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domingo, 21 de junio de 2015

De música y baile

Veo que anuncian la llegada de Andre Rieu a Lima. Tengo este texto que escribí inspirada en él para compartir con ustedes.
 
De música y baile

De música:

Justo estaba preparando una clase en la que Paul Auster nos serviría de inspiración.  Este escritor norteamericano  contemporáneo habla de la fortuna, del azar, e las sorpresas de la vida, de las casualidades. Entonces yo estaba muy atenta observando las casualidades que la vida preparaba para mí.
Ese medio día salió mi papá de la clínica con sus 83 años tras veinte días en las que se sintió cercano a la muerte. Antes de despedirnos de los médicos, mientras mi mamá pagaba la cuenta y recogía radiografías, prendimos la televisión, di la vuelta a todos los canales y me detuve ante una orquesta que tocaba canciones populares de distintos países del mundo. Era una fiesta, el público bailaba, saltaba, aplaudía, caían globos y pica pica, el director de orquesta, un violinista encantador llamado Andre Rieu alentaba al público para que corease las canciones, todos se animaban a bailar y las imágenes de las pequeñas flautas tocadas por preciosas chiquillas disfrazadas de soldados, se intercalaban con trompetas y tambores.  Mi papá se quedó extasiado, reconociendo las tarantelas y los clavelitos, Lily Marlen y Zorba el griego. El espectáculo parecía no tener fin y no faltaron fuegos artificiales y banderolas. El público de pie aplaudía y se paraba en los pasillos del teatro para bailar impulsados por tan maravillosa música.  Dos enfermeras entraron al cuarto y nos acompañaron a ver el final del espectáculo que coincidía con nuestra alegría de haber sido dados de alta.  Cuando terminó el concierto, yo, inspirada en las coincidencias de Paul Auster,  me convencí de que el programa había sido emitido por la vida, en hora precisa, especialmente para animar a mi padre, para celebrar su recuperada salud, para felicitarlo porque se reincorporaba a la vida. Una fiesta que no debíamos desperdiciar.

viernes, 28 de febrero de 2014

Otra historia



Me tocaba dentista, fui a la hora, no me podía atender. Ya me había hecho el ánimo de estar ahí una hora sufriendo un poco, tratando de relajarme y lo postergué para la otra semana. Entonces me iré de compras, me dije, porque ya no hay nada en la refri. Fue ahí en donde me encontré con una amiga querida. Conversamos entre cebollas y verduras, que alegría vernos, me contó, le conté, quedamos en vernos, le había gustado el libro que le había prestado, intercambiamos recetas prácticas y sencillas. Entonces, si la dentista me hubiera atendido, si en vez de decidir ir de compras, si la refri no estaba vacía, no nos hubiéramos encontrado. Así es todo, un paso más, un paso menos, y todo es distinto, otra historia.


Nos cruzamos con gente con la que podíamos haber tenido una relación, un minuto más, uno menos y  hubiéramos tropezado y otra hubiera sido nuestra vida. Fuimos a la fiesta a la que no queríamos ir pero allí estaba él y así empezó esa historia de amor. La vida juega. Alguien me dijo que cuando hacemos planes Dios se ríe y eso me hace imaginarme un Dios juguetón que nos mueve como muñequitos y a este lo pone junto a esta y a este otro lo saca para ponerlo  un poco más allá. El destino, la casualidad, el azar, en todo eso pienso y les paso la idea a ustedes para que también aprecien las coincidencias y agradezcan los buenos encuentros.