Podemos renegar mucho de estos días de Navidad, el tráfico, las tiendas, el tiempo que no alcanza para visitar a todos los que queremos visitar, y a eso añadir que los finales siempre nos ponen melancólicos y es un año que termina, la gente en la calle está nerviosa, pero debo reconocer que siempre existe la magia de la Navidad. Es decir lo inesperado, la sorpresa, y eso nos produce una inmensa alegría. Hoy sonó el timbre, era una amiga muy querida que venía a darnos un abrazo. Nos sentamos en la terraza y conversamos. Ella nos contó lo vivido en el año y nos fue transmitiendo hermosas enseñanzas, fue llenando nuestro corazón de esperanza, de fuerza, de amor por la vida. Seguro que ella no sabe cuanto nos dio y como quedamos tan agradecidos. Gracias querida Sagrario, con tu visita empezó nuestra Navidad.
