Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
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domingo, 2 de agosto de 2015
domingo, 30 de septiembre de 2012
Cucarachonas de guantes blancos
Hace poco una amiga( Risita Neyra) me contó que su mamá tenía una expresión que ella recordaba con mucha alegría: "Era del tiempo en el que las cucarachas usaban guantes blancos". A mi también me gustó mucho la frase y me puse de inmediato a escribir un cuento inspirado en ella. Podrán ver que las cucarachas, se transforman en cucarachonas, porque hace unos años escribí unos cuentos de Cucarachones y Cucarachonas, pequeñas fábulas que convertían a estos animales, normalmente repulsivos, en seres que despertaban nuestra ternura. Ahí va entonces el cuento.
Hubo un tiempo en el que las cucarachas usaban guantes blancos y caminaban en puntas de pie, delicadas se daban cita en los diferentes bares que iniciaban su trajín de medianoche.
Las cucarachas hacían brillar sus carteras y sus zapatos, alisaban con delicada saliva sus antenas y salían apenas escuchaban los primeros sonidos de la retreta. Porque la música comenzaba en el parque, uniformados los guardias cucarachones brindaban cada sábado música animada para los que paseaban entre los árboles y flores.
En ese tiempo las cucarachonas andaban cogidas del brazo, amables unas con otras, tal vez un tanto ingenuas pero siempre con ánimo alegre que invitaba a la risa y a la fiesta.
Las discotecas tenían fascinación por la música romántica y los disk jockeys escogían las canciones que despertaban el deseo de abrazarse, de poner la cabeza sobre el hombro del cucarachón que les correspondiese, esas canciones que tocan el alma y hacen vibrar de emoción y sentimiento.
Las discotecas estaban divididas en dos, a la izquierda los cucarachones y a la derecha las cucarachonas. La pista de baile estaba en el centro. Las cucarachonas se pintaban los labios, retocaban las cejas peinándolas con cuidado con sus peinecitos blancos y ponían la mirada en el vacío, los ojos bien abiertos como si estuviesen contemplando un océano de olas turbulentas o el desierto infinito, algunas enroscaban las patas en las sillas y otras apoyaban los codos sobre la mesa y las pequeñas manos sobre el rostro. La música hacía pensar en el amor que no comienza ni termina, que es como un río de aguas mansas y todas estaban ya ansiosas esperando que se les acercase el pretendiente. No se sacaban los guantes aunque hiciese mucho calor porque los guantes eran la señal que advertía a los galanes que estaban dispuestas a encontrar alguien con quien rozar sus antenas, alguien a quien contarle sus historias que para cada quien era una bella historia.
Vamos a centrar la atención en esa cucarachona, la que ha escogido la mesa principal, la pegadita a la pista, que se ha sentado a escribir palabras sobre un hermoso cuaderno rojo, que está escribiendo una carta a su posible galán practicando las bellas palabras que se dirán. Resplandor de la luna en un lago de aguas quietas, azul encendido sobre un corazón dormido, ramo de violetas, lluvia de alegría, mirada que me abre el cielo. Hablaremos en verso se decía, y se puso a practicar: ¿Por qué te perdí por siempre en aquella tarde clara? Hoy mi pecho está reseco como una estrella apagada. Le contaré que me gustan las rosas, escribía, las enredaderas que ofrecen racimos de olor y belleza.
De pronto suena un violín, es una música antigua que ella recuerda y su corazón late de prisa, alguna vez hace muchos años en Madrid ella había bailado siguiendo las notas de esa canción, se le va la mente y aparece ahí una pareja de cucarachones bailando junto al río, se miran a los ojos enamorados, es un tango de Piazzola, el mundo se ha detenido para que ellos bailen y las campanas de todas las iglesias suenan como si el amor fuese posible.
Luego del paseo por el parque, después de haberse lanzado miradas cada cucarachona escogía la discoteca de su gusto y se iba a sentar en el lado que le correspondía. Sin perder un instante una pareja se desliza sobre la pista de baile, ella apoya todo su cuerpo sobre él, lleva puestos zapatos taco aguja. Las manos van acariciando el cuello de su futuro amado.
Hubo un tiempo en el que las cucarachas usaban guantes blancos y caminaban en puntas de pie, delicadas se daban cita en los diferentes bares que iniciaban su trajín de medianoche.
Las cucarachas hacían brillar sus carteras y sus zapatos, alisaban con delicada saliva sus antenas y salían apenas escuchaban los primeros sonidos de la retreta. Porque la música comenzaba en el parque, uniformados los guardias cucarachones brindaban cada sábado música animada para los que paseaban entre los árboles y flores.
En ese tiempo las cucarachonas andaban cogidas del brazo, amables unas con otras, tal vez un tanto ingenuas pero siempre con ánimo alegre que invitaba a la risa y a la fiesta.
Las discotecas tenían fascinación por la música romántica y los disk jockeys escogían las canciones que despertaban el deseo de abrazarse, de poner la cabeza sobre el hombro del cucarachón que les correspondiese, esas canciones que tocan el alma y hacen vibrar de emoción y sentimiento.
Las discotecas estaban divididas en dos, a la izquierda los cucarachones y a la derecha las cucarachonas. La pista de baile estaba en el centro. Las cucarachonas se pintaban los labios, retocaban las cejas peinándolas con cuidado con sus peinecitos blancos y ponían la mirada en el vacío, los ojos bien abiertos como si estuviesen contemplando un océano de olas turbulentas o el desierto infinito, algunas enroscaban las patas en las sillas y otras apoyaban los codos sobre la mesa y las pequeñas manos sobre el rostro. La música hacía pensar en el amor que no comienza ni termina, que es como un río de aguas mansas y todas estaban ya ansiosas esperando que se les acercase el pretendiente. No se sacaban los guantes aunque hiciese mucho calor porque los guantes eran la señal que advertía a los galanes que estaban dispuestas a encontrar alguien con quien rozar sus antenas, alguien a quien contarle sus historias que para cada quien era una bella historia.
Vamos a centrar la atención en esa cucarachona, la que ha escogido la mesa principal, la pegadita a la pista, que se ha sentado a escribir palabras sobre un hermoso cuaderno rojo, que está escribiendo una carta a su posible galán practicando las bellas palabras que se dirán. Resplandor de la luna en un lago de aguas quietas, azul encendido sobre un corazón dormido, ramo de violetas, lluvia de alegría, mirada que me abre el cielo. Hablaremos en verso se decía, y se puso a practicar: ¿Por qué te perdí por siempre en aquella tarde clara? Hoy mi pecho está reseco como una estrella apagada. Le contaré que me gustan las rosas, escribía, las enredaderas que ofrecen racimos de olor y belleza.
De pronto suena un violín, es una música antigua que ella recuerda y su corazón late de prisa, alguna vez hace muchos años en Madrid ella había bailado siguiendo las notas de esa canción, se le va la mente y aparece ahí una pareja de cucarachones bailando junto al río, se miran a los ojos enamorados, es un tango de Piazzola, el mundo se ha detenido para que ellos bailen y las campanas de todas las iglesias suenan como si el amor fuese posible.
Luego del paseo por el parque, después de haberse lanzado miradas cada cucarachona escogía la discoteca de su gusto y se iba a sentar en el lado que le correspondía. Sin perder un instante una pareja se desliza sobre la pista de baile, ella apoya todo su cuerpo sobre él, lleva puestos zapatos taco aguja. Las manos van acariciando el cuello de su futuro amado.
domingo, 1 de julio de 2012
Que mundo maravilloso
Me llega este video que cuelga Rosa Montero y lo comparto.
Sir David Frederick Attenborough, OM, CH, CVO, CBE, FRS, nacido el 8 de mayo de 1926 en Londres, Inglaterra, es uno de los científicos divulgadores naturalistas más conocidos de la televisión. Considerado uno de los pioneros en documentales sobre la naturaleza, ha escrito y presentado ocho series (llegó a producir una novena), e hizo posible que se vea prácticamente cualquier aspecto de la vida en la tierra.
Sir David Frederick Attenborough, OM, CH, CVO, CBE, FRS, nacido el 8 de mayo de 1926 en Londres, Inglaterra, es uno de los científicos divulgadores naturalistas más conocidos de la televisión. Considerado uno de los pioneros en documentales sobre la naturaleza, ha escrito y presentado ocho series (llegó a producir una novena), e hizo posible que se vea prácticamente cualquier aspecto de la vida en la tierra.
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What a wonderful world
martes, 23 de marzo de 2010
Cerca de las ardillas

Estuve con mi hija Chiara unos días en Estados Unidos y ahí me reencontré con las ardillas, esos encantadores animalitos.
Cuando álguien me pregunta cual es mi animal favorito, me olvido de la ardilla. En Lima hay muy pocas, unas cuantas en algún parque de San Isidro y otras en el club de golf. Si viviera en Estados Unidos sin duda la ardilla sería el animal que escogería como mi predilecto. Tiene una alegría natural, una viveza, un estar atenta a lo que sucede aquí o allá y esa energía para trepar hasta las copas de los árboles, ese ojo fijo esperando que alguien tenga la gentileza de regalarle un maní, el manjar de las ardillas. Tiene una simpatía habitual y despierta en el otro un enorme deseo de tenerla entre las manos sintiendo el latido de su corazón. La curiosidad es su principal característica y el movimiento de su cola contagia su entusiasmo.
A mi que me gustan tanto los pájaros, estaba fastidiada con unos azules que llegaban antes que mis ardillas para apropiarse del botín.
A mi que me gustan tanto los pájaros, estaba fastidiada con unos azules que llegaban antes que mis ardillas para apropiarse del botín.


La ardilla entierra en el suelo frutos otoñales a modo de despensa, cuando abundan en la naturaleza, para consumirlos posteriormente cuando escasean los alimentos. Muchas de estas semillas no las localiza o quedan olvidadas, posibilitando que de ellas nazca un nuevo árbol. De aquí que la ardilla ha sido llamada como “el plantador de árboles”. ¿Te gustaría imitarla?. Cuando vayas al bosque entierras tú también semillas y posibilitaras que algún día nazca un árbol.
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