Podemos estar en desacuerdo con Margarite pero no podemos dejar de reconocer que ella pensaba su vida, la anhelaba, hacía planes, tenía metas e ilusiones. Preguntarnos por las nuestras es una tarea que puede ayudarnos a descubrir qué hay en nuestro interior y hacia adónde nos dirigimos y con qué herramientas. La invitación a la tranquilidad, a bajar el ruido, calmar el miedo, asumir el dolor, la vejez, acallar la novedad, son ideales difíciles de cumplir en este mundo que aplaude exactamente todo lo contrario. En otros asuntos parece drástica pero cada uno es dueño de sus miedos y sus anhelos.
ANHELOS
Desearía vivir en un mundo sin ruidos artificiales e inútiles, sin velocidad y en el cual la noción misma de velocidad sería despreciada o aborrecida; los medios rápidos de transporte estarían reservados para las profesiones indispensables o para algunos casos graves.
Un mundo sin efusión de sangre humana o animal, en el cual todo crimen se consideraría odioso, conllevando sanciones prácticas y purificaciones morales. El hombre manchado de sangre, automáticamente apartado por estimarse mancillado, extraviado e insensato.
◾Un mundo en el cual la sexualidad, en todas sus formas, se consideraría sagrada, aunque no necesariamente situada en el más alto rango de lo sagrado.
◾Un mundo en el que sería vergonzoso e ilegal tener más de tres hijos. [...]Un mundo en el que la prostitución sería solamente ritual. [...]
Un mundo que tendría muy en alto la idea de renovación y que despreciaría la noción de novedad. [...]
Un mundo en el que todo objeto viviente, árbol, animal, sería sagrado y jamás destruido, salvo por absoluta necesidad y con un sentimiento de aflicción. [...]
Un mundo sin idolatría pero rico en respeto.
Un mundo en el cual la muerte sería una gran aventura.◾Un mundo en el cual el suicidio sería la norma cuando comenzara el debilitamiento irreparable de las facultades. Los que a ello se negaran podrían vivir, pero sin honor. [...]
ODIOS
La velocidad inútil.La agitación inútil, La publicidad, es decir, la impostura. La rivalidad económica llevada al paroxismo
La fabricación de objetos inútiles.
El sometimiento y embotamiento de las masas ocupadas en fabricar esos objetos. [...]La separación del hombre de las formas animales y vegetales vivas.
El ruido mecánico. [...]
PROYECTOS
Ausencia total del miedo físico.
Ausencia total del miedo intelectual (creo que ya está logrado)
Aprender a ignorar el ruido. [...]
Rectificar siempre si el mínimo error se ha dicho o escrito.
Recordar siempre que cierto coeficiente de error es humano.
PENSAMIENTOS Y PRECEPTOS
Hacer de cada espacio donde se esté, un lugar limpio, aireado, claro, un oasis para uno mismo y para los otros.
Un lugar en el cual no entre el ruido inútil.Observar las disciplinas humildes.
Fidelidad en las pequeñas cosas.
Dejar cada recinto, cada objeto, más limpio, en lo posible más agradable a la vista que antes de haber ingresado en él, de haberlo tocado. [...]
Jamás dejar tras de sí un trabajo sin terminar que otros tengan que realizar en lugar nuestro. [...]
Tomar un poco de vino en la noche, como una deliciosa medicina.La cerveza, alimento líquido. La sidra, esencia del vergel.El té, caricia de Buda. Estimulante ligero, apoyo casi espiritual.El café, auxiliar casi ya demasiado fuerte. Un poco, en la mañana, pero con intervalos durante la jornada, en caso de gran fatiga. [...]
Cuando era joven, amaba bastante el pintalabios y el rubor en las mejillas que enciende el color de los ojos. Ahora no, o casi nunca y apenas. Que nuestro último rostro sea visto tal y como es.
Aceptar la enfermedad. Tres palabras. Cada letra de esas tres palabras representa millares de esfuerzos. [...]
Hoy vi la sabia rana sobre la roca, al borde de la toma de agua en el jardín. Inmóvil, como mineral, bebiendo la luz y el aire, muy antigua y venerable criatura dotada con una sabiduría anfibia. Y tan lejos de mí que no existe medio alguno para hacerle percibir mi amistad por ella.
Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
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domingo, 10 de noviembre de 2013
domingo, 3 de junio de 2012
Cosas maravillosas
De las cosas maravillosas ( extracto) Este es un texto al que me gusta volver, lo hemos visto en ABRA, nuestro taller y hemos hecho la lista de las cosas que nos parecen maravillosas, todos tenemos nuestra lista, quizás no la tengamos presente, o quien sabe va variando conforme avanzamos en nuestro camino. Una mirada, una palabra, una sonrisa, un instante en medio de la naturaleza, el salto de un pájaro, el olor del pan, la voz de un amigo, un beso, una lágrima, el lápiz, un texto pequeño, una esperanza,esa música, cuantas maravillas de la vida. Esta es una invitación a que hagan su lista, y claro, el que pide poco es un loco, a que la compartan. Pero primero veamos que nos dice Adolfito, como le decía Borges.
Adolfo Bioy Casares
Mientras recorre la vida, el hombre anhela cosas maravillosas y, cuando las cree a su alcance, trata de obtenerlas. Ese impulso y el de seguir viviendo se parecen mucho.
Nuestro mundo es implacable, pero abunda en cosas maravillosas. Haré al azar, una lista: un rostro de mujer; la libertad para quien está preso; la salud para quien está enfermo; algo que ve un chico en una juguetería; un cambio de luz después de la lluvia, que infunde intensidad en los colores de la tarde; una música, un poema; un premio inesperado; para algunos por increíble que parezca, la esperanza de escribir una buena historia... Son tantas las cosas maravillosas, y tan variadas, que su enumeración resulta siempre insatisfactoria.
Por si fuera posible abarcarlas todas, intentaré una clasificación.
Hay cosas que son maravillosas antes de la posesión, cosas que lo son durante y cosas que los son después. A lo mejor esas tres modalidades podrían combinarse con otras cuatro más: cosas que lo son antes y durante; durante y después; antes durante y después.
De las enumeradas en el párrafo anterior, las primeras suelen ser nada más que ilusiones; pero no cabe ignorarlas porque promueven la mayor parte de la actividad humana y porque antes de la posesión, realmente son maravillosas. Daré algunos ejemplos:
Alguien piensa que si lo aprueban en tal examen, o si consigue el título, o tal puesto, ya está seguro.
Un muchacho soñaba con poner una hostería al borde de una ruta. Encontró un socio y pudo convertir el sueño en realidad. El socio robó; el personal robó; se enredó en pleitos; finalmente lo asaltaron y por poco lo matan.
Durante años una casa rodante fue para mí la solución universal en materia de vivienda y turismo, hasta el día que la compré y emprendí el más engorroso viaje del que tengo memoria.
Entre las cosas maravillosas que se manifiestan en la posesión algunas duran toda la vida, otras un instante. Durables: la lectura, el estudio; la investigación científica; la composición literaria; la composición y la ejecución musicales; la pintura; la escultura, la práctica de juegos como el ajedrez y los deportes.
Fugaces: luego de una larga ausencia, en el primer despertar en el campo, la luz del día en las hendijas de la ventana; en medio de la noche, despertar cuando el tren para en una estación y oír desde la cama del compartimento la voz de gente que habla en el andén; al cabo de días de navegación tormentosa, despertar una mañana en el barco inmóvil, acercarse al ojo de buey de una ciudad desconocida; el olor a ciertas pelotas de tenis; el olor del pan que tuestan a la hora del té; el olor del pasto recién cortado.
El viaje propiamente dicho mantiene a través de los años y a pesar de tanta invención extraordinaria, algo de su prístina dureza. No por nada viajes y trabajos fueron sinónimos. Es claro que en el recuerdo, las corridas, las fatigas, las ansiedades, las esperas y más de un mal momento se convierten en risueñas aventuras de las que fuimos protagonistas.
No todas las cosas maravillosas lo son para todo el mundo. Hay coleccionistas para quienes las estampillas, los autos viejos, las pequeñas botellas son maravillosas, las cajas de fósforos, los objetos de arte de particular fealdad, los huacos, pueden serlo para exquisitos.
Me gustaría creer que estas reflexiones sobre las cosas maravillosas nos ayuda a conocernos mejor o siquiera nos recuerda a qué grupo humano pertenecemos: a quienes buscan lo que deja de ser maravilloso en la posesión o al de quienes buscan lo que es maravilloso en la posesión y continúa siéndolo después.
Adolfo Bioy Casares
Mientras recorre la vida, el hombre anhela cosas maravillosas y, cuando las cree a su alcance, trata de obtenerlas. Ese impulso y el de seguir viviendo se parecen mucho.
Nuestro mundo es implacable, pero abunda en cosas maravillosas. Haré al azar, una lista: un rostro de mujer; la libertad para quien está preso; la salud para quien está enfermo; algo que ve un chico en una juguetería; un cambio de luz después de la lluvia, que infunde intensidad en los colores de la tarde; una música, un poema; un premio inesperado; para algunos por increíble que parezca, la esperanza de escribir una buena historia... Son tantas las cosas maravillosas, y tan variadas, que su enumeración resulta siempre insatisfactoria.
Por si fuera posible abarcarlas todas, intentaré una clasificación.
Hay cosas que son maravillosas antes de la posesión, cosas que lo son durante y cosas que los son después. A lo mejor esas tres modalidades podrían combinarse con otras cuatro más: cosas que lo son antes y durante; durante y después; antes durante y después.
De las enumeradas en el párrafo anterior, las primeras suelen ser nada más que ilusiones; pero no cabe ignorarlas porque promueven la mayor parte de la actividad humana y porque antes de la posesión, realmente son maravillosas. Daré algunos ejemplos:
Alguien piensa que si lo aprueban en tal examen, o si consigue el título, o tal puesto, ya está seguro.
Un muchacho soñaba con poner una hostería al borde de una ruta. Encontró un socio y pudo convertir el sueño en realidad. El socio robó; el personal robó; se enredó en pleitos; finalmente lo asaltaron y por poco lo matan.
Durante años una casa rodante fue para mí la solución universal en materia de vivienda y turismo, hasta el día que la compré y emprendí el más engorroso viaje del que tengo memoria.
Entre las cosas maravillosas que se manifiestan en la posesión algunas duran toda la vida, otras un instante. Durables: la lectura, el estudio; la investigación científica; la composición literaria; la composición y la ejecución musicales; la pintura; la escultura, la práctica de juegos como el ajedrez y los deportes.
Fugaces: luego de una larga ausencia, en el primer despertar en el campo, la luz del día en las hendijas de la ventana; en medio de la noche, despertar cuando el tren para en una estación y oír desde la cama del compartimento la voz de gente que habla en el andén; al cabo de días de navegación tormentosa, despertar una mañana en el barco inmóvil, acercarse al ojo de buey de una ciudad desconocida; el olor a ciertas pelotas de tenis; el olor del pan que tuestan a la hora del té; el olor del pasto recién cortado.
El viaje propiamente dicho mantiene a través de los años y a pesar de tanta invención extraordinaria, algo de su prístina dureza. No por nada viajes y trabajos fueron sinónimos. Es claro que en el recuerdo, las corridas, las fatigas, las ansiedades, las esperas y más de un mal momento se convierten en risueñas aventuras de las que fuimos protagonistas.
No todas las cosas maravillosas lo son para todo el mundo. Hay coleccionistas para quienes las estampillas, los autos viejos, las pequeñas botellas son maravillosas, las cajas de fósforos, los objetos de arte de particular fealdad, los huacos, pueden serlo para exquisitos.
Me gustaría creer que estas reflexiones sobre las cosas maravillosas nos ayuda a conocernos mejor o siquiera nos recuerda a qué grupo humano pertenecemos: a quienes buscan lo que deja de ser maravilloso en la posesión o al de quienes buscan lo que es maravilloso en la posesión y continúa siéndolo después.
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