martes, 10 de enero de 2017

Cuento de Ricardo Piglia (Recientemente fallecido) 


 Hotel Almagro
Cuando me vine a vivir a Buenos Aires alquilé una pieza en el Hotel Almagro, en Rivadavia y Castro Barros. Estaba terminando de escribir los relatos de mi primer libro y Jorge Álvarez me ofreció un contrato para publicarlo y me dio trabajo en la editorial. Le preparé una antología de la prosa norteamericana que iba de Poe a Purdy y con lo que me pagó y con lo que yo ganaba en la Universidad me alcanzó para instalarme y vivir en Buenos Aires. En ese tiempo trabajaba en la cátedra de Introducción a la Historia en la Facultad de Humanidades y viajaba todas las semanas a La Plata. Había alquilado una pieza en una pensión cerca de la terminal de ómnibus y me quedaba tres días por semana en La Plata dictando clases. Tenía la vida dividida, vivía dos vidas en dos ciudades como si fueran dos personas diferentes, con otros amigos y otras circulaciones en cada lugar.
Lo que era igual, sin embargo, era la vida en la pieza de hotel. Los pasillos vacíos, los cuartos transitorios, el clima anónimo de esos lugares donde se está siempre de paso. Vivir en un hotel es el mejor modo de no caer en la ilusión de “tener” una vida personal, de no tener quiero decir nada personal para contar, salvo los rastros que dejan los otros. La pensión en La Plata era una casona interminable convertida en una especie de hotel berreta manejado por un estudiante crónico que vivía de subalquilar cuartos. La dueña de la casa estaba internada y el tipo le giraba todos los meses un poco de plata a una casilla de correo en el hospicio de Las Mercedes.
La pieza que yo alquilaba era cómoda, con un balcón que se abría sobre la calle y un techo altísimo. También la pieza del Hotel Almagro tenía un techo altísimo y un ventanal que daba sobre los fondos de la Federación de Box. Las dos piezas tenían un ropero muy parecido, con dos puertas y estantes forrados con papel de diario. Una tarde, en La Plata, encontré en un rincón del ropero las cartas de una mujer. Siempre se encuentran rastros de los que han estado antes cuando se vive en una pieza de hotel. Las cartas estaban disimuladas en un hueco como si alguien hubiera escondido un paquete con drogas. Estaban escritas con letra nerviosa y no se entendía casi nada; como siempre sucede cuando se lee la carta de un desconocido, las alusiones y sobreentendidos son tantos que se descifran las palabras pero no el sentido o la emoción de lo que está pasando. La mujer se llamaba Angelita y no estaba dispuesta a que la llevaran a vivir a Trenque-Lauquen. Se había escapado de la casa y parecía desesperada y me dio la sensación de que se estaba despidiendo. En la última página, con otra letra, alguien había escrito un número de teléfono. Cuando llamé me atendieron en la guardia del hospital de City Bell. Nadie conocía a ninguna Angelita.
Por supuesto me olvidé del asunto pero un tiempo después, en Buenos Aires, tendido en la cama de la pieza del hotel se me ocurrió levantarme a inspeccionar el ropero. Sobre un costado, en un hueco, había dos cartas: eran la respuesta de un hombre a las cartas de la mujer de La Plata.
Explicaciones no tengo. La única explicación posible es pensar que yo estaba metido en un mundo escindido y que había otros dos que también estaban metidos en un mundo escindido y pasaban de un lado a otro igual que yo y, por esas extrañas combinaciones que produce el azar, las cartas habían coincidido conmigo. No es raro encontrarse con un desconocido dos veces en dos ciudades, parece más raro encontrar en dos lugares distintos, dos cartas de dos personas que están conectadas y que uno no conoce.

La casa de la pensión en La Plata todavía está, y todavía sigue ahí el estudiante crónico, que ahora es un viejo tranquilo que sigue subalquilando las piezas a estudiantes y a viajantes de comercio, que pasan por La Plata siguiendo la ruta del sur de la provincia de Buenos Aires. También el Hotel Almagro sigue igual y cuando voy por Rivadavia hacia la Facultad de Filosofía y Letras de la calle Puan paso siempre por la puerta y me acuerdo de aquel tiempo. Enfrente está la confitería Las Violetas. Por supuesto hay que tener un bar tranquilo y bien iluminado cerca si uno vive en una pieza de hotel.

¿Qué les queda por hacer a los jóvenes? Autoría y voz Mario Benedetti




Danzar sin límites

La cinta 'Danzar con María' retrata el trabajo de la argentina María Fux con discapacitados







A sus 94 años, María Fux baila cada día e imparte clases. GENTILEZA IMAGINADA FILMS

Sordos, ciegos y discapacitados olvidan sus limitaciones al cruzar el estudio de danza de María Fux, en el centro de Buenos Aires. Esta bailarina y danzaterapeuta argentina, de 94 años, invita a sus alumnos a escuchar su cuerpo y transformarlo en movimientos, únicos para cada persona. Y ellos aceptan el reto, entregándose a la música -o al silencio- cada vez con más confianza. El cineasta italiano Iván Gergolet registra con la cámara el efecto liberador del baile en Danzar con María, un documental estrenado en la Mostra de Venecia de 2014, que llega hoy a los cines de Argentina.
La cojera de su madre, a la que le extrajeron la rótula en el largo viaje que realizó en barco desde Rusia hasta Argentina a principios de siglo, cuando huía con su familia judía de un pogromo, tuvo una importancia fundamental para la futura bailarina. A medida que crecía, admiraba cada vez más la capacidad que tenía para vencer sus límites. "Mi madre era renga (coja) y yo soy la pierna que danza por ella", expresa emocionada Fux, quien primero conquistó los escenarios de todo el mundo como bailarina y después, escuelas y universidades como danzaterapeuta.
A lo largo de toda su carrera le ha interesado explorar los límites físicos del cuerpo y adentrarse en los "lugares completamente desconocidos" donde te lleva el arte. A sus 94, mantiene intacta la curiosidad, las ganas de bailar, de enseñar y de vivir cada día "como si fuera el último". Y lo transmite a los demás: "hoy es un nuevo día, distinto al de ayer, distinto al de mañana".
"A mis alumnos no les pregunto de dónde vienen. Me doy cuenta a través del movimiento", señala Fux, quien pasea entre los bailarines vestida con túnicas de alegres colores y cintas en el pelo a juego. La relación con sus estudiantes se establece a través del tiempo, cuando perciben que la maestra no rechaza las diferencias porque está convencida de que "todos somos diferentes". La película repasa la transformación de algunos alumnos y se detiene en María Garrido, una niña indígena que fue hallada con cuatro años en una cueva de la Patagonia a comienzos de los años setenta. La pequeña, que era sordomuda y había crecido aislada de la sociedad, agarró con timidez la tela que le ofrecía Fux y de a poco comenzó a bailar sus silencios y hallar otro medio para expresarse.
En rueda de prensa, Fux no sabe responder cuándo se dio cuenta que podía ayudar a los demás. Sí, en cambio, se recuerda a ella misma "siempre danzando", en especial en el parque Centenario, uno de los más conocidos de Buenos Aires. Allí bailó toda su niñez, con los pies descalzos, conectada a los ritmos de la naturaleza. Ya sea una hoja que cae mecida por el viento, las gotas de lluvia, la respiración o tu corazón, la artista encuentra ritmo en cualquier lugar y lo convierte en movimiento. Contagiado por su magia, el documental de Gergolet se transforma también en un conjunto de fotografías que bailan.

CARMEN CALVO- Mozart -adagio

Inevitable 2013 - peliculas completas en español

J.S.Bach - Brandenburg Concerto No.5 in D BWV1050 - Croatian Baroque Ens...

BARRANCO REPORTAJE AL PERU

Fauré - Piano Quartet No1 in C minor, Op.15 (1)

domingo, 18 de diciembre de 2016

Al correr de la pluma

Al correr de la pluma.

Cuando venimos al mundo nadie nos advierte sobre las pérdidas tan duras que sufriremos en el transcurso de nuestra vida. Personas que amamos parten a otra dimensión y debemos contentarnos con quedarnos con su hermoso recuerdo.
Yo no he tenido hermanas y me han hecho mucha falta en la vida, tanto que alguna vez escribí una carta “A mi hermana que nunca nació”.
Sin embargo la vida me ha regalado amigas a las que considero hermanas y especialmente me  dio a Mariana, esposa de mi hermano Jorge, a la que sentí hermana verdadera, que ha partido esta semana tras una vida de delicadeza y encanto. La despedimos con mucha tristeza y nos consolamos recordando detalles suyos, anécdotas, su sonrisa y alegría, el gusto que tenía por vivir,  el cariño que supo dar a todos, la preciosa manera que tuvo de estar aquí.
Ella vivirá  siempre en nosotros y tendremos presentes sus hermosas lecciones de valentía y amor que supo darnos, con sencillez y naturalidad. Maravillosa Mariana.



 






De Los Gazales de Hafiz. Poeta persa sufí.


No te aflijas
No te aflijas: la belleza volverá a regocijarte con su gracia; 
la celda de la tristeza se convertirá un día 
en un jardín cercado lleno de rosas.
No te aflijas, corazón doliente: tu mal, en bien se trocará; 
no te detengas en lo que te perturba: 
ese espíritu trastornado conocerá de nuevo la paz.
No te aflijas: una vez más la vida reinará en el jardín en que suspiras
y verás muy pronto, ¡oh, canto de la noche!, 
una cortina de rosas sobre tu frente.
No te aflijas si no comprendes el misterio de la vida. 
¡Tanta alegría se oculta tras del velo!
No te aflijas si, por algunos instantes, las esferas estrelladas 
no giran según tus deseos, pues la rueda del tiempo 
no siempre da vueltas en el mismo sentido.
 
Hafez

Eu preciso de você

Black Mirror | Official Trailer - Season 3 [HD] | Netflix

¿Que veremos despues de ver Black Mirror. Estupenda serie futurista que te deja pegado a la pantalla yy te hace imaginar lo inimaginable. Tremenda serie. Ustedes me aconsejaran que ver. 

Carmen Consoli - L'Ultimo Bacio


Cantautora y cantante italiana

Helen Frankenthaler, pintora



Helen Frankenthaler fue una pintora expresionista abstracta estadounidense. Recibió la influencia de la obra de Jackson Pollock y de Clement Greenberg con quien también se vio involucrada en el Movimiento de Arte Abstracto de 1946-1960. Wikipedia

Un hombre y una mujer escena de la samba

Rildo Hora e Misael Hora | O Ovo (Hermeto Pascoal) Música instrumental del Brasil

Paul Mauriat - Un homme et une femme (1966)

Los Paraguas de Cherbourg

concierto para una voz (saint preux) - benedictus coro y orquesta


Que la música nos acompañe-