Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
domingo, 16 de agosto de 2015
Antonio Lobo Antunes en conversacion con Marisa Blanco en Bilbao
Este martes hicimos a este estupendo escritor portugués. Acá una entrevista muy entretenina para que la disfruten.
domingo, 9 de agosto de 2015
Un frances y dos ingleses
Ejercicio con imagen: He matado la lora
A partir de esta imagen de Saul Steinber, llamada Kiss propuse en mi FB que escribiéramos un pequeño cuento que imaginemos que había sucedido para que ellos estuviesen en esa pose. Hubo varias ideas y a mi me salió este pequeño cuento en el que la mujer mata a la lora.
He matado la lora
"He matado a la lora,—le dice ella, un poco arrepentida. —Era ella o yo.
Me tenía cansada rezando las avemarías, los padrenuestros y recitando las obras de misericordia sin parar y ese continuo y angustioso llamar:—Perico, Perico!—seguro un amor de adolescencia.
No sufrió mucho. Me dijeron que le diera ajos acaramelados, que le encantarían y que después parecería dormir, pero que no estaría dormida sino muerta.
Así fue, tal cual, la hubieras visto relamiéndose los ajos, sacando su lenguita parlanchina y sujetando los ajos como tesoros entre sus garras. Después cayó como hipnotizada, los ojos le dieron vueltas y prendida de su columpio se quedó quieta como dormida. Cuando aplaudía a ver si reaccionaba, cayó al suelo absolutamente muerta. Ya se que era la lora de tu madre. Pero era ella o yo. Y decidí que sería yo."
He matado la lora
"He matado a la lora,—le dice ella, un poco arrepentida. —Era ella o yo.
Me tenía cansada rezando las avemarías, los padrenuestros y recitando las obras de misericordia sin parar y ese continuo y angustioso llamar:—Perico, Perico!—seguro un amor de adolescencia.
No sufrió mucho. Me dijeron que le diera ajos acaramelados, que le encantarían y que después parecería dormir, pero que no estaría dormida sino muerta.
Así fue, tal cual, la hubieras visto relamiéndose los ajos, sacando su lenguita parlanchina y sujetando los ajos como tesoros entre sus garras. Después cayó como hipnotizada, los ojos le dieron vueltas y prendida de su columpio se quedó quieta como dormida. Cuando aplaudía a ver si reaccionaba, cayó al suelo absolutamente muerta. Ya se que era la lora de tu madre. Pero era ella o yo. Y decidí que sería yo."
Otro modo de mirar, pequeño texto
Cierta tarde
después de varios intentos Abigail consiguió ponerse de cabeza. El mundo le
pareció distinto y eso es lo que ella quería. Tres veces al día aprovechando
que todos se iban de la casa a trabajar o a estudiar, se paraba de cabeza
delante de la pared y contaba hasta mil.
—Es una forma de
meditar, —se dijo, creo que lo vi en la tele.
Al cabo de unos
días empezó a caminar de manos. Ya no tenía que estar pegada a la pared, se le
iba haciendo tan cómodo como caminar con
los pies.
—Me contratarán en
el circo, —se dijo Abigaíl riéndose al
imaginarse vestida de payaso caminando sobre la cuerda floja. Pero ¿Acaso no
venía ensayándose en caminar sobre la cuerda floja toda la vida, vivir sin
ninguna certeza, no saber lo que le depararía el día, lidiar con los
temperamentos de las personas que la rodeaban?
Un día se animó a
salir a la calle. Había un poco de sol y quiso ir al parque que quedaba frente a la
casa para calentarse un poco. Conforme avanzaba le empezó a gustar cada vez más
el mundo al revés que veía. Todo le parecía más apacible, más acogedor, el
miedo que tenía Abigaíl instalado en el corazón como si cincuenta cuchillos
estuviesen siempre a punto de atravesarla, parecía que se le había ido a las
manos y hundido en la tierra, porque por
primera vez en la vida se sentía dichosa, inflada de alegría, el aire le
entraba en el cuerpo con gran facilidad y hasta tuvo ganas enormes de ponerse a
cantar.
Siguió
caminando y caminando hasta que se dio
cuenta de que había entrado en otro barrio, uno que jamás había visitado,
porque su vida era rutinaria, de pasitos cortos, limitada, angosta.
Apenas entró en la
plaza las vio, tres mujeres caminaban de cabeza sobre las manos y tenían una
hermosa sonrisa en la cara. Se les acercó.
—Bienvenida, — le
dijeron y sin mayor preámbulo ella se unió a su caminata que las fue llevando a
las afueras de la ciudad, al campo, cerca al mar. Entonces se sentaron sobre unas piedras
colocadas en forma de círculo y esperaron a que aparecieran más mujeres. Todas
llegaban andando paradas de manos y se sentaban alrededor del círculo ya con la
cabeza para arriba.
Fue una tarde muy
agradable, todas tenían un humor tan divertido, las bromas surgían de manera
espontanea, se tocaban sin ninguna aprehensión y se contaban historias de cosas
que les había pasado, que ya creían olvidadas pero que estaban formadas por
acontecimientos llenos de ternura, de deslumbramiento, de originalidad.
—Hay mujeres así en
todas partes del mundo—, le dijo su vecina, las dos ya de cabeza dispuestas a
regresar a sus casas. —Cuando las necesites todo lo que tienes que hacer es
ponerte de cabeza y empezar a andar. Aparecerán.
Ella hizo medio
camino de cabeza pero en cierto lugar, frente a un sembrío de papas que estaba
en flor, se enderezó y otra vez el mundo le pareció ideal, perfecto, bellísimo,
real, echó una mirada al cielo como los
pájaros y caminó sonriente, agradecida, con sus manos libres.
Dibujo:
Saul Steinberg fue un caricaturista e ilustrador estadounidense de origen rumano. Es conocido por sus trabajos
para The New Yorker.
Dibujo:
Saul Steinberg fue un caricaturista e ilustrador estadounidense de origen rumano. Es conocido por sus trabajos
para The New Yorker.
Baño en tina
Florencia pasaba
largas horas encerrada bañándose en la tina. Le gustaba el agua hirviendo.
Desde afuera se
escuchaba el agua que ella subía retenida en una esponja y luego arrojaba sobre
su cuerpo para calmar los dolores que tenía en la espalda de tanto apretarla
por la tensión que le causaba poner en orden su casa. Los cuatro niños no
tenían el menor interés en mantener el orden de sus dormitorios ni el de la
sala y todo lo dejaban tirado. Y por más que ella les pidiese, les rogase, les
gritase, ellos continuaban dejando los muñecos en los rincones, la fruta
mordida sobre los muebles, los patines estratégicamente colocados en los
pasadizos como para que ella resbalase y
se rompiese una pierna. A veces se decía que era mejor que Alberto se hubiese
marchado porque él era el más desordenado de todos, el rey del caos, dejaba sus
papeles aquí y allá y luego pedía que ella se los encontrase, que era asunto de
vida o muerte. Hay en toda mujer un
momento en el que se pregunta si ha
nacido para aquello que está realizando y ella no dejaba pasar un día sin que
se preguntase si había sido criada y educada para deslizarse encorvada por la
vida, estirando la mano para recoger y las piernas para ir y volver colocando cada cosa en su lugar sabiendo de antemano que
no durarían en su sitio ni un instante.
— ¿Y si dejo todo como está? Se preguntaba,— ¿si los panes con
mantequilla y mermelada se quedaban ahí sobre la mesa de la sala y dejaba que
apareciesen las hormigas y las cucarachas, aprenderían por fin los niños que se
necesitaban orden y limpieza?
—¿Dónde había
quedado su afición por la pintura, la beca que se había sacado que la había
llevado a Barcelona a perfeccionarse en arte? ¿Las palabras que sus profesores
pronunciaron cuando obtuvo el primer premio de su promoción al graduarse? ¿De
qué le había servido todo eso?
Las horas que no
pasaba en casa las pasaba trabajando como guía en un Museo, mostrando los
cuadros de los pintores famosos, anhelando siempre que uno de los suyos
estuviese algún día colgado en una de las paredes, aunque sea en la menos
importante. Pero un día le dijeron que no la necesitaban más, que habían
recibido quejas de que estaba siempre de mal humor, con la sonrisa torcida, y
con esas ojeras que la entristecían, preferían tomar a una chica soltera,
Lizzi, que acababa de llegar a la ciudad y venía muy recomendada.
Fue ese día en el
que permaneció en el baño por más horas, por muchas, tantas que Jossy el
hermano mayor llamó a su padre y le dijo que su mamá no contestaba a sus
llamadas y que la puerta estaba trancada. Cuando descerrajaron la puerta se
encontraron con el dibujo de su madre en la pared de la tina desaguada, tenía
el ceño fruncido y la mirada muy asustada, la madre no estaba en ninguna parte,
ni en el closet, ni en la ventana, ni detrás de la puerta. La única explicación
que se les ocurrió es que se había escurrido por el desagüe y que se encontraba
a enorme distancia de ellos y que no volvería más. Cecilia Bustamante de Roggero
Saul Steinberg fue un caricaturista e ilustrador estadounidense de origen rumano. Es conocido por sus trabajos
para The New Yorker.
Saul Steinberg fue un caricaturista e ilustrador estadounidense de origen rumano. Es conocido por sus trabajos
para The New Yorker.
La mujer arca, texto pequeño
¿Dónde se imaginan terminó el arca de Noé tras el
terrible diluvio? Sobre la cabeza de Emzara la mujer de Noé. Con tanta tormenta
y tanto ajetreo de mares encabritados truenos escandalosos y rayos de los que
había que huir porque podían partirte en dos o en cuatro, con las
preocupaciones tenidas durante el viaje , si
puede llamarse viaje a ese golpearse
con los troncos de árboles, mecerse con los vientos furiosos que ululaban
terroríficas canciones que contenían todos los
quejidos de los hombres muertos, de los animales muertos, que insistían en salvarse y explicaban a
gritos que no eran pecadores, que solo habían seguido su instinto, despertó
Emzara y pensé que su vida había sido así, que como tenía ojos y piernas,
brazos y sexo, también tenía sobre la cabeza un barco, un perro, un gato, el
burro, el gallo y el pez que resbalaban sobre su frente y hacían equilibrio
para mantenerse en su ovoide cabeza, se llamó a sí misma la mujer-arca y se
encargó de alimentarlos durante los meses en los que tardó en encontrarse con Noé
que también deliraba pero que igual atinó a bajar a los animales y sacar con cuidado
el arca que quería guardar como reliquia, como memoria para los hombres que
naciesen para que sean fieles a su dios y se dedicasen a amarse y hacer el
bien. Fue un gusto para la esposa de Noe descubrí que bajo el arca le había crecido
en contacto con el yodo de las aguas del mar, una cabellera con tonos de oro
que relucía al sol. La paloma, heroína del diluvio, de tarde en tarde subía
sobre la cabeza de Emzara y ella recordaba que una vez había sido morada de
mansos animales que ahora corrían presurosos disfrutando de la calma del mar. Cecilia Bustamante de Roggero
Antonio Lobo Antunes
"Si me dejases recomenzar desde el principio, pensé, si pudiese borrar las cosas imperfectas de nuestra historia y diseñarla de nuevo, te compraría un anillo de coral y el cartel de tu signo, y comería, lo juro, de lunes a viernes contigo, repartiendo la chuleta y el periódico deportivo, transido de amor, aturdido por las complicaciones de los cubiertos. Estoy casi seguro de que me alegraría si leyeses el fútbol antes que yo siempre que me contases los titulares, estoy casi seguro de que no saldría de noche, por las cervecerías de la Penha de França, a comer mariscos con los colegas, rodeado de travestis y de jarras vacías, y te ayudaría a levantar la mesa, a lavar la vajilla y a guardar los platos y los tenedores en el armario, estoy casi seguro de que metería la servilleta enrollada en el aro y aprendería ganchillo para impregnarme de la inmensa soledad de las casadas, pescando redes con una agujita de anzuelo."
Chaplin Luces de la ciudad (1931) película completa.
He tenido una tarde muy linda. Mi padre me hablaba siempre de Chaplin y de su ternura, esta película es extraordinaria. Me ha hecho reír mucho y también llorar. Qué actor y qué despliegue de ingenio y movimiento. Pensé verla por partes y la he visto toda, como para verla otra vez. Ella es Greta Garbo.
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