Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
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domingo, 3 de julio de 2016
domingo, 30 de noviembre de 2014
Palabras como cuentas que se hilvanan
En el FB a veces propongo a manera de juego, escribir un cuento, o inventar quien es algún personaje representado en una imagen, en esta oportunidad pedí que me manden palabras favoritas y así lo hicieron. Con ellas me propuse escribir pequeños poemas, unirlos como si se tratara de un rompecabezas. Esto es lo que salió:
Palabras como cuentas
que se hilvanan
Es madrugada
y siento la magia de la soledad
como si la noche todavía silbase con
melancolía en mi alma.
Pongo los ojos
en el corazón del mundo, un arbusto de malvas, lilas recién nacidas,
racimos
de peonías,
la llovizna
ha dejado un aroma de flores
que despierta mi ternura y mi complicidad
con esta vida
que es camino y destino.
Lamer la herida
en el bosque del ocaso.
¿Dónde encontrar un arroyo, agua de vida que despierte mi sosiego?
Tinta púrpura,
azul y roja,
noble caricia
que llega hasta mi página blanca esta mañana.
Fogata humedecida de almizcle,
inspirado perfume de ciervo.
Resplandece el sueño,
los ojos de seda permanecen inefables.
Trenzar la sensatez,
derramar el incienso,
abrazar la templanza.
Mirar el amor,
la dulzura de la magnolia,
el melancólico
picaflor,
la música
de la nostalgia.
La brújula
señala la verdad,
mis recuerdos
se los ha llevado el aire
y ahora navegan en el añil del mar.
La tibieza del cardo
regala
rosada
flor.
Esta noche habrá estrellas
Y la luz iluminará
la pampa
y las orillas .
En el campo, bajo un nogal
Danzan y zapatean un antiguo panalivio
los negritos del Carmen
lamento
que se acompaña con
un
cajón y un violín
Un viejito
sanador, del que decían era dueño de
la felicidad, fue invitado una noche para curar a mi madre. Trajo un atadito de castañas, dulzura entre
los labios, se sentó al lado del fuego y contó historias del mar. La fiebre cedió y fue llegando la paz y otra vez reinó la lucidez en el rostro de mi madre.
Han quedado solo cuatro palabras sin compañía:
la tristeza que nunca falta
El parto
que nos abre a la vida
La
lealtad que tal vez es solo imaginaria
El infinito
al que nuestra mente no alcanza
Y aún recojo la palabra sendero que no deseamos ya oír.
Y para que no pasemos hambre ni sed maíz y una damajuana de buen pisco para beber hasta caer adormecidos cuando
se acabe la tarde y ni siquiera un agudo relincho
largo y sonoro nos consiga despertar.
Etiquetas:
Cecilia Bustamante de Roggero,
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viernes, 29 de enero de 2010
Antonio Colinas y Blanca Andreu
Recitar el propio verso . Qué privilegio, poder leer nuestros propios versos ante un auditorio que escucha ensimismado porque el poeta habla, narra, cuenta,
lo mismo que uno alguna vez ha sentido. El tono de quien lee sus poemas es distinto al común hablar, es hablarse, decir lo que su corazón antes escondía.
lo mismo que uno alguna vez ha sentido. El tono de quien lee sus poemas es distinto al común hablar, es hablarse, decir lo que su corazón antes escondía.
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