Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
domingo, 12 de julio de 2015
Alberto Ruy-Sánchez / SinEmbargo / Collage de jacarandas ciudadanas
Los jacarandas más preciosos que yo haya visto los he visto en Buenos Aires. EL color violeta tiñe la ciudad y la llena de belleza. Acá el escritor y poeta mexicano Alberto Ruy Sánchez busca poesía de diferentes autores referidas al jacarandá. Que lo disfruten!
domingo, 3 de agosto de 2014
Tres películas vistas en Buenos Aires
( Está en You tuve con subtítulos en inglés, buenísima).
(Esta la vi en el avión, estuvo en Lima para el Festival pero yo no la había visto, me encantó)
Ver cine gratis online http://peliculasonlinefhd.com/gloria-.
"Y no tengais miedo de la mala cosa" Narrarse la vida.
Hace muchos años, en uno de mis primeros viajes a Buenos Aires, la escuché narrar. Era como para quedarse asombrada, tantas historias, tantos tonos de voz, tan bellas palabras. Y ahora la escucho y veo en este TED y consigue dejarme otra vez llena de asombro.
¿Quien es el Sr. Schmitt? Muy buen teatro en Bs As.
Fue la primera obra que vimos en este viaje. Qué argumento original e inteligente. Muy buenas actuaciones, una comedia muy entretenida.
Le Prenom Muy buena obra de teatro en Buenos Aires
Muy divertida. Muy buenos actores, inteligente argumento, delicioso reír.
El jardín de los cerezos de Chejov en Buenos Aires
martes, 8 de julio de 2014
jueves, 27 de marzo de 2014
Mario Testino en Buenos Aires
jueves, 23 de enero de 2014
Por eso bailo tango
Me dijeron:
En este salón te tenés que sentar cerca del mostrador, a la izquierda, no lejos de la caja registradora; tomate un vinito, no pidás algo más fuerte porque no se estila en las mujeres, no tomés cerveza porque la cerveza da ganas de hacer pis y el pis no es una cosa de damas, se sabe del muchacho de este barrio que abandonó a su novia al verla salir del baño: yo creí que ella era puro espíritu, un hada, parece que alegó el muchacho. La novia quedó para vestir santos, frase que en este barrio todavía tiene connotaciones de soledad y soltería, algo muy mal visto. En la mujer, se entiende. Me dijeron.
Yo ando sola y el resto de la semana no me importa pero los sábados me gusta estar acompañada y que me aprieten fuerte. Por eso bailo el tango.
Aprendí con gran dedicación y esfuerzo, con zapatos de taco alto y pollera ajustada, de tajo. Ahora hasta ando con las clásicos elásticos en la cartera, el equivalente a llevar siempre contigo la raqueta si fuera tenista, pero menos molesto. Llevo los elásticos en la cartera y a veces en la cola de un banco o frente a la ventanilla cuando me hacen esperar por algún trámite los acaricio, al descuido, sin pensarlo, y quizá, no sé, me consuelo con la idea de que en ese mismo momento podría estar bailando el tango en vez de esperar que un empleaducho desconsiderado se digne atenderme.
Sé que en algún lugar de la ciudad, cualquiera sea la hora, habrá un salón donde se esté bailando en la penumbra. Allí no puede saberse si es de noche o de día, a nadie le importa si es de noche o de día, y los elásticos sirven para sostener alrededor del empeine los zapatos de calle, estirados como están de tanto trajinar en busca de trabajo.
El sábado por la noche una busca cualquier cosa menos trabajo. Y sentada a una mesa carca del mostrador, como me recomendaron, espero. En este salón el sitio clave es el mostrador, me insistieron, así pueden ficharte los hombres que pasan hacia el baño. Ellos sí pueden permitirse el lujo. Empujan la puerta vaivén con toda carga a cuestas, una ráfaga amoniacal nos golpea, y vuelven a salir aligerados dispuestos a retomar la danza.
Ahora sé cuándo me toca a mí bailar con uno de ellos. Y con cuál. Detecto ese muy leve movimiento de cabeza que me indica que soy la elegida, reconozco la invitación y cuando quiero aceptarla sonrío quietamente. Es decir que acepto y no me muevo; él vendrá hacia mí, me tenderá la mano, nos pararemos enfrentados al borde de la pista y dejaremos que se tense el hilo, que el bandoneón crezca hasta que ya estemos a punto de estallar y entonces, en algún insospechado acorde, él me pondrá el brazo alrededor de la cintura y zarparemos.
Con las velas infladas bogamos a pleno viento si es milonga, al tango lo escoramos. Y los pies no se nos enredan porque él es sabio en señalarme las maniobras tecleteando mi espalda. Hay algún corte nuevo, figuras que desconozco y a veces hasta salgo airosa. Dejo volar un pie, me escoro a estribor, no separo las piernas más de lo estrictamente necesario, él pone los pies con elegancia y yo lo sigo. A veces me detengo, cuando con el dedo medio él me hace una leve presión en la columna. Pongo la mujer en punto muerto, me decía el maestro y una debía quedar congelada en medio del paso para que él pudiera hacer sus firuletes.
Lo aprendí de veras, lo mamé a fondo como quien dice. Todo un ponerse, por parte de los hombres, que alude a otra cosa. Eso es el tango, Y es tan bello que se acaba aceptando.
Me llamo Sandra pero en estos lugares me gusta que me digan Sonia, como para perdurar más allá de la vigilia. Pocos son sin embargo los que acá preguntan o dan nombres, pocos hablan. Algunos eso sí se sonríen para sus adentros, escuchando esa música interior a la que están bailando y que no siempre está hecha de nostalgia. Nosotras también reímos, sonreímos. Yo río cuando me sacan a bailar seguido (y permanecemos callados y a veces sonrientes en medio de la pista esperando la próxima entrega), río porque esta música de tango rezuma del piso y se nos cuela por la planta de los pies y nos vibra y nos arrastra.
Lo amo. Al tango. Y por ende a quien, transmitiéndome con los dedos las claves del movimiento, me baila.
No me importa caminar las treintipico de cuadras de vuelta hasta mi casa. Algunos sábados hasta me gasto en la milonga la plata del colectivo y no me importa. Algunos sábados un sonido de trompetas digamos celestiales traspasa los bandoneones y yo me elevo. Vuelo. Algunos sábados estoy en mis zapatos sin necesidad de elásticos, por puro derecho propio. Vale la pena. El resto de la semana transcurre banalmente y escucho los idiotas piropos callejeros, esas frases directas tan mezquinas si se las compara con la lateralidad del tango.
Entonces yo, en el aquí y ahora, casi pegada al mostrador para dominar la escena, me fijo un poco detenidamente en algún galán maduro y le sonrío. Son los que mejor bailan. A ver cuál se decide. El cabeceo me llega de aquel que está a la izquierda, un poco escondido detrás de la columna. Un tan delicado cabeceo que es como si estuviera apenas, levemente, poniéndole la oreja al propio hombro, escuchándolo. Me gusta. El hombre me gusta. Le sonrío con franqueza y sólo entonces él se pone de pie y se acerca. No se puede pedir un exceso de arrojo. Ninguno aquí presente arriesgaría el rechazo cara a cara, ninguno está dispuesto a volver a su asiento despechado, bajo la mirada burlona de los otros. Ëste sabe que me tiene y se me va arrimando, al tranco, y ya no me gusta tanto de cerca, con sus años y con esa displicencia.
La ética imperante no me permite hacerme la desentendida. Me pongo de pie, él me conduce a un ángulo de la pista un poco retirado y ahí ¡me habla! Y no como aquel, tiempo atrás, que sólo habló para disculparse de no volver a dirigirme la palabra, porque yo acá vengo a bailar y no a dar charla, me dijo, y fue la última vez que abrió la boca. No. Éste me hace un comentario general, es conmovedor. Me dice vio doña, como está la crisis, y yo digo que sí, que vi, la pucha que vi aunque no lo digo con estas palabras, me hago la fina, la Sonia: Sí señor, qué espanto, digo, pero él no me deja elaborar la idea porque ya me está agarrando fuerte para salir a bailar al siguiente compás. Éste no me va a dejar ahogar, me consuelo, entregada, enmudecida.
Resulta un tango de pura concentración, del entendimiento cósmico. Puedo hacer los ganchos como le vi hacer a la del vestido de crochet, la gordita que disfruta tanto, la que revolea tan bien sus bien torneadas pantorrillas que una olvida todo el resto de su opulenta anatomía. Bailo pensando en la gorda, en su vestido de crochet verde --color esperanza, dicen--, en su satisfacción al bailar, réplica o quizá reflejo de la satisfacción que habrá sentido al tejer; un vestido vasto para su vasto cuerpo y la felicidad de soñar con el momento en que ha de lucirlo, bailando. Yo no tejo, ni bailo tan bien como la gorda, aunque en este momento sí porque se dio el milagro.
Y cuando la pieza acaba y mi compañero me vuelve a comentar cómo está la crisis, yo lo escucho con unción, no contesto, le dejo espacio para añadir
--¿Y vio el precio al que se fue el telo? Yo soy viudo con mis dos hijos. Antes podía pagarle a una dama el restaurante, y llevarla al hotel. Ahora sólo puedo preguntarle a la dama si posee departamento, y en zona céntrica. Porque a mí para un pollito y una botella de vino me alcanza.
Me acuerdo de esos pies que volaron --los míos--, de esas filigranas. Pienso en la gorda tan feliz con su hombre feliz, hasta se me despierta una sincera vocación para el tejido.
--Departamento no tengo --explico--pero tengo pieza en una pensión muy bien ubicada, limpia. Y tengo platos, cubiertos, y dos copas verdes de cristal, de esas bien altas.
--¿Verdes? Son para vino blanco.
--Blanco, sí.
--Lo siento, pero yo al vino blanco no se lo toco.
Y sin hacer una vuelta más, nos separamos.
© Luisa Valenzuela
Luisa Valenzuela, una de las escritoras argentinas más importantes de la actualidad, nació en Buenos Aires. Entre 1979 y 1989 vivió en Nueva York, donde fue escritora en residencia en las universidades de Columbia y New York (NYU). Obtuvo la Beca Guggenheim y fue Fullbright Fellow (International Writers Workshop, Iowa.) Actualmente vive en Buenos Aires y es columnista del diario La Nación. Acaba de concluir una novela, o quizá una autobiografía apócrifa, titulada La Travesía. Ha publicado seis novelas y ocho volúmenes de cuentos. Los libros de Luisa Valenzuela han sido traducidos a múltiples idiomas, y en su totalidad al inglés. Su obra es vastamente estudiada en las universidades de los Estados Unidos, Inglaterra y Australia.
domingo, 27 de octubre de 2013
San Telmo en Domingo
Cinco días en Buenos Aires
Estar en Buenos Aires aunque sea por 5 días es tan estimulante, buen teatro, buen cine,maravillosas librerías, estupendo clima, la ciudad está más limpia, mejores veredas, mucha gente en las confiterías, en los restaurantes, gente estudiando, investigando, viendo arte, así deberían ser todas las ciudades regalos para la imaginación, para renovar nuestras ideas, para variar nuestro punto de vista.
Esta vez lo que más hicimos fue ir al teatro y tuvimos mucha suerte vimos muy buenas obras, una de ellas me emocionó hasta las lágrimas, la de Beethoven, la de Bergman estupenda, Emilia retratando el caos de las familias y esta de Parque Lezama llena de ternura.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Una escapada a Buenos Aires
A veces las ofertas de pasajes nos tientan y podemos darnos una escapada de pocos días a un país vecino y hacer un cambio en nuestra rutina. Cinco días en Buenos Aires con sus noches puede ser una experiencia muy rica que ahora comparto en los siguientes posts, aunque no cuento que fuimos a un café filosófico, a comer a un restaurante peruano Osaka, que está causando furor en Buenos Aires, pero antes cuelgo un cuento mío, una pequeña fábula que espero les guste. El cuento también tiene algo de argentino.
Susana Rinaldi
jueves, 3 de diciembre de 2009
El salón de baile ( Le bal) Ettore Scola
Los videos que les presento pertenecen a una película inolvidable que se llamó "El salón de baile". Solo con el lenguaje del cuerpo, la música, canciones y modas de cada época seguimos 50 años de Francia en el mismo salón. La película llamada en Francia ( Le bal) es del director italiano Ettore Scola, ganador con esta película de un oscar a la mejor película extranjera.
El video número uno muestra a las mujeres llegando al salón de baile, la presentación de los personajes, cada una original, va tomando sitio en las pequeñas mesas y se acomoda para esperar a los galanes que llegan al final y se instalan frente al bar. intercambio de miradas. En el video número dos, se produce el encuentro, el escoger cada uno y cada una a quien le gusta y a lanzarse a la pista a bailar, unos con desenfreno, otros con pasión, sucede el abrazo, la entrega, la reserva, el ritmo y la dicha de ser durante unos momentos dos seres que se mueven al unísono al ritmo de la música. Espero lo disfruten y si pueden conseguir la película, es una infaltable. Las he puesto en desorden para que el que quiera solo ver una vea la número dos. El último video es de una Milonga, para que tengan una idea de qué se trata.
viernes, 30 de octubre de 2009
Realmente Buenos Aires
Pasamos una semana en Buenos Aires, el tiempo ahí siempre se hace corto porque hay tanto que ver y hacer que cuesta decidir y da lástima perderse algo fabuloso que está sucediendo justo ahora que estamos tan cerca. Tuvimos sol y lluvia y hasta relámpagos, nos agarró la sudestada, ese viento loco que no obedece a nadie. Fuimos al teatro y muy variado desde "El rey Lear" en una puesta magnífica, hasta "Franky y Johny" y "Cena entre amigos", ah, y el estupendo musical de "Piaf". Paseamos, el verde de las hojas de los árboles estaba brillante y nuevo, yo no fui pero mis acompañantes regresaron impresionados del rosedal y decididos a tener uno aunque sea pequeñito en casa, rosas enormes de todos los colores, con pétalos gruesos. Se está comiendo cada vez mejor y estuvimos en un restaurante peruano, en uno francés y en uno italiano, además de los argentinos. Las librerías nos acogieron con los brazos abiertos y si no existiese la imposibilidad de cargarlos en el avión hubiese seguido comprando. Hay tales maravillas, pero igual interviene el azar y no todo lo que brilla es oro y hay que conformarse con algunos tesoros que son ahora nuestros. Los taxistas en su mayoría encantadores, gente conversadora con historias interesantes, uno era un gran amante del jazz, otro un ex empresario. Visitamos anticuarios y claro que la feria de los domingos de San Telmo. Y qué decir de esa noche de Milonga. Total, una delicia. Será hasta la próxima, siempre ansiamos una próxima visita para seguir saboreando la vida que realmente te da Buenos Aires.
Aquí algunas fotos que tomé en San Telmo tratando de apropiarme de algunos de los millones de objetos que se ofrecen a buen precio :
domingo, 26 de octubre de 2008
Buenos Aires siempre nos sorprende


Dice Tomás Eloy Martinez en una entrevista sobre Borges: Para los adolescentes de los años 50 Borges era, además, un escritor secreto, de culto. Creíamos que uno sólo de sus relatos o de sus poemas -el "Poema de los dones", por ejemplo, o el conmovedor "Límites"- equivalían a toda la literatura. Hace pocos meses, un profesor de Rutgers, que había leído un solo cuento de Borges - "La busca de Averroes", en traducción al inglés-, me dijo que esas pocas páginas habrían bastado para que le dieran el Nobel. Leer a Borges sin que ese placer sea enturbiado por el personaje Borges es algo que parece estar vedado ahora a los argentinos.
El único libro que me llevé al exilio fue El libro de arena y durante cuatro meses no leí otra cosa que sus trece cuentos, interminablemente. Creo que en esas escuetas páginas y en las de sus antologías personales de 1961 y 1968 cabe todo lo que Borges fue y lo que seguirá siendo.
Las dos últimas veces que vi a Borges, nos cuenta Tomás, ya no era Borges sino su gloria. Primero fue en Venezuela, hacia 1979. Entró silencioso, modesto, en el Ateneo de Caracas y, cuando los reflectores se volvieron hacia él abrumándolo, la gente lo coronó con una ovación de diez minutos. Un escritor venezolano que estaba a mi lado me codeó y dijo: "Míralo bien. Es Homero, es Dante, es toda la literatura". Cinco años más tarde, volví a encontrarlo en la Universidad George Mason, en Virginia, donde miles de estudiantes lo oyeron de pie, en devoto silencio. Le oí decir entonces que dictaba prólogos y poemas en los aviones y que el aplauso de los hombres era una forma inmerecida de felicidad.
En 1961, poco después de haber recibido el premio Formentor, Victoria Ocampo le pidió a Borges que eligiera los textos que, a su juicio, lo representaban mejor. El breve volumen, de 200 páginas, fue publicado ese mismo año por la editorial Sur con un título explícito, Antología personal . En el escueto prólogo, Borges declara, con raro énfasis: "Mis preferencias han dictado este libro. Quiero ser juzgado por él, justificado o reprobado por él".
Ahí están sus principales cuentos: "La muerte y la brújula", "El Sur", "Funes el memorioso", "El Aleph", "La busca de Averroes", "Las ruinas circulares", "El fin".
VERSOS DE CATORCE ( De Luna de enfrente)
A mi ciudad de patios cóncavos como cántaros
y de calles que surcan las leguas como un vuelo,
a mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso
y arrabales azules, hechos de firmamento,
a mi ciudad que se abre clara como una pampa,
yo volví de las tierras antiguas del naciente
y recobré sus casas y la luz de sus casas
y esa modesta luz que urgen los almacenes
y supe en las orillas, del querer, que es de todos
y a punta de poniente desangré el pecho en salmos
y canté la aceptada costumbre de estar solo
y el retazo de pampa colorada de un patio.
Dije las calesitas, noria de los domingos
y el paredón que agrieta la sombra de un paraíso,
y el destino que acecha tácito, en el cuchillo,
y la noche olorosa como un mate curado.
Yo presentí la entraña de la voz las orillas,
palabra que en la tierra pone el azar del agua
y que da a las afueras su aventura infinita
y a los vagos campitos un sentido de playa.
Así voy devolviéndole a Dios unos centavos
del caudal infinito que me pone en las manos.
Me encanta esta cita de Borges:

"Un hombre se propone dibujar el Universo. Tiene delante de si una pared, que nada nos cuesta imaginar como infinita, y en ella va dibujando anclas, torres, espadas, etc., y luego llega asì al momento de su muerte. Entonces ve ese vasto dibujo. Le es dado ver ese dibujo infinito y ve que ha dibujado su propio rostro." (Borges)
En este you Tube podrán escuchar en la voz de Borges su poema que nos habla de la ironía de Dios que lo hace ser director de la biblioteca nacional siendo ciego.
Y para cerrar este post de Buenos Aires un youtube de Randy Weston al que tuvimos la suerte de escuchar tocar en el festival.











