Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Es difícil hacer a alguien feliz
Del FB de mi amiga brasileña Marisa Borges:
Es difícil hacer a alguien feliz, al igual que es fácil hacer triste.
Es difícil decir te amo, como es fácil decir que nada es difícil valorar un amor, como es fácil perderlo para siempre.
Es difícil dar las gracias por hoy, como es fácil vivir otro día, es difícil ver lo que la vida trae buena, como es fácil cerrar los ojos y cruzar la calle.
Es difícil convencerte a ti mismo que eres feliz, como es fácil de encontrar que siempre falta algo.
Es difícil de hacer que alguien sonría, lo fácil es hacerte llorar.
Es difícil ponerse en el lugar de alguien, como es fácil mirar su propio ombligo.
Si cometiste un error, pido disculpas.
¿Es difícil pedir perdón? Pero ¿Quién dijo que es fácil ser perdonado?
Si alguien cometió un error contigo, perdonarlo...
¿Es difícil perdonar? Pero ¿Quién dijo que es fácil a arrepentir?
Si sientes algo, digamos...
¿Es difícil abrir? Pero ¿Quién dijo que es fácil encontrar a alguien que quiere escuchar?
Si alguien se queja que, escucha...
¿Es difícil escuchar ciertas cosas? Pero ¿Quién dijo que es fácil escuchar?
Si alguien te ama, lo amo.
¿Es difícil darse a sí mismo? Pero ¿Quién dijo que es fácil ser feliz?
No todo es fácil en la vida. Pero, por supuesto, nada es imposible, creemos, tenemos fe y luchar para que no sólo nos deja soñar, sino también para convertirse en todos estos deseos se hagan realidad!
Cecília Meireles (1901-1964 Brasil) (Traducido por Bing)
Es difícil hacer a alguien feliz, al igual que es fácil hacer triste.
Es difícil decir te amo, como es fácil decir que nada es difícil valorar un amor, como es fácil perderlo para siempre.
Es difícil dar las gracias por hoy, como es fácil vivir otro día, es difícil ver lo que la vida trae buena, como es fácil cerrar los ojos y cruzar la calle.
Es difícil convencerte a ti mismo que eres feliz, como es fácil de encontrar que siempre falta algo.
Es difícil de hacer que alguien sonría, lo fácil es hacerte llorar.
Es difícil ponerse en el lugar de alguien, como es fácil mirar su propio ombligo.
Si cometiste un error, pido disculpas.
¿Es difícil pedir perdón? Pero ¿Quién dijo que es fácil ser perdonado?
Si alguien cometió un error contigo, perdonarlo...
¿Es difícil perdonar? Pero ¿Quién dijo que es fácil a arrepentir?
Si sientes algo, digamos...
¿Es difícil abrir? Pero ¿Quién dijo que es fácil encontrar a alguien que quiere escuchar?
Si alguien se queja que, escucha...
¿Es difícil escuchar ciertas cosas? Pero ¿Quién dijo que es fácil escuchar?
Si alguien te ama, lo amo.
¿Es difícil darse a sí mismo? Pero ¿Quién dijo que es fácil ser feliz?
No todo es fácil en la vida. Pero, por supuesto, nada es imposible, creemos, tenemos fe y luchar para que no sólo nos deja soñar, sino también para convertirse en todos estos deseos se hagan realidad!
Cecília Meireles (1901-1964 Brasil) (Traducido por Bing)
Dias para reflexionar
Por lo menos medio día para estar en soledad, en silencio, en meditación, mirando cómo ha sido el año pasado y haciendo planes para el 2014. Claro que nada sabemos de nuestro destino pero igual podemos soñar, imaginar, prometer algunos cambios en nuestra manera de enfrentar aquello que nos vaya sucediendo.
Días para poner entusiasmo en nuestros deseos para el próximo año, algunas metas, planes. Variar nuestra rutina, ampliar nuestras experiencias.
Días para poner entusiasmo en nuestros deseos para el próximo año, algunas metas, planes. Variar nuestra rutina, ampliar nuestras experiencias.
Lo nuevo
Tenemos fascinación por lo nuevo, lo distinto, lo que nos asombra y deslumbra. Nos gusta esta manera en la que hemos dividido el tiempo y hay un tiempo en el que se termina y luego otro en el que se comienza.
Cada día es un comienzo, despertamos a la vida y en la noche al dormir, recargamos fuerzas para volver a empezar. Cada día un misterio, personas con las que conectarse, trabajo por hacer, placeres, alegrías, belleza y aprendizaje. La vida plena que se nos muestra para nuestro deleite. Feliz añó nuevo.
Algo maravilloso y original
Ella va a empezar a darte vergüenza.
—¿Ana Karina? ¿Quién es Ana Karina?
Pasó en una fiesta, después de la presentación de un libro. Ella casi nunca va a esos sitios, pero esa noche estaba ahí, conversando con tu editor y otras personas, quizás un poco achispada (envolviendo la copa de vino con toda la mano, un hábito que antes encontrabas encantador y que, ahora, te resulta irritante, un gesto incorrecto y pretencioso), cuando alguien mencionó a Anna Karenina y ella dijo:
—¿Ana Karina? ¿Quién es Ana Karina?
No fue la primera vez. Un año antes, durante un viaje con miembros de un jurado literario, preguntó por lo bajo, aunque todos pudieron escucharla, “¿Qué quiere decir ‘retórica’?”. Después, en una cena con otros escritores, dijo que le gustaban los libros de fotografía “porque no hace falta leer”. Pero ella casi nunca va a esos sitios: cenas, viajes de trabajo, conferencias, ferias de libro.
—Andá vos, que lo disfrutás. Yo me aburro —dijo, hace ya tiempo, y eso, entonces, pareció un buen trato.
¿Cuál es el primero de todos los terribles gestos: el que hace que el otro empiece a ser el enemigo?
Empezaste a ir solo mientras ella se quedaba en casa, planificando su trabajo: averiguando el precio de nuevas semillas de césped, leyendo la página del Royal Botanic Garden, proyectando los setos de un jardín. Cuando regresabas, nunca hablaban de las cosas que te habían pasado —todas esas charlas cargadas de maldad o admiración, conversaciones imbuidas de suave autocomplacencia circulando entre litros de alcohol y canapés—, sino de los asuntos de ella: un raro cactus que quería importar, un posible viaje a Brasil para comprar orquídeas. Te gustaba esa ignorancia refrescante. Nada de conversaciones sobre teoría literaria, nada de esgrima intelectual. “¿Quién es Catulo?”, preguntaba, mientras estaban recostados como dos metáforas de la serenidad sobre la cama, y había algo de tierna perversión —el morbo de educar a un indefenso— en explicarle quién era Catulo, en levantarte y buscar el libro y leer aquello de “Odio y amo. / Quizás te preguntes cómo puedo hacerlo. / No lo sé. / Pero sucede / y me atormenta”. Durante mucho tiempo fue maravilloso ver cómo Catulo y el poema (ese poema en particular, que siempre despertaba en vos la sensación de estar enviando un mensaje encriptado y veraz: “te amo pero voy a odiarte, Lesbia mía”), le importaban poco. Estaba más interesada en el gesto que hacías cuando te ponías las gafas, en la pequeña muesca que tenías junto a la boca y que le gustaba contemplar mientras leías y te sentías el rey del mundo. “Mi bestia”, le decías, le dijiste durante tantos años, durante al menos siete, cuando te gustaba sin reparos esa mujer de huesos altivos equipada con habilidades masculinas —desatapar desagües, pintar paredes, cavar kilómetros de zanjas—, y ella lo aceptaba feliz, como un elogio. “Bestia, bestia mía”.
¿Cuál es el primero de todos los terribles gestos: el que hace que el otro empiece a ser el enemigo? ¿Cómo se puede sospechar, cuando se visten los primeros fastos del amor, la ira frenética que producirá, más tarde, algo tan simple como el ruido que hace alguien al beber de una taza? Pero aún no han llegado ahí. Por ahora es solo un pequeño desastre, una progresiva degradación de la dioptría.
Una noche ella llega contenta porque una revista acaba de publicar seis páginas con fotos de su trabajo en los jardines. Dos días más tarde, tu taza de café se vuelca sobre la revista y, sin pensarlo —sin pensarlo—, la arrojás a la basura. Cuando ella vuelve a casa, encuentra la revista en el cesto y pregunta qué pasó. Decís: “Se me cayó café”. Ella no protesta, no hace un escándalo. Saca la revista con olor a basura, la pone a secar. No hay manera de saber si está ofuscada. Hay algo, en esa reacción medida y prudente, en esa preocupación por solucionar lo sucedido sin pedir explicaciones, que te ofende. Desde entonces sentís, a veces, el deseo de gritarle. Pero nunca sabés bien por qué.
Si ella sospechara de tus sentimientos te abandonaría de inmediato. Porque tiene el orgullo de un guerrero y porque su amor es un hecho concreto, como un pan recién sacado del horno: algo que no necesita explicación
Ella nunca pide ni reclama ni se acongoja: es una máquina, un ser rotundamente fuerte que sobreviviría a una hambruna, a dos sequías, a siete plagas, a 20 revistas en la basura. Es sabia. Es dura. Es fría como un hacha. Lidia con insectos minúsculos que producen estragos de proporciones absolutas y con humanos que tienen sentimientos histéricos con respecto a las enredaderas y los parterres. Sabe tratar a la gente y conoce los misterios gozosos de la naturaleza: es admirable. Pero —aunque celebra tus premios y tus traducciones— no está interesada —nunca lo estuvo— en conocer el contenido de tus conferencias; no está interesada —nunca lo estuvo— en conocer el contenido de tus libros. Durante muchos años eso fue maravilloso y original. La cópula entre el artista inútil para casi todo y la mujer capaz de trepar un volcán en las mañanas. No te importaba que no supiera qué era el estructuralismo porque, además, siempre podías explicárselo (ella te escuchaba atenta, aunque notabas, primero, el esfuerzo por entender y, después, la declinación del entusiasmo). Durante muchos años eso fue maravilloso: fue original. Y, aunque aún no ha dejado de serlo, ella ha empezado a avergonzarte. Te avergüenza que diga, en público, que se aburre con las películas “lentas”, que no le gustan los libros “que no terminan bien”. Pero por la noche, cuando se meten en la cama, su cuerpo todavía te resulta emocionante. Y en las últimas horas de la tarde el sonido de sus llaves en la cerradura es, todavía, el sonido de la felicidad.
Si ella sospechara de tus sentimientos te abandonaría de inmediato. Porque tiene el orgullo de un guerrero y porque su amor es un hecho concreto, como un pan recién sacado del horno: algo que no necesita explicación. Todo continúa, entonces, un poco más. Porque en verdad, salvo cuando hay otras personas, no te importa que ella no sepa quién es Soren Kierkegaard. Y siempre te hace feliz saber que está en algún sitio de la ciudad o de la casa, envuelta en el aroma picante del césped y del insecticida. Tiene una forma de decirte “Todo va a estar bien” —-y de tocarte el pecho con la palma abierta— que te produce esperanza y paz. Su olor es el olor de las mejores cosas. Pero en las noches en las que no podés dormir, cuando ella es apenas una respiración en tu costado, pensás que el único final posible es la catástrofe. Como si ella fuera un hermoso ser de otro planeta que, expuesto a la atmósfera malsana de un sistema nuevo, tuviera que, necesariamente, sucumbir. Diario El País.
Castillos en el aire
Castillos en el aire
(pequeño cuento mío 27/12/2013)
Desde siempre había soñado con poder habitar en alguno de esos castillos que flotaban en el aire. Bastaba con que se quedara quieta, inmóvil, con la vista puesta en las alturas, los ojos abiertos de par en par, sin un pestañeo, para que apareciesen los hermosos castillos con torres y murallas, almenas, foso y puertas levadizas, adornados con banderas, estandartes y escudos de colores intensos. Le gustaba contarse historias que sucedían en los castillos. Los reyes y los príncipes, los caballos blancos, los niños jugando a perderse en los jardines de laberintos, bañándose en las fuentes cubiertas de los más bellos nenúfares. De noche podía ver sus castillos brillantes compitiendo en belleza con las estrellas y la luna. ¿Cómo poder llegar a ellos?- Se preguntaba y hacía planes que iban deshaciéndose conforme llegaba el día. Debía contentarse con la pequeña cabaña, el sonido triste del arroyo, la soledad de sus días y sus noches. Imaginaba escaleras infinitas, árboles que crecían hasta aquellas nubes que pasaban suaves empujadas por el viento, que amanecería un día con alas, que la llevarían suspendida un grupo de pájaros rojos.
Sucedió una tarde cuando casi se acababa el día, la niña miraba sus castillos, había aprendido a recorrerlos con la mirada, jugaba en los pasadizos y se asomaba en su almena favorita, le gustaba la dulce fragancia de sus nenúfares tan blancos como azucenas impregnadas de marfil, cuando notó que los castillos empezaron a descender, lentamente iban bajando, acercándose, creciendo en tamaño y perfección, como si se tratase de una nave que llegaba a tierra, entonces pudo ver la sonrisa del rey y la de la reina y las piruetas de los príncipes, sus amables gestos invitándola a levantarse, dar pequeños pasos y entrar al fin a su ansiado sueño.
Kimball Gallagher viene a Lima
Joven pianista recomendado por Julliard viene a Lima, estar atentos para ir a escucharlo.
Trailer de La mejor oferta, por Guiseppe Tornatore con Geoffrey Rush.
Película por buscar, muy recomendada.
martes, 24 de diciembre de 2013
Las fases que vivimos ante un cambio
Las fases que vivimos ante un cambio
Por: Pilar Jericó | 16 de diciembre de 2013 Diario EL País
Curvacambio
Nos cuesta el cambio y cuando ocurre nos adentramos en fases algunas incómodas. En la medida que entendamos cuáles son, podremos acelerar su proceso y por supuesto, la salida. Dichas fases son similares si nos enfrentamos a un nuevo trabajo, a una nueva relación afectiva, una enfermedad o a una pérdida, aunque lógicamente la profundidad de la curva y su duración será bien distinta. Lo hemos recogido en una bonito gráfico, pero por supuesto, nunca es tan lineal. Hay días que nos sentimos fuertes y avanzamos a paso de gigantes; y otros, parece que retrocedemos kilómetros atrás. Pero es normal. Así son nuestras emociones.
Lo que vamos a presentar son las fases para poder reconocerlas y lo más importante, poder acelerarlas. Todas ellas son similares a las que viven los héroes de las películas de guión “bien hecho” (Matrix, La Guerra de las Galaxias o las de Disney, por ejemplo). Se inspiran en el minucioso trabajo de Joseph Campbell después de estudiar la mitología, las religiones o las tradiciones antiquísimas, y las cuales recogen el proceso que requieren las emociones para ir deshaciéndose.
Nuestra mente va más deprisa que nuestros sentimientos. Podemos comprender la bondad de las cosas que nos ocurren o incluso el sentido de la muerte de un ser querido enfermo y muy mayor. Sin embargo, por mucho que comprendamos, no significa que no suframos o que no nos adentremos en desiertos emocionales. Por ello, cualquier cambio que implique una transformación y un aprendizaje vivirá fases con una determinada duración, pero si somos capaces de comprenderlas, al menos tendremos más recursos para atravesarlas y vivirlas desde una actitud de protagonista y no como víctima. Veámoslas a continuación con algunas claves:
Llamada a la aventura
Es el comienzo de cualquier cambio, el cual según la medicina tradicional china puede ser motivado por la llamada del cielo, cuando es algo buscado (nuevo proyecto, nueva relación afectiva, tener un hijo); o llamada del trueno, cuando es inesperado y desconcertante (un error, un despido, la pérdida de un ser querido). Los primeros lógicamente son más sencillos, pero no están exentos de pequeños o grandes truenos. En dicha fase lo más importante es decirse:
¿Cuál es la invitación que tengo para dar lo mejor de mí mismo o de mí misma?
Negación
No hay héroe que no tenga un momento de debilidad o de duda. El motivo es sencillo: la mente actúa como un parapeto para aceptar los cambios. En dicha fase están las quejas, los enfados, culpar al otro o caer en el victimismo, que busca evitar responsabilidades o simplemente, protegernos de emociones que a veces nos superan. Así sucede, por ejemplo, cuando vivimos algo doloroso, como una separación o un fracaso. En dichos momentos, existen personas que pueden creer que están bien, sin embargo, su humor es amargo o cae en estados iracundos. La negación "niega" la realidad, nuestras emociones o nuestras responsabilidades y es posiblemente, la fase más difícil de superar. En otro post, la analizaremos con más detenimiento dada su complejidad, sin embargo, las preguntas que aceleran son sencillas:
¿Qué papel he jugado en todo ello? ¿Qué puedo aprender? ¿Qué me está doliendo?
Miedo
Es la emoción reina en nuestra vida y que siempre nos acompañará. Sin embargo, cuando dejamos de echar culpa al mundo que nos rodea y miramos un poco hacia dentro, aparece el miedo con gran intensidad. Existen dos tipos de miedo: el sano, que es la prudencia y el tóxico, que es el que nos lastra. El desafío no es no tenerlo, puesto que neurológicamente es imposible, sino que al menos no nos impida seguir adelante. La reflexión que nos ayuda es:
¿Qué es lo que no quiero perder? A pesar de mi miedo, ¿qué decisiones podría tomar?
Travesía por el desierto
Cuando caemos en la frustración o aceptamos una pérdida surge el desierto, del que hablamos en otro artículo. No existe héroe ni en los cuentos ni en las religiones que no atraviesen su desierto metafórico. Es el momento de rendición, de aceptar el dolor y de tocar con nuestra humildad. El desierto siempre es un lugar de “intercambio”. Perdemos cosas para ganar otras. Es imposible abrirnos a aprendizajes nuevos si no desaprendemos otros. Pueden durar minutos o meses. Lógicamente, cuando nos enfrentamos a una pérdida dolorosa el desierto se convierte en una noche oscura, con profundidades emocionales mucho más complejas. Por ello, si queremos salir del dolor el único camino es aceptarlo y no negarlo. La mirada positiva es válida solo cuando se ha abrazado lo que nos duele, no cuando se niega. De ahí, la fuerza transformadora de los desiertos. La reflexión en esta fase es:
¿De qué tengo que despedirme? ¿Y qué nuevas posibilidades se abren?
Nueva realidad y nuevos hábitos
Todo el mundo sale del desierto en mayor o menor medida, excepto casos de pérdidas extremas, que siempre dejan una cicatriz difícil. Es entonces, cuando aparece una nueva realidad, que se acompaña de unos nuevos hábitos. Aceptamos un despido o un fracaso profesional cuando hemos transitado por el dolor y comenzamos a hacer cosas diferentes. En dicho momento, hemos integrado el proceso y vamos experimentando con una nueva realidad. Para acelerar la curva, existen algunas claves de las que hemos hablado en otros artículos o lo haremos en un futuro, como:
1. Visualizar el nuevo proyecto: Definirlo en objetivos concretos y planes.
2.Poner pasión. Un gran antídoto ante el miedo es el disfrute y la ilusión.
3.Aprendizaje a través de la frecuencia.
4.Transformar emociones negativas en positivas, aprender a relativizar y a tomar distancia.
5.Apoyarse en las personas que nos rodean.
6.Confianza en uno mismo.
7.Compromiso hacia los otros
Y cuando termina la curva comienza otra. De hecho, cada día vivimos al mismo tiempo diferentes curvas tanto a nivel personal como profesional, y que es el gran síntoma de que estamos vivos. La vida es algo a descubrir que no a someter en hojas de Excel, donde todo deba encajar. En cada paso que damos entran en juego emociones que nos superan y realidades que también nos sorprenden. En la medida que desarrollemos nuestra curiosidad y nuestra capacidad de aprender, podremos acelerar ese potencial que todos tenemos y por supuesto, sentirmos con más serenidad.
Dame Kiri Te Kanawa "Vocalise" Rachmaninoff y más
Hace poco pregunté en FB si les gustaba más el violín o el piano. Y las respuestas fueron más o menos parejas. Ahora le toca a la voz humana- Creo que es el intrumento de la música que más me gusta. Me comunica el dolor, sentimientos que no pueden ser traducidos a palabras, nuestro mundo interno desconocido.
Dame Kiri Kanawa Nació en Australia.
Sus óperas preferidas son las de Wolfgang Amadeus Mozart, Richard Strauss y Giuseppe Verdi. En 1981, Kiri Te Kanawa fue invitada a cantar durante el matrimonio del Príncipe de Gales y Lady Diana Spencer. Fue investida como Dame Commander del Imperio Británico en 1982 por la reina Isabel, y galardonada con La Orden de Nueva Zelandia en 1995. Recibió grados honoríficos de las universidades de Oxford, Durham, Dundee y Auckland, y es Honorary Fellow de Somerville College, Oxford.
Se retiró de los escenarios en 2004 (Vanessa de Samuel Barber en Los Angeles y Washington), aunque actúa esporádicamente en conciertos.
Y también una canción de Navidad. "O, Holly night.
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El primer Taikonauta, un cuento oriental
El primer taikonauta
Para Matías
En el siglo XIV, Wan Hu era tan pobre, que solo tenía dinero.
Los antiguos libros cuentan que este acaudalado funcionario imperial de la Dinastía Ming, nunca fue feliz en la Tierra. Soñaba con las estrellas.
De niño, Wan Hu estaba convencido de que al caer la noche, un gran manto con agujeros cubría la Tierra. Las estrellas no eran más que los orificios a través de los cuales se colaba la luz. Sucedía que a la hora de dormir, los dragones corrían la cortina de su Reino y dejaban al Mundo Conocido en una completa oscuridad. Tan solo un farol quedaba prendido, la Luna.
Como luceros, los ojos de Wan Hu se perdían en el infinito, su corazón entraba en órbita y su mente aterrizaba en algún lugar difícil de imaginar para aquellos que nunca han contemplado el cielo. Desde entonces, Wan Hu soñaba con atravesar los orificios que algunos llamaban estrellas. Sonreía y parecía feliz.
Hasta que los problemas estallaron. Los maestros lo acusaron de vivir en la Luna y su padre lo obligó a poner los pies en la Tierra. Creyendo que con su actitud había defraudado y ofendido a sus mayores, prometió fervientemente que cambiaría. Sus ojos, nunca más le dieron cabida a las estrellas.
Con la vista al frente, y tras muchos años de estudio y preparación, los chinos cuentan que Wan Hu se convirtió en un alto y respetado funcionario imperial, acumuló seda y jade, bienes y concubinas, riquezas y placeres. Tenía el mundo a sus pies.
Pero a Wan Hu, poco le interesaba la Tierra. El brillo de sus ojos se había quedado desde hace muchos años en el lugar en donde habitan las estrellas. Nada parecía conmoverlo ni emocionarlo completamente. Hasta su sonrisa era fugaz.
Una noche de luna llena, decidió marcharse de este mundo.
Ante la sorpresa de todos, construyó su propia silla voladora. Amarró a las patas de su sillón preferido 47 tubos de bambú llenos de pólvora. Y ordenó a 47 sirvientes encender al mismo tiempo cada cohete cuando él diera la señal.
Cuentan los chinos que el día del despegue, Wan Hu lucía sus mejores atuendos de seda, un par de cometas para el aterrizaje y una sonrisa brillante en el rostro que iluminaba el planeta.
Tras el lanzamiento, cuando el humo se disipó, Wan Hu ya había desaparecido. Algunos creen que murió en el intento. Otros piensan que atravesó las estrellas. Aunque la mayoría está convencida de que tan sólo hizo un largo viaje para alcanzar su felicidad.
Kepei
柯裴
(Capítulo 23 de Correo de Seda)
De la serie "Cuentos para Matías"
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Felicidad,
Patricia Castro Obando,
periodista y escritora peruana,
silla voladora
Aleluya de Händel
El corazón se llena de alegría y canta para ser oído en todos los confines de la tierra. Aleluya!!!
Gloria por los niños cantores de Viena
Recuerdo haberlos ido a ver al Teatro Municipal, voces de ángeles, hermosos niños en estado de éxtasis cantando la alegría de la Navidad.
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