Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
domingo, 19 de agosto de 2012
Actores irlandeses imaginan Irlanda
El sonido de sus voces es tan agradable.
domingo, 12 de agosto de 2012
Viaje a los fiordos de Noruega y a otros preciosos sitios
Cumpliendo un antiguo sueño de Mario, planeamos con bastante anticipación un viaje con destino a Noruega, para gozar con la belleza de los Fiordos, brazos de mar que alguna vez fueron antiguos valles cubiertos de nieve. El barco se toma en Holanda, en Amsterdam, la travesía dura 12 días y se desembarca en Edimburgo, la capital de Escocia. Se hace escala en pequeños puertos y ciudades de los que me cuesta memorizar sus nombres: Bergen, Molde, Andalsnes, Flam, Stavangery y se llega a Edimburgo, capital de Escocia. Nosotros nunca habíamos hecho una travesía de tantos días, así que nos preparamos para una experiencia nueva que nos llevaría a un mundo desconocido. Viajamos en pleno verano noruego pero nosotros tuvimos frío, tuvimos que abrigarnos y estar preparados para la lluvia.
Amsterdam es una bellísima ciudad y tuvimos oportunidad de ver en sus museos a sus dos mejores pintores : Rembrandt y Van Gogh. Me encantó verlos llenos de niños, atentos a sus maestros que les explicaban con paciencia algún cuadro. Los canales de Amsterdam le dan un carácter romántico a la ciudad y nos alojamos en un lindo hotel con un aire entre conservador y Kitsch. Los típicos edificios holandeses tienen infinidad de negocios, librerías y restaurantes, caímos en uno italiano en que hicimos amistad con nuestros vecinos de mesa, una pareja encantadora de holandeses que habían venido al Perú hacía años, cuando eran novios, ella trabaja en la cervecería Heineken y el en una de las principales empresas de chocolate. En nuestras caminatas encontramos una pareja de novios a los que les estaban tomando fotos, los novios traen suerte, así que era un buen augurio para nuestro viaje, también les tomamos fotos y los hicimos reír. Al llegar al hotel nos encontramos con Carmen y Aldo, los que serían nuestros compañeros de viaje, que venían de Madrid.
Luego de pasear por los canales, visitamos la plaza grande (el Dam Square) y ya tocó ir al barrio rojo, las mujeres semidesnudas encerradas en cuartitos con gran ventana para que todos puedan verlas. En los cafes ofrecen marihuana y Hasich. Almorzamos en un lindo restaurante en el que nos atendió una chica mitad vietnamita mitad holandesa que se llamaba Dafne.
Al dia siguiente tomamos el tranvía con dirección al mercado, siempre hay que visitar un mercado y disfrutar viendo panes, flores, verduras y frutas, pasteles. Más tarde, un taxista nos dejó en el barrio de las galerías de arte y antiguedades. Mi máquina de fotos se cayó y pareció que se malograba del todo, empezó una lluvia fuerte y nos encontramos un argentino que con gran sentido del humor nos hizo reir a carcajadas, burlarnos de nuestra desgracia con un poco de salero, y yo pude dejar que me saltaran un par de lágrimas que ya no sabía si eran de risa o de pena por mi máquina. Al fin con un poco de paciencia, la arreglamos.
Nos embarcamos a las tres de la tarde,nos dieron nuestra identificación como pasajero de nuestro barco. Ahí nos fuimos encontrando con unos amigos peruanos que sabíamos que vendrían. Durante la travesía hicimos algunos amigos de otros países. Jorge y Anita fueron los más encantadores, canadienses de origen latvio, catedráticos de la universidad, ya retirados, él poeta, que había vivido en México y hablaban un poquito de español. Una pareja de irlandeses de Dublin, él tambien catedrático de ciencias, encantadores ; una pareja de chilenos y una de New York. Ella cantante de ópera y él inventor.
Tenemos 6 grados de temperatura y estoy tentada de ponerme el pantalón de pijama debajo de mi jean.
Cada pueblo tiene su encanto, comemos en el puerto, en el mercado, delicias marinas, nos recibe una banda de música con chicas guaripoleras, visitamos museos de bellísima pintura noruega, hay ferias en las calles, es la semana del jazz y hemos comprado entradas para ver a Norah Jones. Nos encontramos con un muchacho peruano de Huancayo, casado con una nórdica, una linda campesina, vende chompas de alpaca y nos cuenta que gana bien, que va a Lima tres veces al año, tiene cuatro hijos y le pagan cuando nace cada uno. Una niña toca violín y recoge unas monedas. Hay flores por todas partes.
En el barco, nos tocó comer salmón cubierto de especies y otro envuelto en masa. Desde el balcón de nuestro dormitorio vemos hermosos paisajes, a ratos parece que nadie habita el mundo solo el mar y las montañas, una que otra gaviota y el cielo que va cambiando de colores demorando mucho en hacerse ya de noche. Vemos las famosas siete hermanas, larguísimas caídas de agua,; el día se ha aclarado pero no lo suficiente como para que los verdes brillen y el color esmeralda del mar de los fiordos sea tan intenso como el imaginado. Otra caída llamada el velo de la novia, una catarata preciosa. Subimos en el ómnibus hasta la parte más alta de los fiordos, hasta la nieve, y ahí bajamos y nos tomamos fotos congeladas y felices. La vista es impresionante.
Tuvimos una noche en la que los vientos mecieron el barco sin dejarnos dormir, yo pensaba: venir a morir acá, tan lejos; pero cuando llamé a preguntar qué pasaba, me tranquilizaron diciendo que esos vientos eran cosa corriente acá en Noruega.
Tomo fotos al campo, a las flores, a la naturaleza toda.
Los peruanos nos hemos reunido las últimas noches a tomar unos tragos, conversar, escuchar música y comer juntos. Hemos celebrado el santo de Carmen en una noche inolvidable y participamos del Karaoke cantando la Macarena de la que no sabíamos la letra pero que nos hizo reír, bailar y divertirnos.
El día onceavo llegamos a Edimburgo.
Coincidimos por casualidad con los otros peruanos en el hotel. Es una ciudad hermosísima. La recorremos sin parar, visitamos un palacio en el que se aloja la reina cuando visita Escocia con jardines bellísimos. Entramos a un museo que ofrece una exposición de paisajes místicos que van desde Van Gogh a Kandinsky. Nos ofrecen chompas de cashmere, y las calles están llenas de gente que hace trucos, toca gaitas y ofrecen espectáculos.
Alquilamos un auto en Edimburgo y salimos al campo de Escocia. Muertos de miedo por tener que manejar al revés, recorrimos en tres días los diferentes paisajes de Escocia, nos alojamos en pequeños pueblitos, nos maravillamos de los verdes, de las ovejas, las montañas, de la amabilidad de la gente.
Y por último tomamos un avión hacia Dublín.
Yo tenía desde hace muchos años un gran deseo de conocer esa bella ciudad y realmente me encantó. Nos alojamos en un hotel muy bien situado y nos dedicamos a caminarla. Llovía pero igual llegamos hasta las catedrales. Cruzamos el puente y vimos el río Liffey. Qué parques tan bien diseñados, la gente disfrutándolos, tirados al sol ( su pequeño sol) , las calles con sus puertas de colores, la gente encantadora, amabilísima, restaurantes increíbles, la gente al pie de los bares tomando cerveza y conversando. Fuimos a escuchar música a un bar que se llama The Temple bar y nos convertimos casi en irlandeses con cerveza en mano y la alegría dando palmadas y golpes de pie.Visitamos el Trinity College con su antiquísima y fabulosa biblioteca y pudimos ver el Libro de Kells. También el museo antropológico y dimos un gran paseo por Grafton Street. Prometimos regresar a Dublin, convertirla en el centro del viaje, en otra oportunidad, nos había parecido una ciudad encantadora y divertida.
Edimburgo:
Volver, siempre volver
Irse de viaje es un paréntesis que hacemos en nuestra vida. Desaparecemos de acá y partimos en busca de aventuras. Durante el tiempo de viaje nos transformamos en otros y el sentido de nuestra vida varía. El viaje tiene un número de días que nos invitan a vivir con intensidad. Los ojos muy atentos, la máquina de fotos a la mano, como exploradores o cazadores de imágenes. Lo que ocurre con nuestra mente es curioso, nos vamos alejando cada vez más de lo que sucede en nuestra tierra y con lo que hasta hace solo unos días nos importaba tanto. Podemos analizar nuestra vida cotidiana como si se tratase de la vida de otra persona.
Es por eso que cuesta tanto trabajo retomar nuestra rutina a nuestro regreso. Permanecemos aletargados, como si estuviésemos en un estado intermedio, mientras vamos, uno a uno, colocándonos, como vestiduras, parte de nuestro ser. Se ha cerrado el paréntesis, nuestras metas ya no son llegar a tal ciudad, sino vivir aquello que nos toca, de la mejor manera posible. La memoria se resiste y desobediente no nos dice donde hemos dejado las llaves, o los papeles importantes. Nuestro proyecto, el que nos tenía apasionados, se esconde, y surgen cosas inmediatas, el carro no arranca, no hay nada que comer, el aparato de teléfono no funciona, como para mantenernos todavía alejados de lo que queremos hacer. Una misma se impone tareas que consumirán mucho de nuestro tiempo, como revisar los 25 periódicos que no vimos porque estábamos fuera.
Lima nos recibe con frío de 13 grados y humedad de 100 por ciento.
Hemos perdido la feria del libro, la presentación de la novela de nuestra querida amiga, el festival de cine está muy avanzado, la inauguración de la nueva casa de Mario Testino, nuestro famoso fotógrafo, no hemos vivido las celebraciones de las fiestas patrias, hay un vacío que hemos llenado con vistas de países que quedan lejísimos, con otro clima, con otro ritmo y estupendas experiencias, hasta la moneda era distinta en cada lugar, el idioma, el tipo de comida, las costumbres, las habitaciones en las que hemos dormido, las personas que adquirieron más importancia.
De pura suerte, prendo un rato la televisión y en vez de encontrarme con las olimpiadas, alcanzo a ver el final de una película que recordaba como magnífica: 1900. La triste historia de un pianista que nace en un barco y jamás baja de él. Cuando intenta hacerlo, va bajando las escaleras maleta en mano, los amigos lo despiden, lleva un abrigo de piel de camello regalado por su mejor amigo el trompetista, tiene en la mente la imagen de una mujer de la que se ha enamorado y a quien quiere buscar, entonces, se detiene, avienta el sombrero al mar, da la vuelta y sube otra vez al barco en el que morirá. Al cabo de unos días explicará los motivos de su regreso, ha percibido ante la inmensidad de New York, que el mundo no tiene fin, y él está acostumbrado al espacio del barco con una proa y una popa que puede recorrer ida y vuelta solo en un rato. Un viaje, ese paréntesis, tiene un final, una fecha en el que terminará; nuestra vida, su final, nadie lo sabe, es por eso tal vez que me cuesta tanto retomarla.
Ya de regreso, dilato un poco el sentarme para escribir sobre lo vivido, como dejando que se asiente el vino, que se olvide lo accesorio y quede lo fundamental.
Novios que traen suerte
En Holanda nos encontramos con unos novios, dicen que traen suerte así que estuvimos contemplándolos hasta que Mario los hizo reir. Así, esa alegría les deseo para su vida, les dijo.
Los girasoles de Van Gogh
Vimos el museo Van Gogh, y buscando un video para compartirlo con ustedes encontré este sobre sus famosos girasoles, el cuadro está en Londres así que yo no vi, pero llegué a él, y el video es muy bueno.
viernes, 13 de julio de 2012
La bondad y la inteligencia
Dice el filósofo español, José Antonio Marina.
"La gran creación de la inteligencia no es la ciencia, no es el arte, no es la técnica: es la bondad"
Pueden buscar un video suyo en mi Facebook.
Una frase sin autor
Colecciono frases, como lo hace mucha gente. Tengo recortadas las ideas de la gente. Siempre que busco algo desconocido busco en mi caja de frases y algo encuentro.
Esta frase no tiene autor, no lo he copiado. Pero me parece buena y la comparto:
"No es la razón la que nos provee de una dirección moral, sino la sensibilidad. "
Esta frase no tiene autor, no lo he copiado. Pero me parece buena y la comparto:
"No es la razón la que nos provee de una dirección moral, sino la sensibilidad. "
Schelby Lynne
Me gustan las voces enérgicas de las cantantes norteamericanas, muestran fortaleza y un dejo de melancolía.
Danza Alvin Ailley´s
In 1971, Alvin Ailey created one of his best-known ballets as a birthday present for his mother. Ailey dedicated it to "all black women everywhere -- especially our mothers." The three-part ballet, set to popular and gospel music by Alice Coltrane, Laura Nyro and Chuck Griffin, depicts a woman's journey through the agonies of slavery to an ecstatic state of grace:
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