jueves, 11 de octubre de 2012

La posta. Alfred Brendel y Trpcesky

Alfred Brendel es uno de los mejores pianistas del mundo. Especializado en Beethoven, Mozart y Shubert- Se describe a si mismo como autodidacta.



Mis padres no eran músicos, dice, en la casa no había música. No he sido dotado con una memoria fenomenal y no soy un buen letor a primera vista. Está despidiéndose tras 60 años de trayectoria.







Y Simon Trpcesky es un joven pianista de Macedonia.



Lucio Dalla

Nos recuerda la música italiana de cuando éramos jovencitos.



El fraude



Película por ver. Richard Gere me gusta mucho y Susan Sarandon ni se diga.

El tiempo de la poesía

Poema en audio: El tiempo de la poesía... de Homero Aridjis por Homero Aridjis

Concurso de novela corta



Mi amiga Cecilia Bákula me manda este afiche para los que tengan una novela lista, que bueno que se estimule a los escritores con premios.

Un hombre y una mujer

Esta película de Claude Lelouch marcó a toda mi generación. El amor expuesto de forma tan bella. La naturaleza al servicio del amor. El dolor y el amor tan juntos. Bellas imágenes.
Cuenta la historia de Anne (Anouk Aimée) una viuda joven, que trabaja como script (secretaria en la industria del cine), cuyo marido (Pierre Barouh) fue un "stuntman" (especialista en escenas peligrosas) que murió en un accidente en el estudio de cine. Anne conoce poco después a un viudo, Jean-Louis (Jean-Louis Trintignant), piloto de coches de carreras cuya esposa se suicidó después de que Jean-Louis casi muriera tras un accidente durante las 24 horas de Le Mans.

Una tregua que la muerte le concede al gozo




Costó mucho conseguir su libro de cuentos en Buenos Aires, pero como casi todas esas empresas de ánimo literario, valió la pena, sus cuentos reunidos son muy buenos.
Acá un video suyo.

domingo, 7 de octubre de 2012

El ramo azul

¿Qué tal si nos damos tiempo para leer un hermoso cuento de Octavio Paz?

El Ramo Azul por Octavio Paz





Desperté, cubierto de sudor. Del piso de ladrillos rojos, recién regados, subía un vapor caliente. Una mariposa de alas grisáceas revoloteaba encandilada alrededor del foco amarillento. Salté de la hamaca y descalzo atravesé el cuarto, cuidando no pisar algún alacrán salido de su escondrijo a tomar el fresco. Me acerqué al ventanillo y aspiré el aire del campo. Se oía la respiración de la noche, enorme, femenina. Regresé al centro de la habitación, vacié el agua de la jarra en la palangana de peltre y humedecí la toalla. Me froté el torso y las piernas con el trapo empapado, me sequé un poco y, tras de cerciorarme que ningún bicho estaba escondido entre los pliegues de mi ropa, me vestí y calcé. Bajé saltando la escalera pintada de verde. En la puerta del mesón tropecé con el dueño, sujeto tuerto y reticente. Sentado en una sillita de tule, fumaba con el ojo entrecerrado. Con voz ronca me preguntó:
-¿Dónde va señor?
-A dar una vuelta. Hace mucho calor.
-Hum, todo está ya cerrado. Y no hay alumbrado aquí. Más le valiera quedarse.
Alcé los hombros, musité “ahora vuelvo” y me metí en lo oscuro. Al principio no veía nada. Caminé a tientas por la calle empedrada. Encendí un cigarrillo. De pronto salió la luna de una nube negra, iluminando un muro blanco, desmoronado a trechos. Me detuve, ciego ante tanta blancura. Sopló un poco de viento. Respiré el aire de los tamarindos. Vibraba la noche, llena de hojas e insectos. Los grillos vivaqueaban entre las hierbas altas. Alcé la cara: arriba también habían establecido campamento las estrellas. Pensé que el universo era un vasto sistema de señales, una conversación entre seres inmensos. Mis actos, el serrucho del grillo, el parpadeo de la estrella, no eran sino pausas y sílabas, frases dispersas de aquel diálogo. ¿Cuál sería esa palabra de la cual yo era una sílaba? ¿Quién dice esa palabra y a quién se la dice? Tiré el cigarrillo sobre la banqueta. Al caer, describió una curva luminosa, arrojando breves chispas, como un cometa minúsculo.
Caminé largo rato, despacio. Me sentía libre, seguro entre los labios que en ese momento me pronunciaban con tanta felicidad. La noche era un jardín de ojos. Al cruzar la calle, sentí que alguien se desprendía de una puerta. Me volví, pero no acerté a distinguir nada. Apreté el paso. Unos instantes percibí unos huaraches sobre las piedras calientes. No quise volverme, aunque sentía que la sombra se acercaba cada vez más. Intenté correr. No pude. Me detuve en seco, bruscamente. Antes de que pudiese defenderme, sentí la punta de un cuchillo en mi espalda y una voz dulce:
-No se mueva , señor, o se lo entierro.
Sin volver la cara pregunte:
-¿Qué quieres?
-Sus ojos señor –contestó la voz suave, casi apenada.


-¿Mis ojos? ¿Para qué te servirán mis ojos? Mira, aquí tengo un poco de dinero. No es mucho, pero es algo. Te daré todo lo que tengo, si me dejas. No vayas a matarme.
-No tenga miedo señor. No lo mataré. Nada más voy a sacarle los ojos.
-Pero, ¿para qué quieres mis ojos?
-Es un capricho de mi novia. Quiere un ramito de ojos azules y por aquí hay pocos que los tengan.
-Mis ojos no te sirven. No son azules, sino amarillos.
-Ay, señor no quiera engañarme. Bien sé que los tiene azules.
-No se le sacan a un cristiano los ojos así. Te daré otra cosa.
-No se haga el remilgoso, me dijo con dureza. Dé la vuelta.
Me volví. Era pequeño y frágil. El sombrero de palma la cubría medio rostro. Sostenía con el brazo derecho un machete de campo, que brillaba con la luz de la luna.
-Alúmbrese la cara.
Encendí y me acerqué la llama al rostro. El resplandor me hizo entrecerrar los ojos. El apartó mis párpados con mano firme. No podía ver bien. Se alzó sobre las puntas de los pies y me contempló intensamente.
La llama me quemaba los dedos. La arrojé. Permaneció un instante silencioso.
-¿Ya te convenciste? No los tengo azules.
-¡Ah, qué mañoso es usted! –respondió- A ver, encienda otra vez.
Froté otro fósforo y lo acerqué a mis ojos. Tirándome de la manga, me ordenó.
-Arrodíllese.
Mi hinqué. Con una mano me cogió por los cabellos, echándome la cabeza hacia atrás. Se inclinó sobre mí, curioso y tenso, mientras el machete descendía lentamente hasta rozar mis párpados. Cerré los ojos.
-Ábralos bien –ordenó.
Abrí los ojos. La llamita me quemaba las pestañas. Me soltó de improviso.
-Pues no son azules, señor. Dispense.
Y despareció. Me acodé junto al muro, con la cabeza entre las manos. Luego me incorporé. A tropezones, cayendo y levantándome, corrí durante una hora por el pueblo desierto. Cuando llegué a la plaza, vi al dueño del mesón, sentado aún frente a la puerta. Entré sin decir palabra. Al día siguiente huí de aquel pueblo.




Itzhak Perlman viene a Lima





Itzhak Perlman, una verdadera leyenda del violín y uno de los mas famosos de los últimos 50 años visitará Lima por primera vez el 27 de octubre para un histórico recital en el Gran Teatro Nacional.
Perlman, quien nació en Tel Aviv, estudió en la Academia de Música de esa ciudad hasta que se mudó a los Estados Unidos, donde empezó su ascenso a la fama con una temprana aparición en el show de Ed Sullivan en 1958. A los 13 años ingresó a la Julliard School y debutó como solista en 1963 en el Carnegie Hall. En 1964 ganó la preciada Leventritt Competition y pronto comenzó a hacer muchas giras, además de aparecer en orquestas prestigiosas y en festivales y recitales alrededor del mundo.
Perlman ha participado en conciertos con muchos artistas famosos, entre ellos Yo-Yo Ma, Jessye Norman y Yuri Termirkanov. Fue el violín solista de la película La Lista de Schindler, donde interpretó música del compositor John Williams. Esto lo hizo acreedor de un premio Oscar por mejor música. Su última grabación para bandas sonoras fue la de la película Memorias de una Geisha, junto a Yo-Yo Ma y nuevamente John Williams. Itzhak Perlman ha ganado en total 15 Premios Grammy.
La fama de Perlman es tal que el 20 de enero de 2009 el violinista participó en la inauguración presidencial de Barack Obama, interpretando junto a sus colegas Yo Yo Ma, Gabriel Montero y Anthony McGill la obra Air and Simple Gifts de John Williams.
Las entradas están a la venta en TuEntrada de Vivanda y PlazaVea.

¿Sabes quien viene? de Polanski

Basada en un guión de la argentina Yasmina Reza, Polansky la convierte en un drama que nos mantiene en vilo mirando esas dos parejas que se enfrentan y descubren. Vimos en Buenos Aires la obra de teatro pero la película la supera ampliamente. Ahora que la cartelera está tan floja, qué raro, ¿no? podemos verla en video. No vi ¿Quien teme a Virginia Wolf? con Elizabeth Taylor y Richard Burton pero me parece que estan relacionadas. Cuando los personajes rompen los límites y se muestran tal cual son.

Para conocer más sobre Antonio Cisneros





El día de ayer nos enteramos de la partida del poeta Antonio Cisneros. Acá un video que nos lo recuerda y nos invita a leer su obra.

¿Por qué mentimos?

Estoy leyendo unos cuentos del escritor alemán Bernhard Schlink

que se llama "Mentiras de verano".

Muy interesantes cuentos que tienen en común el tema de la mentira. Este martes en nuestro taller ABRA leeremos uno de ellos y conversaremos sobre este tema tan interesante. ¿Por qué mentimos? Acá comparto con ustedes este video de un muy inteligente filósofo David Levingston. Espero lo disfruten como lo disfruté yo.


Piano de Simon Trpceski

Teníamos un piano en mi casa, lástima que no nací con el don de la música, lo que no me impide ser una admiradora del piano. Entre mis recuerdos auditivos hay uno que me encanta, camino por una calle de Miraflores medio vacía y escucho la lección de piano de alguien que repite y repite unas notas bellísimas, se equivoca, me gusta que se equivoque, hace que la música sea más real, más humana. ¿Quien tocaba el piano? Nunca lo supe.




Jardines verticales

Esta solución puede llenar nuestra vida de verde, puede hacer un verdadero cambio en nuestro ánimo y en nuestra salud. Un verdadero artista y creador Patrick Blanc.

La delicadeza


Mi lista de películas por buscar sigue creciendo. Esta película debe estar basada en la novela La delicadeza de David Foenkinos. A buscarla.

You are so beautiful



Que nos digan que somos tan hermosas, es algo muy agradable.
John Robert Cocker, OBE, más conocido como Joe Cocker (n. Sheffield; 20 de mayo de 1944) es un músico de rock y blues británico.



Otros yo me acuerdos

En este mismo blog tenemos un post sobre George Perec, escritor francés que publicara un libro llamado Yo me acuerdo. Acá pongo unos nuevos y les pido a los lectores que manden los suyos, simplemente escribimos yo me acuerdo y vendrá a nuestra mente algún recuerdo de nuestro pasado. Luego seleccionaremos los que nos impresionan. Cada frase encierra una pequeña historia que luego podríamos contar.


Yo me acuerdo de las arañas en las paredes de mio infancia.

Yo me acuerdo del olor a construcción, el cemento y el agua, las paredes húmedas.


Yo me acuerdo de las monjas de mi colegio desapareciendo por la Clausura y yo imaginando cómo sería sus vidas en ese otro mundo.

Yo me acuerdo de las hojas de parra recién nacidas de un color verde maravilloso.

Yo me acuerdo del Señor Santa Cruz que nos venía a poner inyecciones y que yo temblaba de miedo.



Yo me acuerdo de la lata de caramelos azucarados que nos daba la Madre Rosas que resultó siendo tía de una de mis mejores amigas.


Yo me acuerdo cuando desde el techo de mi casa miraba los techos de las casas vecinas y sentía tristeza porque estaban vacíos.
Yo me acuerdo que jugaba con cuyes sobre mi cama.


Yo me acuerdo que a una rata que caminaba sobre los hilos de luz que quedaban al frente del cuarto de mi abuela, mi papá le puso de nombre Mrs. Hopkings.



Yo me acuerdo de la representación en el colegio y evoco la música y la inocencia, vestidas con tul y adornadas con globos blancos y rojos.



Yo me acuerdo de tu risa contagiosa.



Yo me acuerdo cuando el Twist llegó a Lima. Y así, tantos yo me acuerdos que nos llenan el alma de recuerdos.


Yo me acuerdo del loco "Relámpago" que interrumpía la misa.

Yo me acuerdo de mi amiga P. mi vecina, que partió para nunca más volver.

Yo me acuerdo que le dábamos el hígado que no nos gustaba comer a nuestros perros y que ellos se lo comían encantados.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Una escapada a Buenos Aires



A veces las ofertas de pasajes nos tientan y podemos darnos una escapada de pocos días a un país vecino y hacer un cambio en nuestra rutina. Cinco días en Buenos Aires con sus noches puede ser una experiencia muy rica que ahora comparto en los siguientes posts, aunque no cuento que fuimos a un café filosófico, a comer a un restaurante peruano Osaka, que está causando furor en Buenos Aires, pero antes cuelgo un cuento mío, una pequeña fábula que espero les guste. El cuento también tiene algo de argentino.