domingo, 4 de agosto de 2013

El circo de las mariposas

El fascinante mundo de los circos sirve de escenario para esta película corta en la que un hombre muy limitado debe encontrar la manera de aceptarse a sí mismo y superar sus dificultades. es un cortometraje de Cine independiente dirigida por Joshua Weigel y protagonizado por Eduardo Verastegui , Nick Vujicic y Doug Jones en 2009. Ha ganado muchos premios.


Ellis Regina

Elis Regina (Porto Alegre, 17 de marzo de 1945 - São Paulo, 19 de enero de 1982) fue una de las cantantes brasileñas más populares en los años sesenta y setenta.


Thelma & Louise y Marianne Faithfull


La música de esta película inolvidable es de Marianne Faithfull cantante y actriz británica con una vida muy difícil , fue pareja de Mick Jagger , tuvo adicción a las drogas. Esta es su web oficial. http://www.mariannefaithfull.org.uk/


La muerte del Padre, libro por buscar


Lo recomienda Mariana de Althaus y claro que una tiene ganas de leerlo. Encuentro este comentario que tambien cuelgo para animarlos a buscar como yo el libro.

“Escribir es sacar de las sombras lo que sabemos”, afirma Karl Ove Knausgård en este primer tomo de sus escritos autobiográficos. Es decir, arrojar luz sobre aquello que el escritor considera digno de ser comunicado, o afrontar lo que, oculto o camuflado, ejerce tal influencia sobre el autor que se hace conveniente la catarsis que un completo ejercicio de memoria proporciona.

Aquí el proustiano sabor a magdalena evocadora lo encuentra Knausgård en su costumbre de visualizar rostros en los dibujos de la solería, práctica incontrolada que le lleva a recordar un episodio de este tipo en su infancia, detonante de la narración. Según parece, este extendido hábito se debe a la importancia que, para el recién nacido, tiene la amable presencia de los rostros de sus progenitores. Y es ante el de su padre que, un ya crecido narrador, aún permanece vigilante y temeroso, intentando reconocer en su expresión indicios del afecto que reclama y no percibe.

Y si la figura del padre es un factor determinante en la formación psicológica de cualquier niño, con mayor motivo lo será para los que tengan que sufrir las exigencias, los desprecios, o simplemente la frialdad de aquel a quien desean agradar a toda costa. Si además ese padre se distancia de su familia y acaba usando el alcohol para destruirse de la forma más brutal, comprenderemos la necesidad de conjurar fantasmas mediante un rito purificador, liturgia que toma cuerpo en el libro a través de la minuciosa limpieza que el autor y su hermano llevan a cabo en la casa de la abuela, donde acaba de morir el padre.

Una casa que se erige en símbolo de la mente del narrador, dotando de sentido la reparación diligente de la bíblica destrucción organizada por el padre, y el empeño en realizar el funeral en ella, en alusión a la necesaria interiorización de la pérdida.

Pero el texto también contiene otros recuerdos de infancia y adolescencia que provocan en el lector una conveniente empatía, y al que quizás permitan reconocerse en el relato de las primeras aproximaciones al alcohol o de los primeros y torpes escarceos amorosos; en las frustradas veleidades musicales o en esos atormentados sentimientos que tanto llevan a temer la exclusión como a recrearse en la idea de ser alguien especial. Aunque también podemos compartir la imagen del porfiado lector de autores de vanguardia que compensa la provisional incomprensión de sus textos con el prestigio que el conocimiento de los mismos proporciona; o el rechazo visceral ante la presencia de un padre ataviado con prendas y actitudes que suponen, para el hijo, un intrusismo en una juventud que ya no le pertenece. Y, por supuesto, asistiremos al vigoroso estallido simultáneo de la primavera y del primer amor, porque “las emociones son como el agua, se configuran siempre según el entorno”.

Un texto, pues, evocador y de lectura fácil, en el que se imponen emociones como el dolor de la madre por la imparable degradación del hijo, o el sentimiento de liberación de unos hijos ante la definitiva desaparición del padre. El relato de unos hechos que necesitan ser fijados para poder ser comprendidos y, finalmente, asimilados.

Dos poemas de Mario Montalbetti

Uno de nuestros poetas peruanos y excelente maestro de la Universidad Católica.

Magnificant

Después del trabajo remunerado, inmune,
casi nupcial, y de cuidar al hijo
que no caiga, y de hacer nocturno el amor,

apago los megavatios
y bebo alcohol hasta las puntas
(alcohol munerado, mune, casi nupcial)

y luego veo entre las costillas de las persianas

el alba naranja como una papaya madura
que cae del cielo
y se hace añicos sobre el pavimento.



Objeto y fin del poema

Es de noche y tiene que aterrizar
antes de que se acabe el combustible,
Así terminan todos sus poemas,
tratando de expresar con un lenguaje
público un sentimiento privado.

Su ambición es el lenguaje del piloto
hablándole a los pasajeros
en medio de una situación desesperada:
parte engaño, parte esperanza, parte verdad.

Todos los poemas terminan igual.
Hechos pedazos contra un cerro oscuro
que no estaba en las cartas.

Luego hallan los restos: el fuselaje,
la cola como siempre, intacta,
el olor a cosa quemada consumida por el fuego.

Pero ninguna palabra sobrevive.


Mario Montalbetti
El lenguaje es un revólver para dos
Colección Underwood. Pontificia Universidad Católica del Perú, 2008

Acá una conferencia suya: Tres ideas equivocadas respecto al lenguaje


Si yo encontrara un alma...

Hace mucho años un amigo me envió de regalo un cassette con música romántica. Esta es la que más recuerdo porque ¿Quién no ha soñado con tener un alma como la suya?




Una furtiva lágrima de Luciano


Mi nieto más chiquito se llama Luciano, no dejo de pensar en que cantará hermosas arias para alegrar nuestras tardes. De todos modos será Luz. iluminará nuestra vida.





Entrevista a Dustin Hoffman


Uno de nuestros actores favoritos. Estupendo actor.


sábado, 20 de julio de 2013

Preparándonos para el 28

Que viva mi tierra!!! Que tengan un muy feliz 28 de Julio.









PAUCHI SASAKI / OSO II - JAMMIN SESSIONS METROPOLITANO


Un verdadero lujo, Pauchi Sasaki ofreció un hermoso concierto en un patio cerrado del MATE el museo de Mario Testino. Con su violín, acompañada por cuerdas, piano y cajón nos transportó al quinto cielo, nos puso en contacto con la naturaleza en pleno y disfrutamos de lo lindo. Cuando se enteren que toca Pauchi no dejen de ir, es algo muy especial



http://youtu.be/Lw2O8CeuF-M

Cenizas en la oscuridad

Cenizas en la oscuridad. Recibo este blog que cuenta lo que sintió una de las víctimas de Tarata. Me transmitió emoción, ternura, tristeza y admiración por esa niña de seis años que tuvo que vivir semejante acto de violencia. Maravilloso como ha enfrentado la vida y como ha mantenido por encima de todo el amor. Ejemplo para muchas personas que pasan momentos difíciles y que no se sienten con fuerzas para enfrentarlos. http://www.cenizasenlaoscuridad.blogspot.com/

El ocaso de los dioses


Recomendación de mi amiga Irene Cabrejos.


El ocaso de los dioses




El ocaso de los dioses es una ópera en tres actos y un prólogo con música y libreto en alemán de Richard Wagner, la cuarta y última de las óperas que componen el ciclo de El anillo del nibelungo


Libretista: Richard Wagner


Idioma: Idioma alemán


Compositor: Richard Wagner


Letrista: Richard Wagner


Personajes: Brunilda, Alberich, Sigurd, Hagen, Krimilda

Un ángel enamorado

Hay mañanas, muy pocas, en las que prendo la tele y encuentro alguna película que me atrapa. Entonces me entrego a ella y la disfruto como si se tratase de un desayuno estupendo. Esta mañana, me tocó Un ángel enamorado",protagonizada por Nicolas Cage y Meg Ryan, transcurre en Los Ángeles, California. Está inspirada en la película alemana de Wim Wenders, Cielo sobre Berlín. Una delicia aunque tuviese un trágico final.

Dirigida por Brad Silberling.



Padre Padrone



El cuento de Le Clézio "La montaña del dios viviente" que leímos en ABRA, nuestro taller de lectura la semana pasada, me trajo a la memoria esta hermosa película que vi hace muchísimos años. Me impresionó que un niño pastor tuviese semejante sensibilidad, que se le hubiese impregnado en el alma la belleza de la naturaleza. Que bueno sería volver a verla.


La historia


Padre Padrone se basa en el relato autobiográfico de Gavino Ledda, en la que un joven pastor se libera de la tiranía de su padre que lo arrancó de la escuela, hasta llegar a lingüista y escritor. La película, siguiendo la autobiografía de Ledda, presenta al hijo como objeto, posesión del padre y la relación padre-maestro/hijo-esclavo. «Tu no eres el patrón de nadie», le dice furioso Gavino al padre.

Hay en la película un terrible secuencia en que se muestra al padre entrando furioso en el aula de su hijo y llevándoselo a la fuerza a la montaña para convertirlo en pastor. Es un padre brutal que aterroriza a los otros niños de la clase y al profesor. A los otros niños les dijo: «Hoy le ha tocado a Gavino, mañana os tocará a vosotros».

Con 18 años Gavino dejó a su familia y el campo y se enroló en el ejército. Allí estudió y se licenció como sargento experto en electrónica. En 1961 consiguió terminar la enseñanza media, y entró en la universidad de Roma. Hoy día es uno de las grandes lingüistas italianos, autor de numerosos textos.

[La grandeza de esta película pasa porque el personaje del padre, lo más parecido que se puede encontrar a la figura del oikos despot (padre déspota) de la antigüedad griega, está absolutamente consciente de que no es lo óptimo privar a su hijo de la educación para enviarlo a cuidar ovejas «quieren que entreguemos a nuestros hijos a la escuela obligatoria cuando la pobreza es la obligatoria»]. (Juan Pablo Vilches)



Al cumplir los 80




En estos días he cumplido años, fue más que una celebración patronal porque entre mi familia, mis amigas, las chicas del taller ABRA, las amigas artistas, tuve varios días en donde se me deseó muchas alegrías para este año que comienzo. Entonces en el diario El País encuentro este artículo de Oliver Sacks, neurólogo y escritor al que admiro y ahora tras leer su articulo admiro aún más. Está por cumplir ochenta años y eso le sirve como pie para analizar su vida y agradecer. Nos invita a amar y trabajar hasta el final. Acá su artículo.

Al cumplir los 80

No pienso en la vejez como en una época cada vez más penosa que tenemos que soportar de la mejor manera posible, sino en una época de ocio y libertad, liberados de las urgencias artificiosas de días pasados
Oliver Sacks

Anoche soñé con el mercurio: enormes y relucientes glóbulos de azogue que subían y bajaban. El mercurio es el elemento número 80, y mi sueño fue un recordatorio de que muy pronto los años que iba a cumplir también serían 80. Desde que era un niño, cuando conocí los números atómicos, para mí los elementos de la tabla periódica y los cumpleaños han estado entrelazados. A los 11 años podía decir: “soy sodio” (elemento 11), y cuando tuve 79 años, fui oro. Hace unos años, cuando le di a un amigo una botella de mercurio por su 80º cumpleaños (una botella especial que no podía tener fugas ni romperse) me miró de una forma peculiar, pero más adelante me envió una carta encantadora en la que bromeaba: “tomo un poquito todas las mañanas, por salud”.
¡80 años! Casi no me lo creo. Muchas veces tengo la sensación de que la vida está a punto de empezar, para en seguida darme cuenta de que casi ha terminado. Mi madre era la decimosexta de 18 niños; yo fui el más joven de sus cuatro hijos, y casi el más joven del vasto número de primos de su lado de su familia. Siempre fui el más joven de mi clase en el instituto. He mantenido esta sensación de ser siempre el más joven, aunque ahora mismo ya soy prácticamente la persona más vieja que conozco.
A los 41 años pensé que me moriría: tuve una mala caída y me rompí una pierna haciendo a solas montañismo. Me entablillé la pierna lo mejor que pude y empecé a descender la montaña torpemente, ayudándome solo de los brazos. En las largas horas que siguieron me asaltaron los recuerdos, tanto los buenos como los malos. La mayoría surgían de la gratitud: gratitud por lo que me habían dado otros, y también gratitud por haber sido capaz de devolver algo (el año anterior se había publicado Despertares).
A los 80 años, con un puñado de problemas médicos y quirúrgicos, aunque ninguno de ellos vaya a incapacitarme. Me siento contento de estar vivo: “¡Me alegro de no estar muerto!”. Es una frase que se me escapa cuando hace un día perfecto. (Esto lo cuento como contraste a una anécdota que me contó un amigo. Paseando por París con Samuel Beckett durante una perfecta mañana de primavera, le dijo: “¿Un día como este no hace que le alegre estar vivo?”. A lo que Beckett respondió: “Yo no diría tanto”). Me siento agradecido por haber experimentado muchas cosas –algunas maravillosas, otras horribles— y por haber sido capaz de escribir una docena de libros, por haber recibido innumerables cartas de amigos, colegas, y lectores, y por disfrutar de mantener lo que Nathaniel Hawthorne llamaba “relaciones con el mundo”.
Siento haber perdido (y seguir perdiendo) tanto tiempo; siento ser tan angustiosamente tímido a los 80 como lo era a los 20; siento no hablar más idiomas que mi lengua materna, y no haber viajado ni haber experimentado otras culturas más ampliamente.
Siento que debería estar intentado completar mi vida, signifique lo que signifique eso de “completar una vida”. Algunos de mis pacientes, con 90 o 100 años, entonan el nunc dimittis —“He tenido una vida plena, y ahora estoy listo para irme”—. Para algunos de ellos, esto significa irse al cielo, y siempre es el cielo y no el infierno, aunque tanto a Samuel Johnson como a Boswell les estremecía la idea de ir al infierno, y se enfurecían con Hume, que no creía en tales cosas. Yo no tengo ninguna fe en (ni deseo de) una existencia posmortem, más allá de la que tendré en los recuerdos de mis amigos, y en la esperanza de que algunos de mis libros sigan “hablando” con la gente después de mi muerte.
Las reacciones se han vuelto más lentas pero, con todo, uno se encuentra lleno de vida
El poeta W. H. Auden decía a menudo que pensaba vivir hasta los 80 y luego “marcharse con viento fresco” (vivió solo hasta los 67). Aunque han pasado 49 años desde su muerte yo sueño a menudo con él, de la misma manera que sueño con Luria, y con mis padres y con antiguos pacientes. Todos se fueron hace ya mucho tiempo, pero los quise y fueron importantes en mi vida.
A los 80 se cierne sobre uno el espectro de la demencia o del infarto. Un tercio de mis contemporáneos están muertos, y muchos más se ven atrapados en existencias trágicas y mínimas, con graves dolencias físicas o mentales. A los 80 las marcas de la decadencia son más que aparentes. Las reacciones se han vuelto más lentas, los nombres se te escapan con más frecuencia y hay que administrar las energías pero, con todo, uno se encuentra muchas veces pletórico y lleno de vida, y nada “viejo”. Tal vez, con suerte, llegue, más o menos intacto, a cumplir algunos años más, y se me conceda la libertad de amar y de trabajar, las dos cosas más importantes de la vida, como insistía Freud.
Cuando me llegue la hora, espero poder morir en plena acción, como Francis Crick. Cuando le dijeron, a los 85 años, que tenía un cáncer mortal, hizo una breve pausa, miró al techo, y pronunció: “Todo lo que tiene un principio tiene que tener un final”, y procedió a seguir pensando en lo que le tenía ocupado antes. Cuando murió, a los 88, seguía completamente entregado a su trabajo más creativo.
Mi padre, que vivió hasta los 94, dijo muchas veces que sus 80 años habían sido una de las décadas en las que más había disfrutado en su vida. Sentía, como estoy empezando a sentir yo ahora, no un encogimiento, sino una ampliación de la vida y de la perspectiva mental. Uno tiene una larga experiencia de la vida, y no solo de la propia, sino también de la de los demás. Hemos visto triunfos y tragedias, ascensos y declives, revoluciones y guerras, grandes logros y también profundas ambigüedades. Hemos visto el surgimiento de grandes teorías, para luego ver cómo los hechos obstinados las derribaban. Uno es más consciente de que todo es pasajero, y también, posiblemente, más consciente de la belleza. A los 80 años uno puede tener una mirada amplia, y una sensación vívida, vivida, de la historia que no era posible tener con menos edad. Yo soy capaz de imaginar, de sentir en los huesos, lo que supone un siglo, cosa que no podía hacer cuando tenía 40 años, o 60. No pienso en la vejez como en una época cada vez más penosa que tenemos que soportar de la mejor manera posible, sino en una época de ocio y libertad, liberados de las urgencias artificiosas de días pasados, libres para explorar lo que deseemos, y para unir los pensamientos y las emociones de toda una vida. Tengo ganas de tener 80 años.
Cuando me llegue la hora, espero poder morir en plena acción, como Francis Crick
Oliver Sacks es neurólogo y escritor. Entre sus obras destacan Los ojos de la mente, Despertares y El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Su último libro, Alucinaciones, lo publicará próximamente Anagrama.
© Oliver Sacks, 2013
Traducción de Eva Cruz.

domingo, 14 de julio de 2013

Escribir con indicaciones, concurso



Mi amiga Fernanda Rodriguez Briz de Mendoza Argentina, me manda una invitación a participar en un concurso de relato corto para su revista. Me siento y escribo. EL tema era la escalera. Me gusta tener un límite de palabras, me obliga a precisar las ideas, a sacrificar palabras. EL dia de mi santo Fernanda me anuncia que mi relato salió ganador. Que gusto, valió el esfuerzo. Se los mando para compartirlo con ustedes y como regalo de 28. Manden sus comentarios por favor y anímense a escribir un relato corto en donde las escaleras ocupen un lugar importante.
Acá el nombre de la revista:


No le costó tapiar la escalera

No le costó tapiar la escalera. Poner maderas cruzadas haciendo que fuese imposible poner el pie en los próximos escalones hasta llegar al lugar en el que lo tenía encerrado.
—No fue hace mucho tiempo, —recordaba, —cuando por primera vez la subimos. Me había cargado en el umbral de la puerta, yo llevaba un bellísimo vestido blanco de encaje, el pelo suelto, sonreía de dicha, lo amaba. Una vez en el dormitorio aprecié los muebles antiguos, los adornos que hablaban del pasado, la cama heredada de sus padres con cubrecama de bellos dibujos orientales. El cerró las cortinas creando una mayor intimidad. Permanecí con él una semana entera, comíamos sobre la cama y no nos cansábamos de contarnos nuestras vidas, enterneciéndonos con las tristezas del otro, alegrándonos con las alegrías que cada uno había sentido. Una mañana le dije que iría a ver a mis padres, quería decirles que había encontrado al fin al hombre de mi vida.
—No, —me dijo, —te prohíbo hacerlo, — en ese instante su expresión amorosa se volvió rígida, su mirada difusa. Puso llaves en las puertas y me reveló que no le era difícil seducir a las mujeres, convencerlas de su amor, lo que le había sido imposible había sido retenerlas, alguien o algo interrumpía su relación. Ahora, si la alejaba de los demás, ella permanecería a su lado. —Te haré feliz, —le aseguró, — nada te faltará. A cambio de su amor, debería entregar su libertad. —Tendrás bellos vestidos, la música más armónica, los libros más entretenidos, podrás pintar, gozar con el canto de aves, pasear por el jardín interior, escribir, preparar manjares, acariciar suaves animales, y disfrutar del variado amor. —El sabría, —dijo, — complacer todos mis deseos, despertar mi éxtasis, — me prometía extraordinarias ceremonias en las que encontraría un océano de gozos.
Esa noche ella se la pasó pensando y midiendo. Claro que lo amaba, pero él le pedía su libertad. ¿Qué valía más? Supo que no podría perder un instante, que debía vencerlo ya. Apenas amaneció le dio a beber el somnífero ¿o se trataba de un veneno? Profundamente dormido lo ató a la cama con una cuerda, hizo varios nudos, imposible romperlos.
Bajó las escaleras, las tapió y permaneció ahí unas horas, deseando todavía amarlo, temiendo haberlo matado, gozando con su libertad, despidiéndose de libros y flores, aves y música, hojas en blanco y colores, y de la intensidad de ese ofrecido amor.


Dori e Danilo Caymni del Brasil