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domingo, 5 de julio de 2015

Luciano sobre raíces

 

De todos los árboles, que eran cientos, de todos los rincones del inmenso parque que era el mas grande parque que uno puede imaginar Luciano escogió ese árbol y ese rincón y se sentó entre las raíces y se abstrajo del mundo. Más allá un grupo de niños aprendía con un entrenador los juegos de los mayores y yo quise que se acercase a ellos, pero el permaneció entre las raíces ensimismado, dichoso, como si ese fuese su lugar, como si lo conociese. Con un pequeño bastón de madera estuvo jugando, recogiendo semillas, pronunciando palabras de su lenguaje todavía difícil de entender. Violeta y yo nos acercamos y encontramos nuestro sitio entre las raíces, el árbol era muy alto, pero lo que de verdad importaba eran las hermosas raíces crecidas durante tantos años. Pensé que el árbol podía ser un barco y que los tres partiríamos sobre sus raíces y que el árbol-barco podría llevarnos hasta París. Entonces pensé que también podría ser un árbol volador, que en cualquier momento, se desprendería para volar por el aire llevándonos entre sus raíces, flotando sobre las nubes hasta llegar a New York.

viernes, 24 de octubre de 2014

Frida y Diego

Una de las parejas más famosas de todos los tiempos en el mundo de la pintura, especialmente en la Mexicana Frida Kahlo y Diego Rivera. Discípula y maestro. Visité la casa azul de Frida en Coayacan y fue un paseo asombroso. Ahí escuché esta historia:
“Debo haber tenido seis años cuando viví intensamente la amistad imaginaria de una niña de mi misma edad más o menos. En la vidriera del que entonces era mi cuarto y que daba a la calle de Allende. Sobre uno de los primeros cristales de la ventana echaba vaho y con el dedo dibujaba una “puerta”. (Aquí Frida dibujó la ventana)
Por esa “puerta”, salía en la imaginación con gran alegría y urgencia (…) Atravesaba todo el llano que se miraba, hasta llegar a una lechería que se llamaba Pinzon. Por la “o” de Pinzon entraba y bajaba impetuosamente al interior de la tierra, donde mi amiga imaginaria me esperaba siempre. No recuerdo su imagen ni su color. Pero sí sé que era alegre, se reía mucho, sin sonidos. Era ágil y bailaba como si no tuviera peso alguno. Yo la seguía en todos sus movimientos y le contaba, mientras ella bailaba, mis problemas secretos. ¿Cuáles? No recuerdo.”
Cuando ya regresaba a la ventana, entraba por la misma puerta dibujada en el cristal (…) Desdibujaba la “puerta” con la mano y “desaparecía”



Acá algunas fotos suyas.









domingo, 12 de octubre de 2014

Ejercicio de imaginación

FRED STEIN | PHOTOGRAPHER  Hicimos este ejercicio en ABRA. Muchas respuestas, muchas historias. ¿Y tú, tienes alguna?

¿Qué mira tras el muro? ¿Quién es el personaje que carga todos los días la escalera y sube, haga calor o frío, para quedarse ahí inmóvil mirando lo que sucede? ¿Es cómplice o testigo? ¿Tiene entre sus posibilidades la de entrar en la casa de al lado de una manera distinta que la de ser solo un fisgón?  Tenemos un cuento escondido. La imagen cuenta una historia o mil distintas.

domingo, 1 de julio de 2012

Jugando con el Facebook

Esta semana he estado muy activa en el Facebook, cuando me sugirieron entrar en el Facebook respondí que no perdería mi tiempo. Sin embargo me decidí a entrar y debo confesar que encuentro que es un espacio que trae muchas alegrías, desde encontrar a personas amigas que creías perdidas, comunicarte con gente a la que quieres que no ves así no más, intercambiar experiencias, intereses, juegos. Tengo una amiga australia, otra gallega, amigas peruanas que viven en Berlín, en Washington, en Santiago y en Buenos Aires y comunicarse con ellas es un placer. También he aprendido que una puede usar el Facebook para lo que desee, siempre encontrará quienes se animen a seguir el juego propuesto o continuar un tema. De vez en cuando propongo escribir un cuento y en esta oportunidad colgué la foto de un hombre y pregunté ¿quién era? ¿ Qué hacía por la vida? Si cargaba alguna culpa, en fin, que ubiquemos al hombre, le demos nombre, oficio, vida. Participaron muchas mujeres, cada una le hizo una historia, nos reímos, pensamos, usamos nuestra imaginación y ejercitamos la mente.Acá está el famoso hombre, ya maduro, elegante, con anteojos que no se saca nunca, del que unas dicen que es modista, otros dueño de una galería de arte, un anticuario, amante de la música, espía, gigoló, etc. Carmen Rico Coira, mi amiga de Galicia fue la que mejor historia construyó, según mi opinión y ella me ha pedido permiso ( no había necesidad) para continuar en su Facebook con el juego, para ver si las europeas contestan. Lo interesante del nacimiento del cuento de Carmen es que ha surgido no solo de la imagen, inspiradora por cierto, si no por las respuestas que las demás participantes del juego iban dando. Divertido ¿no?


Este hombre posee una galería de arte en la Rue Seine de París. Si, un día lo vi saliendo del café de Flore. Me llamó la atención su porte, su estilo, pero sobre todo porque no se sacó ni un momento las gafas de sol, aunque aquella tarde llovía en París. El hombre descendió la calle y justo antes de llegar a Pont des Arts por la acera de la derecha, se detuvo ante la vitrina de una galería. Miró, retrocedió dos pasos... Volvió a mirar y por fín sacó una llave y justo cuando traspasó la puerta, el local se iluminó y comenzó a sonar un blues.
Luego supe que el señor Rivais había nacido en Biarritz dentro de una familia de clase media. Nunca finalizó sus estudios universitarios, en realidad jamás tuvo claro lo que quería hacer con su vida, pero su capacidad especial para socializar , su encanto personal y su sonrisa le abrieron muchas puertas, cuando en la década de los ochenta se instaló en París. No le fue dificil conocer artistas ansiosos de halagos y él, siempre ha sido generoso en sus apreciaciones . Luego, una historia de amor tan corta como intensa, con una millonaria belga lo puso en contacto con marchantes de arte de medio mundo hasta que el Señor Rivais se cansó de pasear el perro dálmata de su amiga y decidió volar solo...
Ahora, al fín poseía su propia galería y en la Rue Seine y todas las tardes
Seguiría tomando su café en la terraza del Flore ,ocultándose tras las gafas oscuras.
Aquí decimos que es un "trepa", ese tipo de persona que posee el don de la ubicuidad, que sabe y puede estar siempre en el lugar oportuna y con la gente imprescindible... Una especie de encantador de serpientes. No es bueno ni es malo, un poco como todos. No es sabio, ni siquiera especialmente culto, pero dotado de esa inteligencia primitiva que va en los genes y que tiene mucho que ver con la intuición. Eso que está tan de moda ahora y que dicen Inteligencia Emocional.
La terraza de Flore es ese espacio donde un parisino "de bien" como el señor Rivais luce y seduce. Es una especie de escaparate donde las tertulias literarias dieron paso a ese estilo actual de hacer negocio.
El chófer del señor Rivais casi es clónico de él ... También lleva trajes de buen corte y usa gafas de sol, pero en este aso para disimular el aburrimiento mientras espera horas mientras su jefe adula al americano millonario.

Paul Rivais siempre tuvo oportunidades.
El nacer en una ciudad fronteriza como Biarritz le posibilitó el hablar español casi como el francés. Y si, es cierto que luego mucho más tarde regentaría un café de moda en S. sebastián, en la playa de La Concha. En su primera juventud, esta era su segunda ciudad. No olvidemos que Biarritz está en el país vasco-francés y aparte de otras cosas, ambas ciudades están unidas por la ancestral lengua.
En mayo acude a su café. Todos los años...es otra de sus rutinas. En realidad lo hace tres ó cuatro veces al año... Las justas para mostrarse y que no lo olviden , al tiempo que aporta la dosis justa de glamour que el local precisa.
Y en realidad, aunque luce trajes de corte italiano, se los sigue confeccionando el sastre de toda la vida , que ya de niño le confeccionara el de la primera comunión.
Se los encarga por docenas. Si le gusta un modelo, lo quiere en todos los colores, aunque para restarles solemnidad acostumbra a ponerlos con polos y camisetas de cuello redondo. Le gusta usar pañuelos de seda y zapatillas de deporte y es fiel al perfume.
Lo cierto es que Paul Rivais es fiel a casi todo lo material en esta vida, pero lo es menos a las personas. Poca genta ó quizá ninguna le llegó a conocer del todo. Es como si detrás de la eterna sonrisa y las gafas de sol se ocultase alguien, que en el fondo es un desconocido.
La vida le llevó por el sendero de los triunfadores, pero él siempre tuvo claro que debía hacer para que ese fuera también su camino.
Cecilia está acertada en la hipótesis de si estaría preso... Aunque no exactamente preso, pero si detenido , aquella vez que encontraron al pianista de su local muerto en extrañas circunstancias. Esa muerte aùn continùa sin esclarecer, pero todo apunta a un crimen pasional.
Siendo niño pasó muchas horas en el puerto mirando los yates que atracaban y a los ocupantes. Mujeres vestidas de blanco, con sombreros de paja, con ese aire Mediterráneo tan entre hippy y VIP. Con largas cabelleras rizadas y el bronceado justo. Todas de una edad indefinida. Todas parecidas... Y siempre se las veía felices cuando paseaban y sobre todo cuando compraban en las exclusivas tiendas que hay cerca del puerto, mientras los maridos y amantes seguían haciendo negocio en los yates.
Conoció a muchos españoles, cuando aún vivía el dictador, que pasapan a la localidad francesa a ver el cine censurado en España. A cuantas señoras de sociedad habrá acompañado a ver "el último tango en Parìs"?...
A los doce años perdió a su madre, pero la perdió de vista... Ella , que trabajaba en el casino de Biarritz , conoció a un americano que en un golpe de suerte hizo una fortuna y se fue con él allende los mares. Fue así como el pequeño Paul pasó a ser educado por un padre déspota y una abuela protectora.
Cuando la volviö a ver ,Paul ya se había establecido en París y regentaba en ese momento una pequeña tienda de antiguedades en Saint Germain.
Ella Seguía siendo una mujer hermosa y con el punto exacto de frivolidad de las mujeres de mundo. Cuando enviudó del americano, a quien el alcohol lo había atrapado en sus fauces, Marie Claire había adquirido un status social y financiero digno, muy digno. Carmen Rico Coira.









domingo, 3 de junio de 2012

Dialogo con uno mismo

Patricia Cuadra cuelga en su Facebook, a raíz de un cuento de Ana María Matute que colgué, esta crónica de infancia de Guillermo Giacosa, hermosa crónica.

Paganini y el ojo del pescado



Nunca, de niño, asocié los nombres. Alguna vez quedé fascinado junto a mi padre escuchando La Campanella, de Paganini, pero jamás se me ocurrió pensar que la localidad llamada 'Paganini’ fuera el mismo nombre que el del músico. Íbamos más frecuentemente a Paganini de lo que escuchaba La Campanella. Por eso, cuando oigo el nombre viene a mi memoria el chalet de mi tía y, luego, Paganini, su violín, su melena y algún compás que mi memoria nunca logra reproducir. Paganini, el lugar, está en las barrancas del Paraná, frente a ese río leonado (adjetivo de Borges) y sorprendente. Tan sorprendente que una vez, debido a lluvias en Brasil, las aguas se desbordaron trayendo trozos enteros de aquella tierra. Tan grandes eran que un mediodía vimos pasar un islote con dos jaguares como involuntarios pasajeros rumbo al Río de la Plata. Paganini no era la soledad de la pampa que yo amaba hasta la devoción ni tenía los caballos que me acompañaban en mis solitarios galopes hacia el poniente a la hora del ocaso. Pero me gustaba especialmente un tajo en la barranca que permitía bajar al río y experimentar ese diálogo silencioso que mi interior entablaba con la naturaleza. Digo diálogo a lo que en realidad era un monólogo hecho de emociones incontrolables que se chocaban entre sí pero del que siempre, curiosa característica que aún no me ha abandonado del todo, emergía vitalizado y feliz, incomprensiblemente feliz. Inexplicablemente feliz. Para algunos, con seguridad, absurdamente feliz. No para mi madre que sabía, por ese fantástico hilo de plata que nos unía, que yo regresaba de un país en el que aparentemente nada había pasado pero que, vaya a saber por qué, había encendido luces que otros no veían. Al: “¿Cómo te fue, Guillermito?”, descubría la historia que yo mismo me había contado y que estaba hecha de las piedras encontradas, de la nube con forma de murciélago, del pescador ciego al que su hijo guiaba, del olor insoportable de un cangrejo podrido sobre la arena, historias tan reales como imaginarias porque eso son en realidad las historias, un insumo de la realidad y luego los fuegos artificiales que ese insumo dispara en nuestro cerebro. No siempre eran bellas, claro está. A veces la intervención humana ponía una sombra oscura que me costaba asumir. Una mañana asistí, sentado en una piedra, a la ceremonia diaria de los pescadores bajando a tierra su resplandeciente carga plateada de cada jornada. Pero no fue una mañana cualquiera. Un hecho normal descompuso mis juegos con la realidad. Un pescador, que solía saludarme, atravesó con un alambre el ojo de un pescado vivo, luego lo unió a otro y a otro, y me dijo: “Chau, pibito” y me dejó a solas con el ojo destrozado del pescado buscando cómo huir de mi imaginación. Han pasado 62 años y el ojo sigue ahí. Ese día tan pronto me vio mi madre me acarició la cabeza y me dijo: “No todos los días las cosas salen bien”, y me mostró el nido de una calandria cuyos pichones reclamaban el almuerzo.




martes, 10 de agosto de 2010

Imaginación y lectura


¿Pero qué tiene que ver la imaginación con la lectura? se preguntarán ustedes. Mucho, en verdad, mucho. En un famoso discurso, el doctor José Sarukhán, uno de nuestros más eminentes biólogos, aseguró que corríamos mucho más peligro dejando de leer que dejando de producir libros (aunque esto último condujera a lo primero). Trataba de señalar que a pesar de que tuviéramos todos los libros del mundo, el peligro radicaba en no leerlos, y afirmo que estaba demostrado que leer era el mejor ejercicio para el cerebro. Yo he parodiado muchas veces esta afirmación, diciendo que el exrector de la Universidad Nacional dice que leer es como poner a las neuronas a hacer aerobics. Más allá de la broma, creo que es una afirmación trascendente, de la que podríamos concluir que un grupo de lectores ejercita sus facultades cerebrales mucho más que uno de no lectores. Entre estas facultades, me parece, la de “imaginar” ocupa un lugar predominante. Quien lee está mucho más capacitado para imaginar su mundo que quien no lee. La lectura lleva a los individuos, hombres o mujeres, a imaginar soluciones a sus problemas. Vamos, los lectores son más creativos que los no lectores. La expresión “soluciones imaginativas” se refiere precisamente a esto, a la necesidad de imaginar nuevas respuestas para viejos problemas. Sealtiel Alatriste