Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
domingo, 13 de noviembre de 2016
BE HAPPY (aprende a ser feliz!! )
"...Muéstrate. Sigue tu instinto. Inspirarte. Deja de ser víctima. Haz todo aquello que sabes hacer. Mira todo desde una nueva perspectiva. No te aísles. Marcarte objetivos. Ayuda a los demás. Baila. Mimarte un poco. Busca el equilibrio. Procura dormir bien. Lee. Compra Flores. Programa un plan realista. No te compares con los demás. No seas injusto contigo mismo. Deja que entren nuevas ideas. Dedica tiempo simplemente a divertirte. Deja que la gente sepa lo especial que eres. Da las gracias a las personas que te enseñan, te quieren y te animan... e invítales a tomar un café. Valora quien eres en este momento. No dejes que te obsesionen los pensamientos negativos. Cuida el amor de tu vida. Ama a la madre Tierra. Aprecia lo que tienes. Permanece junto a tus amigos y familia. Cree en algo tan grande como tu mismo,... y no dejes nunca de aprender"... una vez leída, te gustará también oírla acompañada de su música:
Les amours imaginaires (Pelicula Completa)
Los amores
imaginarios (en francés: Les
amours imaginaires, en inglés: Heartbeats) es una película canadiense de
2010 dirigida por Xavier
Dolan. La película sigue la historia de dos amigos,
Francis y Marie, que se enamoran del mismo hombre. Fue estrenada en el Festival de Cannes de 2010.2
Xavier Dolan (nacido el 20 de marzo de 1989 en Montreal,
Quebec, Canadá como Xavier Dolan-Tadros) es un actor, productor, director y
guionista canadiense.
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Hello (Vídeo para Adele) (2015)
·
Juste la fin du Monde (2016)
·
The Death and Life of John F. Donovan (2016) La vi en You tube .
'Muheme' Nyati group /Wagogo music in Tanzania
El ritmo viene de Africa sin duda. Acá los músicos de Tanzania. El grupo Wagogo.
viernes, 4 de noviembre de 2016
Quedarse plantada, cuento mío
Quedarse plantada.
Era como cualquiera, había empezado a caminar a los dos años y no había parado de ir de un lado al otro interesándose por la vida y por las cosas. Lo que más le gustaba era la gente. Cada persona distinta, esa combinación de ojos, nariz, boca y orejas daba infinidad de rostros todos distintos. Algunos daban confianza, a otros había que temerles, había algunos de los que provocaban salir corriendo y otros quedarse a su lado para descansar. Su padre era zapatero y ella aprendió pronto el arte de hacer zapatos. Su especialidad era la gamuza porque le gustaba lo aterciopelado de su tacto y en las noches antes de dormir imaginaba una manada de gamuzas, hermosas ovejas que saltaban y ella las iba contando para atraer el sueño. Su madre vendía hortalizas y frutas que ella misma sembraba en el jardín trasero de la casa. Lo que más le gustaba a la niña era la cosecha, arrancarle a la tierra sus hermosos frutos, era magia pura. Los sábados acompañaba a su madre a vender la feria de la plaza principal y se pasaba el día pregonando:
— Yucas, paltas, fresas, uvas, zanahorias, papas, colifloooores!
Un día su mamá tuvo que irse de improviso, tuvo el presentimiento de que algo había pasado, como efectivamente pasó, su esposo se había rodado las escaleras de la iglesia y tenía rotas las dos piernas y se había hecho un agujero en la cabeza.
—Quédate aquí, le dijo la madre, —no te muevas.
Y ella obedeció. Se fue haciendo de noche, hacía frío, tenía miedo, pero lo más extraño fue que le crecieron raíces de las piernas y los pies que se fueron incrustando en el pequeño jardín de la plaza y aunque ella quería moverse, no podía. Estaba plantada. Se encogió un poco, resbalándose hasta caer sobre el suelo, y se arrastró para alcanzar a ver la luz que había quedado encendida en una esquina de la municipalidad.
¿Soy una flor, —se dijo— o seré un árbol?
Y las manos pegadas al cuerpo las subió dirigiéndolas hacia el cielo como rezando o convirtiéndose en flor. La madre se pasó la noche cuidando al padre, haciendo trámites para que lo pudiesen operar, especialmente de la cabeza porque se le podían escapar las ideas y olvidar la fórmula de hacer zapatos tan bellos, los mejores del pueblo, de rato en rato se acordaba de la niña, pero no podía ir por ella, le tocaba estar ahí junto al esposo. Empezó a llover, una lluvia fina, una garúa que acompañó a la niña y la refrescó y le dio ánimos para seguir ahí plantada esperando. Al amanecer se dio cuenta de que había dormido y de que había crecido, a pesar de la soledad, se sentía feliz y hasta hermosa.
Antes de que se hiciese del todo de día llegó la madre corriendo, llamándola:
—Elisa, Elisa, acá estoy. La niña estiró los brazos como si fuesen pétalos movidos por el viento de la mañana.
En un instante la madre, conocedora de plantas y flores notó las raíces que retenían a la niña y suavemente, con movimientos sabios de adelante para atrás, de derecha a izquierda, fue arrancándola, diciéndole palabras dulces de madre, amorosas,
—Te quiero, eres mi sol, eres mi vida, eres mi luna querida. La niña se sorprendió al notar la facilidad con la que podía mover los pies y zafarse de la tierra, abrazó a su madre y ella le fue contando la caída del padre, el por qué la había dejado ahí plantada, —pobre niña mía. —Saltando en un pie, en otro, en los dos, llegaron juntas al hospital en donde el médico les aseguró que se pondría bien y que ni se preocuparan porque él había visto tras el agujero de la cabeza intacta, la fórmula de hacer zapatos bellos, en especial los de gamuza. (Cuento basado en una expresión idiomática).
Era como cualquiera, había empezado a caminar a los dos años y no había parado de ir de un lado al otro interesándose por la vida y por las cosas. Lo que más le gustaba era la gente. Cada persona distinta, esa combinación de ojos, nariz, boca y orejas daba infinidad de rostros todos distintos. Algunos daban confianza, a otros había que temerles, había algunos de los que provocaban salir corriendo y otros quedarse a su lado para descansar. Su padre era zapatero y ella aprendió pronto el arte de hacer zapatos. Su especialidad era la gamuza porque le gustaba lo aterciopelado de su tacto y en las noches antes de dormir imaginaba una manada de gamuzas, hermosas ovejas que saltaban y ella las iba contando para atraer el sueño. Su madre vendía hortalizas y frutas que ella misma sembraba en el jardín trasero de la casa. Lo que más le gustaba a la niña era la cosecha, arrancarle a la tierra sus hermosos frutos, era magia pura. Los sábados acompañaba a su madre a vender la feria de la plaza principal y se pasaba el día pregonando:
— Yucas, paltas, fresas, uvas, zanahorias, papas, colifloooores!
Un día su mamá tuvo que irse de improviso, tuvo el presentimiento de que algo había pasado, como efectivamente pasó, su esposo se había rodado las escaleras de la iglesia y tenía rotas las dos piernas y se había hecho un agujero en la cabeza.
—Quédate aquí, le dijo la madre, —no te muevas.
Y ella obedeció. Se fue haciendo de noche, hacía frío, tenía miedo, pero lo más extraño fue que le crecieron raíces de las piernas y los pies que se fueron incrustando en el pequeño jardín de la plaza y aunque ella quería moverse, no podía. Estaba plantada. Se encogió un poco, resbalándose hasta caer sobre el suelo, y se arrastró para alcanzar a ver la luz que había quedado encendida en una esquina de la municipalidad.
¿Soy una flor, —se dijo— o seré un árbol?
Y las manos pegadas al cuerpo las subió dirigiéndolas hacia el cielo como rezando o convirtiéndose en flor. La madre se pasó la noche cuidando al padre, haciendo trámites para que lo pudiesen operar, especialmente de la cabeza porque se le podían escapar las ideas y olvidar la fórmula de hacer zapatos tan bellos, los mejores del pueblo, de rato en rato se acordaba de la niña, pero no podía ir por ella, le tocaba estar ahí junto al esposo. Empezó a llover, una lluvia fina, una garúa que acompañó a la niña y la refrescó y le dio ánimos para seguir ahí plantada esperando. Al amanecer se dio cuenta de que había dormido y de que había crecido, a pesar de la soledad, se sentía feliz y hasta hermosa.
Antes de que se hiciese del todo de día llegó la madre corriendo, llamándola:
—Elisa, Elisa, acá estoy. La niña estiró los brazos como si fuesen pétalos movidos por el viento de la mañana.
En un instante la madre, conocedora de plantas y flores notó las raíces que retenían a la niña y suavemente, con movimientos sabios de adelante para atrás, de derecha a izquierda, fue arrancándola, diciéndole palabras dulces de madre, amorosas,
—Te quiero, eres mi sol, eres mi vida, eres mi luna querida. La niña se sorprendió al notar la facilidad con la que podía mover los pies y zafarse de la tierra, abrazó a su madre y ella le fue contando la caída del padre, el por qué la había dejado ahí plantada, —pobre niña mía. —Saltando en un pie, en otro, en los dos, llegaron juntas al hospital en donde el médico les aseguró que se pondría bien y que ni se preocuparan porque él había visto tras el agujero de la cabeza intacta, la fórmula de hacer zapatos bellos, en especial los de gamuza. (Cuento basado en una expresión idiomática).
Mira un poco de "Mucho ruido por nada", comedia de William Shakespeare
Excelente!!! Dirigido por Chela de Ferrari. Música de Santiago Pillado.
Rodolfo Hinostroza, poeta
ECLIPSE
Un sol negro semejante
A la premonición del desastre. Un sol muerto
Robando las plegarias de los campesinos ojerosos.
Un sol ajeno a todo lo que habíamos conocido
Hasta entonces
A todo lo que habíamos sufrido hasta entonces.
Éste es el sol que ha descendido sobre nuestras
ciudades. Ha
Agotado a las doncellas. Ha roto de un hachazo
Las gruesas mesas de madera y los toneles
De vino espeso como sangre de gallo. Ha tensado
Los mares y los ríos. Ha cortado la leche
De las madres primerizas. Ha revelado
A los bachilleres sudorosos
Que hay una espera completamente sobria
De lo inevitable,
Fría como el rodar de las esferas celestes.
Todo está ahora detenido. No obstante
Hay como el ruido de cubiertos en una larga sobremesa.
Y bufones huidizos, bufones
De orejas puntiagudas
Soportando en sus jorobas las secas maldiciones.
AL FATIGADO
El que está sobrio
Vuélvese a la madera de los sueños. Ya ha conocido
El olor del catafalco, ya ha madurado a la luz de la luna,
Ya ha interrogado a las largas túnicas de los peregrinos.
Vuelve a no saber nada el que está sobrio
Sabe que el mundo gira y que florecen
Huesos putrefactos. Sabe que se repite el ciclo de las
Estaciones
Y que las estrellas cambian de lugar. No sabe nada
El que está sobrio.
No
obstante
Ha entrado en los burdeles de mirra y de cal viva,
Ha lavado las pústulas a aquel que fuera herido en su
presencia,
Ha ganado dineros y ya son varias las veces
Que ha embarazado a su mujer.
(Un
cielo de azucenas
por todo lo perdido. Las amistades fieles por todo lo
perdido,
las grandes mesas, los manteles largos y la cuchillería
por todo lo perdido. La solidez del cuerpo por todo lo
perdido.)
El que está sobrio y permanece fiel a sus medidas
Contra el ocio y los sucesos feos como pinzas de cangrejo,
Hoy ha encontrado que no sabe nada
Y que tampoco sabemos más que él los desgraciados.
Bebe
Trozos de luna, espanta a los mosquitos de colores
Y penetra en la alcoba brillando como un río.
Maresmer
ver
desmeral dar
dar
ver
verd
verd smerald
Visio smaragdina. Juan Eduardo Cirlot
Un manto de materia verde cubre la montaña.
Verde, verde y verde. La alternancia con el rojo
y la rosa que abre entre hojas verdes, el verde helecho arborescente
y la verde piel del lagarto puntiagudo. Un viaje al centro del color verde
con un cuerpo nuevo, relámpago de la tierra que muestra su tesoro,
una savia resbaladiza que todo lo inunda, bella,
pero no hay forma de poderla tocar aunque los dedos
corren hacia el grueso fuego verde de la esmeralda.
La complementariedad entre hombre y mujer,
el hombre rojo y verde, la mujer roja y verde, todo es impulso
en el equilibrio entre vida y naturaleza virginal.
La divina providencia tiene su color en el extremo del mundo
donde decae la flora, el cielo y la tierra
a igual distancia de la superficie
donde lo invisible se vuelve la causa más buscada,
el color de la revelación más esperada.
La luz del espíritu de los alquimistas, luz oculta
en lucha contra las tinieblas.
El camino intenso hacia el peso de la cosecha
de hojas verdes, tallos verdes, bosques verdes,
dominio inescrutable donde lavar la sangre de la herida.
desmeral dar
dar
ver
verd
verd smerald
Visio smaragdina. Juan Eduardo Cirlot
Un manto de materia verde cubre la montaña.
Verde, verde y verde. La alternancia con el rojo
y la rosa que abre entre hojas verdes, el verde helecho arborescente
y la verde piel del lagarto puntiagudo. Un viaje al centro del color verde
con un cuerpo nuevo, relámpago de la tierra que muestra su tesoro,
una savia resbaladiza que todo lo inunda, bella,
pero no hay forma de poderla tocar aunque los dedos
corren hacia el grueso fuego verde de la esmeralda.
La complementariedad entre hombre y mujer,
el hombre rojo y verde, la mujer roja y verde, todo es impulso
en el equilibrio entre vida y naturaleza virginal.
La divina providencia tiene su color en el extremo del mundo
donde decae la flora, el cielo y la tierra
a igual distancia de la superficie
donde lo invisible se vuelve la causa más buscada,
el color de la revelación más esperada.
La luz del espíritu de los alquimistas, luz oculta
en lucha contra las tinieblas.
El camino intenso hacia el peso de la cosecha
de hojas verdes, tallos verdes, bosques verdes,
dominio inescrutable donde lavar la sangre de la herida.
Helen Frankenthaler
Helen Frankenthaler fue una pintora expresionista abstracta estadounidense. Recibió la influencia de la obra de Jackson Pollock y de Clement Greenberg con quien también se vio involucrada en el Movimiento de Arte Abstracto de 1946-1960. Wikipedia
Los poemas elegidos, Carlos Germán Belli
Los poemas elegidos
ANTONIO ORTEGA Babelia El Pais
Poesía. Hace tiempo que la obra de Carlos Germán Belli (Lima, 1927) es
reconocida como una de las más significativas de la poesía contemporánea.
Instaura un lenguaje nuevo y orgánico, sin parangón ni antecedente en las
poéticas de su tiempo. Su angustia existencial, el amor y una esperanzada
mirada, se expresan en una escritura ardientemente física. Su originalidad nace
de una alquimia verbal que, a medio camino de la experimentación vanguardista,
se apropia de la tradición de la poesía clásica para afirmar en excelente
calco, pues "en resumidas cuentas es igual / plagiar el ayer o plagiar el
hoy", los dones y desasosiegos del ser humano. Con ironía y sarcasmo se
enfrenta al malestar del hombre contemporáneo que, explotado y marginado,
sumido en la condición vegetativa de la existencia, protesta por su condición
frente a árbitros inaccesibles, "entre el suelo y el elevado cielo".
El trabajo alienante, la fatiga y la rutina, la apelación platónica a la
liberación cibernética, la degradación del universo, son referentes centrales
de un mundo poético que, junto a las metáforas obsesivas y reiteradas de su
imaginería verbal, son símbolo de una humanidad extenuada. Es en este lenguaje
sabiamente dislocado, que el poeta ha descrito como un "híbrido textual deliberado",
combinación de estrofas y formas tradicionales manipuladas por la cotidianeidad
del habla, que su concepción vital adquiere un rostro reconocible: "Sí
juntos no nacimos en el agua, / juntos sí nos enlazarán los fuegos / de las
redes de eléctricos mil hilos / conectados al cabo de las cuerdas, / que nos
sostienen a ambos en el aire, / como al planeta de celestes cintas". Una
misteriosa semántica multiplicada en intertextualidades y mundos paralelos,
gracias a un poderoso arsenal métrico y retórico, al uso de un léxico
arcaizante que no es incompatible con el empleo de una terminología tecnológica
y científica que da cabida a genes, átomos y robots, al bolo alimenticio o al
hada cibernética, en un mundo "ayer, hoy y mañana igual". Francisco
José Cruz ofrece, en Los poemas elegidos, una
selección personal que, teniendo en cuenta reiteraciones y correspondencias,
muestra la variedad formal y temática de una obra tan coherente y fascinante
como la de Belli. Al lector le queda la promesa de una meta anunciada, los
sobresaltos de una lectura en la que reconocemos nuestra propia indigencia
histórica, pues "la escritura se cuaja entre los linos, / o sensitiva va /
como ligeros céfiros girando, / u ondas de pez o nave, / y todo el universo es
un gran lecho,/ donde se escribe y el amor se hace".
Acción de Gracias
No, no sé bien si me veré en los altos
de una farmacia frente al Mar del Sur,
en una noche de Setiembre tibio;
en cambio amanecido a las orillas
de una laguna en medio del desierto,
exactamente nueve meses antes
(que Huacachina así se llama el punto);
no se cual sera la visión postrera,
pero si estoy seguro que me iré
dandote, madre mía, eternas gracias
por haberme alumbrado en este mundo,
que aunque no hubiera sido un ser humano,
Si no piedra, o pescado, o vegetal,
ser tu vástago me bastara a mí.
de una farmacia frente al Mar del Sur,
en una noche de Setiembre tibio;
en cambio amanecido a las orillas
de una laguna en medio del desierto,
exactamente nueve meses antes
(que Huacachina así se llama el punto);
no se cual sera la visión postrera,
pero si estoy seguro que me iré
dandote, madre mía, eternas gracias
por haberme alumbrado en este mundo,
que aunque no hubiera sido un ser humano,
Si no piedra, o pescado, o vegetal,
ser tu vástago me bastara a mí.
Augusto Ascuez y Abelardo Vásquez - Marineras limeñas
Recordando ami querida amiga La Gata que tanto disfrutaba con nuestras marineras limeñas.
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