domingo, 7 de junio de 2015

Coronación película basada en novela de Donoso



Este martes en Abra nuestro taller de lectura veremos textos del narrador chileno José Donoso. De profunda sensibilidad  recrea los aspectos más oscuros de la condición humana.
Encuentro esta película y la comparto. Está basada en la primera novela escrita por Donoso.

Coronación es la primera novela del escritor chileno José Donoso, publicada en 1957. Ha sido adaptada al teatro en numerosas ocasiones y fue llevada al cine en 2000 por Silvio Caiozzi en la película homónima, con muy buenas críticas en ambos casos.Wikipedia

Fréhel - Si tu no fueras él



Si usted no fuera el 
¿Cómo podría vivir 
No lo sé 
La felicidad que se emborrachan 
Cuando estoy en tus brazos 
Mi corazón es un libro alegre 
¿Cómo podría vivir 
Si usted no estaba allí 

Yo a veces contra mi voluntad 
Miedos locos 
Incluso una noche sin verte 
Lo siento 
Usted se vuelve de repente 
Más tristeza 
Porque ya conocéis la clara 
Dune caricia 

Si usted no fuera el 
¿Cómo podría vivir 
No lo sé 
La felicidad que se emborrachan 
Cuando estoy en tus brazos 
Mi corazón es un libro alegre 
¿Cómo podría vivir 
Si usted no estaba allí 

Los proyectos que 
Casi sin respiro 
El bello atardecer o la esperanza 
La cuna de mi sueño 
Nuestros tormentos muchos encantadores 
Hasta ahora en el mundo 
Es más cercano a usted que he 
Estas profunda alegría 

Si usted no fuera el 
¿Cómo podría vivir 
No lo sé 
Esta felicidadque se emborrachan 
Cuando estoy en tus brazos 
Mi corazón es un libro alegre 
¿Cómo podría vivir 
Si usted no estaba allí.

puente colgante inca 1 QUESWACHAKA CUSCO


El Puente Q'ESWACHAKA (Parte 2)


Tres luciernagas






                                                       Tres luciérnagas en flor
                                                   y una mas que recoge caracoles
                                                 Tres mujeres encendidas y una más
                                                       Iluminando el campo.

ART DECO by JOSEPHS Art Interior


El gusto moderno. Art déco en París, 1910-1935. Trailer


Caronte de Lord Dunsany



 

Caronte se inclinó hacia delante y remó. Todas las cosas eran una con su cansancio.

Para él no era una cosa de años o de siglos, sino de ilimitados flujos de tiempo, y una antigua pesa
dez y un dolor en los brazos que se habían convertido en parte de un esquema creado por los dioses
 y en un pedazo de Eternidad.

Si los dioses le hubieran mandado siquiera un viento contrario, esto habría dividido todo el tiempo
en su memoria en dos fragmentos iguales.

Tan grises resultaban siempre las cosas donde él estaba que si alguna luminosidad se demoraba
entre los muertos, en el rostro de alguna reina como Cleopatra, sus ojos no podrían percibirla.

Era extraño que actualmente los muertos estuvieran llegando en tales cantidades. Llegaban de a
miles cuando acostumbraban a llegar de a cincuenta. No era la obligación ni el deseo de Caronte considerar el porqué de estas cosas en su alma gris. Caronte se inclinaba hacia adelante y remaba.

Entonces nadie vino por un tiempo. No era usual que los dioses no mandaran a nadie desde la
Tierra por aquel espacio de tiempo. Mas los Dioses saben.

Entonces un hombre llegó solo. Y una pequeña sombra se sentó estremeciéndose en una playa solitaria y el gran bote zarpó. Sólo un pasajero; los dioses saben. Y un Caronte grande y cansado remó y remó junto al pequeño, silencioso y tembloroso espíritu.

Y el sonido del río era como un poderoso suspiro lanzado por Aflicción, en el comienzo, entre sus hermanas, y que no pudo morir como los ecos del dolor humano que se apagan en las colinas terrestres, sino que era tan antiguo como el tiempo y el dolor en los brazos de Caronte.

Entonces, desde el gris y tranquilo río, el bote se materializó en la costa de Dis y la pequeña
sombra, aún estremeciéndose, puso pie en tierra y Caronte volteó el bote para

dirigirse fatigosamente al mundo. Entonces la pequeña sombra habló, había sido un hombre.
-Soy el último -dijo.
Nunca nadie antes había hecho sonreír a Caronte, nunca nadie antes lo había hecho llorar.

Mischa Maisky interpreta Bach Cello Suite No.1 in G (full)


Una exposición para visitar



Casa tomada de Julio Cortázar



 
Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene qué pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

 

Casa Tomada - Narrado por Cortázar


Pertenece a Bestiario .

Sobre Cortazar


 

Hay una leyenda que dice que Cortázar fue inventado un día en el que Dios estuvo alegre.

Cortázar dice Tomas Eloy Martínez  estaba destinado a no morir. Tenía una enfermedad llamada Anglomegalia que lo hacía seguir creciendo. ¿Qué altura tendría a los 90 años si no hubiese muerto?

Toda la obra de Cortázar tiene un carácter lúdico. La vida real también era para él un juego.

Impone el juego, el humor, irreverencia y la gracia.

 Invita a la sonrisa y al guiño.

Vive muchos años en Paris, ahí se propone la libertad y la búsqueda.

 En Paris descubre que puede escribir desde su ser, ubicarse en su propia voz.

Oswaldo Soriano dice de C. Julio era dueño de un gran sentido del humor. Le encantaban las herramientas y las tenía en una cantidad impresionante. Una vez le conté 48 desentornilladores. Iba a la ferretería y compraba sin parar, luego se olvidaba que ya había comprado las mismas cosas.

 El mismo impulso que lo hacía comprar desentornilladores era el que tenía el cronopio que se levanta un día, y maravillado por la mañana, por el sol y las nubes de un nuevo día, aprieta la pasta de dientes hasta que ésta sale por la ventana y mancha los sombreros de los famas.

Cada día nos trae sorpresas, dice C. Si estamos dispuestos a encontrar sorpresas. Es una cuestión de actitud. C. No acepta moldes, ve la realidad desde una óptica diferente todos los días, se mantiene siempre alerta para que el universo no lo tome desprevenido, busca, encuentra y siempre mantiene su capacidad de sorpresa.

La originalidad es una de las características que lo resume, dice Eduardo Galeano. Lo que nos acercó a él, era que fuera tan insólito, tan extraño, como un hombre que estaba haciendo el viaje al revés.

AL maravillarse con la vida pierde la noción del tiempo y de las reglas.

EN 1963 viaja a Cuba ( Viaje a un país de Cronopios) viaje que cambió sus ideas políticas, su manera de pensar, su vida.  Antes del viaje era apolítico, dedicado de lleno a la literatura.  A partir de 1963 se vuelve un activista político a favor de las fuerzas progresistas en América latina.

Defensor de la revolución sandinista.

Veía en la revolución comunista la solución a todos los problemas socioeconómicos de América latina.

Los cronopios son como niños traviesos. Y los niños no tienen conciencia política.

Los cronopios y Cortázar tienen las mismas alegrías pero no las mismas tristezas.

 

Los cronopios son el juego de la imaginación de Cortázar.  No esconden mensajes o metáforas. Es un juego en estado puro.  Pretende desviarnos del camino tradicional y andar en zigzag por caminos alternativos.

El precio que paga el cronopio por ser auténtico y no hipócrita, es ser egoísta.

A Cortázar y los cronopios los une el amor.

Coleccionaba juguetes de cuerda, ositos que andaban en bicicleta o cosas por el estilo.

Abría un mapa  y señalaba a ciegas un punto con el índice, usaba el i ching, o dejaba que otro escogiese porque creía en las fuerzas extrañas, llámese magnetismo, tropismo.

Era como un explorador urbano, un montañista del cemento.


Amaba los móviles, hacía esculturas. Uno de los objetos que más amaba era el obispo del rey, que era una raíz, un sarmiento retorcido al que había vestido y le daba de comer, también le daba de comer a animales muertos. Era una especie de juego y de ritual, como una ceremonia.  Armaba móviles con peines.

El escribía como si compusiese jazz, creía en la inspiración. En la visita de los dioses. No estaba sujeto a una disciplina. Corregía poco, todo le salía naturalmente.  Para él escribir era un juego fácil y divertido.

De su juego dice: No creo que sea nostalgia de la infancia, más bien es permanencia en la infancia.

Arte combinatoria.

Julio era hombre exteriormente sencillo, siempre afable, solícito, integralmente digno y divertido.

Era entrañablemente digno, dice Yurkievich, tanto que su trato excluía lo soez, lo confianzudo, lo chabancano.

Estaba ante uno del todo presente, todo dispuesto, pero reservado, púdico, poco afecto a la confidencia.

Murió en Paris en 1984: Lo entierran rodeado de amigos en Montparnasse.

LA FAMILIA BÉLIER - Trailer Oficial de la película

Encantadora  película. Emocionante hasta las lágrimas. La familia, la vocación, un buen maestro. Exageración y apertura al mundo de una pequeña ciudad francesa. La música bellísima. La recomiendo mucho. No olviden de comentarle que les pareció. 

Timbuktu una película por buscar - Abel Jafri Drama HD

Timbuktu es una película dramática franco-mauritana de 2014 dirigida por Abderrahmane Sissako. Fue nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes.1 2 3
 
El film está ambientado en Timbuctú durante la Guerra de Malí en el que el grupo terrorista: Ansar Dine ocupó el territorio norte maliense. La producción está ligeramente basada en los sucesos de 2012, cuando una pareja [no casada] fue lapidada en Aguelhok.8
El rodaje tuvo lugar en Oualata, Hodh el Charqui (sureste de Mauritania).9 Wikipedia
Película por buscar.

Lo mejor de Mikis Theodorakis