,
empezarán a salirme árboles en los brazos
y rosas en los ojos, y arena en el pecho,
y que en la boca las piedras morirán
para que el viento pueda ulular cuanto desee.
Después me tenderé como suelen hacer las islas,
mirando fijamente el horizonte,
también veré salir el sol y la luna
y así, lejos ya de la inquietud
diré muy bajito:
¿Así que era verdad?
Virgilio Piñeira (Cárdenas, Matanzas, 4.8.1912- La Habana, 18.10.1979).

viernes, 16 de octubre de 2009

Pink Floyd y la soñada isla

Uno de los sueños que manifiesta la gente si se le pregunta por el lugar ideal en el desearía pasar el resto de su vida, es una isla. No sé si siguen entusiasmados si se lesa advierte que la isla estará desierta. Y entonces, habría que preguntar: ¿Con quién te gustaría estar en una isla desierta? Vivir en la copa de los árboles en una cabaña hecha con troncos varados por el mar. Alimentarte de peces y mariscos, con la sal en la piel, con un eterno bronceado, todos los días observando la caída del sol, lejos del ruido de las ciudades, de las máquinas, de los vecinos, quedan suspendidas las demandas, las invitaciones. Pero, me pregunta alguien, ¿podría tener mi computadora? ¡Papel y lápiz para escribir una novela? ¿Un espejo? ¿Podría mandar de regreso a la civilización a mi pareja o cambiarla por otra? ¿Si deseo puedo regresar a mi ciudad y a la jungla? Cuidado con los sueños que tengas, se dice, no vaya a ser que se te cumplan.




Marooned es una canción instrumental del disco de Pink Floyd de 1994 (y último) The Division Bell. Un extracto de la canción de apenas 2 minutos ha sido incluido en el álbum recopilatorio Echoes: The Best of Pink Floyd del 2001 (disco 1, pista 7).

La canción, compuesta por el entonces cantante y guitarrista David Gilmour y el teclista Rick Wright, tiene sonidos, como olas o gaviotas, que describen la estancia solitaria en una isla (marooned en inglés es abandonado), supuestamente desierta.