Las manos de nuestras tejedoras, hacen maravillas.
Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
sábado, 16 de marzo de 2013
jueves, 14 de marzo de 2013
Un violinista: Shlomo Mintz
Recuerdo un refrán que dice algo así: "En el teatro, las equivocaciones se arreglan con música". Qué mejor que un violinista para hacerte olvidar algún acontecimiento que te han hecho sentir incómodo y fastidiado. Bienvenida la música.
lunes, 11 de marzo de 2013
viernes, 8 de marzo de 2013
La calandria y más de Liliana Herrero
Canta y recita Liliana Herrero a quien pude conocer en Buenos Aires.
Objeto perdido
Teatro que te hace pensar
Corazon normal trata un tema importante, el nacimiento del Sida en NY. Excelentes actores. Muy buena dirección y puesta en escena. No dejen de verla.
lunes, 4 de marzo de 2013
Book
Mi hijo Alonso me manda este video que trata hace publicidad a este invento revolucionario: El LIBRO.
viernes, 1 de marzo de 2013
Frases para mantener el equilibrio
La sabiduría se encuentra en estos aforismos. En pocas palabras hay un mensaje que de seguirlo nos hará más sabios. En este caso, nos ayudarán a mantener el equilibrio.

“Siempre hay que seguir aunque sea por curiosidad.”- Anónimo
“La vejez es la pérdida de la curiosidad.”
“saber usar las palabras, saber expresarse es convertirse en persona”.
“Yo no he nacido para compartir el odio, sino el amor.” Antífona de Sófocles.
“Cuando avances por la vida verás un gran abismo, salta, no es tan ancho como crees”.
“El regreso consiste en ver el resplandor en todas partes”.
“Vivir con divina compostura en el pleno empuje de la energía”.
“No podemos curar las penas del mundo pero podemos decidir vivir en alegría”.
“Participa con alegría en las penas del mundo”.
“Quien perdona se sana” (Sociedad teosófica).
“Enséñame algo y lo aprenderé”.
“Las personas que apoyamos nos dan apoyo en la vida”. Marie Von Ebner Eschenbach
“Pobre no es el hombre cuyos sueños no se han realizado, sino aquel que no sueña.” Marie Von Ebner Eschenbach
“Solamente puedes tener paz si tú la proporcionas. “Marie Von Ebner Eschenbach
“No es lo que vivimos lo que forja nuestro destino, sino lo que sentimos por lo que vivimos.” Marie Von Ebner Eschenbach
“Un amigo verdadero contribuye a nuestra felicidad en una proporción mucho mayor que mil enemigos a nuestra infelicidad.” Marie Von Ebner Eschenbach
“Uno siempre regresa a casa más triste y más sabio”. Coleridge
“Es el espacio interior y no el exterior, el que hay que explorar.” Ballard
jueves, 28 de febrero de 2013
Ser voluntaria: una gran experiencia
Recuerdo cuando trabajaba como voluntaria en el hospital de Neoplásicas, enfundada en un uniforme iba y venía y tenía ante mí infinitos incidentes que debía tratar de enfrentar, surgían palabras en mi boca que parecían venir de una persona que no era yo, voces de esperanza y de fe, pedía paciencia a quien necesitaba un médico con urgencia cuando aún no lo podían atender. Recuerdo una vez como convencí con argumentos decididos a una señora que quería postergar su operación mientras su hija no llegase de Piura, porque yo misma había escuchado decir al médico que debía operarse mañana sin falta, que era cuestión de vida o muerte. Entonces tenía me brincaba el corazón porque durante la jornada no podía sentir, no había espacio para darme ese lujo, solo hacía esforzada y trataba con toda mi alma de entregarme para bien de los demás. Cuando terminaba la mañana, cuando me sacaba el mandil y me sentaba en el auto para regresar a mi casa, recién podía sentir, podía separar los rostros, profundizar en alguno de ellos, detenerme en la mirada de ese niño, recordar lo que me había dicho alguna mujer. ¿Por qué fui a trabajar como voluntaria? Recuerdo que en ese tiempo, ¿porqué sería?, me sentía sin ánimo, nada me llenaba de alegría ni me entusiasmaba. Haciendo un análisis, pensé que el tiempo en el que había sido más feliz en mi vida, había sido el que había hecho trabajo social y pregunté dónde podía ayudar y me dijeron que se necesitaban voluntarias en ese hospital recién inaugurado. Me curé inmediatamente. Estar en contacto con el dolor me devolvió la sensibilidad y fue como si alguien le diese un baño de luz al mundo y las flores se volvieron hermosísimas, ¿has visto esa flor? —me escuchaba decir, y me volvió a gustar la risa de las personas, la música, el color del cielo, ir al mercado, mirarme al espejo, jugar con mis hijos, recibir una caricia. Claro que no era mucho lo que podía hacer, pero pronto aprendí que lo que importaba era estar ahí, sujetar la mano de una persona, escucharla, conseguir la sonrisa de un niño, tocar al otro. Claro que mi corazón se encogía especialmente con el dolor de los niños, con su preocupación por la preocupación de sus padres, si hay algo injusto, sentía, es un niño sufriendo, los niños han nacido para ser felices, para saltar, para disfrazarse, para gozar; y verlos en cama, delgaditos, temiendo que vengan a sacarle sangre, a someterlos a pruebas, a mirarlos como se mira algo extraño, eso no era lo que debía ser. Y cuando murió una niña a la que había visto llena de vida porque el tratamiento había fracasado, me dolió como si hubiese muerto una parte mía, la parte que mantiene la esperanza y cree en la lucha y en la ciencia. Conocí niños maravillosos que cuidaban a los demás, no parecían enfermos, tenían un espíritu generoso y sabio que yo admiraba como admiraba que los pacientes no desesperasen, no exigiesen, no empujasen al otro para ser atendidos, —que pase primero la señora, ella se siente mal, que pase el señor, está acá desde muy temprano,— eso era frecuente oír. También descubrí que casi todas las personas venían acompañadas, un hermano, un familiar, un vecino, alguien decidía acompañar a quien estaba mal, —qué bueno que están acompañados, — les decía, —qué alegría, no están solos, alguien los cuida. Había todo tipo de voluntarias, las que reemplazaban a las enfermeras y hacían trámites y buscaban historias clínicas, las que consolaban a los más enfermos, las que se convertían en maestros o payasos, yo pensaba que estábamos ahí para hacer aquello que no podía hacer el médico o la enfermera, para suavizar, para explicar, para mirar a los ojos, para llevarlos donde ellos no sabían adonde quedaba, para traducir palabras que no conseguían entender.
Algunas cosas me parecieron que funcionaban mal, me enteré que se perdía el instrumental médico, que algunos médicos no se comportaban con honestidad, noté que había funcionarios que guardaban las donaciones y las entregaban con cuentagotas. Mezquindades humanas que existen en todas las instituciones. Algunas asistentas sociales exigían que los pobres demostrasen su pobreza. No se podía luchar contra todo eso y en compensación veía que el hospital funcionaba, que había cada vez más pacientes, colas de pacientes que recibían atención, y médicos y enfermeras entregados batallando contra esa enfermedad que parece invencible. (de mis Crónicas)
miércoles, 27 de febrero de 2013
El bosque de las hadas
El bosque de las hadas en Escocia. ¿Recuerdas cuando eras niño y creías en las hadas?
Niña bonita
Es placentero dibujar. Hubo un tiempo en el que dibujaba todo el tiempo y de pronto un día dejé de hacerlo. Hace unos días me compré unos plumones y buen papel y me senté un rato a dibujar.
Esta mujer por ejemplo, es una reina del mundo de las flores. Tiene un aire melancólico y mira el mundo desde lejos, con cierta tristeza que no sabe a que se debe. Todas las mañanas una muchacha joven la peina y le coloca las flores rojas a manera de peineta. Le pinta los párpados y la boca y la deja así lista para vivir. Ella se pasea por sus campos y se entretiene mirando las formas de las nubes que a veces parecen ovejas y otras mujeres dormidas. Por las tardes le gusta sentarse al costado del río para escuchar el sonido del agua que roza las piedras y trae ramas de hojas que crecen en la parte alta de la montaña. Por las noches la muchacha quita con cuidado las flores y la peineta, la ayuda a quitarse el vestido rojo y desmancha párpados y boca para que pueda dormir.
Por las noches la reina sueña que es una niña cualquiera que corre por el campo persiguiendo pequeños conejos y que sonríe alegre porque el viento le hace una caricia y le silba diciendole: Niña bonita.
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