Mostrando entradas con la etiqueta escritor alemán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escritor alemán. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de octubre de 2016

Los árboles según Hesse

Lo que los árboles nos enseñan acerca de la vida y de la permanencia, por HermanN Hesse. 

“Cuando hemos aprendido cómo escuchar a los árboles, entonces la brevedad y la rapidez y la precipitación infantil de nuestros pensamientos alcanzan una dicha incomparable” afirmaba el genial escritor alemán.

Es difícil desasociar la sensibilidad artística de aquella que nos permite apreciar, y abrazar, el alma de la naturaleza. Incluso podríamos afirmar que la esencia primigenia de la estética, de las artes y de nuestras múltiples abstracciones en torno a la belleza, se origina en esa perfección retórica que pregonan las caídas de agua, las estructuras florales, los imperturbables desiertos o las intrigantes selvas.
Tomando en cuenta lo anterior, no debiera sorprendernos que Herman Hesse, el genial autor alemán, haya sido capaz de hilar un tributo literario a los árboles; esos pilares que irradian la más reconfortante sabiduría. Este fragmento fue tomado de su libro Wanderung: Aufzeichnungen (Berlin: Fischer, 1920; traducido al inglés como Wandering: Notes and Sketches y al español como El caminante).
En sus copas susurran el mundo, sus raíces descansan en lo infinito, pero no se pierden en él, sino que persiguen con toda la fuerza de su existencia una sola cosa: cumplir su propia ley, que reside en ellos, desarrollar su propia forma, representarse a sí mismos. Nada hay más ejemplar y más santo qué un árbol hermoso y fuerte. Cuando se ha talado un árbol y éste muestra al mundo su herida mortal, en la clara circunferencia de su cepa y monumento puede leerse toda su historia: en los cercos y deformaciones están descritos con facilidad todo su sufrimiento, toda la lucha, todas las enfermedades, toda la dicha y prosperidad, los años frondosos, los ataques superados y las tormentas sobrevividas. Y cualquier campesino joven sabe que la madera más dura y noble tiene los cercos más estrechos, que en lo alto de las montañas y en peligro constante crecen los troncos más fuertes, ejemplares e indestructibles.
Herman Hesse en Montagnola, 1919



Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar por ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas; predican indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida.
Un árbol dice: en mi vida se oculta un núcleo, una chispa, un pensamiento, soy vida de la vida eterna. Es única la tentativa y la creación que ha osado en mí la Madre Tierra. Mi misión es dar forma y presentar lo eterno en mis marcas singulares.
Un árbol dice: mi fuerza es la confianza. No sé nada de mis padres, no sé nada de miles de retoños que todos los años provienen de mí. Vivo hasta el fin del secreto de mi semilla, no tengo otra preocupación. Los árboles tienen pensamientos dilatados, prolijos y serenos, así como una vida más larga que la nuestra. Son más sabios que nosotros, mientras no les escuchamos. Pero cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, rapidez y apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquieren una alegría sin precedentes. Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es.

domingo, 7 de abril de 2013

Aforismos de Lichtenberg

Un aforista clásico: el científico y escritor alemán. Georg Christoph Lichtenberg ( 1742-1799) inventor del cuchillo sin hoja al que le falta el mango, del patíbulo con parrarrayos, de sesenta y dos maneras de apoyar la cabeza en las manos.)



De los aforismos se dice;
Aforismos, libro que produce el efecto que habitualmente producen los buenos libros, pues hace más ingenuos a los ingenuos, más inteligentes a los inteligentes, y los demás, varios miles de millones de seres de todo el mundo, permanecen inmutables, sin activar el cerebro.

* Hoy le permití al sol levantarse antes que yo.

* Me dan dolor muchas cosas que a otros sólo le dan lástima.

* He vuelto a comer todo lo que me está prohibido y, gracias a Dios, me encuentro tan mal como antes (no peor).

* Solía hablar con gran libertad en sitios en donde ponían caras piadosas y en cambio predicaba la virtud donde nadie más la predicaba.

* Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.


* He notado claramente que tengo una opinión acostado y otra parado.

* Daría parte de mi vida con tal de saber cuál era la temperatura promedio en el paraíso.

* Ya que se escribe en público de pecados secretos, me he propuesto escribir en secreto de pecados públicos.

* La cosa cuyos ojos y orejas no vemos y cuya nariz y cabeza apenas vemos, en pocas palabras, nuestro cuerpo.

* En la Tierra no hay superficie más interesante que el rostro humano.

* Cuando el espíritu se eleva el cuerpo se arrodilla.



* Es una lástima que beber agua no sea pecado, clama un italiano, ¡qué bien sabría!

* La invención más fácil para el hombre: el paraíso.




* Cuando un libro choca con una cabeza y suena a hueco, ¿se debe sólo al libro?

* La metáfora es mucho más inteligente que su autor, y esto sucede con muchas cosas. Todo tiene su profundidad. Quien tiene ojos ve todo en todo.

* Al prólogo se le podría llamar pararrayos.


* Es fascinante escuchar a una mujer extranjera que comete faltas en nuestro idioma con sus hermosos labios. A un hombre no.

* El único defecto de los escritores realmente buenos es que casi siempre ocasionan que haya muchos malos o regulares.

* Uno se resiste a hacer un cucurucho para la pimienta con una hoja en blanco. Si está impresa, uno la usa con agrado.

* En nuestros tiempos, donde los insectos coleccionan insectos y las mariposas hablan de mariposas.

* Es verdad que era algo burdo, pero en su sociedad venía siendo como una cebra entre asnos.


* Nada más seguro para la mosca que colocarse en el matamoscas.



No es que los oráculos hayan dejado de hablar, los hombres han dejado de escucharlos.
* Conozco el gesto de la atención fingida. Es el grado más bajo de la distracción.

* Hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa.


* En el mundo uno encuentra con mayor frecuencia el consejo que el consuelo.


* Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen, pierden el respeto.

* El matrimonio, al contrario de la fiebre, comienza con calor y termina con frío.

* Ciertos hombres de mal corazón creen reconciliarse con el cielo cuando dan una limosna.

* Intentar modificar el carácter de un hombre es como tratar de enseñar a una oveja a tirar de un carro.

* Resulta imposible atravesar una muchedumbre con la llama de la verdad sin quemarle a alguien la barba.

El amor es ciego, pero el matrimonio le restaura la vista.

* Una regla de oro: no hay que juzgar a los hombres por sus opiniones sino por aquello en lo que sus opiniones los convierten.

* Lo que hace que la amistad auténtica y el vínculo conyugal sean tan fascinantes es la ampliación del yo.

* Como todas las cosas corrosivas, el chiste y el humor deben emplearse con cuidado.

* Se podría prescribir una dieta para la salud del entendimiento.

* El género humano sólo celebra lo bueno; el individuo con frecuencia lo malo.

* El hombre tiene un instinto irrevocable para creer que no lo ven cuando él no ve. Como los niños que se tapan los ojos para no ser vistos.

* El hombre ama la compañía, así sea la de una vela encendida.

* Jamás hay que creerla a quien asegure algo con una mano en el corazón.

* Una vieja regla: un descarado puede parecer discreto cuando quiera, pero nadie que sea discreto puede parecer descarado.

* Nada se juzga con tanta ligereza como el carácter y en nada hay que ser más cuidadoso. Siempre he notado que las malas personas mejoran al conocerlas mejor y las buenas empeoran.

* Siempre he visto que la ambición voraz y la desconfianza van juntas.

* Los relojes de arena no sólo nos recuerdan el rápido transcurrir del tiempo sino también el polvo en el que alguna vez nos convertiremos.

* Sí, las monjas no sólo tienen un estricto voto de castidad sino también fuertes rejas en sus ventanas.