domingo, 28 de agosto de 2016

Sobre el sentido de la vida

Tres párrafos del artículo  “A pesar de los avances, la ciencia no va a resolver el sentido de la vida” de JOSEP MARÍA ESQUIROL | FILÓSOFO




Sí que hay un contraste con ciertos planteamientos románticos. Pero mi referente más cercano sería el del existencialismo o el de algunas divulgaciones del existencialismo, en las cuales se ha puesto demasiado énfasis en la idea de proyecto y por lo tanto de la realización personal y de éxito. Se insiste en que la vida es proyecto y, por tanto, se busca una realización, una expansión, una cierta aventura, lo nuevo, lo especial, lo singular. Y, desde luego, el éxito, conseguir lo que uno se propone. Frente a ello me parece muy necesario reivindicar la profundidad del gesto cotidiano. Hay cosas que no por repetirse son banales. En lo cotidiano hay mucha sedimentación, hay una riqueza que no puede menospreciarse…


El ser humano tiene necesidad de pensar porque el sentido de la vida, el sentido del todo, no está dado. Wittgenstein mismo hace casi un siglo decía que aunque la ciencia llegue a resolver los problemas relacionados con los orígenes del Universo o incluso las estructuras más básicas de la vida humana, notaríamos que respecto a lo esencial seguimos en la misma situación. Aunque la ciencia avance, que es obvio que está avanzando, hay algo que ella no resuelve y que no se va a resolver. Eso que he llamado el sentido de la vida no es algo que la ciencia pueda darnos como resultado de una teoría de la física. Kant decía que éste es el destino trágico de la razón humana.




Uno de los problemas del mundo académico actual consiste en una abstracción desmedida. Yo me propuse ya hace tiempo pensar recurriendo lo menos posible a lenguaje técnico, recuperar el lenguaje cotidiano. Lo profundo o grave puede decirse con el lenguaje coloquial. Que no es superficial, hay mucha riqueza ahí. Se trata de decir cosas profundas que en muchos casos pueden ser obvias porque esa abstracción terminológica no está desconectada de una pérdida de agudeza en nuestra mirada sobre las cosas más obvias. En mis clases, en conferencias, en cursos que doy, reivindico la evidencia, y advierto que eso llega a la gente: porque vivimos en un mundo en que lo más obvio, que a veces es muy interesante, pasa desapercibido.

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