Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
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domingo, 25 de septiembre de 2016
domingo, 11 de septiembre de 2016
Zubin Mehta constructor de catedrales musicales
Zubin Mehta nos dice: "Dirigir una sinfonía es casi un acto filosófico, esotérico. No hay historia, sólo construcción. El director de Brahms o de Beethoven no está contando una historia, sino que está contribuyendo a que se ponga en pie una catedral musical. Mi deber es que con mi amor, mi conocimiento de esa música y mi trabajo con los músicos se construya esa catedral".
Zubin Mehta (Bombay, India, 29 de abril de 1936) es un director de orquesta y desde 1981 es el Director Musical Vitalicio de la Orquesta Filarmónica de Israel.(Wikipedia)
domingo, 28 de diciembre de 2014
Entrevista inspiradora a Ramiro Calle
I http://www.aomm.tv/entrevista-inspiracion-filosofia-yoga-ramiro-calle-i.HTML No dejen de verla es muy interesante e inspiradora
¿Como era un Majarash?
¿Cómo era un Majarash?
jueves, 13 de febrero de 2014
Kabir, poeta
domingo, 2 de septiembre de 2012
Recuerdos de Tagore
El martes pasado hicimos en nuestro taller ABRA un acercamiento a Rabindranath Tagore, acá comparto uno de ellos perteneciente a "Recuerdos", un hermoso texto suyo.
Recuerdos -Rabindranath Tagore-
Un dia al anochecer andaba yo por la terraza de nuestra casa. El fulgor del sol poniente se combinaba con el pálido crepúsculo de una manera que parecía dar al anochecer que se aproximaba un atractivo especialmente maravilloso para mí. ¿Era aquel levantarse del mano de la trivialidad de encima del mundo cotidiano, me pregunté, debido a alguna magia de la luz del anochecer?. No. Yo vi en el acto que era el efecto del anochecer que se había adentrado en mí; sus sombras habían borrado mi ego. Mientras mi yo estaba rampante durante el relumbrón del día, todo lo que yo percibía estaba mezclado y escondido por él. Ahora que el ego estaba relegado a ùltimo término, podía yo ver al mundo en su verdadero aspecto. Y ese aspecto no tenía nada de trivialidad, estaba lleno de belleza y alegría infinitas.
Desde que tuve esta experiencia probé el efecto de suprimir mi ego a toda conciencia y de mirar al mundo como mero espectador, e invariablemente me sentía recompensado con un sentimiento de placer especialísimo. Poco después me fue concedida una penetración mayor que me ha durado toda la vida. Un velo pareció haberse caído de mis ojos, y encontré sùbitamente al mundo bañado en una maravillosa irradiación, con olas de belleza y alegría hinchándose por todas partes. Esta irradiación traspasó en un momento los dobleces de tristeza y abatimiento que se habían acumulado sobre mi corazón, y lo inundaron como con una luz universal indecible. Y vino a suceder que ninguna persona o cosa en el mundo me pareció ya trivial o desagradable. No veía las acciones de los hombres como cosas aisladas, sino como partes de esa asombrosa danza mayor que se está realizando en este mismo momento, por todo el mundo de los hombres, en cada uno de sus hogares en sus mùltiples necesidades y actividades. Desde la infancia sólo había visto con mis ojos, ahora comenzaba a ver con la totalidad de mi conciencia.
(Rabindranath Tagore. Recuerdos. Plaza Janés, 1986. p.232)
Recuerdos -Rabindranath Tagore-
Un dia al anochecer andaba yo por la terraza de nuestra casa. El fulgor del sol poniente se combinaba con el pálido crepúsculo de una manera que parecía dar al anochecer que se aproximaba un atractivo especialmente maravilloso para mí. ¿Era aquel levantarse del mano de la trivialidad de encima del mundo cotidiano, me pregunté, debido a alguna magia de la luz del anochecer?. No. Yo vi en el acto que era el efecto del anochecer que se había adentrado en mí; sus sombras habían borrado mi ego. Mientras mi yo estaba rampante durante el relumbrón del día, todo lo que yo percibía estaba mezclado y escondido por él. Ahora que el ego estaba relegado a ùltimo término, podía yo ver al mundo en su verdadero aspecto. Y ese aspecto no tenía nada de trivialidad, estaba lleno de belleza y alegría infinitas.
Desde que tuve esta experiencia probé el efecto de suprimir mi ego a toda conciencia y de mirar al mundo como mero espectador, e invariablemente me sentía recompensado con un sentimiento de placer especialísimo. Poco después me fue concedida una penetración mayor que me ha durado toda la vida. Un velo pareció haberse caído de mis ojos, y encontré sùbitamente al mundo bañado en una maravillosa irradiación, con olas de belleza y alegría hinchándose por todas partes. Esta irradiación traspasó en un momento los dobleces de tristeza y abatimiento que se habían acumulado sobre mi corazón, y lo inundaron como con una luz universal indecible. Y vino a suceder que ninguna persona o cosa en el mundo me pareció ya trivial o desagradable. No veía las acciones de los hombres como cosas aisladas, sino como partes de esa asombrosa danza mayor que se está realizando en este mismo momento, por todo el mundo de los hombres, en cada uno de sus hogares en sus mùltiples necesidades y actividades. Desde la infancia sólo había visto con mis ojos, ahora comenzaba a ver con la totalidad de mi conciencia.
(Rabindranath Tagore. Recuerdos. Plaza Janés, 1986. p.232)
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