domingo, 16 de septiembre de 2012

Una mujer canta en el bosque de Africa

Esta semana vimos en el Cable un especial sobre los Pigmeos, su ritmo y sus cantos polifónicos que acompañan casi todas sus actividades. La película nos mostró el mundo extraordinario de la comunidad Baka, las mujeres hicieron música agitando el agua y luego todos celebraron la recolección de miel realizada por jóvenes en la parte más alta de un árbol. Acá unos videos de esta comunidad africana

Una mujer canta en el bosque de Africa. Musica polifónica.





Frases de Arthur Miller


Arthur Miller el dramaturgo estadounidense quien fuera esposo de Marilyn Monroe dice:
Creo que no es posible vivir sin ideal, ni religión, ni sensación de porvenir. Si así fuera, los hospitales estarían llenos de locos.

Los sentimientos de culpa son muy repetitivos, se repiten tanto en la mente humana que llega un punto en que te aburres de ellos.

El carácter de una persona lo determinan los problemas que no puede eludir y el remordimiento que le provocan los que ha eludido.

La mera idea de que los milagros sucedan, sin embrago persiste en la cabeza de mucha gente. Cuando eso muere hace que la gente sea más desgraciada.

¿Puede uno recordar el amor? Es como tratar de evocar el aroma de las rosas en un sótano. Puedes ver la rosa, pero nunca el perfume.
El teatro no puede desaparecer porque ese el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma.

Los hombres temen más al sexo que las mujeres.

La vida es como una nuez; no puede cascarse entre almohadones de plumas.

Un buen periódico es una nación hablándose a sí misma.



Saint Saens

Charles Camille Saint-Saëns (París, 9 de octubre de 1835 — Argel, 16 de diciembre de 1921) fue un compositor, director de orquesta, organista y pianista francés de música académica.

Músico muy dotado —fue un virtuoso pianista y también un excelente improvisador al órgano—, espíritu curioso por todo, escritor, caricaturista, gran viajero, Saint-Saëns desempeñó un papel excepcional en la renovación de la música francesa, tanto por su enseñanza —tuvo como alumnos, entre otros, a Gabriel Fauré y a André Messager—, como, sobre todo, por su actividad en favor de la música nueva —fue uno de los fundadores de la «Société Nationale de Musique», destinada a tocar y difundir la música francesa. Puede considerársele un jalón esencial de la renovación que condujo a Claude Debussy y a Maurice Ravel.





http://es.wikipedia.org/wiki/Camille_Saint-Sa%C3%ABns


Janine Jansen es una violinista holandesa.
Comenzó a estudiar violín a los seis años. Estudió con Coosje Wijzenbeek, Philipp Hirshhorn, y Boris Belkin. Su padre y su hermano también son músicos. Jansen surgió, en 2001, como solista con la National Youth Orchestra de Escocia, donde ejecutó el concierto para violín de Brahms. http://es.wikipedia.org/wiki/Janine_Jansen

Mater Admirábilis

El primer viernes de mes hay siempre una misa en Mater, la capilla dedicada a la virgen Mater Admirábilis del Sophianum , en donde estudié. Este primer viernes de Setiembre decidí ir. Ahí canta un coro de exalumnas de preciosas voces y las canciones tienen el poder de transportarnos al pasado, hacernos regresar a esos días en los que éramos unas niñas que desconocíamos lo que nos tocaría vivir. Llenas de ilusiones, de fantasías, de deseos de encontrar al hombre soñado, acudíamos a esa pequeña capilla a pedir a esa hermosa virgen, también niña como nosotras que nos ayudase en el cumplimiento de nuestros sueños. Mater es una Virgen que transmite paz y modestia, está sentada, tiene un libro entre las manos, ha dejado por un momento su trabajo de hilandera,y parece meditar. Antes de algún examen, ante alguna tribulación, alguna travesura que podía ser descubierta, alguna preocupación por nuestra familia, entrábamos unos minutos a la capilla y le decíamos con los ojos o con la mente: mira lo que pasa, por favor, ayúdame. A veces escribimos en un papelito nuestro pedido y lo dejamos a su lado, para que nuestro ruego quede con ella, bajo su manto.




Suena sin tocarse



El Theremin es un instrumento muy especial que se toca... sin tocarlo, el movimiento de las manos en proximidad de sus antenas controla la frecuencia de la onda sonora (el tono) y el volumen. Una mano para cada cosa.
El invento nació en 1919 como un experimento financiado por el gobierno ruso, en una investigación sobre sensores de proximidad. Fue tal el éxito en su momento, cuando Léon Theremin lo presentó, que hasta Lenin tomó clases para aprender a tocarlo, y tal el orgullo del comunismo, que en 1928 mandaron al físico a dar conciertos por todo el mundo.

El caso es que Léon Theremin en mitad de la gira, decidió quedarse en Estados Unidos y, de paso, patentar allí su instrumento...

El cuento más chico del mundo

De Augusto Monterroso, escritor guatemalteco.



Angel de Ocongate

Esta mañana tuvimos en ABRA al escritor Peruano Edgardo Rivera Martínez como autor invitado. No es que viniera personalmente pero al leer sus cuentos nos entregó su mundo, su sensibilidad y sus inquietudes.


Nacido en Jauja en 1933, autor de la novela País de Jauja. Conversamos también de la expresión Del país de Jauja", como símbolo de lugar paradisíaco originado en una quimera medieval. "Sin crímenes ni policía, ni guerras civiles, ni abogados, no notarios, no se pagan contribuciones porque como no hay dinero, no se conoce nunca la miseria. (Antonio Bori y Fonesta) . Un lugar ideal para los glotones, no hay jerarquías sociales; pagan por descansar y castigan por trabajar.(Historia y leyenda de la tierra de Jauja.
Acá el hermoso cuento el Angel de Ocongate, que saliera ganador en el primer concurso de cuentos de las 1000 palabras de la revista Caretas.

Ángel de Ocongate
Quién soy sino apagada sombra en el atrio de una capilla
en ruinas, en medio de una puna inmensa. Por instantes silba
el viento, pero después todo regresa a la quietud. Hora incierta,
gris, al pie de ese agrietado imafronte. En ella resulta más
ansioso y febril mi soliloquio. Y aún más extraña mi figura
—ave, ave negra, que inmóvil habla y reflexiona. Esclavina de
paño y seda sobre los hombros, tan gastada y, sin embargo, espléndida.
Sombrero de raído plumaje y jubón, camisa de lienzo
y blondas. Exornado tahalí. Todo en harapos y tan absurdo.
¿Cómo no habían de asombrarse los que por primera vez me
veían? ¿Cómo no iban a pensar en un danzante extraviado en
la meseta? Decían, en la lengua de sus ayllus: «¿Quién será?
¿De qué baile será esa ropa? ¿Dónde habrá danzado?». Y los
que se topaban conmigo me preguntaban: «¿Cómo te llamas?
¿Cuál es tu pueblo?». Y como yo callaba y notaban el raro
fulgor de mis pupilas, y mi abstraimiento, mi melancolía, acabaron
por considerar que había perdido el juicio a la vez que
la memoria, quizás por el frenesí mismo de la danza en que
había participado. Y comentaban: «Pobre, no recuerda ya a
su padre ni a su madre, ni la tierra donde vino al mundo. Y
nadie, tal vez, lo busca...». Las ancianas se santiguaban al verme.
Y las muchachas se lamentaban: «Joven y hermoso es, y
tan triste...». Y así, por obra de esa supuesta insania, y de mi
apariencia y mi gravedad, aumentó la sensación de extrañeza
que mi presencia provocaba. Una sensación tan intensa que
por fuerza excluía toda posibilidad de burla. Hubo incluso
pastores que, movidos por un respeto mágico, ponían a mi al-
cance bolsitas de coca en calidad de ofrenda. Y como nadie me
escuchó hablar nunca, ni siquiera un monosílabo, se concluyó
que también había perdido el uso de la palabra. Pensamiento
comprensible, pues solo a mí mismo me dirijo, en un discurso
que no se traduce en el más leve movimiento de los labios. Solo
a mí, en una fluencia silenciosa, pues una tenaz resistencia
interna me impide toda forma de comunicación con los demás
y, con mayor razón, todo diálogo. Y así es mejor, sin duda. Sea
como fuere, esa imagen de forastero enajenado y mudo, que
se difundió con rapidez, redundó en beneficio de mi libertad,
porque no ha habido gobernadores ni varayocs que me detuvieran
por deambular como lo hago. Compartían más bien esa
mezcla de sorpresa, temor y compasión que experimentaban
frente a mí sus paisanos. En unos y otros pesaban, además,
creencias ancestrales, por cuya causa mi «locura» adquiría un
rango casi sobrenatural. ¡Mi demencia! No me ha incomodado,
en ningún momento, el rumor que al respecto se expandió,
pero de cuando en cuando me asaltaba la duda. ¿Y si era
verdad aquello? ¿Si realmente fui alguna vez un danzante y lo
olvidé todo? ¿Si tuve en otro tiempo un nombre, una casa, una
familia? Inquieto, me acercaba a las fuentes y me contemplaba.
Tan cetrino mi rostro y velado siempre por un halo fúnebre.
Idéntico siempre a sí mismo, en su adustez, en su hermetismo.
Me observaba y se afirmaba en mí la seguridad de que jamás
había desvariado, y de que jamás tampoco fui bailante. Certeza
intuitiva, solamente, pero no por ello menos vigorosa. Pero
entonces, si nunca se extravió mi espíritu, ¿cómo entender la
taciturna corriente que me absorbe y me aísla? ¿Cómo explicar
este atavío y la obstinación con que a él me aferro? ¿Por
qué mi desazón a la vista del lago? No, no podía responder
a estas preguntas, y era en vano asimismo buscar una justificación
para unas manos tan blancas y un hablar que no es de
misti ni de campesino. Y más inútil aún tratar de contestar a la
interrogación fundamental: ¿quién soy, entonces? Era como
si en un punto indeterminable del pasado hubiese surgido yo
de la nada, vestido ya como estoy, y balbuceando, angustiándome.
Errante ya y ajeno a juventud, amor, familia. Encerrado
en mí mismo y sin acordarme de un principio ni avizorar una
meta. Iba, pues, por los caminos y los páramos, sin dormir ni
un momento ni hacer alto por más de un día. Absorto siempre
en mi callado monólogo, aunque me acercase a ayudar
a un anciano bajo la lluvia, a una mujer con sus pequeños, a
un pongo moribundo en una pampa desolada. Concurría a
los pueblos en fiesta, y escuchaba con temerosa esperanza las
música de las quenas y los sicuris, y miraba una tras de otra las
cuadrillas, sobre todo las que venían de muy lejos, y en especial
las de Copacabana, de Oruro, de Zepita, de Combapata.
Me conmovían sus interpretaciones, mas no reconocí jamás
una melodía ni hallé una vestimenta que se asemejara a la mía.
Transcurrieron así los años y todo habría continuado de esa
manera si el azar —¿el azar, en verdad?— no me hubiera llevado,
al cabo de ese andar sin rumbo, al tambo de Raurac. No
había nadie sino un hombre viejo que descansaba y me miró
con atención. Me habló de pronto y dijo en un quechua que
me pareció muy antiguo: «Eres el bailante sin memoria. Eres
él, y hace mucho tiempo que caminas. Anda a la capilla de la
Santa Cruz, en la pampa de Ocongate. ¡Anda y mira!». Tomé
nota de su consejo y de su insistencia, y a la mañana siguiente,
muy temprano, me puse en marcha. Y así, después de tres
jornadas, llegué a este santuario abandonado, del que apenas si
quedan la fachada y los pilares. Subí al atrio y a poco mis ojos
se posaron en el friso, bajo esos arcos adosados. Y allí, en la losa
quebrada otrora por un rayo, hay cuatro figuras en relieve.
Cuatro figuras de danzantes. Visten esclavina, jubón, sombrero
de plumas, tahalí. Imágenes no de santos sino de ángeles,
como los que aparecen en los cuadros de Pomata y del Cuzco.
Son cuatro, mas el último fue donde golpeó la centella, y solo
quedan su silueta e impresas unas líneas de las alas y el plumaje.
Cuatro ángeles, sobre una floración de hojas, frutos y arabescos
de piedra. ¿Qué baile es el que danzan? ¿Qué música
la que siguen? ¿Es el suyo un acto de celebración y de alegría?
Los contemplo en el silencio glacial y terrible de este sitio, y
me detengo en el contorno vacío del ausente. Cierro luego los
ojos. Sí, solo una sombra soy, una apagada sombra. Y ave, ave
negra sin memoria, que no sabrá nunca la razón de su caída.
En silencio, siempre, y sin término la soledad, el crepúsculo,
el exilio...
(1982)

Il Poastino de Neruda


Recordando esta bella película basada en uno de los libros de Pablo Neruda, el poeta chileno.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Pájaro de fuego

Este texto fue escrito en forma de verso, pero ahora lo he pasado a prosa. Me dirán que tal lo sienten.

Pájaro de fuego

Tu pajarera de ruiseñores
Tu formidable caja de cristal.

Rubén Darío.




Está preso el pájaro de fuego. Mustio, encorvado, parece un pájaro cualquiera.
La jaula ha sido levantada de manera tal que no puede extender sus plumas doradas y rojas, ni batir sus alas hasta abrasarse.
Oí su grito en la montaña y fue así que llegué hasta él. Hablaba de un mundo que existe más allá del más allá, lejos.
Me conmueve su mirada honda de águila, en la que puedo leer paisajes de un reino cercano al sol.
Han atado sus alas, cortado sus uñas de ébano, el pico azul lo tiene gastado de tanto intentar abrir de par en par la puerta que lo detiene.
Que lo sepan todos: está preso y herido el pájaro de fuego.
Al caer la tarde me ha contado sus sueños. Está destinado a resucitar tras su muerte, aparecer deslumbrante, embellecido y joven, envuelto en fragancias.
Tiene incrustada en el alma la imagen de sí mismo atravesando cielos, siendo relámpago, flor de fuego, rauda flecha viviente, una llama que vuela y canta, un ala encendida, un trozo de eternidad.
¿Ven ustedes el ceniciento cielo, las nubes que lloran reclamando, esa tormenta perpetua que aniquila campos y desborda ríos?
De duelo el sol, oculto, encorvado y mustio, imitando al pájaro de fuego que aun canta como cisne que agoniza, tras las montañas, en lo oscuro.
Abran todas las pajareras del mundo, convoquen a pájaros azules y violetas, a los cuervos, alondras, garzas, a los verdes loros. Llamen a la Aurora, sacudan sus desnudos hombros, pidan que envíe un solo rayo de sol, solo uno, que con su contacto muera el encantamiento y aleje la desventura, que nos devuelvan el precioso tesoro.
¿Cómo vivir sin ese talismán que despierta al universo, arde en música y comunica la esperanza?
Pidamos al pájaro de fuego que haga crujir su corazón, que se incendie en inflamado deseo para que explote en vida y retome su cósmico destino.
De prisa, no pierdan tiempo. ¿No ansían como yo, su resplandeciente plumaje, la soberbia poesía de su anuncio, su luz y canto sobre los vientos, su alegría de ir siendo Ibis de fuego, Golondrina escarlata, paloma ígnea, sangriento ruiseñor de las alturas?

Un poema sobre mis cosas

Este poema tiene su tiempo. Invito a que ustedes también hagan una selección de sus cosas importantes y claro las envíen para compartirlas. El epígrafe es de Borges que hizo este ejercicio.



Benditas cosas


Duraran más allá de nuestro olvido
No sabrán nunca que nos hemos ido.
J. Luis Borges

Mis libros. Ese diccionario de símbolos,
El espejo que visito a diario para dibujarme un rostro
tomando contacto con esa mujer inquieta que se asoma.
Las llaves, que me permiten ir y volver;
Mis ollas, compañeras en mi tarea de alimentarme;
Las tijeras ocultas con las que recorto algunos pensamientos de los hombres.
Mi cama en la que me arrojo para perderme entre las sombras.
Ese jardín, la fuente, los geranios en las ventanas
y los pinos dorados que me despiertan.
Las estrellas olvidadas y el tiempo que suena a mis espaldas;
La fruta fresca, los colores que aparecen tan de golpe,
como mis sueños escondidos entre mis recuerdos;
Mi pequeño cuarto secreto que almacena mis historias,
y también el aro de Ayacucho que trae al presente
el origen de mi amor continuo.

Alicia y nuestros retablos

En este tiempo globalizado, no se necesita que sean los peruanos los que se interesen por lo peruano, es muy frecuente que los extranjeros admiren nuestras cosas y dediquen su tiempo y su pasión a lo nuestro. Este es el caso de mi amiga Alicia Seade, uruguaya y ahora peruana de corazón. Este video es muy ilustrativo sobre la manera de hacer nuestros retablos que ya se estaban perdiendo.


José María Salcedo entrevista a Alicia Seade-Delboy sobre Cajones de San Marcos from luis delboy on Vimeo.

La fantasía del espectador

Cuantas veces hemos deseado entrar en la pantalla, participar de lo que ahí está sucediendo, ser héroes o heroínas por un instante, consolar al personaje, o abrazarlo, reemplazar a la actriz, brillar ahí en la pantalla.


Violin y piano conversando



Las veces en las que mi papi me llevó al Municipal a los conciertos matutinos de los domingos tuve que aprender a quedarme sentada muy quieta y concentrarme en la música. Recuerdo que me imaginaba que los instrumentos conversaban, se decían cosas, se contaban historias. Qué hermoso diálogo el del violín con el piano, dos de mis instrumentos favoritos.

Nuestra querida Sissi

Sissi fue muy importante en nuestras vidas, ella era una verdadera princesa, tenía una sonrisa maravillosa y usaba unos vestidos femeninos, vaporosos. Recuerdo haber recortado dela revista Ecran ( todo sobre artistas de cine) un vestido que quería copiar para cuando cumpliera quince. Romy Schneider era mi artista favorita y tuve muchísima pena cuando murió enérgicamente. Desde Sissi quise visitar Viena, ciudad realmente encantadora. Sissi fue nuestra primera Novicia rebelde, nuestro ídolo, la adorábamos y esperábamos una nueva película suya.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Una martir de nuestro tiempo




Salir del cine con el alma satisfecha tras haber visto una película no es algo que se consigue así no más. Son muchos los ingredientes que deben conjugarse para que esto suceda. Y si bien este último tiempo hemos tenido buenas películas: Amigos, A Roma con "Amor,honor y libertad" ha producido en mí mucho interés, emociones, admiración por los seres humanos, horror ante las dictaduras y especialmente por los dictadores, he gozado con la buena actuación de los personajes que resultaron entrañables, especialmente el de Michael Aris, el esposo ingles de Aung San Suu Kyi, la luchadora de gran coraje por la democracia de Birmania. Dirigida estupendamente por Luc Besson. La recomiendo con la seguridad de que les va a gustar tanto como a mi.





http://www.rtve.es/noticias/20101112/suu/370356.shtml

Jesús Quinteros nos dice




Conozco hace muchos años a Jesús Quinteros, entrevistador y pensador español. Lo vi por primera vez en su programa El perro verde y de vez en cuando regreso a él para ver en qué anda. Tuvo también un programa que se llamaba El loco de la colina. Acá tres de los finales de sus entrevistas.



El círculo



El círculo. Me encanta este símbolo. Aspirar a cumplir nuestro destino. Terminar lo que se empieza. El abrazo que encierra. Nuestro espacio. El universo. La linea de la vida. Cero. El Sol. El regreso. La perfección. Alcanzar la unidad.
Dice mi diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot:
Es con frecuencia emblema solar. Tiene correspondencia con el número 10 ( retorno a la unidad tras la multiplicidad). Simboliza el cielo y la perfección. Para Jung corresponde a haber alcanzado la unidad interior. Los círculos blancos corresponden a la energía e influjos celestes. El símbolo Yang-Yong, círculo partido en dos, representa el dualismo.

Inmensa alegría






Ayer tuve una de esas alegrías inesperadas, la felicidad de volar una cometa con mi nieta Rafaela, risas, intentos, gritos, carreras, la cometa sobre las ramas altas de un árbol, la cometa rota, otra vez volando, gritando, dale pita, suélt
ala, regresar a la infancia con mi papi que nos hacia cometas cos sacuaras y papeles de colores, la cola de trapo, llamo a Aldo y a Mario que ayuden, ellos tambien intentan, que gracioso, Rafaela está echada sobre el gras ya sin esperanza, más risas, llega Sybila y ayuda, un señor que dice estar leyendo a Trajano, dijo que no nos ayudaba que él ya habia pasado por esto, carreras y sonrisas. Que invento maravilloso la cometa que sube hasta el cielo y se deja mecer por el viento cumpliendo nuestro sueño, trayendonos inmensa alegría.