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miércoles, 19 de enero de 2011

Nuestro lenguaje

El lenguaje del mediodía
El lenguaje del atardecer
El lenguaje de la noche.
Vicente Huidobro

Como zumbidos de abejas son nuestros murmullos al mediodía
Traes una rosa blanca

y yo la recibo y me sonrojo

Como luciérnagas reunidas son nuestras voces al acabar la tarde
Traes una rosa naranja
que yo recibo y alojo

Como rumor de estrellas son tus palabras al comenzar la noche
Traes una rosa roja
y la colocas entre mis pechos y yo te beso.










16 de noviembre de 2010

domingo, 28 de noviembre de 2010

De sillas


De sillas

Sillas de cuatro patas
De tres
Un trono.

Todas las sillas son mías
Hasta las más pequeñas.

La silla en la que me siento
Es siempre la mejor silla
La que me acomoda y me viste.

Silla con brazos
Que me aprisionan o abrazan
En las que recuesto un cansancio
Que vengo acumulando desde siglos.

La silla de la reina
Que no se inmuta
Con nada ni ante nadie
El carruaje de la reina
La espera
Para salir sin rumbo.

Silla giratoria
Que me muestra el mundo
En donde señalo culpables.

Silla voladora
Que me lleva hasta el vértigo.

Silla mariposa
Que me convierte en viento.

Me llevan en hombros
Sobre silla de plata.

Tu silla frente a la mía
Mirándose
Clavándonos los ojos eternamente
Prometiendo ser fieles hasta la muerte.

Mi silla cabalga
-ya llego, ya llego-
Espérame impaciente
Para que me beses al viento.

Silla de marfil
En la que suelto
Mi voz y mi estridencia
Soy yo quien digo
Persigo, ajusticio y doy muerte
Sin que mis manos dejen de ser blancas
De aparente inocencia.

He recostado mi cabeza
En sillas sillitas y sillones
Buscando inútil descanso.

La silla está ahí aguardando
Que llegue mi hora
Entre punzadas e incendios
Para entregarme a la muerte.

Una mujer se sienta
En una silla
Y decide no volver a levantarse
Planea permanecer ahí muda
Con la mirada vacía
Aprieta la mandíbula
Dejando que ingrese
Una cantidad mínima de aire
Sigue cerrando el acceso
Hasta detenerlo.

Una mujer espera a Ulises
En una silla
Sabe que el tiempo del regreso será largo
De una bolsa saca un tejido
Y teje y teje
Y por las noches desteje.

La silla al borde del abismo
Un joven se acerca, la pone cabeza abajo
De costado
Busca la parte más sólida
Hace un primer intento
La voltea una vez más
Se para en ella
inicia el equilibrio.

Coloco una silla sobre otra silla
Dos sillas
Tres sillas
Cuatro, cinco
Derrumbe de sillas.

Cedo y me siento.

Silueta de mujer doblada
Imitando una silla
De cuyo regazo brota una flor.

Sillas en venta
Silla para reír
Silla para pensar
Silla para soñar
Silla para llorar.

Sillas vacías
En círculo
En tren
Abandonadas
Quebradas
Sillas muertas.

Soy la que pierdo
Jugando a las sillas.

Silla coja
Rota
Apolillada
De piedra
Minúscula
De muñeca
De los deseos
Del erotismo.

viernes, 25 de abril de 2008

Deslizándose entre mis muebles











Algo ha sonado como si se hubiese caído. Es muy tarde.
A esta hora nadie puede estar deslizándose entre mis muebles.
Me asomo a la sala y consigo ver un enorme león inmóvil. Permanece impasible pero me mira prohibiendo que me acerque. Parece que sonríe.
La sala es ahora suya.
Su boca deja que asomen crueles colmillos amenazantes. Mis ojos consiguen fijarse en sus garras. Imagino que defiende un orden. Es el Emperador del mundo.
En puntas de pie, con la cabeza volteada para poder vigilar sus movimientos, voy a mi dormitorio, busco en el armario, sé que entre los disfraces está el de leona. Me lo pongo. Se ha producido la transformación. Ahora soy una leona alada y roja. Puedo acceder a sus dominios. Entro a la sala y al reconocerme se me acerca, mueve con ritmo la cola, estira la lengua y con ella toca mi boca. Mira con envidia mis alas como si entendiese que solo yo puedo volar.
Sube al sofá de tres cuerpos, y se acomoda disponiéndose a dormir.
Yo me siento en la mecedora y comienzo a mecerme sin desprenderle la mirada. Al cabo de un rato, me duermo.
Cuando despierto lo busco. En todas partes lo busco. Ha bajado las escaleras, está en la calle, camina con prisa, parece que le queda un camino largo. La sala está invadida de luz. Ce

martes, 11 de marzo de 2008

Temo la luna llena



Fantasías con la luna

A las cancerianas nos afecta mucho la luna llena.


La luna brilla insolente y señala a las cancerianas como a hijas predilectas.
Una vez escuché que las cancerianas solo soportan el baño de luz de la luna llena,
si alguien las besa en la orilla del mar.

Aseguro no creer en la influencia de los astros ,
no importa que seas Virgo o Tauro,
pero muy seguido me encuentro
leyendo mi horóscopo o analizando
lo que dicen los chinos sobre el búfalo,
el animal que me representa.


Cuando veo a la luna llena hermosa y redonda,
iluminando el espacio inagotable,
cuando está tan cristalina que puedo distinguir sus venas y sus cráteres
que demarcan para mi sus continentes,
me altero.
( Hay ríos en la luna, me digo,
y países, montañas empinadas,
lagunas, volcanes que explotan en ruido y fuego).
Llegan hasta mi los rayos blancos y me atraviesan.
Entonces me lleno de melancolía.
Tras hondos suspiros
doy la espalda a la luna para no delatar mi temor.
Temo que la luna llena
tan grande se desprenda del cielo,
que ruede veloz y caiga sobre mi.
En mi fantasía
no me destroza la luna llena,
me transforma.
Es difícil
dejar de ser yo misma, Cecilia,
con mis inclinaciones,
el timbre de voz alto que tengo,
mi particular manera de mirar,
de hablar, de moverme.
Entonces, ser otra
aunque esa otra no tema a la luna llena,
me angustia.

Ella tan lejos y tan sola
y yo aquí también tan sola,
me digo, y en vez de dialogar
con la luna, mi espejo,
la ignoro,
le quito su esplendor y la transformo
hasta conseguir que ella también tema
desprenderse y caer.



Tengo la fantasía de pasear
cuidando la luna inmensa.
Tener que hacerla rodar,
llevarla siempre conmigo,
cruzar avenidas y parques,
mezclarme con ella entre
una multitud de gente y
de miradas indiscretas, envidiosas.

Contarles que la luna
es solo agua purísima comprimida,
habitada por un sol.
La luna y yo
avanzando en la ciudad,
llevándola quién sabe adónde,
encargada de mantenerla
con vida hasta que algo,
no se todavía qué,
le permita alejarse de la tierra
regresar al firmamento,
ocupar su lugar allá tan sola y llena,
a la que siempre me doy el lujo de ignorar.


Imagino llevando a la luna a un campo.
Perdernos las dos entre los surcos,
sentir que somos algodón o trigo o
girasoles a punto de explotar
en plenitud.