La foto de mi abuelita Anita, con mi hermano Jorge, engreído suyo.Hace treinta años que mi abuela ya no está con nosotros y mi madre nos invitó hoy a su casa para recordarla. Reunidos en círculo, como en los tiempos primitivos alrededor del fuego, hablamos de ella, nos mostramos fotos, contamos anécdotas, mi hermano cantó una canción inspirada en la abuelita, mi mamá nos leyó algo que había escrito, pero dijo que podría escribir un libro entero sobre su madre. Cada uno tenía un recuerdo y cada cual había registrado lo sucedido a su modo. Cuánto cariño y cómo dura a pesar del paso del tiempo. Hoy hicimos un pequeño homenaje y todos nos sentimos felices y llenos de orgullo de descender de una mujer tan rica, tan original,única.
Regresando a mi casa se me ocurrió pensar que tal vez el rito que habíamos realizado se iría perdiendo en un futuro que imaginé sería más acelerado y menos íntimo, en donde la familia tendría cada vez menos importancia, y sentí que sería una lástima si fuese así, que las próximas generaciones se perderían algo como lo vivido esta noche en la que habíamos habíamos gozado, sintiéndonos felices y agradecidos.
Ahora que escribo recuerdo que alguien me contó que cuando muere una persona querida en japón, se reune la familia y los amigos íntimos y con el que ha muerto delante, recuerdan cosas de su vida como homenaje y despedida.