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domingo, 2 de agosto de 2009

Comparto mi alegría

Todos los domingos espero con muchas ganas la llegada de El comercio para empezar por el artículo que escribe mi hija Chiara en la sección de deportes que se llama Deporte Total. En esta oportunidad ella habla con tanto cariño sobre su abuelo, mi padre. Me llené de emoción tanto por sus palabras como por el hecho de que dos personas para mi tan importantes y amadas, estuviesen tan unidas por el cariño y sentí la alegría que sentirá mi papá en un rato al leer el artículo que le dedica su nieta.


TARJETA ROSA

Un joven de 90 años

Por: Chiara Roggero

Siempre me he preguntado ¿qué haré cuando tenga 80 años?, ¿cómo llenaré los espacios de tiempo?, ¿con qué actividades? A esa edad ya el cuerpo está cansado, la vista nublada, el oído lejano y probablemente muchas de las personas a las que uno quiere ya hayan partido.

Hace una semana mi abuelo cumplió no 80, sino 90 años. Ingeniero de profesión y humorista por naturaleza. Mi abuelo aún se para erguido, como si tratara de recordarnos que hay abuelo para rato. Y seguramente lo habrá, porque un hombre de 90 que aún hace deporte merece vivir, y mucho.

Hace muchos años encontró en el golf un escape a la monotonía, un deporte que le permitía relacionarse con la naturaleza y, al mismo tiempo, con su puntería, paciencia y movimientos. Alguna vez me dijo que una de las razones por las que él disfrutaba tanto de ese deporte era porque le permitía compartir un buen momento con sus amigos, a quien él llamaba “Los Magníficos”; hoy el único “Magnífico” que queda es él, y tal vez en honor de los muchachos él sigue saliendo a la cancha.

Tal vez ya no juegue 18 hoyos, tal vez ya no camine toda la cancha y quizás su “handicap” no sea el mismo de hace unos años. Pero sé que el golf lo ayuda a sentirse vivo, lo entretiene, lo reta. Vaya que el deporte es mucho más que mantenerse sano; ignorantes aquellos que aún no lo entendemos.

Pero como sabemos el golf no es un deporte de barrio. No todos pueden ser socios de un club. Entonces no puedo dejar de pensar en otros abuelos como mi abuelo, que aún quieren disfrutar de la vida, pero que no tienen las formas ni los medios para hacerlo. Hay un nicho vacío entonces, un nicho que nadie está viendo: actividades de deporte para los adultos mayores. Ojalá y alguien tome la iniciativa y con el deporte les proporcione a muchas más personas mayores la posibilidad de sentirse más vivos que nunca.
Dedicado a mi abuelo Lucho