Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
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domingo, 25 de junio de 2017
lunes, 27 de marzo de 2017
domingo, 4 de septiembre de 2016
sábado, 30 de julio de 2016
Un poema de Borges
El instante
¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.
domingo, 5 de julio de 2015
Siete noches borgianas
Borges dictó una vez en Buenos Aires siete conferencias sobre temas que le interesaban. Imagino la dicha de los asistentes oír y ver al maestro disertando durante una hora, cada una de las siete noches, paseando por lugares, ideas, pensamientos de otros sabios, profundizando en asuntos primordiales en la vida de los hombres. Esas conferencias están contenidas en un libro que se llama "Siete noches".En Abra nuestro taller de lectura habíamos leído La Ceguera y La Pesadilla. Hoy hicimos El Budismo y nos maravillamos con la belleza del texto. A mi me impresiono en especial que siendo ciego, sin poder escribir ni ver el texto, pudiese construir de la manera en la que lo consigue un texto tan bien estructurado, poético, preciso, tan hermoso y didáctico.
Es una felicidad que podamos participar en
cierta medida de esas siete noches, qUe nos lleguen a cada uno sus palabras y
que podamos hacerlas nuestras.
Cuando volvamos a es pequeño libro azul -es el
color de la edición que tengo-
seguramente escogeremos Las Mil y una noches o tal vez La Cábala.
Conferencia sobre el budismo, video https://www.youtube.com/watch?v=B9qdLUz2sj4
domingo, 12 de abril de 2015
Seguir tejiendo
Aprendi una frase: Sigue tejiendo. Como Penélope. La vida sigue y eso es lo que toca hacer. Esta imagen de un tejido tan grande ilustra muy bien la frase. Hemos venido a tejer, unir, formar, crear. Casi sin darnos cuenta cada acto nuestro, cada punto nos forma o nos forja. Seremos aquello que estemos tejiendo. Dice Borges que nuestros movimientos van creando un dibujo que algún día veremos y entonces apreciaremos la belleza del diseño.
jueves, 22 de enero de 2015
El instante de Borges
El Instante
¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.
Jorge Luis Borges
domingo, 30 de noviembre de 2014
domingo, 22 de junio de 2014
EL squonk, animal fantástico de Borges
La zona del squonk es muy limitada. Fuera de Pennsylvania pocas personas han oído hablar de él, aunque se dice que es bastante común en los cicutales de aquel Estado. El squonk es muy hosco y generalmente viaja a la hora del crepúsculo. La piel, que está cubierta de verrugas y de lunares, no le calza bien; los mejores jueces declaran que es el más desdichado de todos los animales. Rastrearlo es fácil, porque llora continuamente y deja una huella de lágrimas. Cuando lo acorralan y no puede huir o cuando lo sorprenden y lo asustan se disuelve en lágrimas. Los cazadores de squonks tienen más éxito en las noches de frío y de luna, cuando las lágrimas caen despacio y al animal no le gusta moverse; su llanto se oye bajo las ramas de los oscuros arbustos de cicuta.
El señor J. P. Wentling, antes de Pennsylvania y ahora establecido en St. Anthony Park, Minnesota, tuvo una triste experiencia con un squonk cerca de Monte Alto. Había remedado el llanto del squonk y lo había inducido a meterse en una bolsa, que llevaba a su casa, cuando de pronto el peso se aligeró y el llanto cesó. Wentling abrió la bolsa; sólo quedaban lágrimas y burbujas.
viernes, 21 de febrero de 2014
Sirena sobre un delfín
La idea de las sirenas siempre me ha impresionado. Unas mujeres con cola de pez capaces de vivir en el fondo del mar y también asomarse para relacionarse con los humanos. Las imaginaba con bellísimos rostros y el pelo abundante, largo y crespo. Ser una sirena debe ser algo complicado, pensaba, si uno está en el mar puede nadar y bucear pero para a la hora de salir a tierra, tendrá que arrastrarse. Cuando supe que tenía una voz bellísima y que su canto era el más hermoso que se puede oír la convertí en un ser más esplendoroso aún. No existen las sirenas, se me dijo, solo es un mito. Acepté racionalmente pero en el fondo de mi corazón, en la pepita de mi alma, como solía decir la madre Vega Cristhie, monja de mi colegio, seguía ansiando que existiesen y que algún día pudiese toparme con ella. Muchos hombres y mujeres han soñado con las sienas y las han imaginado de distinta manera. En su libro sobre Los seres imaginarios, Borges nos dice: Aves de plumaje rojizo y cara de virgen, de medio cuerpo para arriba son mujeres y abajo, aves marinas, la mitad mujeres, peces la mitad.
Apolodoro narra que Orfeo, desde la nave de los Argonautas, cantó con más dulzura que las sirenas y estas se precipitaron al mar y quedaron convertidas en rocas, porque su ley era morir cuando alguien no sintiera su hechizo.
De Murgen en el norte de Gales se duce que no era pescado porque sabía hilar, y que no era una mujer porque podía vivir en el agua.
Apolodoro narra que Orfeo, desde la nave de los Argonautas, cantó con más dulzura que las sirenas y estas se precipitaron al mar y quedaron convertidas en rocas, porque su ley era morir cuando alguien no sintiera su hechizo.
De Murgen en el norte de Gales se duce que no era pescado porque sabía hilar, y que no era una mujer porque podía vivir en el agua.
Una vez me senté en un promontorio
y escuché a una sirena montada en
un delfín. Profería aliento tan dulce
y armonioso que el rudo mar
se aplacó con su canto y ciertas
estrellas se dispararon locamente de
sus esferas para escuchar la música
de la doncella del mar.
y escuché a una sirena montada en
un delfín. Profería aliento tan dulce
y armonioso que el rudo mar
se aplacó con su canto y ciertas
estrellas se dispararon locamente de
sus esferas para escuchar la música
de la doncella del mar.
William Shakespeare,
Sueño de una Noche de Verano
Sueño de una Noche de Verano
jueves, 6 de febrero de 2014
viernes, 17 de enero de 2014
Borges y la belleza
El atardecer...
"Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso. "
Jorge Luis Borges
Tenemos que estar atentos y con los ojos bien abiertos para ver la belleza que se nos presenta.
"Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso. "
Jorge Luis Borges
Tenemos que estar atentos y con los ojos bien abiertos para ver la belleza que se nos presenta.
domingo, 8 de diciembre de 2013
Borges: Una rosa
Una rosa
De las generaciones de las rosas
que en el fondo del tiempo se han perdido
quiero que una se salve del olvido,
una sin marca o signo entre las cosas
que fueron. El destino me depara
este don de nombrar por vez primera
esa flor silenciosa, la postrera
rosa que Milton acercó a su cara,
sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
o blanca rosa de un jardín borrado,
deja mágicamente tu pasado
inmemorial y en este verso brilla,
oro, sangre o marfil o tenebrosa
como en sus manos, invisible rosa.
De las generaciones de las rosas
que en el fondo del tiempo se han perdido
quiero que una se salve del olvido,
una sin marca o signo entre las cosas
que fueron. El destino me depara
este don de nombrar por vez primera
esa flor silenciosa, la postrera
rosa que Milton acercó a su cara,
sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
o blanca rosa de un jardín borrado,
deja mágicamente tu pasado
inmemorial y en este verso brilla,
oro, sangre o marfil o tenebrosa
como en sus manos, invisible rosa.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Judith Shakespeare
La semana pasada en nuestro taller ABRA, hablamos sobre las hermanas. Leímos un precioso texto en el que Borges presenta a su hermana Norah y este texto de Virginia Woolf, "La hermana de Shakespeare", en el que imagina cómo hubiese sido la vida de Judith la hermana de Shakespeare de haber sido tan talentosa como él.
Virginia Woolf, "La hermana de Shakespeare".
La hermana de Shakespeare *
Woolf, Virginia, Un cuarto propio, Buenos Aires, Ediciones Sur, 1980. Traducción de Jorge Luis Borges.
“(...) Hubiera sido imposible, completa y enteramente imposible, que una mujer compusiera las piezas de Shakespeare en el tiempo de Shakespeare. Imaginemos, ya que los hechos son tan difíciles de atrapar, qué hubiera sucedido si Shakespeare hubiera tenido una hermana, maravillosamente dotada, llamada Judith, supongamos. Shakespeare iba, es muy probable –su madre era una heredera-, a un liceo, donde aprendería latín –Ovidio, Virgilio y Horacio- y los elementos de la gramática y la lógica. Era, quien no lo sabe, un muchacho travieso que robaba conejos, tal vez mató un ciervo, y tuvo, antes de lo debido, que casarse con una mujer de la vecindad, que le dio un hijo, también antes de lo debido. Esa aventura lo llevó a Londres a buscar fortuna. Tenía, parece, inclinación por el teatro; empezó cuidando caballos en la puerta.
Pronto consiguió trabajo en el teatro, tuvo éxito como actor, y vivió en el centro del universo, frecuentando a todo el mundo, conociendo a todo el mundo, ejerciendo su arte en las tablas, ejercitando su agudeza en las calles, y haciéndose admitir hasta en el palacio real. Mientras tanto, su bien dotada hermana, supongamos, se quedaba en casa. Era tan audaz, tan imaginativa, tan impaciente de ver el mundo como él. Pero no la mandaron a la escuela. No tuvo oportunidad de aprender gramática y lógica, menos aún de leer a Virgilio y Horacio. Hojeaba de vez en cuando un libro, uno de su hermano, quizá, y leía unas cuantas páginas. Pero entonces, venían los padres y le decían que fuera a zurcir las medias o atendiera el guiso y no malgastara su tiempo con libros y papeles. Le hablaría claro pero bondadosamente, porque eran personas de peso que sabían las condiciones de vida propias de una mujer y querían a su hija. En verdad, lo más verosímil es que la adorara su padre.
Quizá garabateó algunas páginas a escondidas, en el desván de las manzanas, pero tuvo buen cuidado de esconderlas o prenderles fuego. Sin embargo, antes de los veinte años, decidieron comprometerla con el hijo de un vecino clasificador de lana. Dijo a gritos que odiaba el matrimonio, y su padre la azotó severamente. Entonces dejó de reírla. Le rogó que no lo disgustara y no lo avergonzara en aquel asunto del casamiento. Le daría un collar de cuentas y una linda enagua, le dijo; y tenía lágrimas en los ojos. ¿Cómo desobedecerlo? ¿Cómo partirle el corazón? La fuerza de su vocación la impulsó. Hizo un atadito de sus cosas, se deslizó una noche de verano por una cuerda y tomó el camino de Londres. No había cumplido aún diecisiete años. Los pájaros que cantaban en los cercos eran más musicales. Tenía la más pronta imaginación, un don como su hermano para la música de las palabras. Como él, tenía inclinación por el teatro. Se paró en la puerta del teatro; dijo que quería representar. Los hombres se le rieron en la cara. El empresario –un hombre gordo de labio caído- soltó la carcajada. Rezongó algo sobre perros bailando y mujeres representando –no ha mujer, dijo, que pueda ser actriz. –Insinuó- lo que ustedes imaginan. Ella no tenía dónde aprender. ¿Podía acaso buscar su comida en una taberna o rondar las calles a medianoche?
Sin embargo, su inclinación era novelística y quería alimentarse infinitamente de vidas de hombre y de mujeres y del estudio de sus modos de ser. Al fin –porque era muy joven, muy parecida de rostro a Shakespeare el poeta, con los mismos ojos grises y las cejas arqueadas- al fin Nick Greene el empresario se apiadó de ella; un buen día, se encontró encinta y entonces -¿quién medirá el calor y la violencia de un corazón de poeta, arraigado y envuelto en el cuerpo de una mujer?- se mató una noche de invierno y tace enterrada en alguna encrucijada donde ahora se detienen los ómnibus frente al Elefante y la Torre.
Así, más o menos, hubiera sido la historia, me parece, si una mujer en tiempo de Shakespeare, hubiera tenido el genio de Shakespeare. Porque el genio de Shakespeare no nace de gente de trabajo, ineducada y servil. (...)”
sábado, 18 de mayo de 2013
Cómo nace un texto
Jorge Luis Borges

Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder.
En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.

Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder.
En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.
martes, 15 de enero de 2013
Espejos Y Borges
Símbolo de la imaginación y de la conciencia, el espejo se ha relacionado con el pensamiento ( auto contemplación) y como reflejo del universo. ¿Quién no tiene un espejo? ¿Quién le teme, quién como la bruja de Blanca nieves lo ama? Narciso se miró en una fuente que era un espejo de agua y se perdió en él. Borges habla mucho sobre los espejos. A través del espejo se puede entrar en otra dimensión. Hay la costumbre de tapar los espejos cuando muere alguien para que no sea vehículo de los dos mundos. Los espejos de mano son emblemas de la verdad. en China se usan contra las influencias diabólicas y se han creado leyendas de los animales de los espejos. (Datos tomados del Diccionario de símbolos, de Juan Eduardo Cirlot).
Los animales de los espejos por Jorge Luis Borges.
...En aquel tiempo, el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban, como ahora, incomunicados. Eran, además, muy diversos; no coincidían ni los seres ni los colores ni las formas. Ambos reinos, el especular y el humano, vivían en paz; se entraba y salía por los espejos. Una noche, la gente del espejo invadió la Tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Éste rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de los hombre. Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a meros reflejos serviles. Un día, sin embargo, sacudirán ese letargo mágico.
El primero que despertará será el pez. En el fondo del espejo percibiremos una línea muy tenue y el color de esa línea será un color no parecido a ningún otro. Después, irán despertando las otras formas. Gradualmente diferirán de nosotros, gradualmente no nos imitarán. Romperán las barreras de vidrio o de metal y esta vez no serán vencidas. Junto a las criaturas de los espejos combatirán las criaturas del agua.
En el Yunnan no se habla del Pez, sino del Tigre del Espejo. Otros entienden que antes de la invasión oiremos desde el fondo de los espejos el rumor de las armas.
Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero
El Libro de los Seres Imaginados
domingo, 23 de diciembre de 2012
¿Merecemos los regalos?
¿Sabemos recibir regalos? ¿Agradecerlos? ¿Sentir que los merecemos? Borges tenía la idea de no ser merecedor de los regalos que recibía, en la dedicatoria que le hace a su madre, Leonor Acevedo de Borges en la primera edición de sus Obras Completas (1974) dice: "Yo recibía los regalos y yo pensaba que no era más que un chico y que no había hecho nada, absolutamente nada para merecerlos. Por supuesto, nunca lo dije: la niñez es tímida".
sábado, 8 de septiembre de 2012
Un poema sobre mis cosas
Este poema tiene su tiempo. Invito a que ustedes también hagan una selección de sus cosas importantes y claro las envíen para compartirlas. El epígrafe es de Borges que hizo este ejercicio.
Benditas cosas
Duraran más allá de nuestro olvido
No sabrán nunca que nos hemos ido.
J. Luis Borges
Mis libros. Ese diccionario de símbolos,
El espejo que visito a diario para dibujarme un rostro
tomando contacto con esa mujer inquieta que se asoma.
Las llaves, que me permiten ir y volver;
Mis ollas, compañeras en mi tarea de alimentarme;
Las tijeras ocultas con las que recorto algunos pensamientos de los hombres.
Mi cama en la que me arrojo para perderme entre las sombras.
Ese jardín, la fuente, los geranios en las ventanas
y los pinos dorados que me despiertan.
Las estrellas olvidadas y el tiempo que suena a mis espaldas;
La fruta fresca, los colores que aparecen tan de golpe,
como mis sueños escondidos entre mis recuerdos;
Mi pequeño cuarto secreto que almacena mis historias,
y también el aro de Ayacucho que trae al presente
el origen de mi amor continuo.
Benditas cosas
Duraran más allá de nuestro olvido
No sabrán nunca que nos hemos ido.
J. Luis Borges
Mis libros. Ese diccionario de símbolos,
El espejo que visito a diario para dibujarme un rostro
tomando contacto con esa mujer inquieta que se asoma.
Las llaves, que me permiten ir y volver;
Mis ollas, compañeras en mi tarea de alimentarme;
Las tijeras ocultas con las que recorto algunos pensamientos de los hombres.
Mi cama en la que me arrojo para perderme entre las sombras.
Ese jardín, la fuente, los geranios en las ventanas
y los pinos dorados que me despiertan.
Las estrellas olvidadas y el tiempo que suena a mis espaldas;
La fruta fresca, los colores que aparecen tan de golpe,
como mis sueños escondidos entre mis recuerdos;
Mi pequeño cuarto secreto que almacena mis historias,
y también el aro de Ayacucho que trae al presente
el origen de mi amor continuo.
domingo, 3 de junio de 2012
Cosas maravillosas
De las cosas maravillosas ( extracto) Este es un texto al que me gusta volver, lo hemos visto en ABRA, nuestro taller y hemos hecho la lista de las cosas que nos parecen maravillosas, todos tenemos nuestra lista, quizás no la tengamos presente, o quien sabe va variando conforme avanzamos en nuestro camino. Una mirada, una palabra, una sonrisa, un instante en medio de la naturaleza, el salto de un pájaro, el olor del pan, la voz de un amigo, un beso, una lágrima, el lápiz, un texto pequeño, una esperanza,esa música, cuantas maravillas de la vida. Esta es una invitación a que hagan su lista, y claro, el que pide poco es un loco, a que la compartan. Pero primero veamos que nos dice Adolfito, como le decía Borges.
Adolfo Bioy Casares
Mientras recorre la vida, el hombre anhela cosas maravillosas y, cuando las cree a su alcance, trata de obtenerlas. Ese impulso y el de seguir viviendo se parecen mucho.
Nuestro mundo es implacable, pero abunda en cosas maravillosas. Haré al azar, una lista: un rostro de mujer; la libertad para quien está preso; la salud para quien está enfermo; algo que ve un chico en una juguetería; un cambio de luz después de la lluvia, que infunde intensidad en los colores de la tarde; una música, un poema; un premio inesperado; para algunos por increíble que parezca, la esperanza de escribir una buena historia... Son tantas las cosas maravillosas, y tan variadas, que su enumeración resulta siempre insatisfactoria.
Por si fuera posible abarcarlas todas, intentaré una clasificación.
Hay cosas que son maravillosas antes de la posesión, cosas que lo son durante y cosas que los son después. A lo mejor esas tres modalidades podrían combinarse con otras cuatro más: cosas que lo son antes y durante; durante y después; antes durante y después.
De las enumeradas en el párrafo anterior, las primeras suelen ser nada más que ilusiones; pero no cabe ignorarlas porque promueven la mayor parte de la actividad humana y porque antes de la posesión, realmente son maravillosas. Daré algunos ejemplos:
Alguien piensa que si lo aprueban en tal examen, o si consigue el título, o tal puesto, ya está seguro.
Un muchacho soñaba con poner una hostería al borde de una ruta. Encontró un socio y pudo convertir el sueño en realidad. El socio robó; el personal robó; se enredó en pleitos; finalmente lo asaltaron y por poco lo matan.
Durante años una casa rodante fue para mí la solución universal en materia de vivienda y turismo, hasta el día que la compré y emprendí el más engorroso viaje del que tengo memoria.
Entre las cosas maravillosas que se manifiestan en la posesión algunas duran toda la vida, otras un instante. Durables: la lectura, el estudio; la investigación científica; la composición literaria; la composición y la ejecución musicales; la pintura; la escultura, la práctica de juegos como el ajedrez y los deportes.
Fugaces: luego de una larga ausencia, en el primer despertar en el campo, la luz del día en las hendijas de la ventana; en medio de la noche, despertar cuando el tren para en una estación y oír desde la cama del compartimento la voz de gente que habla en el andén; al cabo de días de navegación tormentosa, despertar una mañana en el barco inmóvil, acercarse al ojo de buey de una ciudad desconocida; el olor a ciertas pelotas de tenis; el olor del pan que tuestan a la hora del té; el olor del pasto recién cortado.
El viaje propiamente dicho mantiene a través de los años y a pesar de tanta invención extraordinaria, algo de su prístina dureza. No por nada viajes y trabajos fueron sinónimos. Es claro que en el recuerdo, las corridas, las fatigas, las ansiedades, las esperas y más de un mal momento se convierten en risueñas aventuras de las que fuimos protagonistas.
No todas las cosas maravillosas lo son para todo el mundo. Hay coleccionistas para quienes las estampillas, los autos viejos, las pequeñas botellas son maravillosas, las cajas de fósforos, los objetos de arte de particular fealdad, los huacos, pueden serlo para exquisitos.
Me gustaría creer que estas reflexiones sobre las cosas maravillosas nos ayuda a conocernos mejor o siquiera nos recuerda a qué grupo humano pertenecemos: a quienes buscan lo que deja de ser maravilloso en la posesión o al de quienes buscan lo que es maravilloso en la posesión y continúa siéndolo después.
Adolfo Bioy Casares
Mientras recorre la vida, el hombre anhela cosas maravillosas y, cuando las cree a su alcance, trata de obtenerlas. Ese impulso y el de seguir viviendo se parecen mucho.
Nuestro mundo es implacable, pero abunda en cosas maravillosas. Haré al azar, una lista: un rostro de mujer; la libertad para quien está preso; la salud para quien está enfermo; algo que ve un chico en una juguetería; un cambio de luz después de la lluvia, que infunde intensidad en los colores de la tarde; una música, un poema; un premio inesperado; para algunos por increíble que parezca, la esperanza de escribir una buena historia... Son tantas las cosas maravillosas, y tan variadas, que su enumeración resulta siempre insatisfactoria.
Por si fuera posible abarcarlas todas, intentaré una clasificación.
Hay cosas que son maravillosas antes de la posesión, cosas que lo son durante y cosas que los son después. A lo mejor esas tres modalidades podrían combinarse con otras cuatro más: cosas que lo son antes y durante; durante y después; antes durante y después.
De las enumeradas en el párrafo anterior, las primeras suelen ser nada más que ilusiones; pero no cabe ignorarlas porque promueven la mayor parte de la actividad humana y porque antes de la posesión, realmente son maravillosas. Daré algunos ejemplos:
Alguien piensa que si lo aprueban en tal examen, o si consigue el título, o tal puesto, ya está seguro.
Un muchacho soñaba con poner una hostería al borde de una ruta. Encontró un socio y pudo convertir el sueño en realidad. El socio robó; el personal robó; se enredó en pleitos; finalmente lo asaltaron y por poco lo matan.
Durante años una casa rodante fue para mí la solución universal en materia de vivienda y turismo, hasta el día que la compré y emprendí el más engorroso viaje del que tengo memoria.
Entre las cosas maravillosas que se manifiestan en la posesión algunas duran toda la vida, otras un instante. Durables: la lectura, el estudio; la investigación científica; la composición literaria; la composición y la ejecución musicales; la pintura; la escultura, la práctica de juegos como el ajedrez y los deportes.
Fugaces: luego de una larga ausencia, en el primer despertar en el campo, la luz del día en las hendijas de la ventana; en medio de la noche, despertar cuando el tren para en una estación y oír desde la cama del compartimento la voz de gente que habla en el andén; al cabo de días de navegación tormentosa, despertar una mañana en el barco inmóvil, acercarse al ojo de buey de una ciudad desconocida; el olor a ciertas pelotas de tenis; el olor del pan que tuestan a la hora del té; el olor del pasto recién cortado.
El viaje propiamente dicho mantiene a través de los años y a pesar de tanta invención extraordinaria, algo de su prístina dureza. No por nada viajes y trabajos fueron sinónimos. Es claro que en el recuerdo, las corridas, las fatigas, las ansiedades, las esperas y más de un mal momento se convierten en risueñas aventuras de las que fuimos protagonistas.
No todas las cosas maravillosas lo son para todo el mundo. Hay coleccionistas para quienes las estampillas, los autos viejos, las pequeñas botellas son maravillosas, las cajas de fósforos, los objetos de arte de particular fealdad, los huacos, pueden serlo para exquisitos.
Me gustaría creer que estas reflexiones sobre las cosas maravillosas nos ayuda a conocernos mejor o siquiera nos recuerda a qué grupo humano pertenecemos: a quienes buscan lo que deja de ser maravilloso en la posesión o al de quienes buscan lo que es maravilloso en la posesión y continúa siéndolo después.
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