domingo, 8 de mayo de 2016

Sebastiao Salgado (Photos)

LA SAL DE LA TIERRA - Tráiler VOSE

Nikolai Astrup, pintor noruego

Nikolai Astrup, pintor noruego. Después de varios años de haber estado en Noruega, estos cuadros me traen el recuerdo de su paisaje, con tan bella naturaleza pero con muy pocos habitantes. Visitamos un museo y me encantó este autor y en general su pintura, distinta para mi de la otra europea.





Francesc Catalá Roca "La españa en blanco y negro"






Leer es

De Susan Sontag_

" Leer es una vocación, un oficio en el cual, con la práctica uno está destinado a ser cada vez más experto.

El lector es el frotador de la lámpara de Aladino.

De un libro debemos salir transformados como de un acto de amor. 

De Rosa Montero:

Sin libros la vida se me antoja mucho más gris y más mezquina.
Los libros en su conjunto son imprescindibles, si se les impide soñar, las personas enloquecen.
Sin novelas la humanidad sería mucho más triste y más enferma.
La novela pone una simulación de orden en nuestras azarosas y caóticas existencias.
Porque restaña, por tanto la herida de vivir,  el mal oscuro.

Restañar: Detener o parar el curso de un líquido, especialmente de la sangre.



"Creo que los buenos lectores son cisnes aún más tenebrosos y singulares que los buenos autores. Leer por lo pronto es una actividad posterior a la de escribir, más resignada, más civil, más intelectual". J. L.Borges-

Ludovico Einaudi - Una Mattina (Moscow)

 Compositor y pianista italiano 

domingo, 1 de mayo de 2016

Maria Bethânia - A Felicidade

Waldir Azevedo - "Brasileirinho" - Yo-Yo Ma Obrigado Brazil

Waldir Azevedo, fue un popular artista del choro y virtuoso del cavaquinho, que en 1947 compone “Brasileirinho”, un gran éxito de la historia del género, grabado por Carmen Miranda y, más tarde, por músicos de todo el mundo. Wikipedia 

Marisa Monte - Memórias, Crônicas & Declarações de Amor (Full Álbum - Co...

TREN DE NOCHE A LISBOA - Tráiler subtitulado en español

Está en Netflix, imperdible. Me encantó!

Saber vivir como ella


Saber Vivir por Cora Coralina poeta de Portugal 


No sé... si la vida es corta
o demasiado larga para nosotros.
 Mas sé que nada de lo que vivimos
tiene sentido, si no tocamos el corazón
de las personas.
Muchas veces basta ser:
regazo que acoge,
brazo que envuelve,
palabra que conforta,
silencio que respeta,
alegría que contagia,
lágrima que corre,
mirada que acaricia,
deseo que sacia,
amor que motiva.
Y eso no es cosa de otro mundo,
es lo que da sentido a la vida,
es lo que hace que ella
no sea ni corta, ni demasiado larga,
sino que sea intensa,
verdadera, pura.... mientras dure.

    Yo no tengo miedo de los años y no pienso en la vejez. Y te digo a ti: no piensa. Nunca digas estoy envejeciendo o me estoy volviendo vieja.
    Yo no digo. Yo no digo que estoy escuchando un poco. Es claro que cuando necesito ayuda, yo digo que necesito.
    Busco siempre leer y estar actualizada con los trajes y eso me ayuda a superar las dificultades de la vida.
    El mejor guión es leer y practicar lo que lee. Lo bueno es producir siempre y no dormir de día. También no se lo diga a ...usted que está quedando olvidada, porque así te quedas más.
    Nunca digo que estoy enferma, siempre digo: estoy bien. Yo no digo nunca que estoy cansada.
    Nada de palabra negativa.
    Cuanto más te dice estar cansando y olvidada, más olvidada se queda. Usted se va convenciendo de eso y convence a los demás. Entonces silencio! Sé que tengo muchos años.
    Sé que vengo del siglo pasado, y que traigo conmigo todas las edades, pero no sé si soy vieja no.
    Crees que soy? Tengo conciencia de ser auténtica y busco superar todos los días mi propia personalidad, despedazando dentro de mí todo lo que es viejo y muerto, porque luchar es la palabra vibrante que levanta a los débiles y determina los fuertes.
    Lo importante es sembrar, producir millones de sonrisas de solidaridad y amistad.
    Busco sembrar optimismo y plantar semillas de paz y justicia.
    Digo lo que pienso, con esperanza. Pienso en lo que hago con fe. Hago lo que debo hacer, con amor.
    Yo me esfuerzo para ser cada día mejor, pues la bondad también se aprende."
    Cora Coralina (poeta goiana que vivió hasta los 95 años):
    Traducido de Portugués
    ·

José Watanabe entrevista


Documental: José Watanabe, El Guardián del Hielo from lamula on Vimeo.

El otro día en un almuerzo, conversaron con él, una de las amigas lo había conocido mucho y nos contó cosas de su vida diaria, como este video en el hablan sobre él, su madre, sus amigos. Un poeta peruano que me gusta mucho.

Natalia Lafourcade - Azul (Ft Rodrigo Amarante)

María Natalia Lafourcade Silva, más conocida como Natalia Lafourcade, es una cantante, compositora, productora musical, diseñadora de moda, arreglista, filántropa y actriz mexicana.

El muerto ajeno

El Muerto Ajeno
Un cuento de Mónica Lavín. Lo hicimos esta semana en Abra nuestro taller de lectura.

No es fácil deshacerse de un muerto, mucho menos de un muerto ajeno. Tal vez si comienzo desde el principio, comprenderán que no había otro remedio y entonces lo de la carrera en el andén a media noche tendrá sentido. Íbamos en el tren a Zacatecas cuando la conocimos, cuando los conocimos para ser preciso, porque esa noche a la hora de la cena en el carro comedor éramos cuatro: mi mujer, Gonzalo, Silvia y yo. Nosotros íbamos por el aniversario de bodas de los padrinos de mi mujer y de paso a recorrer la ciudad, Gonzalo y Silvia viajaban desde Mérida y parecían estrenar noviazgo. De hecho la conversación empezó cuando en el salón fumador, mientras mi mujer y yo bebíamos una cerveza, y con la cercanía inevitable que dan esos vagones estrechos -que si alguno tuvo la fortuna de ser viajante de nuestros carros pullman me seguirá-, miré las piernas de Silvia. Entonces las mujeres usaban medias y faldas estrechas justo a la rodilla, la informal apariencia del pantalón de mezclilla no era hábito del viaje. Gonzalo sintió mi intromisión visual pues de golpe colocó su mano sobre el pedazo de muslo entre dobladillo y rodilla para signar su propiedad. Con la intención de evitar toda ofensa -y ahora que lo pienso por tener a Silvia a la vista, quién iba a suponer lo que luego vendría- les pregunté qué querían beber y ordené al camarero copas para todos. La tarde se había vuelto noche; no sólo disfrutamos del aperitivo juntos si no que en el comedor compartimos la mesa. Gonzalo era un empresario yucateco visiblemente mayor que Silvia quien no tendría más de 35 años y a quien ese pelo oscuro y recogido le daba una elegancia despreocupada. Mi mujer estaba entretenida con las anécdotas de Gonzalo que era un tipo divertido y yo con la belleza de Silvia quien se sabía portadora de una suave sensualidad. Nos despedimos pensando que seguramente aún tendríamos la oportunidad de compartir el café de la mañana y nos refugiamos en nuestros compartimentos. Mi mujer me dijo que le parecía que no eran casados, tal vez sean recién casados agregué yo, por salvar de alguna manera la reputación de Silvia. Ella no usa anillo, advirtió con su sagacidad habitual. Ni siquiera habíamos llegado a Zacatecas cuando tocaron a la puerta quien creímos sería el porter para anticipar nuestro arribo. Era Silvia, con el pelo suelto, y literalmente en bata frente a nuestra alcoba. Es Gonzalo -dijo entrecortada- no respira. Mi mujer se puso el saco encima del camisón y salió tras ella, yo me enfundé los pantalones y las alcancé. Hubo que cruzar al vagón siguiente sin hablar y con prisa. Lo único que se metía en nuestra impaciencia era el ruido metálico del bamboleo del tren entre las puertas. Por suerte Gonzalo estaba en la cama de abajo; alguna consideración de la edad por parte de Silvia, supuse. Estaba muy pálido. Le tomé la muñeca, como había visto hacer en las películas. Silvia lo miró llorando. Mi mujer tocó su frente como si fuera la de un niño. Frío, lívido y sin pulso. Llamamos al porter mientras mi mujer abrazaba a Silvia. Yo miré a Silvia contra el paisaje seco tras la ventana; se veía tan desprotegida con su bata de seda azul marino. La imaginé en el trajín de la noche anterior. No pude evitarlo, el escote, el pelo revuelto. Profanaba a un muerto pensando la causa.
Tuvimos que esperar mucho tiempo sentados en el vagón. Las afanadoras subían para hacer el aseo, ya habíamos colocado las maletas en el corredor, hasta la de Gonzalo. Silvia lloró mientras le ponía los zapatos. Ninguno nos atrevimos a cubrirlo con esas sábanas estrechas de litera de tren. Vino alguien del Registro Civil, también un doctor y allí se firmó el acta de defunción que Silvia no quería cargar. Afortunadamente todo el papeleo fue a bordo porque Silvia sostuvo que era su mujer y así no hubo que avisarle a nadie mientras cremaban a Gonzalo y ella pagaba con el dinero que le había sacado del bolsillo del pantalón. Nosotros no tuvimos corazón para dejarla sola en todos esos trámite por demás engorrosos. Mi mujer, que es buena y solidaria, le dijo que se hospedara en nuestro hotel cuando salimos del crematorio. Silvia llevaba con parsimonia la urna metálica en la que Gonzalo persistía entre nosotros. ¿Le habrá hecho mal la cena?- pregunté con torpeza. Es que después discutimos- se atrevió Silvia y comenzó a sollozar. Mi mujer consignó con la mirada mi desatino. Y si viene con nosotros al festejo por la noche- le dije para animarla. Mi mujer de nuevo reprobó mi sugerencia. Tal vez quiera volverse con los suyos a Mérida, dijo. Silvia me miró buscando protección. No, no puedo volver con los suyos ni con los míos. Nos quedó claro que nadie sabía que Gonzalo La Puente no sólo viajaba acompañado sino que había muerto y ahora era un montón de cenizas en el regazo de su amante.
Así que Silvia fue a la cena y la presentamos como vieja amiga de mi mujer y no contamos a nadie lo sucedido, mientras mis cuñados, primos políticos y una parentela desconocida me daba codazos y me insinuaba que tenía suerte de acompañar a mujer tan guapa. Yo -aunque con razón desaprueben- en ese momento me sentía afortunado, le veía las piernas y me sonreía de que nadie pudiese poseerlas más que mi mirada. Si hubiese sabido el alcance de lo que entonces me parecía fortuna. Era una mujer simpática, mi esposa la adoptó satisfecha de ese acto caritativo que su conciencia católica aplaudía. Regresamos los tres en el tren, digo los cuatro, pues Gonzalo viajaba en el neceser de Silvia junto a sus cremas, perfumes y el spray de pelo. Imaginaba que esa noche debía ser dolorosa para quien había iniciado un trayecto en pareja y ahora volvía con un hombre vuelto recipiente de bronce. Seguramente lo pondría a dormir en la cama baja y ella se recostaría en la alta para aligerar el recuerdo del trayecto mortal. Debía estar acostumbrada a lo pasajero, a la relación de a pedazos, en fragmentos pues mi mujer esa noche me contó que desde hacía ocho años era pareja de Gonzalo quien efectivamente estaba casado. Habrá que informar a la señora La Puente- dije con lo propio en esos casos. No es nuestro asunto- contestó mi mujer. ¿Y qué hará Silvia?- le pregunté con la certeza de que ellas dos ya lo habían hablado. Se quedará en casa unos días, mientras lo piensa, mientras resuelve qué hace con Gonzalo.
Mi mujer me sabía inofensivo pues sino habría ideado otra solución así que al llegar a Buenavista partimos a casa en taxi donde instalamos a Silvia en la habitación de Mariela, nuestra hija, que no tuvo más remedio que aceptar cuando escuchó la historia. A la semana, Silvia mudó su vestuario negro por tonos más claros y empezó a salir con mi mujer a misa, al mercado, a jugar a las cartas. Descubrimos que cantaba boleritos yucatecos y que se ponía simpática cuando bebía dos cubas. Un domingo hasta nos cocinó cochinita pibil. Yo dormía con dificultad, tenía unas ganas irresistibles de espiar su sueño, de mirar su cuerpo desparpajado sobre las sábanas. Mariela le dijo a su madre que ya llevaba dos semanas pernoctando en el sofá cama del estudio. Que cuándo se iba esa señora. Mi mujer le dijo que se sentía incapaz de echarla después de tan grande desgracia y que era una caprichosa. El caso es que para complacer a Mariela le dijimos a la sirvienta que la queríamos de entrada por salida aunque resultara más costoso y adaptamos la habitación para Silvia. Luego nadie nos atrevimos a decirle a Silvia que se mudara, ni la propia Mariela que la veía rezarle a la urna que ahora estaba en su tocador, junto a un french poodle de peluche rosa que le dio Javier. Así que una mañana en que Silvia estaba en el salón, nuestra hija entró por sus cosas más queridas para hacerse un nicho agradable en el cuarto de servicio. Al mes mi mujer empezó a perder su espíritu caritativo. Vete a La Villa por un nicho para la dichosa urna, me dijo con total irreverencia.
Toqué en la habitación de Silvia una tarde en que los dos nos habíamos quedado solos, pues mi mujer ya no la invitaba ni a las tiendas ni con sus amigas y mi hija evitaba estar en su nueva habitación con vista al patio de servicio. Silvia, encontré un nicho para Gonzalo. Me miró con los ojos acuosos y volteó hacia el amante pulverizado. No sé si puedo vivir sin él. Sé que estoy siendo una carga para ustedes que han sido tan amables. Me voy a ir pronto. Estoy esperando una carta de mi tía de Campeche. Me sentí tan afligido por su destino que le insistí que no se preocupara. Mientras le hablaba le miraba los labios temblorosos que mudaban a sonrisa en el irresistible carmín que siempre lucía. Pero es usted tan hermosa que hará pronto otra vida, le dije para animarla. Entonces me dio un beso en la mejilla, un beso de hija mala.
Le dijiste lo de la urna, me preguntó mi mujer esa noche caminando por la acera después de la cena. No había manera de hablar a solas dentro de casa. No se quiere separar de él, di por respuesta. Me miró incisiva. Sabía que me tocaba demoler la caridad que ella había ostentado. Esa noche Mariela antes de irse a su habitación preguntó también. Le habrás dicho lo del nicho ¿verdad?
No pude dormir, me quedé mirando el foco apagado del techo pensando que no había comprado la lámpara para ocultarlo desde que nos mudamos a esa casa quince años atrás. De pronto, animado por el ultraje, encontré la solución. Así que entré a su habitación girando el picaporte con toda mesura y la contemplé con el pelo oscuro revuelto y el mismo camisón que asomaba por el escote de la bata azul marino con que nos informó de su infortunio hacía dos meses. Las rodillas estaban al descubierto y sus pies que parecían tersos me incitaban a acariciarlos, que digo a acariciarlos, a pasar mi lengua por entre sus dedos. Se movió un poco y recordé el motivo, la misión a la que me orillaba mi papel de padre y jefe de familia. Así que la tomé del tocador, observé mi reflejo en el espejo mientras desprendía a su amante de la intimidad de la alcoba. Perdón, susurré al muerto y después me hinqué a los pies de la cama, para mirar de cerca aquel arco y los tobillos rosados y estirar mi mano en la falsa pretensión de la caricia. Salí deprisa sin cerrar la puerta de nuevo. La ciudad estaba vacía así que no me tomó mucho tiempo llegar a la estación, correr al andén como si se me fuera a escapar un tren y dejarlo allí en la escalinata de uno de los vagones del Tapatío. Volví deprisa pero en casa ya habían notado la ausencia de Gonzalo. Mi mujer abrazaba a Silvia que lloraba sobre su cama y Mariela colocaba al french poodle rosa sutilmente en el tocador. Me podrían haber dicho que me fuera, espetaba Silvia entre sollozos. Esas no son maneras. Ustedes que habían sido tan gentiles. No pude más y me hinqué frente a ella, frente a sus gloriosos pies y sus rodillas sin importar la presencia de mi mujer, ni su compasión de última hora. Lo tuve que llevar a la estación, tuve que desprenderme de él. Sabe Silvia me dolía Gonzalo, yo también lo quise en esos kilómetros de conocerlo. Nos dolía a todos en casa. Fue un acto de amor por no condenar a Gonzalo al oscuro espacio de un nicho. Necesitamos su alegría Silvia. Y mientras mi mujer soltaba los hombros que antes sostuviera con fervor maternal, miré los pies de Silvia con la certeza de que bien valían un muerto.

Ella nos dice: "Soy curiosa, me gustan muchas cosas y por eso me costó trabajo decidirme a ser escritora."
Antes de convertirse en una reconocida cuentista y novelista, estudió biología en la UAM Xochimilco, y aunque no lo sabía, el destino ya le tenía preparado su primer encuentro con la escritura: en su trabajo la mandaron a entrevistar a unos científicos y en ese momento descubrió que lo suyo era escribir. Más tarde, comenzó con sus primeros libros de cuentos, como Nicolasa y los encajes y Ruby Tuesday no ha muerto (Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen). Cuando ya sus historias no cabían en un cuento, se lanzó a escribir su primera novela, Tonada de un viejo amor. La consagración fue en 2008, cuando Yo, la peor, novela sobre Sor Juana Inés de la Cruz que ganó el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowsk


Dos poemas míos


                                                                                  


                                                                                       "Cuando el agua y el fuego entran en lucha,
                                                                                                   siempre es el fuego el que muere.”

A veces soy agua, otras fuego
 Lo que es difícil de soportar
 Es cuando soy mitad fuego
 Mitad agua
 Partida en dos, enfrentándome

 ¿Quién podrá aquietarme?

                                                                 Cecilia Bustamante de Roggero







Por arte de Biribirloque


Encuentro entre un mar de palabras
 Tu nombre Babalú
 Fuimos amigos entrañables durante breve tiempo
 Yo esperaba que abriesen las puertas del circo
 Y tú dabas vueltas olfateando curioso a la gente
 que se agolpaba ansiosa
 Fue un amor a primera vista
 Desaparecieron los demás
 Mientras tú y yo
 Intercambiamos gestos
 De reconocimiento
 -¿Cómo se llama pregunté?
 Y entonces escuché:
 -Babalú
 Por arte de magia
 Como quien tira la suerte sobre una página en blanco
 Apareciste esa noche
 Y yo te vi.

Cecilia Bustamante de Roggero

*Por arte de birlibirloque es una locución adverbial equivalente a por arte de magia: expresa que algo se realiza de forma inexplicable.

Babalú : Babalú ayé es una de las deidades de la religión yoruba. Es el santo más venerado de tierra Arará. Tiene el aspecto de un invalido, minado por un mal deformante, de piernas retorcidas y espinazo doblado.

Cortometraje: Una madre no puede con todo

Precioso corto metraje, ganador de muchos premios, como adelanto por el día de la madre.

Niños de ojos encantados

7 pecados de Savater: Envidia, con Cecilia Roth