domingo, 13 de octubre de 2013

Escritores heridos de Vicente Verdú

Escritores gravemente heridos
VICENTE VERDÚ

A lo mejor, no estamos completamente muertos pero sí, desde luego, muy malheridos. Los letraferidos de hace un siglo respiraban por esas aberturas que, como rendijas de buzones, les dejaban los libros que fervientemente engullían. Nosotros hoy, los hijos de aquéllos santos personajes, observamos nuestros pisos tapiados por estanterías cargadas de miles de libros. Libros quietos que ya no nos caben adentro pero que tampoco nos dejan conversar afuera. Son como piezas de una muralla que se ha levantado entre nosotros y el curso corriente del mundo exterior.

No solo los editores se encuentran moribundos, las librerías al borde del desahucio y los distribuidores sin destino. Los escritores hemos pasado de la perplejidad a la desolación y, si se va a ver, al sinsentido. Toda la vida en esta meticulosa labor de elegir palabras, letra a letra, y ahora los ejemplares se venden por kilos o se acuchillan como una maligna excrecencia de la cultura. ¿De la cultura?

Ni siquiera sabemos con claridad, nosotros los viejos escritores, cómo podría existir cultura sin libros pero ¿cómo negar que algo de algo debe de haber? Recuerdo el caso de tantos colegas que trabajábamos como devotos penitentes. El sustantivo, el adjetivo, el verbo, la coma, el punto y seguido, la precisión. Todo ello constituía una labor tan solitaria que, en ocasiones, la acentuábamos pidiendo aislarnos en algún lugar apartado, para hacerlo aún más concentradamente. Aislarnos para escribir mejor y, al cabo, para comunicar más a fondo el fondo.

Este ejercicio era como una destilación o camino de perfección que no dudábamos en sentir como un trabajo duro. Ahora que yo pinto, no pretendiendo ser Kandinsky y menos a la manera en que antes (escribiendo) procuraba ser Kafka (de hecho, prefería ser Kafka muerto que Vicente Verdú vivo), percibo la diferencia. Mientras pintar es el gozo que hoy me premia o no, libremente, escribir solo era un gozo tras haber penado para por lo escrito. Le preguntaban a Gil de Biedma por qué escribía y contestaba: “Escribo para haber escrito”. Así, el sentimiento de culpa disminuía

Ahora lo que cuenta es cómo será el intrigante final de la novela y muy poco la calidad de sus líneas
La escritura se presentaba como una tupida foresta, sagrada y vocacional, que solo los muy elegidos traspasaban silbando. Los demás lo hacíamos sudando. Pero bien, cuándo ya nos parecía a algunos de este sudado pelotón haber alcanzado la dicha de poder decir justamente lo que queríamos decir, ahora va y nos cierran la boca o no se oye el valor de lo escrito.

Años y años buscando decir mejor y ahora apenas importa si la página está peor o mejor escrita. Ahora lo que cuenta, lo que se ve, es cómo será el intrigante final de la novela y muy poco la calidad de sus líneas. Las líneas que algunos de nosotros trazábamos con los cinco sentidos, ahora solo poseen el sentido de raíles para viajar por la trama y a cuanta mayor velocidad mejor. La perfección de la escritura es una antigualla lentificadora que solo compartimos los viejos veteranos. Pero además, si se muestra una evidente perfección en una obra de arte es señal de que no se está al día. Excepto en algunos productos audiovisuales de alta velocidad de paso, lo otro, las ofertas para la contemplación y delectación, ha perdido el tren, por despacioso.

Toda meditación, toda reflexión, todo pensamiento suelen parecer demasiado largos y morosos. Frente a la meditación la intuición, frente a la reflexión la acción, frente al pensamiento el movimiento. Pero no voy a empeorar las cosas lamentando mucho estos cambios. Los cambios cambios son. Y toda evolución, se dice, es para mejor. O sea que estábamos en lo peor y gracias a Dios ya no servimos prácticamente para nada. ¿Acuchillarnos? Paradójicamente la tapia que forman nuestras estanterías cargadas de miles de libros nos salvan de una muerte violenta y aunque solo a cambio de caer más tarde como ácaros. Ácaros del griego acari, “diminuto”, “que no se corta”. Apegados al libro sangrante, pero aún vivo, que mañana será o no será.

Cecil Beaton fotógrafo

Cecil Beaton

(14/01/1904 - 18/01/1980)
Fotógrafo británico y escenógrafo teatral
Nació el 14 de enero de 1904 en Londres.
Sus primeros retratos, así como las fotografías de moda para la revista Vogue, rompieron con el estilo rígido y carente de imaginación de la época y crearon otro innovador y original basado en posturas y decorados poco corrientes. Con posterioridad su trabajo se volvió más convencional, sobre todo a partir de su nombramiento como fotógrafo oficial de la familia real británica. También diseñó decorados y vestuario para teatro, entre los que destacan los realizados para las versiones teatral y cinematográfica del musical My Fair Lady. Recibió un premio Oscar al mejor diseño de vestuario.
Publicó varios volúmenes con sus fotografías y sus memorias.
Cecil Beaton falleció en Salisbury el 18 de enero de 1980.
*buscabiografias.com





Música de colores

Amor entre árboles



Precioso dibujo animado:

Kill Your Darling - Película por buscar

Quinteto de Shummann

viernes, 11 de octubre de 2013

La voz de Malala en todos los rincones del mundo




Malala Yousafzai cree no merecer el premio Nobel de la Paz. La paquistaní de 16 años que sobrevivió de milagro a un atentado talibán se convirtió en un símbolo mundial. Habló en la ONU, publicó una autobiografía y vive en Londres, donde se recuperó del ataque que sufrió.

“Creo que yo todavía tengo que trabajar mucho. No he hecho tanto como para ganar”, dijo la adolescente que fue baleada por talibanes hace un años.


domingo, 6 de octubre de 2013

La música puede decirnos más que las palabras

No estamos solos



La vida nos sorprende con una desgracia totalmente inesperada, un accidente, la conjunción de instantes que llevan a que suceda lo que jamás hubiésemos ni imaginado.
Debemos enfrentar aquello que nos desgarra el corazón, ese misterio que no entendemos, aquello a lo que sentimos no estábamos preparados, que no tenemos la fortaleza para asimilar.
Todo pierde su sentido y va surgiendo un sentido nuevo, el futuro que imaginábamos de una manera se va transformando volviéndose difuso y vacío. Nos asaltan los temores, la angustia, el dolor.
Pronto descubrimos que no estamos solos, hay muchas personas que están en sintonía con nosotros, que comparten nuestro dolor como si fuese propio, nos envían sus palabras, sus oraciones, su ternura y su esperanza.
Entonces tomamos conciencia de que formamos parte de una gran familia. Que todos somos uno. Y la fe en alguien superior, en Dios, en la Energía, en la Unidad, en el Todo, susurra dentro de nuestro interior palabras de consuelo, caricias que nos son transmitidas por los demás, por quienes nos acogen, acompañan y abrazan.
No hay explicaciones para entender la desgracia, solo nos queda seguir adelante, continuar el camino, guardar como un tesoro a los seres adorados que no están ya con nosotros, hacerlos más nuestros, carne de nuestra carne, y ponernos a disposición para seguir esta vida nuestra que hemos recibido, según nos dice John Keats, para encontrar el modo más justo de emplearla, una especie de confrontación mágica que debe surgir de la intuición, del valor y de la acumulación de experiencia.

Opera Farinelli



Uno de mis deseos: ir a ver una Opera en el Lincoln Center.

Yestarday

Mahler en el Lincoln Center

Julia Margaret Cameron en el Metropolitan



Julia Margaret Cameron está considerada como una gran excéntrica de la fotografía. Nació en Ceylan el 11 de Junio de 1815 en Calcuta (India), en el seno de una familia de diez hermanos. Hija de escocés y francesa pertenecientes a la sociedad bengalí fue educada en Francia hasta los 19 años, donde regresó de nuevo a la India.

A los 21 años conoció a Sir John Herschel, quien más tarde implantó los términos "positivo, negativo y fotografía", y autor del descubrimiento de las propiedades del tiosulfato de sodio como fijador de las sales de plata. Sir John Herschel actuó a veces como el asesor fotográfico de Cameron.

Casada con un hombre veinte años mayor que ella, excelente jurista y plantador de té, vivió en la India hasta los treinta y tres años, depués se trasladó con toda su familia a la Isla de Wight, en Inglaterra.

Julia Margaret Cameron tuvo seis hijos y otros adoptados, por este motivo vivía en un gran caserón, que siempre se encontraba lleno de poetas, artistas y científicos de la época victoriana.

En 1863, cuando contaba ya con cuarenta y ocho años y a causa de un viaje de su marido, su hija la regaló una cámara para paliar la soledad por su ausencia. Este hecho tuvo un fuerte impacto en Julia que la hizo dedicarse plenamente a la fotografía.
Casada con un hombre veinte años mayor que ella, excelente jurista y plantador de té, vivió en la India hasta los treinta y tres años, depués se trasladó con toda su familia a la Isla de Wight, en Inglaterra.

Julia Margaret Cameron tuvo seis hijos y otros adoptados, por este motivo vivía en un gran caserón, que siempre se encontraba lleno de poetas, artistas y científicos de la época victoriana.

En 1863, cuando contaba ya con cuarenta y ocho años y a causa de un viaje de su marido, su hija la regaló una cámara para paliar la soledad por su ausencia. Este hecho tuvo un fuerte impacto en Julia que la hizo dedicarse plenamente a la fotografía.

Armada con esta primera cámara fotográfica (construida en madera con un objetivo de la marca Jamin), un equipo de revelado y gracias a la asistencia de John Herschel, en pocos meses domino el proceso al colodión.

Transformó y adaptó una carbonera de la casa en un improvisado laboratorio y un cuarto de niños en su estudio. Se dedicó a realizar fotografías, retratos en su inmensa mayoría, de sus familiares, amigos, criados,... obligándoles en muchas ocasiones a posar largos períodos de tiempo, debido a las investigaciones que solía llevar a cabo con la luz y las placas.

Tuvo una gran inspiración en pintores románticos de la época para realizar sus alegorías, muchas de ellas de ámbito religioso, que causaron gran admiración en sus convecinos, recibiendo grandes felicitaciones por sus interpretaciones.

Henry, uno de sus tres hijos abrió un estudio fotográfico en Londres. Margaret Cameron falleció en 1879.


Copiado de:
http://www.fotonostra.com/biografias/margaretcameron.htm Continúa.



Gramercy Park en NYC

Mario me dice que hay lugares que me atraen especialmente por sus nombres. Debo reconocerlo. En este caso el Gramercy park aparte de ser tan hermoso, apacible, y con cierto misterio tiene un nombre que me cautiva. Un parque privado del que solo los habitantes que lo rodean tienen llave y acceso me hace acordar al cuento de Oscar Wilde El gigante egoísta. Sin embargo me gusta que se conserve la belleza de este lugar al que los demás, los otros, entre ellos yo, solo podamos asomarnos tras una reja. Delicadas plantas, bancas que invitan a descansar, pájaritos que caminan por el suelo y ardillas que bajan del árbol en busca de alimento o compañía sin temerte. Las casas que rodean el parque son muy hermosas y uno quisiera ser invitada a todas ellas, especialmente a la sociedad de los poetas o al National arts club. El hotel dicen que fue la casa en la que nació la poeta Edith Wharton. Una escultura de Calder pone intensos colores en la suavidad de verdes y tonos delicados del parque. Leo que una pareja encontró una vez la puerta abierta y entró para darse cuenta al poco rato que la puerta había sido cerrada con llave y ellos debían pasar la noche a la intemperie en ese lugar tan especial, felizmente alguien más visitó el parque y pudieron salir. Pongo algunas fotos, unas tomadas por Mario otras capturadas de Internet.

René Magritte en el Guggenheim

En los viajes hay que tener suerte y yo la mayoríoa de veces la tengo, por ejemplo me toca normalmente buen clima, estos días en NY ni una gota de lluvia, nada de paraguas ni zapatos mojados, sol esplendoroso,gente amabilísima, y exposiciones estupendas, entre todas quizás la más impresionante la de Magritte, obras no tan conocidas suyas, dramáticas, intensas.


James Turrell en el Guggenheim

Tuvimos la suerte de ver esta impresionante muestra de James Turrell en el Guggenheim.


Este artista de la luz, la percepción y los espacios ha creado alguna de las más interesantes obras de arte del mundo, aunque no pensemos que el arte de Turrell se cuelga en la pared. Sus obras son generalmente espacios llenos de luz con un gran percepción de lo que se está viendo.
http://vacioesformaformaesvacio.blogspot.com/2013/02/james-turrell-projecto-wolfsburg.html



Feliz encuentro


Encontrarse con peruanos cuando uno está en otro país es un gusto. Una los escucha hablar, reconoce nuestra manera tan especial, nuestros diminutivos, no sé, la manera de alargar las palabras o subir y bajar algunas entonaciones para que el corazón se ponga contento y tenga la certeza de haber encontrado un compatriota estando tan lejos de nuestro país. No nos conocemos pero pronto nos hacemos amigos, conocemos a sus hermanos o a los amigos de sus amigos y entonces ya estamos abrazándonos y hablando con toda la confianza del mundo como si nos hubiésemos conocido desde siempre. Intercambiamos datos, ella me recomienda visitar el Museo Nogushi y Foundation Richard Serra mientras nosotros les recomendamos películas encantadoras y la exposición de Julia Margaret Cameron en el Metropolitan Museum . Entre tanta gente de todas partes del mundo, se nos regaló esa mañana un encuentro en el que conciliamos nuestro país y nuestras curiosidades.
Acá fotos de Julia M Cameron, del Museo Nogushi y de Richard Serra.

Cine visto en mi viaje a NY

Alguien nos dio el dato y seguimos fieles a esta sala de cine el Lincoln Plaza Cinemas que se caracteriza por pasar películas que te hacen reflexionar sobre la vida, sobre el hombre, sobre nuestra naturaleza y los conflictos que se sufren en diferentes partes del mundo. Recuerdo haber visto la maravillosa película “Los Santos Inocentes” basada en una obra de Miguel Delibes . ¿Ir al cine cuando uno está de viaje? ¿No es un poco una locura, perder el tiempo, dejar de ver la ciudad, los edificios, los cafés, lo que está sucediendo aquí y ahora? No si a uno le encanta el cine y además se tiene la desgracia de que quienes escogen películas para traer a nuestro país lo hacen a ciegas o solo con deseo de obtener enormes ganancias. Esta vez hemos visto seis películas, todas muy buenas, dos de ellas sobresalientes, memorables. Tuvimos la suerte de ver Captain Philips la película con la que se abría el Festival 51 de cine de NY, en una pantalla enorme con una fidelidad que nunca habíamos visto. Esta película no la vimos en el Lincoln plaza si no en otro cine del festival.