
Recuerdo la fascinación que sentía cuando mi padre me explicaba el lenguaje de los abanicos. Poder decir cosas solo con el movimiento del abanico me parecía ingenioso y divertido. Encuentro en un artículo sobre los abanicos como obra de arte, el significado de algunos de sus movimientos. Se ve que el destino del amor estaba entonces en las manos de la mujer.
Abierto, tapando la boca: Estoy sola.

Dejarlo deslizar sobre los ojos: Vete, por favor.
Golpeándolo, cerrado, sobre la mano izquierda: Escríbeme.
Mantenerlo en la oreja izquierda: Quiero que me dejes en paz.
Moverlo con la mano derecha. Quiero a otro.
Moverlo con la mano izquierda: Nos observan.
Movido con la derecha: Hasta mañana.
Roto: Se ha terminado.
Semicerrado en la derecha y sobre la izquierda: No puedo.
Sobre los labios, semiabierto: Te quiero.
Tocar con el dedo el borde: Quiero hablar contigo.
