Desde Lima, un relámpago de azul-cielo o azul-mar en nuestra mente o en nuestro corazón que ansían la belleza. Cuentos, poesía, música, cine, reflexiones, teatro, viajes, fotografía, entrevistas, danza y más.
lunes, 31 de enero de 2011
Escribir para seguir viviendo
Desde hace tiempo siento que la muerte está cercana. Lo siento, sin temor y con la esperanza de morir como siempre escribí, con los ojos abiertos. Siento curiosidad por ver el otro lado aunque francamente no creo que haya nada. Lo que queda de mí y quedará en la vida futura es lo que hice, el amor que les tuve y la melancolía por no poder estar más tiempo con ustedes."
Leí por primera vez estas líneas hace exactamente un año. Es el comienzo de una carta que mi padre nos dejó a sus siete hijos para compartirla después de su muerte. Pertenece a la intimidad familiar, y si la revelo ahora es sólo para que el lector de estos párrafos sepa que estoy aquí como un intruso: este espacio, que él ocupaba con su prosa infinita cada dos semanas en las páginas de La Nacion, le pertenece a él, no a mí. El mejor homenaje que puedo hacerle es intentar avanzar regalándoles de entrada el motor de sus palabras, esas mismas que todavía me susurran en los sueños y me dicen: "Vamos Ezequiel, tenemos que trabajar". Ezequiel Martinez, hijo de Tomás Eloy martinez a un año de su muerte.
Leí por primera vez estas líneas hace exactamente un año. Es el comienzo de una carta que mi padre nos dejó a sus siete hijos para compartirla después de su muerte. Pertenece a la intimidad familiar, y si la revelo ahora es sólo para que el lector de estos párrafos sepa que estoy aquí como un intruso: este espacio, que él ocupaba con su prosa infinita cada dos semanas en las páginas de La Nacion, le pertenece a él, no a mí. El mejor homenaje que puedo hacerle es intentar avanzar regalándoles de entrada el motor de sus palabras, esas mismas que todavía me susurran en los sueños y me dicen: "Vamos Ezequiel, tenemos que trabajar". Ezequiel Martinez, hijo de Tomás Eloy martinez a un año de su muerte.
Mis libros favoritos

Cuando me pidieron, para el programa de TV 3G, que llevara al set mis cinco libros favoritos, pensé que me sería imposible seleccionar entre todos mis libros, los preferidos; ¿Cómo no llevar “Muerte en Venecia” De Thomas Mann o “Madame Bovary” de Flaubert; escoger alguno de los libros de Clarice Lispector o “Las hermanas Makioka” de Junichiro Tanizaki? Decidí entonces llevar los cinco que me habían encantado en los últimos años. Me fue difícil escoger cinco, así que escogí seis.
Me han pedido que cuelgue los seleccionados así que acá la cuelgo:
Historia de un amor maravilloso de Carl Johan Vallgren, sueco, editorial Anagrama.
La hija del sepulturero de Joyce Carol Oates, norteamericana, editorial Alfaguara.
El abanico de Seda de Lisa See, China, Editorial Salamandra.
Los zapatos italianos, de Henning Mankell, sueco, Editorial Tusquets.
El lector de Bernhard Schlink, alemán, editorial Anagrama.
Verde agua de Marisa Madieri, italiana, editorial minúscula.
Ahora me doy cuenta de que escogí libros de tres autores hombres y tres autoras mujeres. Cuatro europeos, una oriental y una norteamericana.
Claro que entre mis libros amados hay muchos de autores argentinos, brasileros, mexicanos, peruanos, franceses, uruguayos, y demás, pero esos fueron los que en ese momento elegi.
Cuando realmente empecé a leer fue cuando un librero amigo de mis padres “Paco Moncloa” enviaba a la casa un paquete de libros una vez al mes, para que ellos escogieran con cuales querían quedarse. Abrir el paquete y ver esas maravillas que se podían descifrar, me fascinó. Entonces desde chica leí libros de grandes. Me acuerdo que me lo prohibieron pero yo leí “Cuentos romanos” De Alberto Moravia a los 12 años.
Mis libros has ido apoderándose de toda mi casa. A veces los imagino como personas que viven con nosotros. Mi esposo- a veces- les prohíbe la entrada a cierta parte de la casa, ellos se retiran, pero se que saben que regresarán. Creo que algún día encontrarán su verdadero sitio en un salón de te-biblioteca con el que sueño, que me encantaría tener, hay uno así en Buenos Aires, en un sótano al lado de un teatro, los libros se prestan, hay conferencias, presentaciones de libros y puedes tomar un rico té con macitas. Ahí podría poner, como algo especial, mi colección de libros de mujeres que he ido juntando a lo largo de los años.
jueves, 27 de enero de 2011
El otro Sting
Se que Sting viene al Perú y que tocará con la sinfónica. Esta canción es de otra época suya. Y me encanta.
Dice Borges sobre el libro y 3G

En uno de los libros que más quiero : Borges oral, que reune cinco conferencias que diera en la Universidad de Belgrano, Borges nos cuenta detalles de su amor por el libro. En el prólogo nos explica la importancia que tiene en su vida: El libro, ese instrumento sin el cual no puedo imaginar mi vida, y que no es más íntimo para mi que las manos o que los ojos.
En su conferencia Borges nos dice:

Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros. A lo largo de la historia el hombre ha soñado y forjado un sinfín de instrumentos. Ha creado la llave, una barrita de metal que permite que alguien penetre en un vasto palacio. Ha creado la espada y el arado, prolongaciones del brazo del hombre que los usa. Ha creado el libro, que es una extensión secular de su imaginación y de su memoria.
De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.
En todo Orinet existe aún el concepto de que un libro no debe revelar las cosas; un libro debe, simplemente ayudarnos a descubrirlas.
Yo diría que la literatura es tambien una forma de alegría. Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado.
Tomar un libro y abrirlo guarda la posibilidad del hecho estético. ¿Qué son las palabras acostadas en un libro? ¿Qué son esos símbolos muertos? Nada absolutamente. ¿Qué es un libro si no lo abrimos? Es simplemente un cubo de papel y cuero, con hojas; pero si lo leemos ocurre algo raro, creo que cambia cada vez.
El libro puede estar lleno de erratas, podemos no estar de acuerdo con las opiniones del autor, pero todavía conserva algo sagrado, algo divino, no con respecto supersticioso, pero si con el deseo de encontrar felicidad, de encontrar sabiduría. Cuelgo una parte del programa 3G en el que participé para los que no pudieron verlo. Al título del programa le pusieron: Devoradores de libros. No me siento para nada una devoradora pero sí, el libro es para mí importantísimo.
martes, 25 de enero de 2011
Helen Escobedo: artista sobresaliente

Para Helen Escobedo lo único permanente es el amanecer; ella en cambio, es la metamorfosis, una condición que ha marcado constantemente su creación artística. Y es que las cosas no podrían ser de otra manera para esta mujer que, con tal de conservar su libertad creativa, ha desafiado al mercado del arte transitando por el dibujo, grabado, escultura, el diseño gráfico, de joyería y arquitectónico, hasta llegar a sus instalaciones efímeras.
A sus 72 años de edad, Helen Escobedo es una de las artistas mexicanas cuyo discurso plástico es de lo más actual. Mientras varios creadores del planeta se denominan a sí mismos "contemporáneos" por realizar instalaciones, modificar espacios para darles nuevos significados o transformar objetos como automóviles, Helen Escobedo puede presumir que desde hace más de 20 años ha recorrido esos territorios hablando de tres temas que son la base de su obra: los derechos humanos, la ecología y la calidad de vida de la humanidad.( El Universal de México)
Este video nos da una idea mucho más completa sobre Helen pero Youtube, no da acceso para colgarlo abierto. Estupendo video.
http://www.youtube.com/watch?v=O7R70sYVY5U
lunes, 24 de enero de 2011
Dos Haikus de Octavio Paz
La luz del alba
Entre el alba y la noche
Shakira en Oxford
Mi amiga Rita me manda este discurso de Shakira en el que habla a la comunidad de Oxford sobre la importancia de la educación.
viernes, 21 de enero de 2011
Una pregunta muy complicada

Hugo Caligaris, del diario El País
Cada vez se lee menos y se escribe más. Se escribe tanto y tan rápido que el escritor, como diría Macedonio Fernández, no alcanza a leer lo que va escribiendo. La aparición de un nuevo libro ya no es un acontecimiento prodigioso, sino algo habitual, porque también se publica buena parte -no, afortunadamente, todo, porque todo sería imposible- de lo escrito. ¿Por qué escribimos? ¿Escribiríamos aun si supiéramos de antemano que no vamos a tener ningún lector? ¿Escribiríamos incluso en el caso de que el presidente de la Real Academia nos pidiera que en beneficio de la lengua común no lo hiciéramos? ¿Escribiríamos aunque nos dijeran que ya no hay sitio para nuestras palabras en ninguna biblioteca del mundo ni tampoco en el sólo aparentemente infinito espacio de la Red? ¿Escribiríamos aunque supiéramos que es cierto que el año que viene se acaba el mundo? En nuestra nota de tapa, cincuenta escritores de los que importan cuentan por qué, en todo caso, escriben ellos. Es una manera de comenzar a responder una pregunta, como se ve, demasiado compleja.
¿Por qué escriben los escritores?
Para entender. Para amar. Para que nos quieran. Para saber. Por necesidad. Por dinero. Por costumbre. Para vivir otras vidas y revivir la propia.
he escogido unas cuantas respuestas de las que dan 50 escritores en el diario El País de Madrid esta mañana. a tí ¿Cual de las respuestas te gusta?
Luisa Castro La escritura para mí es una rendición. Escribo para conocer relatos que me cuento a mí misma. No me siento dueña de mis relatos, tienen vida propia, son autónomos y más poderosos que yo. No me identifico con ellos, no comparto sus ideas, ni su visión del mundo. Se producen en mi cabeza sin mi permiso, y cuando los suelto, es porque me han vencido.
Umberto Eco Porque me gusta.
Ken Follet
Disfruto escribiendo, pero "disfrutar" es una palabra que se queda corta. El acto de escribir me apasiona. Todo forma parte del reto de hechizar a mis lectores. Mi trabajo me absorbe de forma total.
Carlos Fuentes ¿Por qué respiro?
Almudena Grandes Cuando era pequeña y leía un libro que me gustaba mucho, me inventaba a solas, para mí sola, otro final, la continuación que su autor no había querido escribir. Todavía ahora, cuando no puedo dormir, me cuento historias, las pienso, las repaso, las describo en silencio, con los ojos cerrados, hasta que me quedo dormida.
Use Lahoz Escribo para reflexionar y pensar y darle vueltas a la vida de personajes siempre más interesantes que la mía. Y disfrutar del placer de la ficción, que es adictivo y que, como la realidad, no tiene límites. Escribo por supuesto para combatir el aburrimiento y pasarlo en grande. Para un escritor vivir, fundamentalmente, es escribir. Escribo para estar en paz conmigo mismo, por aquello que decía Machado de "yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas". Escribo porque conmueve y perdura, cada novela es la primera. Además es bastante barato. En fin: escribo porque aprendo, y así, a veces, parece que sigo estudiando.
Elvira Lindo Escribo desde los nueve años. Desde muy joven empezaron a pagarme en la radio por guiones, cuentos y sketches . A los 31 años comencé a escribir libros. Pensé que escribir era mi oficio hasta que me di cuenta de que se trataba de algo más. Es un oficio pero también una forma de vida. No sabría vivir sin escribir. Todo lo que hago al cabo del día, lo que veo y escucho, lo que me provoca asombro, alegría o desdicha es material para ser contado. Y esa actitud vital, la de formar parte de la comedia humana pero la de ser también espectadora de ella, ese estar fuera y dentro a la vez, me ayuda a asimilar la experiencia de una manera enriquecedora. Escribo todos los días. Cuando no escribo, me siento una inútil, así que he llegado a una conclusión radical: nunca podré dejarlo. No sé hacer otra cosa, no sabría vivir de otra manera.
Luisgé Martín Hace poco, leyendo el discurso de Pamuk en la Academia Sueca cuando recibió el Nobel, encontré una razón que nunca había escuchado así formulada y que me parece formidable: "Escribo porque puede que así comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo".
Rosa Montero Escribo porque no puedo detener el constante torbellino de imágenes que me cruza la cabeza, y algunas de esas imágenes me emocionan tanto que siento la imperiosa necesidad de compartirlas. Escribo para tener algo en qué pensar cuando, en la soledad tenebrosa de la duermevela, por la noche, en la cama, antes de dormir, me asaltan los miedos y las angustias. Escribo porque mientras lo hago estoy tan llena de vida que mi muerte no existe: mientras escribo, soy intocable y eterna. Y, sobre todo, escribo para intentar otorgar al Mal y al dolor un sentido que en realidad sé que no tienen.
Andrés Neuman Escribo porque de niño sentí que la escritura era una forma de curiosidad e ignorancia. Escribo porque la infancia es una actitud. Escribo porque no sé, y no sé por qué escribo. Escribo porque sólo así puedo pensar.
Amélie Nothomb Me preguntan por qué elegí escribir. Yo no lo elegí. Es igual que enamorarse. Se sabe que no es una buena idea y uno no sabe cómo ha llegado ahí, pero al menos hay que intentarlo. Se le dedica toda la energía, todos los pensamientos, todo el tiempo. Escribir es un acto y al igual que el amor, es algo que se hace. Se desconoce su modo de empleo, así que se inventa porque necesariamente hay que encontrar un medio para hacerlo, un medio para conseguirlo.
Nélida Piñón Yo escribo porque el verbo provoca en mí desasosiego, afila los mil instrumentos de la vida. Y porque, para narrar, dependo de mi creencia en la mortalidad. Con la fe en que una historia bien contada me arrebate las lágrimas. Sobre todo cuando, en medio de la exaltación narrativa, menciona amores contrariados, despedidas hirientes, sentimientos ambiguos, despojados de lógica. Escribo, en conclusión, para ganar un salvoconducto con el que deambular por el laberinto humano.
Soledad Puértolas Las alegrías de la vida te desbordan. El dolor y la pérdida te superan y hunden. El tedio y la monotonía pueden resultar aniquiladores. Cuando escribo, estoy fuera de esa realidad. He entrado en otra donde sí es posible buscar un sentido, incluso vislumbrarlo. La soledad, que tantas veces se ha hecho insoportable, se hace ligera y deseable. El estado perfecto. Hay metas, humanidad, sentidos. Hasta cabe la risa, el gran regalo.
Fernando Royuela Escribo para seducir, para subvertir, para sentirme vivo y muerto, para llorar, amar y maldecir. Escribo para no tener que aguantarme, para negar el mundo, para huir. Escribo porque me da la gana y me lo puedo permitir.
Jorge Semprún Si lo supiera, tal vez no escribiría. Quiero decir, si lo supiera con certeza, si a cada momento pudiese proclamar taxativamente, sin vacilar, por qué escribo, y para qué, para quién o quiénes; si así fuera, tal vez no escribiría. O sea que escribo, en cierta medida, para encontrar respuestas al porqué. Escribir no es un acto reflejo, ni una función natural. No se escribe como se come o se ama. No se agota en el hecho de escribir el portentoso, o doloroso, o lo uno y lo otro, milagro de la escritura. No se agota, al escribir, el deseo inagotable de la escritura. Tal vez porque sea ésta la mejor forma de sobrevivir. ¿Por qué escribo? Tal vez para sobrevivir a la muerte, la necesaria muerte que me nombra cada día.
Antonio Tabucchi Preferiría formular la pregunta así: ¿Por qué se escribe? Hace tiempo, cuando era joven, escuché a Samuel Beckett responder: "No me queda otra". Las respuestas posibles son todas plausibles pero con signo de interrogación. ¿Escribimos porque tememos a la muerte? ¿Porque tenemos miedo de vivir, porque tenemos nostalgia de la infancia, porque el tiempo pasado corrió deprisa o porque queremos detenerlo? ¿Escribimos porque a causa de la añoranza sentimos nostalgia, arrepentimiento? ¿Porque querríamos haber hecho una cosa y no la hicimos o porque no deberíamos haber hecho algo que hicimos? ¿Por qué estamos aquí y queremos estar allá y si estuviéramos allá nos hubiese resultado mejor quedarnos aquí? Como decía Baudelaire, la vida es un hospital donde cada enfermo quiere cambiar de cama. Uno piensa que se curaría más deprisa si estuviera al lado de la ventana y otro cree que estaría mejor junto a la calefacción.
Andrés Trapiello Lo natural es hablar, incluso cantar, pero no escribir. Poner las palabras por escrito en un libro es, decía Unamuno, una "tragedia del alma", y acaso se escriba por miedo a quedarse uno a solas con su dolor, como si escribir fuese un remedio, y no un veneno. Así lo siento yo también.
miércoles, 19 de enero de 2011
Nuestro lenguaje
El lenguaje del mediodía
El lenguaje del atardecer
El lenguaje de la noche.
Vicente Huidobro
Como zumbidos de abejas son nuestros murmullos al mediodía
Traes una rosa blanca

y yo la recibo y me sonrojo
Como luciérnagas reunidas son nuestras voces al acabar la tarde
Traes una rosa naranja
que yo recibo y alojo
Como rumor de estrellas son tus palabras al comenzar la noche
Traes una rosa roja
y la colocas entre mis pechos y yo te beso.
El lenguaje del atardecer
El lenguaje de la noche.
Vicente Huidobro
Como zumbidos de abejas son nuestros murmullos al mediodía
Traes una rosa blanca

y yo la recibo y me sonrojo
Como luciérnagas reunidas son nuestras voces al acabar la tarde
Traes una rosa naranja

que yo recibo y alojo
Como rumor de estrellas son tus palabras al comenzar la noche
Traes una rosa roja

y la colocas entre mis pechos y yo te beso.
16 de noviembre de 2010
jueves, 13 de enero de 2011
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