Borges recita para mí en la avenida Javier Prado en hora punta.
Bajo a San Isidro a ver a mi madre y he tenido la buena idea de llevar conmigo un CD en donde Borges lee y comenta sus poemas.(Borges por sí mismo, un libro sonoro).
A él no le importa el tráfico ni el paso de procesión de los autos en esta mañana limeña de verano que parece invierno, está muy ocupado hablando del Golem, de los sueños, de su biblioteca,
disculpa su vanidad, anuncia su muerte, dice que ese poema es el que Adolfo Bioy Casares considera el mejor,
y yo voy saboreando sus palabras y hasta me doy tiempo de escribir algunos de sus versos,
frases que me impactan que creo pueden servir de partida para iniciar un propio poema mío, o un texto reflexivo.
“El día es invisible de puro blanco”.
“Para él ha florecido la rosa”;
En las letras de rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo.”
“Pisan mis pies las lanzas que me buscan”.
“Hay un espejo que te aguarda en vano”.
“La victoria es de los otros”.
“Fue cegado por la muerte”.
Las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.”
Que buen compañero Borges. Su voz ya tan familiar, su vibración, sus pausas. Ha terminado el Cd unos minutos antes de terminar mi travesía, treinta poemas de Borges que durante una hora me entregó esas palabras que inspiran, acompañan, elevan, ensanchan el mundo.
Uno de sus poemas: El poema de los dones, que escribe cuando lo hacen Director de la Biblioteca Nacional y él ya está ciego.