miércoles, 12 de mayo de 2010

El laberinto

Carmen Ruiz es participante de Abra desde su inicio. Ella disfruta y nos hace disfrutar con sus crónicas. El tema era el Laberinto y ella nos contó:





Laberinto
Acostumbrábamos viajar, sin apuro o ruta fija, solo vagar mirando el país y sus costumbres. Estábamos en Florida, USA en medio de una zona rural cuando vimos un letrero indicando la dirección de una “Casa de Magia”. Fuimos inmediatamente, era media mañana y el día estaba precioso. Era muy barato y preguntamos cuanto duraba la visita. Respondieron: Lo que le tome el laberinto. ¡Tiene todo el día! Asombrados de la respuesta, entramos mirando bien alrededor y fijando los detalles, para poder salir. Era muy fácil al comienzo, tenia pasajes sobre vacíos para cruzarlos con sogas como Tarzán, zonas con obstáculos y con llantas, túneles de plástico y muchas escaleras, un pasaje con espejos, muy bueno… ahora era muy gorda, en este otro flaca, luego con cabeza chiquita o con el cuerpo al revés, nos reíamos; de pronto entramos a un cuarto oscuro con una pequeña luz mortecina y lleno de espejos largos, nos reflejábamos hasta el infinito cuando los espejos coincidían paralelos, pero el cuarto se llenaba solo con nuestra imagen. Millones de cármenes y jorges y había que encontrar la puerta. Nos pegamos a la pared, que era de espejo y tanteando buscamos la salida. Comenzó a transcurrir el tiempo y nosotros nada de dar con la puerta de salida, que probablemente era un espejo en paralelo. Unos 15 minutos o mas y nada. Estábamos solos cuando de repente una sombra a todo correr se cruzó con nosotros… pero no era solo un niño, debían ser como siete y estaban en competencia para ver quien lo hacía más rápido. Claro que ellos sabían cuál era la salida secreta. También corriendo comenzamos a seguirlos, cruzando los espejos, hasta llegar al jardín exterior.
Moraleja: No se debe desdeñar una ayuda para salir de un laberinto.
Carmen Ruiz de Pardo
La Molina, 11 de Mayo, 2010

Yo también escribí sobre los laberintos, tema apasionante que mientras más sabes, quieres sabar más.


Acerca de laberintos



Alguna vez me interesé por la historia de los laberintos, los construidos con piedras, con troncos de árboles, los diseñados en medio de los bosques o solo esbozados en los desiertos. Al enterarme que existía un laberinto de cristal recuerdo haberlo imaginado con agrado y luego aquel otro formado por doce palacios cubiertos, sentí fascinación por los laberintos que existían bajo tierra y en total oscuridad, aquellos con puertas que al abrirse producían un ruido espeluznante. Soñé con laberintos en los que corría el viento o se sentía el latido de un corazón palpitante llamándote. Supe que no siempre habita un monstruo en la mitad del laberinto y que hay aquellos que contienen una mujer a la que hay que liberar. De todos modos el laberinto me habla de la muerte y del otro mundo, es un camino, un pasaje, la invitación al viaje. Hay que estar atenta en contemplar en medio del laberinto el reflejo de las estrellas señalándote el oriente y el norte. Puedes enfrentar el color fuego del sol cuando cae la tarde en el laberinto. El laberinto te anima a danzar, a transformarte, entender leyes y crear armonías. Una suma de preguntas se agolpa a mi paso. ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Podré traspasar la muerte? ¿Quién soy? ¿Para qué fui creada?


Y seguí escribiendo...

Un laberinto original para cada quien



Dibujo de Fito Espinoza




Infinidad de laberintos, uno para cada quien. Qué castigo terrible el laberinto solitario, vacío, sin nadie con quien toparse, a quién preguntar si seguiré de frente, si ese corredor conduce al fracaso o permanece abierto hasta poder avanzar. No se trata de salir del laberinto, se trata de llegar al centro, dominarlo, hacerlo mío, correr por los pasadizos con alegría, recostada en las paredes transparentes descansar, tomar aire para partir nuevamente. Quedarme dormida sin notarlo como si estar dormida o despierta fuese lo mismo.
Iguales pasadizos suceden en mis sueños, puertas cerradas, ni un ápice de esperanza, anhelante, asesando, la frente fría, la mirada perdida.
Hace años que permanezco aquí en mi laberinto, no puedo precisar cuantos ni qué fue lo que me animó a entrar, saber cómo así estoy acá esforzándome, balanceando mi cuerpo, conteniendo la sed, el hambre, el anhelos de sombra, la luz que haría brillar lo que hoy es opaco, niebla. Deseo sentir un roce de fantasmas, un soplido, la voz del viento, el canto débil del agua. Y en su lugar está el silencio, solo el silencio.

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