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domingo, 13 de diciembre de 2015

OM MANI PADME HUM. BELLÍSIMO


HERMOSO MANTRA CON BELLAS IMÁGENES DE NIÑOS BUDISTAS. DEDICADO A MIS HIJOS KEVIN, DIEGO y SEBASTIÁN. NAMASTÉ-
Om mani padme hum ( comtempla la joya en el loto) es probablemente el mantra más famoso del budismo. El Dalái Lama dice:"Es muy bueno recitar el mantra Om mani padme hum, pero mientras lo haces, debes pensar en su significado, porque el significado de sus seis sílabas es grande y extenso... La primera, Om simboliza el cuerpo, habla y mente impura del practicante; también simbolizan el cuerpo, habla y mente pura y exaltada de un Buddha"
"El camino lo indican las próximas cuatro sílabas. Mani, que significa "joya", simboliza los factores del método, la intención altruista de lograr la claridad de mente, compasión y amor"
"Las dos sílabas, padme, que significan "loto", simbolizan la sabiduría"
"La pureza debe ser lograda por la unidad indivisible del método y la sabiduría, simbolizada por la sílaba final hum, la cual indica la indivisibilidad"
"De esa manera las seis sílabas, om mani padme hum, significan que en la dependencia de la práctica de un camino que es la unión indivisible del método y la sabiduría, tú puedes transformar tu cuerpo, habla y mente impura al cuerpo, habla y mente pura y exaltada de un Buddha" You tube 

"Fuerza Profunda" Meditación con Cuencos Tibetanos

domingo, 30 de noviembre de 2014

Jardin Ryôan-ji 龍安寺 El templo del dragón en paz



 
Estuve ahí, en ese templo, en Tokio, con mi hermano Javier.
Hay que sacarse los zapatos, mientras se hace la cola hay que ir preparándose a meditar.  Sentarse frente a esta jardín y contemplar las piedras, la arena, el árbol y luego dirigir la contemplación hacia nuestro centro, al lugar en donde tenemos escondida el alma, el pájaro que aletea en silencio y tratar de respirar despacio, inhalando, reteniendo, exhalando, dejando que la sabiduría de la naturaleza penetre en nosotros y nos haga más sabios o valientes, más dulces o tolerantes, más serviciales o más amantes de la belleza, la simplicidad  y la verdad.
 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Cantos curativos


He escuchado que los tambores tienen efectos curativos. Encuentro este canto acompañado de un tambor al que se atribuye poder de curación de equilibrar nuestra mente con nuestro cuerpo. Me da la impresión de que es una manera de meditar, de llevar  la mente a un estado de reposo. Toda las costumbres y rituales de diferentes culturas nos ofrecen nuevas maneras de conectarnos con nosotros mismos y como no aceptarlos en momentos de ansiedad, exceso de información y de  estímulos permanentes. También me hacen recordar  a las macumbas brasileras en las que se entra a un estado de trance.


OM MANI PADME HUM- BELLÍSIMA VERSIÓN DE IMEE OOI

 Cada vez más tenemos necesidad de meditar. Este video nos entrega música del Budismo. Fuente de antiguas tradiciones que devuelven al hombre la delicadeza y la claridad.

jueves, 6 de febrero de 2014

El joven que echaba chispas

El hombre que echaba chispas

 
 
Echaba chispas. Parecía un cuchillo que al frotarse con otro lanza pequeñas partículas de fuego. No había manera de esconder lo que le sucedía cuando montaba en cólera. Qué iba a hacer, había nacido rabioso. A lo que más miedo le tenía era a causar un incendio. Leía siempre en el periódico que  el incendio de esa casa hermosa que  quedaba en medio del bosque de San Isidro había empezado a arder por una pequeña chispa que saltó  del cordón del televisor.  De alguna manera era un poder, tenía capacidad para destruir, pero si bien era rabioso, en el fondo de su corazón era un muchacho que quería el bien de los demás. Contradicciones que tenemos las personas.  Entonces, cuando sentía que la rabia lo empezaba a invadir, se iba corriendo en busca de una ducha, o una piscina o una manguera para mojarse íntegramente y apagar el fuego que ya salía en chispas por todo su cuerpo como si fuese un fósforo o una luz de bengala. Si hablaba algo, sus palabras normalmente eran hirientes, las chispas podían hacer que la camisa de su interlocutor se prendiese y hasta podría ser acusado de asesino. Y matar  jamás era su intención.

Entonces subió a la parte más alta de la montaña, se construyó una pequeña casita y se dedicó a meditar.  Claro que le preocupaba que sus padres lo estuviesen buscando pero más importante que todo era conseguir calmar su cuerpo, dominarlo, acallarlo, enseñarle que el que juega con fuego, se quema. Felizmente su madre le había enseñado a meditar, así que cruzó sus piernas, colocó sus manos una sobre otra, cerró los ojos, se relajó y se puso a pensar en nada. De rato en rato aparecía en su mente un caballo, la luna que giraba, una playa de mar brava, gente que se le acercaba y ardía, pero él, repetía su palabra mágica, su mantra, que en este caso era  Ummmmm y respiraba y expiraba para pacificar su espíritu.  Varios animales vinieron a vivir con él. Algunos gruñían y a él casi se le escapaban chispas de mal humor, pero repetía el Ummmmmm y se sosegaba.  Ovejas, venados, lobos, y hasta un puma lo abrigaron en las noches de frío.  Por la mañana tempranito muchos y distintos pájaros lo saludaban y partían volando.

Pasaron tres meses antes de que decidiera  bajar de la montaña y encontrarse con sus padres y con sus amigos. Llevaba una sonrisa de ilusión en la cara en lugar de la cara agestada, y en vez de chispas, de su cuerpo salía un aire fresco que aliviaba a cualquiera  y las personas se sentían atraídas por él, que si bien llevaba una larga barba, caminaba dichoso para encontrarse con sus padres, a los que abrazó y besó porque los había extrañado mucho. Nunca más montó en cólera, nunca más saltaron chispas de fuego de su cuerpo y fue cada día más feliz.
 

domingo, 1 de diciembre de 2013

Mujer silencio

MUJER SILENCIO


POR ELENA G. GOMEZ
Esperaba pacientemente a que todos tomaran asiento en el lugar que previamente se les había asignado.
La paciencia era una de las muchas cosas que había adquirido en estos últimos años, no había sido fácil, ni mucho menos, pero aún me resonaba en la cabeza las palabras de la Anciana Pappu: "Tranquila niña, no hay nada urgente en la vida. El hombre blanco vive corriendo de un lado para otro y entonces no se entera de nada, no escucha las voces y no es capaz de leer en los elementos, por eso comete error tras error y luego tiene que perder más tiempo rectificando sus errores que si se hubiera tranquilizado y pensado lo que tenía que hacer".
Parecía que todos habían ocupado su asiento, les miré uno a uno, y comencé a hablar...
"Aunque no estamos aquí para hablar de mí, es imprescindible que os ponga en antecedentes para que luego entendáis la razón de esta reunión. Hace 24 años hice realidad un sueño que tenía desde niña: viajar a Africa para poder estudiar las tribus más remotas, aquellas donde el hombre blanco aún no había realizado su absurda labor evangelizadora y, por tanto, destructora. Desde el primer momento que pisé la tierra africana supe que mi vida nunca volvería a ser igual, todo era distinto, el día, la noche, el calor, los colores. Durante los dos primeros años permanecí en zonas relativamente "civilizadas" adaptándome a las nuevas costumbres, pero un día me desperté inquieta, sabía que llevaba ya demasiado tiempo viendo un Africa construida por el hombre blanco y eso no era lo que yo buscaba, así que empecé a adentrarme en la selva y a conocer nuevas tribus cada vez más lejanas de la civilización, cada vez más puras. Un día llegué hasta Tribu Invisible. Lo primero que me sorprendió es que me aceptaron con facilidad, yo ya me había acostumbrado al tratamiento que me habían dado otras tribus, al rechazo y al temor inicial. Pero Tribu Invisible no era así, me acogieron como si fuera parte de ellos, como si me esperaran.
Durante todo el tiempo que pasé con la tribu fue cambiando mi comprensión de las cosas, desde la percepción del mundo real que me rodeaba hasta poder entrar en su conocimiento espiritual, un conocimiento que a diferencia de todas las religiones que aquí conocemos, se basa en la sencillez de la unión con uno mismo y con los demás.
Y me encontré con que aquella "atrasada tribu", desde el punto de vista del hombre blanco, nos llevaba años luz de evolución. Su sistema es muy sencillo, y cada uno, desde que nace, es parte de toda la tribu, no es educado sólo por su padre y por su madre, sino que recoge de todos los miembros y aprende desde muy pequeño que todo lo que posee pertenece a todos, aunque eso no implica que cada uno tenga sus cosas y las cuide. No hay problema de que unos tengan más que otros, ni tampoco hay envidias ni celos, porque se dicen siempre todo lo que piensan y nunca guardan nada en su interior, por eso tienen algo que en esta sociedad no existe y es confianza.
Me contaron que las cosas no siempre habían sido así, que habían vivido etapas de mucha dificultad, de enfrentamientos entre ellos, de odios y de separaciones, hasta que un día llegó a la tribu una mujer, la Mujer Silencio.
Ella les enseñó que había muchos mundos y que cada uno de ellos era un mundo dentro de sí, y en esta diversidad estaba precisamente la clave de la evolución, del intercambio, del aprendizaje.
Les dijo que sólo si aprendían a escuchar las voces de su mundo podrían vivir de acuerdo con la Ley de la Vida y entonces dejarían la lucha y los conflictos y podrían realmente vivir.
También les dijo que todos los días caminaran un tiempo descalzos sobre la tierra, para que sintieran cómo la madre les cuidaba y les acompañaba, para que sintieran su fuerza entrando desde lo más profundo de su interior y, sobre todo, para que fueran generosos y justos como ella lo era.
Que cada día respiraran profundamente y llenaran su cuerpo de vida y dieran gracias por todo cuanto tenían y por todo lo que cada día podían aprender.
Pero sobre todo les habló de la responsabilidad que tienen para con los niños, porque ellos tienen que ser educados en la unidad, en el respeto hacia todo lo que les rodea.
Los niños tenían que saber reconocer el canto de los pájaros, subir a los árboles, comer de sus frutos, leer en las nubes, y ser fuertes y resistentes, capaces de superar el cansancio, el frío, el sueño. Que forjaran en ellos sueños, sueños que no tuvieran que ver con las posesiones sino con los valores que perduran por encima de las personas.
Mujer Silencio dijo que un día llegaría hasta la tribu una mujer que buscaría conocer los secretos del hombre. Ellos deberían recogerla y educarla como si fuese uno de sus niños, y un día ella se marcharía y llevaría un mensaje de la Mujer Silencio para el resto de los hombres blancos.
Yo soy la mujer que ella predijo y éste es el Mensaje de la Mujer Silencio que yo llevaré a todos los lugares de la Tierra:
"El hombre blanco vive prisionero del tiempo, pagando los errores del pasado o temiendo lo que le traerá el futuro. Suspirando por lo que vivió en el pasado o dejando para más adelante lo que tiene que hacer hoy. El problema del hombre blanco es que nunca vive el presente, porque vivir el presente requiere ser consciente de los actos, pensar antes de actuar, mirar lo que los demás necesitan y, sobre todo, conocerse a uno mismo".
Un día pregunté por qué se llamaba Mujer Silencio y ellos me contaron que la Mujer Silencio representa a la mujer que vive dentro de cada uno, a la madre, a la sustancia. Que los hombres la metieron en un rincón de sus mentes y que se negaron a escucharla, por eso es Mujer Silencio. Pero que cuando un hombre necesita hacer un cambio en su vida, cuando necesita conectar con su voz, entonces ella surge del silencio y comienza a hablarle.
Dicen que su Voz suena con tal fuerza que cuando se la escucha desaparece el miedo y la limitación, y se abre una nueva puerta en la vida, una puerta que conduce a lo desconocido, a la aventura, al encuentro de uno mismo".

domingo, 13 de octubre de 2013

Escritores heridos de Vicente Verdú

Escritores gravemente heridos
VICENTE VERDÚ

A lo mejor, no estamos completamente muertos pero sí, desde luego, muy malheridos. Los letraferidos de hace un siglo respiraban por esas aberturas que, como rendijas de buzones, les dejaban los libros que fervientemente engullían. Nosotros hoy, los hijos de aquéllos santos personajes, observamos nuestros pisos tapiados por estanterías cargadas de miles de libros. Libros quietos que ya no nos caben adentro pero que tampoco nos dejan conversar afuera. Son como piezas de una muralla que se ha levantado entre nosotros y el curso corriente del mundo exterior.

No solo los editores se encuentran moribundos, las librerías al borde del desahucio y los distribuidores sin destino. Los escritores hemos pasado de la perplejidad a la desolación y, si se va a ver, al sinsentido. Toda la vida en esta meticulosa labor de elegir palabras, letra a letra, y ahora los ejemplares se venden por kilos o se acuchillan como una maligna excrecencia de la cultura. ¿De la cultura?

Ni siquiera sabemos con claridad, nosotros los viejos escritores, cómo podría existir cultura sin libros pero ¿cómo negar que algo de algo debe de haber? Recuerdo el caso de tantos colegas que trabajábamos como devotos penitentes. El sustantivo, el adjetivo, el verbo, la coma, el punto y seguido, la precisión. Todo ello constituía una labor tan solitaria que, en ocasiones, la acentuábamos pidiendo aislarnos en algún lugar apartado, para hacerlo aún más concentradamente. Aislarnos para escribir mejor y, al cabo, para comunicar más a fondo el fondo.

Este ejercicio era como una destilación o camino de perfección que no dudábamos en sentir como un trabajo duro. Ahora que yo pinto, no pretendiendo ser Kandinsky y menos a la manera en que antes (escribiendo) procuraba ser Kafka (de hecho, prefería ser Kafka muerto que Vicente Verdú vivo), percibo la diferencia. Mientras pintar es el gozo que hoy me premia o no, libremente, escribir solo era un gozo tras haber penado para por lo escrito. Le preguntaban a Gil de Biedma por qué escribía y contestaba: “Escribo para haber escrito”. Así, el sentimiento de culpa disminuía

Ahora lo que cuenta es cómo será el intrigante final de la novela y muy poco la calidad de sus líneas
La escritura se presentaba como una tupida foresta, sagrada y vocacional, que solo los muy elegidos traspasaban silbando. Los demás lo hacíamos sudando. Pero bien, cuándo ya nos parecía a algunos de este sudado pelotón haber alcanzado la dicha de poder decir justamente lo que queríamos decir, ahora va y nos cierran la boca o no se oye el valor de lo escrito.

Años y años buscando decir mejor y ahora apenas importa si la página está peor o mejor escrita. Ahora lo que cuenta, lo que se ve, es cómo será el intrigante final de la novela y muy poco la calidad de sus líneas. Las líneas que algunos de nosotros trazábamos con los cinco sentidos, ahora solo poseen el sentido de raíles para viajar por la trama y a cuanta mayor velocidad mejor. La perfección de la escritura es una antigualla lentificadora que solo compartimos los viejos veteranos. Pero además, si se muestra una evidente perfección en una obra de arte es señal de que no se está al día. Excepto en algunos productos audiovisuales de alta velocidad de paso, lo otro, las ofertas para la contemplación y delectación, ha perdido el tren, por despacioso.

Toda meditación, toda reflexión, todo pensamiento suelen parecer demasiado largos y morosos. Frente a la meditación la intuición, frente a la reflexión la acción, frente al pensamiento el movimiento. Pero no voy a empeorar las cosas lamentando mucho estos cambios. Los cambios cambios son. Y toda evolución, se dice, es para mejor. O sea que estábamos en lo peor y gracias a Dios ya no servimos prácticamente para nada. ¿Acuchillarnos? Paradójicamente la tapia que forman nuestras estanterías cargadas de miles de libros nos salvan de una muerte violenta y aunque solo a cambio de caer más tarde como ácaros. Ácaros del griego acari, “diminuto”, “que no se corta”. Apegados al libro sangrante, pero aún vivo, que mañana será o no será.

martes, 28 de septiembre de 2010

Danza de los Derviches

En Estambul pudimos asistir a una sesión de danza de los Derviches. Pensábamos que solo se los podía ver en Konia, , lugar de residencia de Rumi donde fundó su Orden Sufi,una ciudad que no visitaríamos. Más que un espectáculo se trataba de una ceremonia, los danzarines entraban en trance con las vueltas ( lo llaman el giro) y bailaban a la vez sobre sí mismos y en círculo con los demás bailarines. Una mano con la palma hacia arriba para recibir la vida, la otra abierta hacia abajo para dar a los demás lo recibido.