domingo, 9 de diciembre de 2012

Los años maravillosos y Judy Collins


Estuve recodando la preciosa voz de Judy Collins, cantante y compositora norteamericana, y encontré esta canción suya que acompaña el video de la "serie Los años felices" que tanta ternura nos dio.

The Wonder Years, también conocida como Los años maravillosos,en donde Kevin va creciendo y descubriendo el amor fue una serie de televisión creada por Carol Black y Neal Marlens. Tuvo seis temporadas.

Interview por Juan José Arreola

Entrevista cuento de Juan José Arreola , escritor mexicano

-Finalmente, a los lectores les gustaría saber en qué trabaja usted por ahora.
¿Podría decirlo?
-Anoche se me ocurrió algo, pero no sé, no sé...
-Dígalo usted de todas maneras.
-Se trata de algo así como una ballena. Es la esposa de un joven poeta, digamos, de un hombre común y corriente.
-¡Ah, ya! La ballena que se comió a Jonás.
-Sí, sí, pero no sólo a Jonás. Es una especie de ballena total que lleva dentro de sí a todos los peces que se han ido comiendo uno a otro, claro, siempre el más grande al más chico, y comenzando por el microscópico infusorio.
-¡Muy bien, muy bien! Yo también pensaba de niño en un animal así, pero creo que era más bien un canguro cuya bolsa...
-Bueno, en realidad no tendría yo inconveniente en cambiar la imagen de la ballena por la del canguro. Me simpatizan los canguros, con esa gran bolsa en que bien puede caber el mundo. Sólo que, sabe usted, tratándose de la esposa de un joven poeta, es mucho más sugerente la imagen de la ballena. Una ballena azul, si usted prefiere, para no dejar a un lado la galantería.


-¿Y cómo nació en usted tal idea?
-Es dádiva del mismo poeta, esposo de la ballena.
-¿Cómo es eso?
-En uno de sus poemas más bellos se concibe a sí mismo como una rémora pequeñita adherida al cuerpo de la gran ballena nocturna, la esposa dormida que lo conduce en su sueño. Esa enorme ballena femenina es más o menos el mundo, del cual el poeta sólo puede cantar un fragmento, un trozo de la dulce piel que lo sustenta.
-Me temo que sus palabras desconcierten a nuestros lectores. Y el señor director, usted sabe...
-En tal caso, dé usted un giro tranquilizador a mis ideas. Diga sencillamente que a todos, a usted y a mí, a los lectores del periódico y al señor director, nos ha tragado la ballena. Que vivimos en sus entrañas, que nos digiere lentamente y que poco a poco nos va arrojando hacia la nada...
-¡Bravo! No diga usted más; es perfecto, y muy dentro del estilo de nuestro periódico. Por último ¿podría cedernos una fotografía suya?
-No. Prefiero dar a usted una vista panorámica de la ballena. Allí estamos todos. Con un poco de cuidado se me puede distinguir muy bien -no recuerdo exactamente dónde- envuelto en un pequeño resplandor.
Juan José Arreola: BESTIARIO. México, Joaquín Mortiz, 1972, 103-104. Edición original: UNAM, 1959.

El famoso Moma

Cuando recién apareció el Internet una amiga me explicó lo que era y me decía que se podía visitar un museo. Yo me rompía la cabeza tratando de entender, cómo podíamos visitarlo. Ahora que el internet forma parte tan importante de nuestras vida pongo este video que hace una visita al Museo de arte moderno de Nueva York. El famoso MOMA. Espero lo disfruten.


domingo, 2 de diciembre de 2012

Viajando en taxi




Los últimos días he estado movilizándome en taxi. Toda una experiencia, desde descubrir lo eficientes que son algunas empresas que solo llamas, respondes sí, apretando el número 1, y el taxi está en la puerta de tu casa en diez minutos a lo máximo. Te esperará quince minutos libres de cargo si lo necesitas, y luego, como el mejor chofer del mundo, te llevará adónde tu corazón desee.
Hay una empresa que te ofrece las últimas revistas para que leas en el camino, una caja de la que puedes servirte caramelitos y si lo deseas puedes pedir que te pongan cierta clase de música y alguna fragancia especial. Lo malo que esta empresa no llegó puntual y éso, es lo fundamental.
Aprendí de un señor taxista que la principal cualidad que debe tener un chofer de taxi es la paciencia, con el tráfico y con el cliente. El tiene la política de no hablar hasta que el cliente habla porque podría desear estar en silencio pensando, o descansando o hablando por teléfono.
He conocido gente muy especial en estos viajes de la Molina a Miraflores o San Borja o San Isidro. Gente trabajadora, esforzada, con el espíritu que se necesita para crearse una vida de la cual poderse sentir orgullosos.
—Aprendí a trabajar desde muy chico—me dice el chofer, mi madre hacía unos tamales deliciosos y yo la ayudaba a vender. Ahí aprendí la amabilidad y la he seguido practicando toda mi vida y me ha sido de mucha utilidad. Le pregunto al pasajero por qué ruta quiere ir, y por ahí voy, para que se sienta contento. Trato al pasajero como si fuera mi padre o mi madre, mi hermana o mi hijo, lo trato como me gustaría que me trataran a mí.
Este chofer me contó que los sábados trabajaba corrido veinticuatro horas. Que había aprendido control mental y que lo hacía de manera ordenada y tranquila desde hace muchos años. No como en la noche, porque comer da sueño. A media noche me como un sublime y una coca cola. Camino cuando no tengo clientes y limpio el auto para mantenerme en movimiento. Tengo que pagar al banco 50 soles diarios por el préstamo que me hicieron para comprar mi carro, y esta es la manera que he encontrado para poder descansar el domingo y estar con mi familia. Duermo hasta las dos los domingos, almorzamos, estamos juntos y luego me acuesto temprano. Tengo dos hijos—y me enseña las fotos de una niña y un niño— y pienso en ellos todo el tiempo para cuidarme lo más posible.
—Mi padre me abandonó cuando tenía dos años, — me dice un taxita joven—me costó mucho vivir sin él. En el colegio me fastidiaban, me decían “elsinpadre”. Ahora estudio y trabajo. El dinero que mi padre da para mi educación se lo doy a mi madre. Yo no lo juzgo, cada uno hace lo que puede. — Este muchacho pertenece a la iglesia “Agua viva”, ahí ha encontrado amigos y personas a quien imitar. Me cuenta sobre su novia, que también trabaja con la que quiere hacer una linda familia.
Cada taxista es una persona con una vida digna de ser contada. Con varios de ellos he hablado sobre la revocatoria de Susana, sobre el terrorismo, sobre el deseo de los informales de seguir siendo informales, del caos del tráfico, de alguna película que yo había visto, pero esencialmente hemos hablado de la vida, de porqué somos como somos, de cómo podríamos ser mejores, cada uno me ha entregado un trozo de su historia personal y yo la he recibido con mucho gusto y admiración.
El fastidio de no poder manejar me ha traído como compensación la alegría de compartir mi tiempo con personas estupendas, con peruanos que no están dedicados a destruir, trampear, quejarse, pasar por encima de los demás, manejar sin respeto al próximo, me he encontrado con peruanos de primer nivel.

¿Qué es la dicha?

La dicha, qué es la dicha?


La dicha, qué es la dicha? (La palabra
no me hace feliz, dicho de paso). Yo diría
que es sencillamente ir contigo de la mano,
detenerse un momento porque un olor nos llama,
una luz nos recorre, algo que nos calienta
por dentro, que nos hace pensar que no es la vida,
la que nos lleva, sino que nosotros somos
la vida, que vivir es eso, sencillamente eso.
José Antonio Muñoz Rojas

Arguedas nos entrega su Oda al Jet

Recuerdo la primera vez que leí este texto. Cómo nos entregaba en su oración tan claramente la mezcla de sus dos mundos. Argedas encarna el sincretismo entre la cultura andina y la cultura venida de España.








Oda al Jet (1966) Jetman, haylli


¡Abuelo mío! Estoy en el mundo de Arriba,
sobre los dioses mayores y menores, conocidos y no conocidos.
¿Qué es esto? Dios es hombre, el hombre es dios.
He aquí que los ríos, los adorados, que partían el mundo, se han convertido en el más delgado hilo que teje la araña.
El hombre es dios.
¿Dónde está el cóndor, dónde están las águilas?
Invisibles como los insectos alados se han perdido en el aire o entre las cosas ignoradas.


Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo: no os encuentro, ya no sois, he llegado al estadio que vuestros sacerdotes, y los antiguos, llamaron el Mundo de Arriba.


En ese mundo estoy, sentado, más cómodamente que en ningún sitio, sobre un lomo de fuego,
hierro encendido, blanquísimo, hecho por la mano del hombre, pez de viento.
Si. "Jet" es su nombre.
Las escamas de oro de todos los mares y los ríos no alcanzarían a brillar como él brilla.
El temible filo de nieve de las sagradas montañas, allá abajo resplandece, pequeñito; se ha convertido en lastimoso carámbano*.
El hombre es dios. Yo soy hombre. Él hizo este incontable pez golondrina de viento.


¡Gracias, hombre! No hijo del Dios Padre sino su hacedor.


Gracias, padre mío, mi contemporáneo. Nadie sabe hasta que mundos lanzarás tu flecha.
Hombre dios: mueve este pez golondrina para que tu sangre creadora se ilumine más a cada hora.


¡El infierno existe! No dirijas este fuego volador, señor de los señores, hacia el mundo donde se cuece la carne human;
que esta golodrina de oro de los cielos fecunde otros dioses en tu corazón, cada día.


Bajo el suave, el infinito seno del "jet"; ´más tierra, más hombre, más paloma, más gloria me siento; en todas las flores del mundo se han convertido mi pecho, mi rostro y mis manos.
Mis pecados, mis manchas, se evaporan, mi cuerpo vuelve a la dulce infancia.
Hombre, Señor tu hiciste a Dios para alcanzarlo, ¿o para qué otra cosa?
Para alcanzarlo lo creaste y lo persigues ya de cerca.
cuidado con el filo de este "jet", más penetrante que las agujas de hielo terrenas, te rompa los ojos por la mitad;
es demasiado fuego, demasiado poderoso, demasiado libre, este inmenso pájaro de nieve.


Cuidado que tu hijo te envíe el latido de la muerte; la mariposa que nació de tu mano creadora puede convertir tu cabeza en cenizas.
Oye, hombre, ¡entiéndeme!
Bajo el pecho del "Jet" mis ojos se han convertido en los ojos de las águila pequeña a quien le es mostrado por primera vez el mundo.
No siento temor. Mi sangre está alcanzando a las estrellas;
los astros son mi sangre.
No te dejes matar por ningún astro, por este pez celeste, por este dios de los ríos que tus manos eternas fabricaron.
Dios Padre, Dios Hijo, dios Espíritu Santo, Dioses Montañas, Dios Inkarrí: mi pecho arde. Vosotros sois yo, yo soy vosotros, en el inagotable furor de este "Jet".
No bajes a la tierra.
Sigue alzándote, vuela más todavía, hasta llegar al confín de los mundos que se multiplican hirviendo, eternamente. Móntate sobre ellos, dios gloria, dios hombre.
Al Dios que te hacía nacer y te mataba lo has matado ya, semjante mío, hombre de la tierra.
¡Ya no morirás!
He aquí que el "jet" da vueltas, movido por la respiración de los dioses de dioses que existieron, desde el comienzo hasta el fin que nadie sabe ni conoce.


*carámbano:Pedazo de hielo más o menos largo y puntiagudo que se va formando al helarse el agua que gotea.



Juan Muñoz, escultor español

Enseñando a vivir




Eduardo Punset en su programa Redes conversa con Claudio Naranjo sobre los cambios que se necesitan en la educación.

El grito de Lorca





El grito

La elipse de un grito,
va de monte
a monte.
Desde los olivos,
será un arco iris negro
sobre la noche azul.
¡Ay!
Como un arco de viola,
el grito ha hecho vibrar
largas cuerdas del viento.
¡Ay!
(Las gentes de las cuevas
asoman sus velones)
¡Ay!


García Lorca, Federico

La guitarra de Lorca

Poema de Federico García Lorca, musicalizado por Feliu, canta Andrés Rivera.

¿Hoja o estrella?



"La mayoría de los seres humanos son como las hojas que caen de los árboles, que vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se precipitan al suelo. Otros casi son como estrellas, siguen su camino fijo, ningún viento los alcanza, pues llevan en su interior su ley y su meta"

Amores perros

Esta semana la dieron en el cable. Una película muy fuerte, intensa, con misterio, pasión y amor. Estupenda.




Dice Wikipedia: Amores perros es la primera película del director mexicano Alejandro González Iñárritu. Junto con 21 gramos y Babel forma la Trilogía de la muerte y catapultó internacionalmente la carrera de su protagonista, el actor Gael García Bernal. Las tres películas están basadas en varias subnarraciones que comparten un mismo incidente. Algunas veces fue nombrada la "Pulp Fiction mexicana".

La película ganó once premios Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, entre ellos los de mejor película, mejor director, mejor actor y mejor actor de cuadro. También recibió un BAFTA, el premio de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión, como "mejor película en lengua no inglesa" y el premio de la crítica en el Festival de Cannes. Fue además nominada al Oscar de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood como "mejor película en lengua no inglesa". Recaudo en total 95 millones De pesos, convirtiéndose así como la quinta película mexicana más taquillera.[cita requerida]

La pequeña muerte




Nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos empieza. Pequeña muerte la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nace.
Eduardo Galeano de El libro de los abrazos

Tómame ahora






La hora

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora, que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora, que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.

Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida aprisa.

Después... ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. Oh, amante, ¿no ves
que en la enredadera crecerá ciprés?

Juana de Ibarburu

sábado, 1 de diciembre de 2012

Una directora de cine argentino nos explica su trabajo

Conocí a esta directora de cine argentino cuando vino a Lima el año pasado al Festival del cine latinoamericano. Su exposición me parece ineligente y muy refrescante.
Espero la disfruten.


domingo, 25 de noviembre de 2012

Un cuento contra la violencia

Se me invitó a a participar con un cuento contra la violencia de género de no más de 150 palabras. Este proyecto, "Basta", que reúne a cien autoras con el ánimo de comunicar el dolor de las mujeres que sufren violencia, fue primero realizado en Chile por Pía Barros y ahora se ha hecho realidad en el Perú por Cucha del Aguila y Christiane Félip Vidal.




Vera

(abandono de hogar)

Vera le da un último abrazo a su hijito mayor, se esconde, deja a su hijita de dos meses encargada a su madre, se esconde, y luego huye, abandona Cutervo, parece un venado al que han perseguido demasiado.
Huye hasta llegar a Lima, busca un trabajo, se cambia a otro, recupera la sonrisa, se corta las trenzas, a veces se atreve a cantar. Es todavía una niña, le gusta jugar.
Vera trabaja en mi casa y cuida a mi hija menor. Un día, luego de hacerle ver que algo le ha salido mal, que se ha equivocado, Vera se esconde, huye, la busco hasta encontrarla refugiada en su cuarto. Un pañuelo blanco como una gasa, le cubre la cara como si tuviese vergüenza, como si no dejarse ver fuese una forma de desaparecer, de esconderse como cuando una juega con un niño. Vera, ¿qué te pasa ?¿Por qué te escondes ? Tras la gasa que no consigo retirar descubro que está llorando, extraña a su hijita, me digo, a su hijito mayor que está con su papá, llora porque debe contentarse con mandar un vestidito, una muñeca, unos zapatos blancos a Lucía su bebita, que crece sin verla, sin saber que la quiere, sin entender que un día huyó porque ya no podía soportar escuchar esos gritos, ni los golpes en lugar de las caricias, el interrogatorio celoso, la mirada que era capaz de matar.
Vera, 19 años, dos hijos, sabe cortar leña, sembrar, cosechar, preparar la comida para los trabajadores, teje, prende el fuego, muele ajíes, sabe estar a oscuras en silencio sin dejar escapar una lágrima mientras él le hace el amor como un toro bravo y tenaz.



Life is beautiful Banksy Thierry Guetta

Revisando los posts más visitados de mi blog encuentro que este de Banksy el artista
británico, tiene mucha acogida. Entonces añado esta película sobre arte de la calle en donde aparece Banksy y otros grafiteros y se crea e inventa un nuevo artista : Thierry Guetta se convierte en Mr. Brainwash, para que la disfruten. Es un excelente video, muy entretenido que te hace pensar en el arte y su importancia, en la creación de un artista y en el montaje de una exposición.






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Banksy "Exit through the gift shop" from Danny Alastre on Vimeo.

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Una memoria de mi amigo José Carlos Huayhuaca

No pude asistir a la presentación del último libro de mi amigo José Carlos Huayhuaca llamado “Elogio de la luz, y otros amores”.José Carlos ha tenido la gentileza de mandarme una de sus memorias-ensayo que me ha encantado. El viaje iniciático de un muchacho que regresa a casa convertido en un hombre. Su lectura me ha dejado con mucho deseo de leer todo el libro, así que lo recomiendo y salgo a buscarlo a librerías.




Bajo el signo del Cometa
XVI
Mientras mi hermano mayor trajinaba afuera, por su cuenta y riesgo, yo estaba todo el tiempo “adentro”, a tiro de ojo de mamá. Aún mi padre, que entonces me parecía poco menos que un ogro, estaba pendiente de lo que hacía y lo que me pasaba. Pero él y yo tuvimos la mala suerte de no haber sido nunca amigos, y de que lo enfrentase todo el tiempo, en particular con el método de la resistencia pasiva o, peor aún, de la ignorancia olímpica. En cierto momento, la desavenencia causó que el ambiente del hogar se volviera, no solo ingrato sino irrespirable (o eso sentía yo). Entonces me escapé, esta vez físicamente, de la casa.
Contó, además, el ejemplo de los hippies, ya mencionados. Su trashumancia, su disponibilidad, su sentido de la aventura, fue sin duda un fuerte estímulo. Era a principios de 1970, cuando mi íntimo amigo Teo Paredes y yo decidimos viajar al sur “tirando dedo”, hasta Santiago de Chile y más allá, con solo una mochila a la espalda. El viaje fue preparado subrepticiamente, por lo menos de mi parte, ya que Teo no tenía el mismo tipo de problemas. Un buen día, simplemente desaparecí, y las reacciones que esto provocó en casa, ustedes las podrán imaginar sin mi ayuda. Posteriormente supe que me buscaron por todos lados, hasta que algún amigo no pudo callar el secreto, pero ya era demasiado tarde para intentar detenernos.
Por parte nuestra, desbordábamos de alegría y vitalidad y el team que conformamos tenía sus fortalezas balanceadas. Teo se atrevía a todo y yo era un buen estratega. Nos pusimos diversas reglas, que ya casi no recuerdo, salvo una, decisiva: no gastar un solo céntimo en desplazamientos, alimentos o techo. Tendríamos que buscárnoslas a como diera lugar. Claro que hicimos, con la anticipación debida, los contactos necesarios -de ninguna manera con parientes; solo con amigos, o amigos de amigos-, al menos respecto a las estaciones grandes: Arequipa, Tacna, Arica y demás. Pero en relación a las intermedias o a las inesperadas (¿hasta dónde nos “jalaría” cada vehículo que accediera a llevarnos?), todo dependería de nuestros recursos de supervivencia. Y así ocurrió. Por lo menos un par de veces, fuimos tratados a cuerpo de rey, con trago fino, piyamas de seda (¡gracias Ronnie Franco, ahí donde estés!), camas mullidas, ducha caliente y opíparos desayunos; otras, la mayoría, recurrimos a comisarías, puertas de tiendas que ya hubieran cerrado, algún rincón de los grifos o al puro descampado, apoyados en las mochilas, un poco deformes y que parecían sacos de papas, pues eran hechizas. En restoranes, mercados y similares, teníamos que seducir a la gente. Teo tocaba el rondín (Dylan era, siquiera en eso, un role model) y yo cantaba en francés, inglés, italiano y portugués; Teo era excelente contando chistes, de repertorio o improvisados (Lenny Bruce y los profesionales del one liner habrían levantado la ceja con interés), y yo recitaba (o más bien representaba) poemas cultos, que incluían a Vallejo, Darío, Sabines, Neruda y similares, pero sobre todo los sonetos bufos de Sofocleto, infalibles en los bares. Si no me equivoco, éramos dos muchachos con un charm casi irresistible: Teo, de un modo natural (lo conocíamos, debido a sus ocurrencias, como el “Loco Paredes”); yo, más bien gracias a mis dotes de actuación (no hay director de cine vocacional que no sea un actor eficiente), ya que en mi personalidad genuina soy, desde siempre, reservado hasta lo inescrutable.
Nos divertimos como locos la mayor parte del tiempo, hubo un sinfín de peripecias, pero también hambre y frío y sueño y miedo. Como nuestro atuendo era harto peculiar, y Teo llevaba el pelo hasta los hombros y la barba le comía la cara, en una ocasión, en un bar, un borracho de cuello y corbata (su rostro empolvado, curiosamente, como las señoras de la época, a quien alguien identificó como gerente de un banco local) nos comenzó a mirar feo. Segundos después despotricaba acusándolo a Teo de ser el hippie asesino de “la Sharon Táit” (trato de reproducir su peculiar pronunciación). En efecto, Teo, aunque mucho más alto, era idéntico a Charles Manson, cuyo close up figuraba en todas las primeras planas. El asunto se puso color de hormiga, y tuvimos que salir disparados, desperdigando las propinas. Lo peor, sin embargo, fueron las esperas de horas en carreteras desoladas, las cantimploras ya vacías, viendo con terror cómo el sol se ponía, sin que pasara un solo vehículo, o sin que los ocasionales quisieran recogernos. No voy a cansarles con una proliferación de anécdotas, salvo aquella que alcanzó, para nosotros, la categoría de prodigio.
Ya en el camino de regreso de este viaje que llegó a parecernos infinito (había durado un mes y medio), nos sentíamos extenuados cuando un granjero nos dejó en Moquegua, a eso de las 4 de la tarde. No teníamos ánimo de hacer monadas en ningún local a cambio de comida, así que permanecimos en la carretera, tirando dedo, con la sola aspiración de arribar a Arequipa cuanto antes, a casa de los Franco, donde sabíamos que nos devolverían a la vida. Las horas fueron pasando y nada. A las 11 de la noche, al borde mismo de la desesperación, fuimos a la comisaría a exponer nuestro problema. Al comisario de turno le bastó con mirarnos. Llamó a otro policía y salimos todos a la pista, donde detuvo, manu militari, a un camión, cuya caseta estaba ya llena, y simplemente le ordenó al chofer que llevara “a sus sobrinos” a Arequipa. No le besamos las manos porque no lo hubiera permitido. Nos instalamos en la tolva, colmada, hasta el borde superior de las barandas, de cajas de pescado congelado cubiertas con una gran tela como de carpa. Nos parecía estar sobre el techo de un tren en marcha, con nada de donde agarrarse, sin el menor tabique que nos protegiera del viento. Tras unas horas de viaje, la tela rezumaba agua, pues supongo que el calor de nuestros cuerpos causó una descongelación. Los dientes nos castañeteaban, a pesar de los guantes, los casacones de solapas levantadas, los sombreros embutidos hasta las cejas, y tuvimos que abrazarnos para no llorar de frío, ahí arriba, a la una o dos de la madrugada. No se cuánto tiempo tuve la cabeza gacha y los ojos cerrados, como si estuviera concentrado en el horror de contar, no los minutos, sino cada segundo, que se estiraba como un chicle antes de pasar de largo… En cierto momento, se me ocurrió levantar la mirada al cielo y me quedé inmóvil. Atiné a decir: “Loco, Loco, mira”. Tuve que insistir y sacudirlo; entonces Teo vio y se le descolgó la mandíbula: por encima y un poco delante de nosotros, refulgía un gran cometa de cabellera dorada y roja en medio del firmamento. Ni la Estrella de Belén hubiera podido competir con el astro que contemplábamos casi levitando, y cuya presencia nos acompañó por horas. No hubo más frío, no hubo más nada que el cometa, si acaso acompañado por la música imaginaria que oíamos en nuestro corazón. Era un milagro que no tratamos de explicar; era, simplemente, la bendición del Universo.

Habíamos estado, por pura casualidad, en el momento y en el lugar precisos -tal vez “a nivel mundial” (como dirían los locutores)- para que se viera en toda su magnificencia el cometa Bennett. Como durante el viaje no escuchábamos radio ni leíamos periódicos, no teníamos idea de lo que estaba ocurriendo en el mundo; de ahí la absoluta sorpresa y la sensación de milagro.

La vuelta al hogar fue dulcísima. Por fin me había dado real cuenta de lo privilegiado que era gracias mis padres, a los amigos, a los vecinos incluso y aún a la ciudad toda. Ocurrió que -como lo tuve claro después, no entonces- me había convertido en un adulto. Y lo había hecho del mejor modo posible, sin habérmelo propuesto: a través de un rito de pasaje, tan intenso, tan esencial como el de los jóvenes sioux de las praderas norteamericanas, o como el de los jóvenes cryptós de la antigua Esparta.

Como lo supe años más tarde, cuando me puse a estudiar antropología, el viaje cumplió con todos los requisitos de una genuina y dramática iniciación: me había apartado de la casa y de la abrigadora sociedad que conocía; había salido a lo abierto e indeterminado, enfrentando riesgos y demostrado coraje y recursos; me había reintegrado luego, pero con una nueva conciencia de mí mismo y de los demás, dispuesto a asumir responsabilidades. Los manuales que estudian estas cosas dicen que, tras tales pruebas, los jóvenes vuelven de su experiencia con un talismán o una marca en el cuerpo (como una cicatriz o un tatuaje). Yo traje la mía, no sin orgullo: un par de bigotes que, si bien ya desteñidos, ostento hasta el día de hoy.

Por fin estaba listo—aunque no supiera del todo para qué.

[1] Escribe Huayhuaca: “Una memoir, como las ‘memorias’, tiene que ver con la vida y los recuerdos de uno, pero, como la ‘memoria’ (esos reportes anuales de las empresas), se restringe a un período específico. Además, para escribirla no hay que ser alguien importante; cualquiera de nosotros, los peatones, puede dar ese tipo de testimonio sobre un aspecto de su vida, si lo siente retrospectivamente con cierto tipo de unidad interna y con algún grado particular de intensidad, y si es capaz de frasearla como una narración.”