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jueves, 6 de febrero de 2014

Tenemos que narrarnos


Tenemos que narrarnos 

"Para vivir tenemos que narrarnos; somos un producto de nuestra imaginación. Nuestra memoria en realidad es un invento, un cuento que vamos reescribiendo cada día (lo que recuerdo hoy de mi infancia no es lo que recordaba hace veinte años); lo que quiere decir que nuestra identidad también es ficcional, puesto que se basa en la memoria. Y sin esa imaginación que completa y reconstruye nuestro pasado y que le otorga al caos de la vida una apariencia de sentido, la existencia sería enloquecedora e insoportable, puro ruido y furia. Por eso, cuando alguien fallece, como bien dice la doctora Heath, hay que escribir el final. El final de la vida de quien muere, pero además el final de nuestra vida en común. Contarnos lo que fuimos el uno para el otro, decirnos todas las palabras bellas necesarias, construir puentes sobre las fisuras, desbrozar el paisaje de maleza. Y hay que tallar ese relato redondo en la piedra sepulcral de nuestra memoria. 
Marie no pudo hacerlo, claro está, y por eso escribió ese diario. Yo tampoco pude, y quizá por eso escribo este libro". Rosa Montero "La ridícula idea de no volver a verlo."  Rosa Montero

domingo, 8 de diciembre de 2013

Gozar del presente



En el último libro de Rosa Montero: La ridícula idea de no volver a verte en el que se entrecruzan las historias de Madame Curie y su descubrimiento del radio, con la pérdida de Pablo su pareja de muchos años tras una penosa enfermedad, Rosa Montero tras observar fotografías de Madame Curie se imagina que era una persona muy seria y hasta trágica, una de sus lectoras, luego de publicado el libro le envió una foto en la que se la ve sonriendo. Entonces ella escribe este artículo en que hace loas a la sonrisa y a la risa.
Aprecio mucho la sonrisa de las personas, la risa me parece un deleite y la carcajada que sorprende me parece envidiable. Mi padre tenía un amigo que se reía sacudiendo todo el cuerpo, un ejercicio completo de felicidad. Este artículo del reír y llorar, del gozar del presente como un estado de gracia, a pesar de las desgracias.


Aprendiendo a reír por Rosa Montero

Yo creía, y así lo escribí en mi último libro, que no había ninguna foto de la gran Marie Curie en la que apareciera sonriente. Antes al contrario: sus retratos la muestran invariablemente adusta, tensa, a menudo incluso trágica, una dura máscara de esfuerzo y dolor. Una lectora genial, sin embargo, me mandó hace poco una instantánea de Madame Curie, ya mayor y pareciendo aún mucho más vieja por los estragos causados por la radiactividad, muy cercana sin duda a la fecha de su muerte, vestida como siempre de negro y, también como siempre, sin maquillaje y con los cabellos recogidos de cualquier manera. Pero sonríe. ¡Sonríe! No es una risa franca, pero es un gesto indudablemente risueño. Y a mí me parece que esa pequeña curvatura de sus labios es un logro monumental de la científica. Quizá más importante para ella, incluso, que el descubrimiento del polonio y el radio.

“El joven que no llora es un salvaje, pero el viejo que no ríe es un necio”, decía el filósofo George Santayana. Es una frase profundamente conmovedora; y creo que he tenido que llegar a los alrededores de la vejez para poder comprenderla en toda su sabiduría. Las palabras de Santayana me recordaron uno de mis cuadros preferidos; se trata de un autorretrato de Rembrandt, el último del centenar de autorretratos que se hizo. Lo pintó más o menos un año antes de morir y es un cuadro casi monocromático, una explosión de ocres, de luces doradas y brillos que se apagan entre las sombras. Por entonces el artista debía de tener 62 años (murió a los 63), pero parece ancianísimo. Rembrandt fue un hombre muy vital y probablemente supo ser feliz en muchas ocasiones. Alcanzó un tremendo éxito como pintor siendo muy joven, tuvo varios amores, se casó en segundas nupcias con una mujer a la que adoraba. Pero luego la vida le pasó factura. Su inmenso talento le impidió seguir siendo el artista comercial que triunfa haciendo los retratos complacientes que le pide el mercado. Eligió pintar cada vez mejor y de manera más auténtica, y eso le hizo perder la clientela. Su éxito terminó, los encargos dejaron de llegar y se llenó de deudas. Para comer tuvo que venderlo todo, incluso su colección de arte. Cuando murió estaba en la más completa miseria.
Saber gozar del presente es un don precioso, comparable a un estado de gracia
El Rembrandt que pintó el último autorretrato era este hombre olvidado y arruinado. Y no sólo eso: para entonces había enterrado a su primera mujer, y luego también a su segunda y muy amada esposa, fallecida prematuramente pese a que era mucho más joven que él; por último, también había tenido que soportar la muerte de su hijo Titus. Y, sin embargo, pese a toda esta devastación, o seguramente por todo eso, el Rembrandt de este autorretrato sonríe. Asomado de escorzo a la ventana del lienzo, el pintor nos contempla y parece decirnos: mirad, esta es la vida, la gran broma pesada de la vida, así es la inocencia de los humanos, así el afán, el fulgor, el dolor. Es una sonrisa triste, pero serena e inmensamente sabia.
“El arte es una herida hecha luz”, decía el pintor francés Georges Braque. Otra frase certera que me viene a la cabeza cuando recuerdo este cuadro de Rembrandt. La luz otoñal del rostro del pintor emerge de las tinieblas del fondo, de la oscura herida de la vida, cauterizando y suavizando su dolor y el nuestro. Por lo menos, Rembrandt tuvo su arte hasta el final (el valor de seguir pintando, de no rendirse). Por lo menos, nosotros tenemos a Rembrandt. El arte nos salva, la belleza nos salva, y la vida, si se vive con conciencia de vivir e intentando aprender de lo vivido, quizá nos proporcione esa comprensión final, ese entendimiento apaciguado que permite que aflore la sonrisa.
En las Navidades de 1928, Marie Curie le mandó una carta a su hija Irene para felicitarle las fiestas. Y escribió: “Os deseo un año de salud, de satisfacciones, de buen trabajo, un año durante el cual tengáis cada día el gusto de vivir, sin esperar que los días hayan tenido que pasar para encontrar su satisfacción y sin tener necesidad de poner esperanzas de felicidad en los días que hayan de venir. Cuanto más se envejece, más se siente que saber gozar del presente es un don precioso, comparable a un estado de gracia”. Creo que estas palabras son el logro de una vida. Y la insólita sonrisa de Curie en la foto que me envió la generosa lectora es sin duda una consecuencia de estos pensamientos. Alcanzar esa maravillosa sencillez no es fácil, desde luego, así que habrá que aplicarse. Aquí estoy, en fin, intentando aprender a reír día tras día.

domingo, 4 de agosto de 2013

Querido y odiado cuerpo

Hace un par de meses propuse en el taller escribirle una carta a nuestro cuerpo como una manera de darle mayor importancia, realzar su importancia, relacionarnos mejor con él. Ahora encuentro este texto de Rosa Montero en su columna en la que que ella se dirige a él y extraigo lo que sigue:


Querido y odiado cuerpo


Rosa Montero
Ah, qué complicada relación hemos tenido siempre los humanos con nuestros cuerpos. El binomio alma/carne o mente/animal es un territorio en guerra. El cuerpo nos apresa, nos enferma, nos limita, nos mata. Somos rehenes del cuerpo que nos toca y con él planteamos batallas que sólo acaban cuando fallecemos. Luchamos contra el cuerpo, para domarlo y hacerlo nuestro, desde que aprendemos a dar los primeros pasos e intentamos lograr la inmensa, prodigiosa gracia de nuestro sentido del equilibrio, al que tan poca importancia damos. Luchan contra el cuerpo los deportistas de élite, los alpinistas que someten a su organismo a pruebas casi letales; los religiosos que, para mí equivocadamente, se torturan la carne con cilicios para acallar sus demandas naturales (animales); los obsesos de la juventud que se recortan y rellenan y remiendan enfermizamente el pellejo para contrarrestar el desgaste inevitable de la edad… Es cierto, el cuerpo es un tirano. Puedes estar haciendo tus planes de verano tan feliz y, de repente, el cuerpo te los fosfatina y te mete de cabeza en un sanatorio. Pero, al mismo tiempo, ¡qué grandioso este cuerpo que nos permite ver la belleza del mundo, escuchar músicas sublimes, beber y comer cosas deliciosas, besar y acariciar y amar, pasear por hermosos montes remotos en una mañana fresca y nublada! Querido y odiado cuerpo, hermano de mi vida, sobre el que no tengo más remedio que hablar hoy, porque estoy en un hospital, porque me duele la carne y porque me toca escribir un artículo.


Para leer el artículo completo: http://elpais.com/elpais/2013/08/01/eps/1375377214_414999.html

domingo, 1 de julio de 2012

Que mundo maravilloso

Me llega este video que cuelga Rosa Montero y lo comparto.

Sir David Frederick Attenborough, OM, CH, CVO, CBE, FRS, nacido el 8 de mayo de 1926 en Londres, Inglaterra, es uno de los científicos divulgadores naturalistas más conocidos de la televisión. Considerado uno de los pioneros en documentales sobre la naturaleza, ha escrito y presentado ocho series (llegó a producir una novena), e hizo posible que se vea prácticamente cualquier aspecto de la vida en la tierra.

sábado, 26 de junio de 2010

Con Rosa Montero

Leo en el diario El país un artículo que habla de Rosa Montero y entonces regreso a ella y reviso sus entrevistas y vuelvo a sus libros. Recuerdo sus dos visitas a Lima, primero en el Encuentro de escritoras en la Universidad de Lima, ella fue la ultima en hacer su presentación y me impresionó muchísimo su seguridad, su ritmo, su manera de disfrutar de ser ella misma. Luego la vi otra vez en la presentación de su libro La loca de la casa y entonces la vi en una vorágine que no me gustó. Presa de su papel de vendedora de su libro, la sentí alejada de su anterior encanto. Gracias a Dios parece haber regresado a su origen. Juan Cruz, el autor del artículo, lo termina diciendo: El sociego de ahora, su madurez, no le ha restado a Rosa Montero, ni un átomo de frescura, pero le ha dado una hondura que sólo dan los ojos cuando saben de qué textura es el interior de los dramas.

Dice Rosa Montero:
Otra obligación que tienes ( como columnista) es incitar a la gente a reflexionar, yo creo que es obligatorio, a mi me parece importantísimo que nos pensemos el mundo todos los días.





Esta entrevista que pertenece a la página de Rosa Montero no puedo copiarla pero la recomiendo como estupenda, no dejen de buscarla:
http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/montero/autora.htm